Análisis de la guerra Rusia - Georgia: Estados Unidos el Gran Perdedor

Aug 15 2008 @ 05:04am
Por: Felipe IV
Publicado en: Política


Cuando el viernes pasado Georgia invadió Osetia del Sur previendo que EEUU y la Unión Europea en pocas horas iban a detener el conflicto (ese era el principio de un plan de intervención extranjera en el Cáucaso) no contaba con dos "imprevistos": Que la diplomacia de Moscú iba a paralizar el consenso para un "cese el fuego" en la ONU , y que las fuerzas rusas iban a emplear todo su poder de fuego para contraatacar y expulsar a las tropas georgianas con ferocidad demoledora.

El lunes, ignorando los llamamientos a un alto el fuego y las advertencias de EEUU y las potencias europeas, la maquinaria militar de Moscú extendió sus operaciones militares en toda la región, orientadas a lograr un objetivo central: Controlar Georgia, un enclave estratégico de EEUU en el Cáucaso, al que ahora tiene rodeado por aire, mar y tierra.

De manera tal, que la estrategia de Moscú, que soportó con paciencia las "revoluciones naranja" con imposición de gobiernos pro-EEUU en el espacio postsoviético, hoy parece confiar en su potencial económico-energético-militar para desafiar a la potencia hegemónica del capitalismo sionista y sus socios de la UE diciéndoles "hasta aquí llegaron: Este es mi patio trasero".

Al menos ese era el mensaje subliminal "registrado" por Washington y sus socios del Consejo de Seguridad de la ONU que desde el lunes, combinando la "advertencia" con la "invitación", lanzaron desesperados pedidos a Moscú para arreglar sus diferencias en un tablero de negociación.

Precisamente eso era lo que parecían querer Putin y Medvedev después de que los tanques y las fuerzas rusas de elite despedazaran a las tropas georgianas invasoras de Osetia del Sur y se trazaran una estrategia para abortar el plan de intervención extranjera (leáse USA-UE) en el Cáucaso que conllevaba.

Hasta el lunes Moscú parecía tener un objetivo inamovible: Recuperar el control geopolítico-militar del Cáucaso, y desde esa posición de fuerza abrir el "diálogo" con Washington en el Consejo de Seguridad.

Como decía Rumsfeld (de quien seguramente aprendió Putin): "Consigues muchas más cosas con buenas palabras y una pistola, que con buenas palabras solamente". Esa es la lógica de hierro que guió a Moscú durante el despliegue expansivo del dispositivo militar en el Cáucaso.

Y los hechos ratificaron plenamente (y mostraron en su verdadera cara) a la estrategia del Kremlim.

Después de controlar militarmente toda la región y de tener rodeada a Georgia por tierra, mar y aire, el presidente ruso, Dmitry Medvedev, anunció este martes el fin de las operaciones militares en Georgia aclarando que las tropas "permanecerán en sus posiciones".

La lectura de la nueva situación implica que Rusia, que ya está en control de Georgia (aunque decidió no tomar su capital) optó por la negociación con EEUU y la UE desde una posición de fuerza.

Como resultante del conflicto, el statu quo del mapa regional ha cambiado sustancialmente desde que los "cascos azules" rusos permanecían como "garantes de paz" en Osetia del Sur con Georgia, bajo la apariencia de un país "soberano", cumpliendo un rol de enclave estratégico de EEUU en el Cáucaso.

En el nuevo teatro de operaciones Georgia se encuentra rodeada militarmente y sin independencia de acción, por lo cual, en la configuración de los hechos, Moscú domina geopolítica y militarmente el nuevo cuadro de situación.

Desde esa posición, propone restablecer el "diálogo" con EEUU y la Unión Europea, que acusaron el golpe de la derrota con la maniobra rusa y, por ahora, sólo se les ocurre pedirle a Moscú la vuelta a la situación previa a la guerra (que comenzó con la invasión de Georgia a Osetia del Sur alentada por Washington).

Las cartas están echadas, comienza una etapa de "acusaciones" combinada con una instancia de "negociaciones" en el plano diplomático, y la realidad sobre el terreno indica que Medvedev y Putin hoy tienen la sartén por el mango.

Ahora sólo falta que el Imperio USA y sus socios muevan las piezas y traten de recobrar la iniciativa en un escenario desfavorable emergente del fracaso del plan de invasión a Osetia del Sur.

En el plano de la realidad estratégica el hecho "está consumado": Rusia controla militarmente toda la región y ahora quiere recoger los frutos en una mesa de negociaciones.

Desde la nueva posición de fuerza Moscú reclama como condición de "pacificación" un status independentista de las dos provincias rebeldes de Georgia: Osetia del Sur y Abjasia.

Lo que en la práctica significa cobrarle la factura a EEUU y la UE por la independencia de Kosovo en Los Balcanes.

Además, y como dato clave sobresaliente, en el nuevo teatro de operaciones la maquinaria militar del Kremlin se posicionó con ventaja sobre el control de las reservas petroleras y de los corredores de oleoductos que salen de la cuenca del Mar Caspio.

El Cáucaso cambió su configuración estratégica y EEUU, que ya no tiene la posición dominante, es sin dudas el gran derrotado en el nuevo tablero.

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