El Timo del Fraude Electoral en IrŠn que Estados Unidos le vende al Mundo

Jun 22 2009 @ 08:26pm
Por: Felipe IV
Publicado en: PolŪtica
"Para los pobres, el cambio significa alimento y empleo, no un código más permisivo en el vestir o el ocio... La política en Irán tiene mucho más que ver con la lucha de clases que con la religión." Financial Times, editorial (15.6.2009)



Por James Petras

Introducción

No hay prácticamente unas elecciones en las que la Casa Blanca tenga algo en juego, en las que la derrota electoral del candidato pro estadounidense no sea denunciada como ilegítima por toda la élite política y de los medios de comunicación. Últimamente, la Casa Blanca y sus seguidores proclamaron que había fraude en las elecciones libres (y supervisadas) celebradas en Venezuela y Gaza, a la vez que celebraban alegremente el éxito electoral en Líbano, a pesar de que la coalición liderada por Hezbolá recibió más del 53% de los votos.

Las elecciones iran√≠es del pasado 12 de junio son un ejemplo cl√°sico: el candidato nacionalista-populista, Mahmoud Ahmadineyad, recibi√≥ el 63,3% de los votos (24,5 millones), mientras que el candidato de la oposici√≥n, apoyado por los pa√≠ses occidentales, Hosein Musav√≠ recib√≠a el 34,2% (3,2 millones). Estas elecciones alcanzaron una participaci√≥n r√©cord de m√°s del 80% del electorado, con un n√ļmero de votos provenientes del extranjero de 234.812, de los que 111.792 fueron a parar a Musav√≠ y 78.300 a Ahmadineyad. La oposici√≥n liderada por Musav√≠ no acept√≥ la derrota y organiz√≥ una serie de manifestaciones masivas que desembocaron en actos de violencia, como quema y destrucci√≥n de autom√≥viles, bancos, edificios p√ļblicos y confrontaciones armadas con la polic√≠a y otras autoridades. Casi todo el espectro de comentaristas occidentales, entre otros los de los principales medios impresos y electr√≥nicos, y los principales sitios Internet de tendencia liberal, izquierdista, libertaria y conservadora, se hicieron eco de la afirmaci√≥n de la oposici√≥n de fraude electoral a gran escala. Los neoconservadores, los conservadores libertarios y los trotskistas se unieron a los sionistas para aclamar a los manifestantes de la oposici√≥n como avanzadilla de una revoluci√≥n democr√°tica. Dem√≥cratas y republicanos condenaron al gobierno iran√≠, se negaron a reconocer los resultados de la votaci√≥n y dieron respaldo a los esfuerzos de los manifestantes por revocar el resultado electoral. El New York Times, la CNN, el Washington Post, el ministerio de Asuntos Exteriores de Israel y todos los l√≠deres de las principales organizaciones jud√≠as estadounidenses pidieron sanciones m√°s duras contra Ir√°n y anunciaron la defunci√≥n del di√°logo propuesto por el presidente Obama con Ir√°n.

El timo del fraude electoral

Los líderes occidentales rechazaron los resultados porque sabían que su candidato reformista no podía perder? Durante meses publicaron diariamente entrevistas, editoriales e informes desde el terreno detallando los fallos del gobierno de Mahmoud Ahmadineyad y citando el apoyo aportado por los clérigos, ex funcionarios, comerciantes y sobre todo mujeres y jóvenes urbanos que hablan inglés, con el fin de probar que Hosein Musaví iba a ganar con toda facilidad. La victoria de éste se describía como la de las voces de la moderación, es decir, la versión de la Casa Blanca de este vacío tópico. Destacados académicos progresistas dedujeron que el recuento de los votos fue fraudulento porque el candidato de la oposición, Musaví, perdió en su propio enclave étnico azerí. Otros académicos aseguraron que el voto joven ?basándose en entrevistas con jóvenes universitarios de clase media y alta de los barrios del norte de Teherán? estaban abrumadoramente a favor del candidato reformista.

Lo que resulta asombroso de la condena occidental general de los resultados electorales por fraude es que no hay ni asomo de pruebas sobre papel o fruto de la observaci√≥n presentadas antes o una semana despu√©s del recuento. Durante toda la campa√Īa electoral, no hubo ninguna acusaci√≥n cre√≠ble (o incluso dudosa) de manipulaci√≥n de votos. Mientras los medios occidentales cre√≠an su propia propaganda de una inminente victoria de su candidato, describ√≠an un proceso electoral altamente competido, con encendidos debates p√ļblicos y niveles sin precedentes de actividad p√ļblica, sin ning√ļn obst√°culo para el proselitismo. La creencia en una elecci√≥n libre y abierta era tan fuerte que los l√≠deres y los medios occidentales estaban convencidos de que ganar√≠a su candidato favorito.

Los medios occidentales confiaban en sus reporteros que cubr√≠an las grandes manifestaciones de los seguidores de la oposici√≥n, a la vez que ignoraban o quitaban importancia a las favorables a Ahmadineyad. Peor a√ļn, los medios occidentales no prestaban atenci√≥n a la composici√≥n de clase de las diferentes manifestaciones, sin percatarse de que el candidato presidente recib√≠a el apoyo de la mucho m√°s numerosa clase trabajadora pobre, los campesinos, los artesanos y los funcionarios, mientras que el grueso de las manifestaciones de la oposici√≥n estaba formado por estudiantes de clase media y alta y miembros de la clase profesional y de negocios.

Adem√°s, la mayor parte de las proyecciones de los l√≠deres de opini√≥n y reporteros occidentales basados en Teher√°n eran extrapolaciones de sus observaciones en la capital, y pocos fueron los que se aventuraron en las provincias, las poblaciones peque√Īas y medias ....

y los pueblos, donde Mahmoud Ahmadineyad tiene su base de apoyo. Asimismo, los seguidores de la oposición eran una minoría de estudiantes fácilmente movilizables para realizar actividades de calle, mientras que el apoyo de Mahmoud Ahmadineyad contaba con la mayoría de los jóvenes trabajadores, hombres y mujeres, y amas de casa, que expresaron su opinión ante las urnas y no tenían tiempo o ganas de participar en la política de la calle.

Una serie de expertos period√≠sticos, entre otros Gideon Rachman del Financial Times, afirma como evidencia del fraude electoral el hecho de que Mahmoud Ahmadineyad consiguiera el 63% de los votos en una provincia de lengua azer√≠, contra su oponente Musav√≠, de la etnia azer√≠. La suposici√≥n simplista es que la identidad √©tnica o la pertenencia a un grupo ling√ľ√≠stico es la √ļnica explicaci√≥n posible del comportamiento electoral, y no otros intereses sociales o de clase. Una mirada m√°s atenta al comportamiento electoral en la regi√≥n de Azerbay√°n oriental iran√≠ revela que Musav√≠ gan√≥ s√≥lo en la ciudad de Shabestar entre las clases alta y media (y solo por un estrecho margen), mientras que fue derrotado estrepitosamente en las zonas rurales, en las que las pol√≠ticas redistributivas del gobierno han contribuido a que los azer√≠es se librasen de las deudas, obtuviesen cr√©ditos asequibles y pr√©stamos para los campesinos. Musav√≠ gan√≥, es cierto, en la regi√≥n de Azerbay√°n occidental, donde utiliz√≥ sus v√≠nculos √©tnicos para conseguir el voto urbano. En la provincia de Teher√°n, densamente poblada, Musav√≠ gan√≥ a Mahmoud Ahmadineyad en los centros urbanos de Teher√°n y Shemiranat gracias a los votos de los distritos de clase media y alta, mientras que perdi√≥ por mucha diferencia en los suburbios cercanos de clase trabajadora, las peque√Īas ciudades y las zonas rurales.

El √©nfasis en el voto √©tnico, superficial y distorsionado, que aportan los colaboradores del Financial Times y del New York Times para justificar que la victoria de Ahmadineyad se debe al ?robo de votos? es equiparable a la negativa deliberada de los medios de comunicaci√≥n a reconocer una encuesta de opini√≥n, rigurosa y de √°mbito nacional, llevada a cabo por dos expertos estadounidenses tres semanas antes de las elecciones, que mostr√≥ que Mahmoud Ahmadineyad ten√≠a a su favor un porcentaje de votos de dos a uno, m√°s incluso que el obtenido en su victoria electoral del 12 de junio. La encuesta revel√≥ que entre los azer√≠es Ahmadineyad superaba en una proporci√≥n de dos a uno a Musav√≠, demostrando as√≠ c√≥mo los intereses de clase representados por uno de los candidatos pueden vencer la identificaci√≥n √©tnica del otro candidato (Washington Post 15.6.2009). El √ļnico grupo que apoy√≥ decididamente a Musav√≠ fue el de los estudiantes y licenciados universitarios, los comerciantes propietarios y la clase media alta. El voto de los j√≥venes, que los medios occidentales presentaron como pro reformistas, fueron una clara minor√≠a inferior al 30%, pero ven√≠an de un grupo privilegiado, conocedor de la lengua inglesa y con capacidad para hacerse o√≠r, que goz√≥ del monopolio de los medios occidentales. Su presencia abrumadora en las noticias de prensa occidentales cre√≥ lo que se ha calificado de s√≠ndrome del norte de Teher√°n, en referencia al confortable enclave de la clase alta de donde vienen muchos de estos estudiantes. Aunque sepan expresarse, vistan bien y hablen ingl√©s correctamente, fueron vencidos con claridad en el secreto de la cabina de voto.

En general, Ahmadineyad obtuvo buenos resultados en las provincias petroleras y de la industria petroqu√≠mica, lo que podr√≠a ser un reflejo de la oposici√≥n de los trabajadores de esta industria al programa reformista, que incluye la privatizaci√≥n de empresas p√ļblicas. Del mismo modo, el presidente tuvo buenos resultados en las provincias fronterizas con su √©nfasis en el reforzamiento de la seguridad nacional ante las amenazas estadounidenses e israel√≠es, a la vista de una escalada de ataques terroristas patrocinados por Estados Unidos a partir de Pakist√°n, y de incursiones israel√≠es desde el Kurdist√°n iraqu√≠, que han matado a docenas de ciudadanos iran√≠es. El patrocinio y la financiaci√≥n masiva de los grupos que realizan estos ataques forma parte de la pol√≠tica oficial de EE UU desde el gobierno Bush, que no ha sido repudiada por el presidente Obama, al contrario, se han incrementado en el periodo previo a los comicios.

Lo que los comentadores occidentales y sus protegidos iran√≠es han ignorado es el fuerte impacto que las devastadoras guerras y ocupaci√≥n de Iraq y Afganist√°n han tenido en la opini√≥n p√ļblica iran√≠. La decidida postura de Mahmoud Ahmadineyad en materia de defensa contrasta con las adoptadas por muchos de los propagandistas de campa√Īa de la ocupaci√≥n, d√©biles y pro occidentales.

La gran mayoría de votantes de Ahmadineyad probablemente pensaron que los intereses de seguridad nacional, la integridad del país y el sistema de seguridad social, con todos sus defectos y excesos, estarían mejor defendidos y mejorarían con éste que con unos tecnócratas de clase alta apoyados por una juventud privilegiada pro occidental que anteponen los estilos de vida individuales a los valores comunitarios y la solidaridad.

La demografía de la votación revela una auténtica polarización de clase que ha enfrentado a un grupo de individualistas capitalistas de alto nivel de ingreso y orientación librecambista con una clase trabajadora de bajos ingresos, defensores de base de la economía moral en la que la usura y el beneficio están limitados por preceptos religiosos. Los abiertos ataques por parte de economistas de la oposición a los gastos sociales del gobierno, el crédito fácil y las altas subvenciones para los productos básicos de alimentación no han contribuido a congraciarlos con la mayoría de los iraníes que se benefician de dichos programas. Del Estado persiste la imagen de protector y benefactor de los trabajadores pobres contra el mercado, que representa la riqueza, el poder, el privilegio y la corrupción. Los ataques de la oposición contra la intransigente política exterior y posiciones que alienan a Occidente sólo fueron bien acogidos entre los estudiantes universitarios liberales y los grupos de negocios de importación y exportación. Para muchos iraníes, el rearme militar del régimen es visto como lo que impide un ataque estadounidense o israelí.

La escala del déficit electoral de la oposición debería indicarnos hasta qué punto está fuera de contacto con las preocupaciones vitales de su propia gente. Debería recordarles también que al acercarse a la opinión occidental se han alejado de los intereses cotidianos de seguridad, alojamiento, empleo y alimentos subvencionados que hacen la vida tolerable a los que viven por debajo del nivel de la clase media y fuera de las privilegiadas puertas de la Universidad de Teherán.

El éxito electoral de Ahmadineyad, visto en una perspectiva histórica comparada, no debería ser una sorpresa. En competiciones electorales similares en que se han enfrentado nacionalistas-populistas contra liberales pro occidentales, los populistas han ganado. Ejemplos del pasado serían Juan Domingo Perón, en Argentina, y, más recientemente, Hugo Chávez, en Venezuela, Evo Morales, en Bolivia, e incluso Lula da Silva, en Brasil, todos los cuales han demostrado su capacidad para conseguirse en torno o por encima del 60% de los votos en elecciones libres. Las mayorías votantes de estos países prefieren la seguridad social a los mercados sin trabas y la seguridad nacional al alineamiento con los imperios militares.

Las consecuencias de la victoria electoral de Mahmoud Ahmadineyad est√°n abiertas a discusi√≥n. Estados Unidos puede sacar en conclusi√≥n que seguir apoyando a una minor√≠a dotada de voz pero duramente derrotada tiene pocas perspectivas de conseguir concesiones en materia de enriquecimiento nuclear o de abandono del apoyo de Ir√°n a Hezbol√° y Ham√°s. Un enfoque realista ser√≠a abrir unas conversaciones amplias con Ir√°n, y reconocer, tal como el senador John Kerry destac√≥ recientemente, que el enriquecimiento de uranio no constituye una amenaza existencial para nadie. Este enfoque ser√≠a radicalmente diferente del de los sionistas estadounidenses instalados en el gobierno de Obama, que siguen la l√≠nea de Israel de promover una guerra preventiva con Ir√°n y utilizar el esp√ļreo argumento de que no hay negociaci√≥n posible con un gobierno ileg√≠timo en Teher√°n, que ha robado las elecciones.

Acontecimientos recientes sugieren que los l√≠deres pol√≠ticos europeos, y algunos de Washington, no aceptan la argumentaci√≥n de los medios sionistas de que ha habido elecciones robadas. La Casa Blanca no ha suspendido su oferta de negociaciones con el gobierno reci√©n reelegido, pero se ha centrado en cambio en la represi√≥n de los opositores (y no en el recuento de votos). Del mismo modo, los 27 pa√≠ses que forman la Uni√≥n Europea han expresado su ?seria preocupaci√≥n por la violencia? y han instado a que ?las aspiraciones del pueblo iran√≠ se cumplan por medios pac√≠ficos y se respete la libertad de expresi√≥n.? (Financial Times, 16.6.2009, p.4). Excepto Nicolas Sarkozy, ning√ļn l√≠der de la UE ha puesto en cuesti√≥n el resultado de los comicios.

El comodín en este epílogo de las elecciones es la respuesta israelí: Netanyahu ha indicado a sus seguidores sionistas estadounidenses que deben utilizar el timo del fraude electoral para ejercer una presión máxima sobre el gobierno de Obama para que ponga fin a todos sus planes de reunirse con el gobierno reelegido de Ahmadineyad.

Paradójicamente, los comentadores de Estados Unidos ?de izquierda, derecha y centro? que se han tragado el timo del fraude electoral proporcionan, sin proponérselo, a Netanyahu y sus seguidores estadounidenses argumentos y mentiras: donde ven guerras religiosas, nosotros vemos lucha de clases; donde ven fraude electoral, vemos desestabilización imperial.



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