El lobby JudŪo pro-Israel se tambalťa en Estados Unidos, tiempos de cambios

Mar 29 2009 @ 05:05pm
Por: Felipe IV
Publicado en: PolŪtica
Mientras que la coalici√≥n que condujo a Barack Obama a la Casa Blanca se debate en sus luchas internas, el lobby israeli (AIPAC) logr√≥ sacar al embajador Freeman de la presidencia del Consejo Nacional de Inteligencia. La cuesti√≥n es que hace a√Īos que Chas Freeman lidera, en el seno del Departamento de estado y de la CIA, una corriente que promueve un reajuste de la pol√≠tica de Washington en el Medio Oriente a favor de los intereses nacionales de Estados Unidos.



Por John J. Mearsheimer (*) - Red Voltaire

Freeman organiz√≥ la publicidad del libro de cr√≠tica de los profesores John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, contribuy√≥ a la firma de los contratos petroleros entre China e Ir√°n, organiz√≥ la invitaci√≥n del presidente Ahmadinejad a la universidad de Columbia y, m√°s recientemente, apoy√≥ al enviado especial de la ONU en los territorios palestinos, Richard Falk. Para sacarlo del camino, el lobby israel√≠ lo acus√≥ de estar al servicio de los intereses sauditas y chinos, lo cual Freeman no pod√≠a desmentir sin revelar su papel exacto en los servicios de inteligencia estadounidenses. Pero ante la acci√≥n, demasiado visible, del lobby israel√≠ contra un miembro eminente de la comunidad de inteligencia estadounidense, √©sta √ļltima se ha movilizado contra ese grupo de influencia.

El se√Īor Freeman presentaba una formidable carrera de 30 a√Īos al servicio de la diplomacia y del Departamento de Defensa, pero critic√≥ p√ļblicamente la pol√≠tica israel√≠ y la especial relaci√≥n que Estados Unidos mantiene con ese pa√≠s al decir, por ejemplo, en un discurso que pronunci√≥ en 2005, que ¬ęmientras Estados Unidos siga proporcionando incondicionalmente [a Israel. NdT.] el financiamiento y la protecci√≥n pol√≠tica que hacen posible la ocupaci√≥n israel√≠ y la pol√≠tica violenta y autodestructiva [para Israel. NdT.] que esa ocupaci√≥n genera, habr√° muy pocas razones, o m√°s bien estrictamente ninguna raz√≥n, para esperar la resurrecci√≥n de nada parecido al difunto proceso de paz¬Ľ.

Ese lenguaje raramente se escucha en Washington, y quien lo utilice pueda estar casi seguro de no llegar a ocupar ninguna responsabilidad gubernamental de alto nivel. Pero el almirante Dennos Blair, el nuevo director de la Inteligencia Nacional, siente gran admiración por Freeman, que le parecía ser exactamente el tipo de persona capaz de revitalizar los círculos de inteligencia, extremadamente politizados durante la era Bush.

Extremadamente inquieto, como era de esperar, el lobby israel√≠ desencaden√≥ una campa√Īa de difamaci√≥n contra Freeman, con la esperanza de que renunciara por s√≠ mismo o de que Obama lo despidiera. El lobby dispar√≥ su primera andanada con la publicaci√≥n, en un blog, de un texto de Steven Rosen, un ex responsable del AIPAC (American Israel Public Affairs Comit√©), actualmente bajo investigaci√≥n por haber entregado secretos a Israel.

La opini√≥n de Freeman sobre el Medio Oriente, escrib√≠a Rosen, ¬ęes la que usted pudiera esperar del ministro saudita de Relaciones Exteriores, con quien est√°, por adem√°s, muy vinculado¬Ľ. R√°pidamente se incorporaron a la jaur√≠a varios periodistas pro israel√≠es de renombre, como Jonathan Chait y Martin Peretz, del bimensual The New Republic, y Jeffrey Goldberg de la publicaci√≥n mensual The Atlantic, y Freeman se vio bajo el bombardeo de las publicaciones que permanentemente defienden a Israel, como The National Review, The Wall Street Journal y el Weekly Standard.

La verdadera llamarada vino, sin embargo, del Congreso, donde el AIPAC (que se presenta a s√≠ mismo como el ¬ęlobby pro israel√≠ de Am√©rica¬Ľ dispone de un poder aplastante. Todos los miembros republicanos de la Comisi√≥n senatorial de Inteligencia atacaron sin piedad a Freeman, al igual que senadores dem√≥cratas como Joseph Lieberman y Charles Schumer. ¬ęNo s√© cu√°ntas veces exhort√© a la Casa Blanca a que lo sacaran¬Ľ, dijo Schumer, ¬ęy me siento feliz de que finalmente acabaran haciendo lo √ļnico que hab√≠a que hacer¬Ľ.

Lo mismo sucedió en la Cámara de Representantes, donde la carga estuvo dirigida por el republicano Mark Kira y el demócrata Steve Israel, quien empujó a Blair a emprender una investigación implacable sobre las finanzas de Freeman. Finalmente, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, declaró que la nominación de Freeman era arbitraria. Freeman habría sobrevivido a la jauría si la Casa Blanca le hubiera dado su apoyo.

Pero la adulaci√≥n de Barack Obama hacia el lobby israel√≠ durante la campa√Īa electoral y su revelador silencio durante la guerra contra Gaza demuestran que el lobby no es el tipo de adversario al que √©l est√© dispuesto a enfrentarse. Por consiguiente, de forma nada sorprendente, se qued√≥ callado, y Freeman no tuvo m√°s remedio que renunciar.

Desde entonces, el lobby ha hecho ingentes esfuerzos por negar su propia actuaci√≥n en la renuncia de Freeman. El vocero del AIPAC, Josh Block, ha dicho que su organizaci√≥n ¬ęno hab√≠a adoptado posici√≥n alguna sobre esa cuesti√≥n y que no hab√≠a realizado ninguna acci√≥n de cabildeo en el Capitolio¬Ľ. El Washington Post, cuya p√°gina editorial est√° bajo la direcci√≥n de Fred Hiatt, un hombre totalmente dedicado a la labor de hacer eterna la ¬ęrelaci√≥n especial¬Ľ [entre Estados Unidos e Israel. NdT.], public√≥ un editorial afirmando que acusar al lobby por la renuncia de Freeman s√≥lo era digno de los propios sue√Īos ¬ędel se√Īor Freeman y de los partidarios de la teor√≠a de la conspiraci√≥n de su misma ralea¬Ľ.

En realidad, hay sobradas pruebas de la profunda implicaci√≥n del AIPAC y de otros fan√°ticos partidarios de Israel en la campa√Īa contra Freeman. Block reconoci√≥ haber hablado de Freeman a periodistas y blogueros y haberles proporcionado informaci√≥n, siempre despu√©s de haberse puesto de acuerdo con ellos para que no le atribuyeran sus comentarios personalmente ni a √©l ni al AIPAC.

Jonathan Chait, quien, antes de la depuraci√≥n de Freeman, neg√≥ que la controversia partiera de Israel escribi√≥ despu√©s: ¬ęClaro, reconozco que el lobby israel√≠ es poderoso y que fue un factor clave en la campa√Īa contra Freeman, y que ese lobby no siempre constituye una influencia beneficiosa¬Ľ. Daniel Pipes, quien dirige el Middle East Forum, donde actualmente trabaja Steven Rosen, r√°pidamente envi√≥ por correo electr√≥nico una circular en la que elogiaba la actuaci√≥n de Rosen en la eliminaci√≥n de Freeman.

El 12 de marzo, o sea el mismo d√≠a que el Washington Post public√≥ su editorial burl√°ndose de todo el que suger√≠a que el lobby israel√≠ hab√≠a contribuido grandemente a la eliminaci√≥n de Freeman, ese mismo diario publicaba en primera plana un art√≠culo que describ√≠a el papel central que el lobby desempe√Ī√≥ en el asunto. Hubo tambi√©n un comentario de un experimentado periodista, David Broker, que empezaba de la siguiente manera: ¬ęLa administraci√≥n Obama acaba de sufrir una inc√≥moda derrota ante los mismos cabilderos que el presidente jur√≥ poner en su lugar.¬Ľ

Los detractores de Freeman sostienen que la opini√≥n de √©ste sobre Israel era en realidad la de otras personas. Se afirma que manten√≠a relaciones especialmente estrechas, e incluso probablemente inapropiadas [para un diplom√°tico. NdT.], con Arabia Saudita, donde fue en el pasado embajador de Estados Unidos. Pero esa acusaci√≥n no tuvo repercusi√≥n, ya que no existe prueba alguna en ese sentido. Los partidarios de Israel tambi√©n dijeron que hab√≠a hecho comentarios desprovistos de la menor compasi√≥n sobre el destino de los manifestantes chinos de la plaza Tiananmen de Pekin [en 1989, NdT.], pero esa acusaci√≥n, desmentida por los defensores de Freeman, apareci√≥ √ļnicamente porque los detractores pro israel√≠es de Freeman buscaban cualquier cosa que permitiera manchar su reputaci√≥n.

¬ŅPor qu√© se preocupa tanto el lobby por la nominaci√≥n para un puesto que, aunque importante, no es de suprema envergadura? He aqu√≠ una raz√≥n, entre tantas: Freeman hubiera pasado a ser el responsable de la publicaci√≥n de las evaluaciones de los servicios de inteligencia nacionales. Israel y sus partidarios estadounidenses estaban rabiosos porque el Consejo Nacional de Inteligencia lleg√≥, en noviembre de 2007, a la conclusi√≥n que Ir√°n no estaba fabricando la bomba at√≥mica, y se esforzaron ardorosamente por sabotear aquel informe, cosa que siguen haciendo hoy en d√≠a.

El lobby quiere garantizar que la próxima evaluación de las capacidades nucleares de Irán [por parte de Estados Unidos. NdT.] llegue a la conclusión diametralmente opuesta, cosa que tenían menos posibilidades de lograr con Freeman al mando. Es mejor poder contar con alguien debidamente avalado por el AIPAC, para poder controlar las cosas.

Otra razón todavía más importante para el lobby de querer sacar a Freeman de su puesto es la fragilidad de la argumentación que debiera justificar la actual política de Estados Unidos hacia Israel, [fragilidad] que hace imperativo el silenciar o marginar a todo el que se atreva a criticar la relación especial. Si Freeman no hubiese sido castigado, los demás hubieran visto que se podía criticar abiertamente a Israel y hacer una brillante carrera en Washington. Y también que la relación especial se vería seriamente comprometida a partir del momento en que alguien lograra la apertura de un diálogo abierto y libre sobre Israel.

Uno de los aspectos más notables del caso Freeman fue el hecho que los medios que expresan el consenso le prestaran muy poca atención. Así, por ejemplo, el New York Times no publicó ni el menor artículo sobre Freeman hasta el día siguiente de su renuncia, a pesar de que una feroz batalla alrededor de su nominación se había desatado en los blogs desde el momento mismo de dicha nominación.

Sin embargo, en los blogs sucedió algo que nunca hubiera sucedido en los medios del consenso: el lobby enfrentó una verdadera oposición. De hecho, todo un abanico de blogueros, enérgicos, bien informados y altamente respetados, defendió a Freeman, en todas las peripecias, y probablemente hubiesen ganado si el Congreso no hubiera utilizado contra a ellos toda su influencia. En pocas palabras, Internet permitió un debate serio en Estados Unidos, sobre una cuestión que tenía que ver con Israel. Fue la primera vez.

Al lobby no le costó mucho trabajo que el New York Times y el Washington Post se plegaran a la línea del partido, pero no dispone de muchos medios de acallar las críticas que se expresan en Internet.

En el pasado, cada vez que las fuerzas pro israelíes entraron en conflicto con una personalidad política de importancia, esa personalidad, por lo general, retrocedió. Jimmy Carter, arrastrado por el fango después de la publicación de su libro Palestina: la Paz, no el apartheid, fue el primer estadounidense importante en resistir y replicar. El lobby no pudo hacerlo callar, y no fue porque no tratara de hacerlo.

Freeman sigue las huellas de Carter, pero act√ļa con m√°s tes√≥n. Despu√©s de renunciar, public√≥ un √°cida denuncia [1] contra la ¬ęgente sin escr√ļpulos enteramente dedicada a defender los puntos de vista de una facci√≥n pol√≠tica de un pa√≠s extranjero¬Ľ que tiene como objetivo ¬ęimpedir por todos los medios la difusi√≥n de opiniones un poco diferentes¬Ľ. ¬ęExiste¬Ľ, prosigui√≥, ¬ęuna especial iron√≠a en el hecho de verse acusado de [tener una] apreciaci√≥n inapropiada sobre posiciones de gobiernos y de empresas extranjeras por parte de un clan tan evidentemente dedicado a imponer la adhesi√≥n a la pol√≠tica de un gobierno extranjero¬Ľ [en este caso, el gobierno israel√≠. NdT.].

La notable declaracion de Freeman llegó al mundo entero, la leyeron innumerables personas. Eso no es bueno para el lobby, que hubiera preferido liquidar la nominación de Freeman sin dejar huellas digitales. Pero Freeman va a seguir expresándose sobre Israel y sobre el lobby pro israelí, y es posible que algunos de sus aliados naturales dentro del Beltway acaben uniéndose a él.

De manera lenta, pero segura, comienza a abrirse, en Estados Unidos, un espacio donde se podr√° hablar con seriedad sobre Israel.

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