El TriŠngulo de las Bermudas: El "Mar de los Barcos Perdidos"

Mar 23 2009 @ 04:56am
Por: Sauron
Publicado en: Planeta Tierra
LAS DESAPARICIONES DE BARCOS DENTRO DEL Triángulo se han producido principalmente dentro de la región del Océano Atlántico Occidental llamada Mar de los Sargazos, una extensión de agua que en gran parte permanece inmóvil y que deriva su nombre del alga marina Sargassum.

Si se necesitase alg√ļn elemento para aumentar el misterio del Tri√°ngulo, nada m√°s indicado para aportarlo que el Mar de los Sargazos, un misterio de por s√≠ desde que los primeros marinos espa√Īoles y portugueses lo descubrieron, hace 500 a√Īos. Adem√°s, si incluimos las que ahora parecen probables penetraciones y traves√≠as de esta zona realizadas por navegantes fenicios y cartagineses, resultar√≠a que el enigma ha sido observado durante miles de a√Īos.

La característica de esta enorme zona es la presencia de una especie de alga flotante, el sargazo, que marca los límites de este mar dentro de un océano, ya sea flotando en forma separada o en grandes masas. Cuando Colón contempló todas aquellas algas en su primer viaje, dedujo erróneamente que la tierra estaba cerca, y se sintió muy reconfortado. Por cierto, su tripulación no compartía del todo aquel sentimiento.

El l√≠mite norte de este mar de algas est√° constituido por la Corriente del Golfo, que avanza primero hacia el Nordeste y luego hacia el Este. Por el Oeste y el Sur limita con la misma Corriente del Golfo, en su desplazamiento de regreso, y con la Corriente Nord-Ecuatorial. Aunque es algo amorfo, se extiende desde los 37¬į de latitud Norte, aproximadamente, hasta los 27¬į de latitud Norte, y desde los 75¬į Oeste hasta los 40¬į Oeste.

Bajo sus profundas aguas yacen las llanuras abismales de Hatteras y Nares, la abrupta elevaci√≥n de Bermuda, numerosas e intrigantes monta√Īas marinas, que se elevan hacia la superficie, pero terminan en cumbres planas, como si en alguna √©poca hubiesen sido islas. En sus l√≠mites orientales se encuentra una parte de la cordillera del Atl√°ntico Norte, enorme cadena monta√Īosa en medio del oc√©ano Atl√°ntico, cuyas altas cumbres irrumpen a trav√©s de la superficie marina para constituir las islas Azores.

En otras palabras, se trata de un mar casi estancado y desprovisto de corrientes, excepto en sus l√≠mites. Se extiende desde unos 320 km al norte de las Grandes Antillas hasta la Florida y la costa Atl√°ntica; permanece a una distancia de tierra que generalmente no llega a los 320 km, y se desplaza hacia los alrededores del cabo Hatteras, siguiendo luego en direcci√≥n de la Pen√≠nsula Ib√©rica y √Āfrica, hasta la cordillera del Atl√°ntico Norte, para regresar por fin hacia las Am√©ricas.

Otra de las características de este mar está constituida por sus calmas de muerte, que pueden estar en el origen de la leyenda pintoresca pero inquietante del "Mar de los Barcos Perdidos", el "Cementerio de los Barcos Perdidos" y el "Mar del Miedo".

Cuenta esta creencia de los marinos que existe un gran cementerio en la superficie del Atlántico que contendría barcos de todas las edades de la navegación humana, capturados e inmovilizados en campos de algas y sufriendo una lenta descomposición, pero gobernados todavía por tripulaciones esqueléticas, o más bien por tripulaciones de esqueletos integradas por los infortunados que no consiguieron escapar y debieron así compartir el destino de sus navíos.

En esta zona de la muerte habr√≠an de encontrarse buques de vapor, yates, balleneros, cl√≠pers, paquebotes, bergantines, barcos piratas y, para que la historia resulte mejor, galeones espa√Īoles repletos de tesoros. En sus nuevas y entusiastas versiones de los relatos, los marinos inclu√≠an otros barcos que, para la √©poca de la nueva narraci√≥n ya estaban podridos y desaparecidos, como por ejemplo los dragones de los Vikingos, que se quedaron llenos de esqueletos al mando de los remos, galeras √°rabes, trirremes romanos, con sus grandes bancos de remeros, nav√≠os de comercio fenicios con anclas de plata e incluso las grandes embarcaciones de la perdida Atl√°ntida, con sus remos cubiertos de l√°minas de oro. Todos condenados a pudrirse durante centurias en un oc√©ano inm√≥vil.

Las primeras leyendas sobre el Mar de los Sargazos podr√≠an haberse originado entre fenicios y cartagineses, quienes tal vez lo cruzaron hace milenios, llegando hasta las Am√©ricas, como lo se√Īalan las numerosas inscripciones p√©treas halladas en Brasil y en los Estados Unidos, los tesoros de monedas fenicias encontrados en las Azores, las monedas cartaginesas descubiertas luego en Venezuela y en la costa sudoriental de los Estados Unidos, y las antiguas representaciones pict√≥ricas de los que parecen ser visitantes semitas a M√©xico.

El siguiente informe del almirante cartagin√©s Himilco, escrito en el a√Īo 500 A.C., toca una cuerda familiar, aunque un tanto sensacionalista, en relaci√≥n con los mares de algas y la falta de vientos del Mar de los Sargazos:

No se advierte brisa que mueva el barco, tan muerto está el perezoso viento de este mar quieto...; hay tantas algas entre las olas, que parecen contener al navío, como si fuesen arbustos...; el mar no tiene gran profundidad, la superficie de la tierra está cubierta por muy poca agua...; los monstruos marinos se mueven continuamente, en todas direcciones, y hay bestias feroces que nadan entre los barcos que se arrastran lentos y perezosos...

Habría que excusar al almirante Himilco por una cierta exageración, muy comprensible a lo largo de la bóveda de los tiempos y porque tal vez los navegantes fenicio-cartagineses estaban más preocupados de disuadir a otros viajeros de la época de realizar posibles viajes más allá de las Columnas de Hércules (Gibraltar), a la entrada del Mediterráneo, y de internarse hacia el otro océano.

Su af√°n se deb√≠a principalmente al deseo de guardar para s√≠ el provechoso comercio que manten√≠an con las culturas de las costas Atl√°nticas de Europa y √Āfrica, e incluso tal vez de m√°s lejos. Los cartagineses llegaron a proclamar la pena de muerte contra aquellos de sus capitanes del mar que dejaran ver sus rutas o incluso su presencia en el Atl√°ntico. Esto explicar√≠a la tendencia cartaginesa a hundir todos los barcos extra√Īos en los alrededores o m√°s all√° de Gibraltar, o bien, cuando no eran lo bastante fuertes, a escapar e incluso a hundir sus nav√≠os, si era necesario.

Otros escritores de la Antig√ľedad han embellecido estos primeros informes con sus comentarios acerca de los bancos de arena y las zonas de aguas poco profundas que han dejado en el Atl√°ntico los remanentes de Atl√°ntida, el continente perdido, y tambi√©n acerca de las algas que se enredaban en los remos y deten√≠an las galeras. Como la mayor parte de las leyendas, el "Mar de los Barcos Perdidos" podr√≠a tener alguna base real, aunque mezclada con sue√Īos y fantas√≠as.

El australiano Alan Villiers, marino de toda una vida y que cuando cruzaba el Mar de los Sargazos, realmente pudo ver un barco abandonado entre las algas, se√Īala (en su libro Wild Ocean, 1957) que si un barco quedara paralizado durante un per√≠odo suficientemente largo como para agotar sus provisiones, se ver√≠a,

"... finalmente cubierto de musgo y lapas, hasta que le resultaría imposible navegar...". Dice también que los gusanos barrenadores del Trópico se introducirían en los costados del navío hasta que, convertido en "... una masa decadente y podrida, tripulada por esqueletos... se deslizaría bajo la cálida superficie del mar inmóvil...".

Entre las numerosas embarcaciones abandonadas vistas en el Mar de los Sargazos durante la época moderna hubo algunos que, sin llegar a verse atrapados entre las algas, quedaron paralizados y fueron abandonados, debido a la falta de viento.

Incluso el nombre de las Latitudes del Caballo, que atraviesan este mar, es un √≠ndice de la calma estancada. Proviene de la √©poca en que los galeones espa√Īoles quedaban cogidos por la calma y, al ver reducirse las provisiones de agua, estaban obligados a matar y arrojar al oc√©ano sus caballos guerreros.

Los barcos modernos de motor no corren ya el riesgo de caer dentro de una calma, pero ello hace todavía más misteriosas las desapariciones de algunos buques. Naturalmente, todas las pérdidas son misteriosas, puesto que son relativamente pocos los capitanes dispuestos a permitir que se produzcan. Cuando se puede establecer, o incluso presumir lo ocurrido, se acaba el misterio. Pero no ha sido ese el caso de los numerosos barcos desaparecidos en el Mar de los Sargazos.

En los primeros d√≠as en que se produjeron p√©rdidas en esta zona y en su colindante, de la Corriente del Golfo, muchas fueron atribuidas a los piratas o al mal tiempo, pese a que los archivos espa√Īoles eran sorprendentemente exactos, sin duda por el valor de las cargas de los galeones que compon√≠an las flotas anuales que llevaban tesoros a Espa√Īa.

Estos barcos, provenientes de México, Panamá y la actual Colombia, hacían escala en La Habana y proseguían rumbo a los Cayos y al Estrecho de Florida, donde muchos solían hundirse a causa de los huracanas y depositaban sus tesoros en el fondo del mar, para beneficio de las futuras generaciones de buzos. Otros eran hundidos, sin dejar huella, por corsarios o simples piratas.



Mucho tiempo despu√©s de que la pirater√≠a dejase de ser una provechosa manera de ganarse la vida, los barcos siguieron desapareciendo en esta zona, incluso con buen tiempo y cada vez con mayor frecuencia, en a√Īos recientes, sin depositar restos o cad√°veres a lo largo de las playas e islas del Atl√°ntico Occidental.

Gran n√ļmero de estas desapariciones afectaron a la Marina de los Estados Unidos y a otras Armadas. La serie se inici√≥ con el buque de los Estados Unidos Insurgent, en agosto de 1800, que llevaba 340 hombres a bordo, y prosigui√≥ hasta el desastre debido a causas desconocidas que hizo hundirse al submarino Scorpion, con una tripulaci√≥n de 99 hombres, en mayo de 1968. Sin embargo, la del Scorpion no fue una "desaparici√≥n", puesto que finalmente se le localiz√≥, a una profundidad de unos 3.200 metros y a unos 740 km al sudeste de las Azores.

He aquí otras de las inexplicables desapariciones de barcos ocurridas en esta zona:

* Pickering, buque estadounidense, el 20 de agosto de 1880, con una tripulación de 90 hombres, en ruta hacia Guadalupe, en las Indias Occidentales, desde New Castle, Delaware.



* Wasp, buque estadounidense, el 9 de octubre de 1814, navegando en el Caribe, con 140 tripulantes. Wild Cat, buque estadounidense, el 28 de octubre de 1824, en ruta desde Cuba hacia la isla Thompson, con catorce hombres a bordo.



* Atalanta, buque de guerra brit√°nico, en enero de 1880, en ruta hacia Inglaterra desde las Bermudas, con una dotaci√≥n total de 290 hombres, en su mayor√≠a cadetes navales en curso de entrenamiento. Su desaparici√≥n dio lugar a una extensa b√ļsqueda por parte de la Marina brit√°nica. Seis barcos de la flota del Canal fueron destacados para desplazarse, en l√≠nea y separados entre s√≠ por varios kil√≥metros, a lo largo de la zona donde se presum√≠a perdido el Atalanta. La operaci√≥n se prolong√≥ hasta comienzos de mayo, pero sin √©xito. Este tipo de rastreo habr√≠a de repetirse muchas veces en el futuro, pero utilizando aviones que llevar√≠an a cabo operaciones masivas de b√ļsqueda en la misma regi√≥n, volando casi ala con ala.



* Cyclops, buque estadounidense, el 4 de marzo de 1918, en ruta desde Barbados hacia Norfolk, Virginia, con un personal de 309 hombres a bordo. Entre las desapariciones sufridas por la Marina de los Estados Unidos, ésta es la más conocida y también la más desusada, si se piensa en las comunicaciones que se mantenían entre mar y tierra y entre cada barco en la época de la Primera Guerra Mundial.

Adem√°s, hay otros elementos coincidentes: puesto que la guerra estaba a√ļn en pleno desarrollo, primero se pens√≥ que el Cyclops (un barco carbonero, gemelo del Langley, tambi√©n estadounidense que m√°s tarde fue transformado en portaviones) hab√≠a chocado con una mina, o hab√≠a sido atacado por un submarino o alguna nave de superficie alemana. Tambi√©n se consider√≥ la posibilidad de que la tripulaci√≥n se hubiese amotinado contra el capit√°n, un hombre desp√≥tico al estilo del de "Mot√≠n del Bounty". Muchos supusieron sencillamente que el capit√°n, nacido en Alemania y que hab√≠a cambiado su nombre Wichmann por el menos teut√≥n de Worley, hab√≠a defeccionado, entregando el Cyclops al enemigo.

En realidad, existían ciertos indicios que avalaban alguna de estas posibilidades, o todas ellas, puesto que al salir del puerto de Barbados, la nave se dirigió inesperadamente hacia el Sur, en circunstancias que debía ir hacia el Norte, y luego, de modo igualmente abrupto, desapareció. Pero la revisión posterior de los archivos alemanes demostró que en aquel momento no había submarinos alemanes en la zona.

Sin embargo, un barco brit√°nico que, por una coincidencia incre√≠ble, se llamaba tambi√©n Cyclops, fue hundido en el Atl√°ntico Norte por un torpedero. Cuando desapareci√≥, la embarcaci√≥n norteamericana transportaba una carga de mineral de manganeso y, alg√ļn tiempo despu√©s de concluida la guerra, los agentes alemanes destacados en Sudam√©rica aseguraron haber colocado bombas de tiempo en el carguero. Este fen√≥meno suele producirse en los c√≠rculos de inteligencia de los pa√≠ses cuando una operaci√≥n resulta exitosa.

En todo caso, el incidente del Cyclops posee todos los ingredientes de una novela de misterio y aventuras: un barco de la marina de los Estados Unidos al mando de un capitán alemán, que tal vez padecía de perturbaciones mentales, puesto que habitualmente se paseaba por el puente luciendo calzoncillos largos y un sombrero de copa; un grupo de pasajeros entre los que se hallaban el excónsul general de los Estados Unidos en Brasil más tres marineros prisioneros acusados de asesinato, y dos marines desertores.

El Vicealmirante de la Marina norteamericana, M. S. Tisdall, elabor√≥ una teor√≠a acerca de la desaparici√≥n en un art√≠culo titulado "¬ŅSe dio vuelta de campana el Cyclops?". La teor√≠a se basa en la tendencia del barco a balancearse, y tal vez proporcion√≥ la idea del argumento de la pel√≠cula filmada en 1973, La aventura del Poseid√≥n, en la que el barco de pasajeros se da vuelta de campana, debido a la mala disposici√≥n de la carga y a la excesiva velocidad.

El accidente ocurre cuando el barco es azotado por la marea, pese a lo cual no se hunde. Hasta donde pudo averiguarse, el Cyclops no se vio atrapado por un huracán. Sin embargo, pudo haber sido sacudido por una ola oscilante que se presentó de pronto, haciendo que se volcase y provocara un torbellino al hundirse, que arrastró a la tripulación y los pasajeros mientras trataban de salvarse.

Sin embargo, lo √ļnico seguro acerca del Cyclops es que se desvaneci√≥ dentro del Tri√°ngulo de las Bermudas, como tantas otras embarcaciones, grandes y peque√Īas. Un peri√≥dico de los hechos de la Marina dice lo siguiente respecto de este buque:

... Desde su partida (de Barbados, el 4 de marzo de 1918), no ha habido se√Īales del nav√≠o. La desaparici√≥n constituye uno de los misterios m√°s asombrosos de los anales de la Marina, y todos los esfuerzos por localizarlo han resultado in√ļtiles... Se han sugerido muchas teor√≠as, pero ninguna explica satisfactoriamente lo ocurrido...

Pese a lo misterioso de su desaparici√≥n, el Cyclops influy√≥ notoriamente en los acontecimientos posteriores. Fue el factor directamente responsable del establecimiento de la reserva estrat√©gica nacional, instaurada varios a√Īos despu√©s del incidente.

Durante los debates preliminares en el Congreso, el Cyclops, que llevaba una carga de manganeso necesaria para la producción del acero utilizado en armas y proyectiles, fue citado como un primer ejemplo de los casos que hacían necesario mantener una reserva, ya que era la demostración de que los Estados Unidos no podían depender de las rutas marítimas para el transporte de materiales estratégicos durante un conflicto internacional.

Entre las recientes desapariciones de barcos de guerra en tiempos de paz, en los alrededores del Tri√°ngulo de las Bermudas, el caso del buque de la Marina brasile√Īa, Sao Paulo, resulta particularmente llamativo. El nav√≠o, destinado a chatarra, y con una tripulaci√≥n de s√≥lo ocho hombres a bordo, era arrastrado por dos remolcadores al sudoeste de las Azores cuando se desvaneci√≥ inesperadamente, durante la noche del 3 al 4 de octubre de 1951.

Uno de los remolcadores tuvo que soltar el cable de arrastre, debido a una fuerte marejada, la noche del 3 de octubre. Sin embargo, en la madrugada del 4 sobrevino una repentina calma, y pudo advertirse que los cables del segundo remolcador estaban rotos, o habían sido cortados, y que el Sao Paulo había desaparecido.

La subsiguiente b√ļsqueda del barco, realizada por buques y aviones, estuvo caracterizada por una serie de informes desusados: durante la noche y en las primeras horas de la ma√Īana se vieron luces extra√Īas, y luego, a lo largo del siguiente d√≠a, los aviones se√Īalaron algunas masas o formas oscuras avistadas sobre la superficie del mar, que desaparecieron r√°pidamente. Jam√°s se hallaron se√Īales del Sao Paulo ni de su reducida tripulaci√≥n.

La mayor parte de los comentaristas de los acontecimientos ocurridos dentro del Tri√°ngulo de las Bermudas se contentan con presentarlos simplemente como otros tantos misterios no resueltos, aunque varios de los m√°s pertinaces investigadores consideran que las desapariciones inexplicables de aviones, barcos y seres humanos se deben a inteligentes agentes terrestres o extraterrestres. Esta es una creencia compartida tal vez a fuerza de no contar con ninguna otra explicaci√≥n l√≥gica por un creciente n√ļmero de observadores.

Una de las teor√≠as, sugerida por Ivan Sanderson y el doctor Manson Valentine, supone la actuaci√≥n de seres inteligentes que vivir√≠an bajo el mar. Otra de las versiones m√°s populares, que cuenta entre sus m√°s destacados exponentes a John Spencer, un hombre que perteneci√≥ a la Fuerza A√©rea de los Estados Unidos durante diez a√Īos, concluye que los extraterrestres visitan la tierra y raptan o "arrastran hacia el espacio" a hombres y equipo, para estudiar el estado de nuestro desarrollo tecnol√≥gico.

Lo hacen, no para ver si hemos avanzado bastante, sino para calcular el momento en que nos hallemos en peligro de avanzar demasiado. Aunque estas teorías volverán a ser examinadas en las páginas siguientes, resulta interesante, teniendo en cuenta esta sugerencia acerca de la posibilidad de un laboratorio espacial de investigación exterior (o interior), aplicar la versión de Spencer a la desaparición de barcos y, más tarde, aviones.

El espacio de tiempo transcurrido entre las desapariciones de barcos de guerra, as√≠ como su sustituci√≥n por p√©rdidas de aviones militares, y la cantidad de embarcaciones comerciales o de placer desaparecidas, algunas con carga y otras s√≥lo con pasajeros o con cargamentos especiales, y por √ļltimo algunos curiosos incidentes relacionados con estas p√©rdidas, dan lugar a inquietantes consideraciones.

Entre los casos de barcos comerciales, uno de los primeros misterios registrados en esta zona se refiere al Rosalie, un navío francés que se dirigía hacia La Habana, en 1840. Sin embargo, no fue el Rosalie el que desapareció, sino sus tripulantes y pasajeros, que dejaron el barco abandonado, con excepción de un canario, con las velas desplegadas y la carga intacta.

De haberse tratado de un caso de pirater√≠a, quienes la realizaron estaban m√°s interesados en las personas que viajaban a bordo, que en el barco o en su carga. Si alguna plaga o enfermedad hubiese causado la p√©rdida de pasajeros y tripulaci√≥n, habr√≠a quedado alguna se√Īa.

(Como ejemplo de enfermedades repentinas que hacen abandonar un barco se cita el caso ocurrido durante los días del tráfico de esclavos, en el Mar de los Sargazos, cuando una goleta avistó un barco de esclavos que navegaba a la deriva. Su capitán pidió ayuda a la goleta. Aparentemente, todos los esclavos y la tripulación habían sido atacados por una virulenta enfermedad que producía ceguera. El barco que podía haberles asistido rechazó la llamada de auxilio y abandonó la zona lo más rápido posible, dejando el esclavista, a su tripulación y a los esclavos abandonados a su suerte.)

El 26 de febrero de 1855, el James B. Chester, un buque de tres palos, fue hallado por el Marathón dentro del Mar de los Sargazos; navegaba sin destino y sin tripulación, pero con las velas desplegadas. Las investigaciones en la cabina revelaron que las sillas y las mesas estaban volcadas, en medio de un gran desorden y mezcladas con objetos personales.

La carga estaba intacta y los botes salvavidas en su sitio. No hab√≠a se√Īas de derramamiento de sangre o asalto. Sencillamente, la tripulaci√≥n se hab√≠a desvanecido, ya sea porque se vio arrastrada fuera del barco, o porque tal vez ?cosa muy improbable? salt√≥ por la borda. Los hombres del Marath√≥n notaron durante su abordaje, sin embargo, la falta de los documentos y compases del James B. Chester.

En 1881, la goleta norteamericana Ellen Austin sufrió un accidente casi increíble. Mientras navegaba al oeste de las Azores, encontró una nave similar abandonada. Cuando sus hombres la abordaron, hallaron todo en orden, las velas plegadas y el aparejo intacto.

El capit√°n de la Ellen Austin resolvi√≥ aprovechar su buena fortuna, instalando una tripulaci√≥n a bordo, para rescatarla como bot√≠n. Sin embargo, antes de que pudieran ponerla en movimiento, sobrevino repentinamente una tormenta que hizo que las dos embarcaciones perdieran todo contacto. Pasaron dos d√≠as antes de que la Ellen Austin pudiera avistar nuevamente la nave abandonada, y cuando la volvieron a abordar, descubrieron que la nueva tripulaci√≥n hab√≠a desaparecido, sin dejar se√Īales acerca de lo que le hab√≠a ocurrido o adonde se hab√≠a ido.

Pero el capitán era insistente y, tras vencer la considerable reticencia de parte de su tripulación, consiguió un grupo de voluntarios a los que persuadió para que pilotaran aquel misterioso barco, aparentemente lleno de peligros. Poco más tarde volvió a levantarse una tormenta, se volvió a perder contacto y ya no se volvió a ver ni la nave ni a la segunda tripulación. Si todo no resultara tan extravagante, se podría hacer una comparación entre el barco abandonado y una trampa, de la que incluso las tormentas formarían parte.

Lo inexplicable es que los barcos abandonados han aparecido en otras numerosas oportunidades en el área del Triángulo. La barcaza alemana Freya, que se dirigía desde Manzanillo, Cuba, hacia varios puertos de Chile, en octubre de 1902, apareció a la deriva y sin su tripulación navegando fuertemente inclinada hacia un costado. Las páginas de su calendario de viaje habían sido arrancadas hasta el 4 de octubre.

En aquella época se había producido un violento terremoto en México y se presumió que el choque sísmico produjo una enorme ola que arrastró a la tripulación del Freya, que tal vez volcó parcialmente la barcaza. Luego, cuando el mar volvió a quedar en calma, la propia embarcación recuperó a medias su posición normal.

Las historias acerca de barcos hallados vacíos en el Mar de los Sargazos o en zonas cercanas del Atlántico narran invariablemente el caso de la Mary Celeste, tal vez el más famoso de todos. El incidente no se produjo en el Mar de los Sargazos, aunque la nave pasó por el Norte de dicha zona, rumbo al punto situado también al Norte de las Azores y hacia el cual se dirigía cuando fue hallada por el bergantín inglés Dei Gratia, en noviembre de 1872.

Los marinos ingleses observaron su curso extraviado, le hicieron se√Īas y, al no obtener respuesta, la abordaron y la tomaron en bot√≠n. Sus velas estaban desplegadas y la carga de barriles de alcohol yac√≠a bien estibada en la bodega. Hab√≠a suficientes provisiones de agua y comida, pero su dotaci√≥n de diez personas, incluyendo al capit√°n, su esposa y su hija peque√Īa, hab√≠an desaparecido.

A bordo quedaron dinero, pipas, objetos personales, e incluso el cuaderno de bitácora. Sólo faltaba el sextante. La cabina principal había sido parapetada con maderas, como si alguien hubiera querido establecer allí una plaza fuerte para repeler un ataque.

Este misterio marino ha sido contado y adornado una y otra vez. Se ha convertido en tema de pesquisas y juicios ante los tribunales, pero sigue sin ser resuelto. Se ha explicado la desaparici√≥n de sus tripulantes de muchas maneras: ataque de piratas, mot√≠n y huida despu√©s de asesinar al capit√°n, temor de que la carga estuviese a punto de estallar, descubrimiento repentino de contrabando o de alg√ļn material peligroso en las bodegas, una plaga o un secuestro cometido por supuestos amigos.

El Lloyds de Londres, que pagó el seguro, se inclina por la teoría de que un incendio repentino, pero breve, de la carga de alcohol pudo atemorizar a la tripulación, haciéndola abandonar el barco. Posteriormente, de acuerdo con las características del alcohol, habrían surgido llamas azuladas que se habrían extinguido por sí solas.

Para entonces, probablemente la tripulación no pudo regresar desde el bote salvavidas al barco. Otra explicación posible del comportamiento irracional de la tripulación es que el pan se haya mezclado con brotes de centeno en la despensa. En otras ocasiones, el pan infectado por el centeno ha sido la causa de violentos raptos de locura seguida de muerte y precedida por un comportamiento irracional de los marineros.

Un caso de locura colectiva como éste podría haber hecho que la tripulación abandonase el barco en medio del pánico y explicaría algunas otras desapariciones de dotaciones completas de "barcos fantasmas" hallados en diversos océanos del mundo.

Harold Wilkins, en su libro Strange Mysteries of Time and Space (Extra√Īos misterios del tiempo y el espacio) plantea seriamente la posibilidad de que el barco hubiese sido abordado y secuestrado en el mar por algunas personas conocidas de los tripulantes. Esto implicar√≠a que, posteriormente, se hizo desaparecer a la tripulaci√≥n y el barco vac√≠o fue "redescubierto" y tomado como bot√≠n.

Al desarrollar esta teoría, Wilkins hace ver las numerosas contradicciones de las versiones del capitán y la tripulación del Dei Gratia y el hecho de que este barco permaneció amarrado junto al Mary Celeste en Nueva York, durante una semana, haciéndose a la mar poco después de la partida de la nave condenada.

Tras concluir el procedimiento de legalizaci√≥n del bot√≠n, y una vez reacondicionado, el Mary Celeste volvi√≥ a navegar, pero con una reputaci√≥n de "barco de mal ag√ľero", que acarreaba desgracias, destrucci√≥n y muerte a quienes navegasen en √©l.

Finalmente, su √ļltimo patr√≥n, el capit√°n Gilman Parker, reparti√≥ gran cantidad de licor a la tripulaci√≥n, bebi√≥ generosamente √©l mismo y luego condujo a prop√≥sito ?seg√ļn se dice? al Mary Celeste contra un arrecife cerca de Hait√≠, terminando as√≠ con su desgraciada trayectoria.

Hay toda una serie de barcos que fueron hallados desiertos y con menores indicios a√ļn acerca de lo que hab√≠a ocurrido a sus ocupantes. Entre ellos, el Carol Deering, que se var√≥ en una playa de Carolina del Norte en febrero de 1921, y sin que nunca se supiera qu√© pas√≥ con su tripulaci√≥n, salvo que hab√≠a abandonado el buque, o se hab√≠a visto obligada a dejarlo, en el momento en que se estaba a punto de servir la comida.

El John and Mary apareci√≥ desierto en abril de 1932, a 80 kil√≥metros al sur de las Bermudas. El Gloria Colite, una goleta encontrada sin nadie a bordo el 3 de febrero de 1940, y el Rubic√≥n, un boque cubano que tambi√©n qued√≥ abandonado (con excepci√≥n de un perro hambriento) frente a Cayo Largo, en la Florida, el 22 de octubre de 1944. La √ļltima anotaci√≥n en su cuaderno de bit√°cora era del 26 de septiembre y se√Īalaba su permanencia hasta entonces en el puerto de La Habana.

La falta de botes salvavidas suger√≠a que la tripulaci√≥n se hab√≠a alejado precipitadamente. Ivan Sanderson ha observado que en los casos en que la tripulaci√≥n abandona el barco resulta muy poco com√ļn "que no se lleve la mascota o los animales preferidos. Se ha sugerido que la tripulaci√≥n fue obligada a desembarcar, tal vez por entes que s√≥lo deseaban hacerse de seres capaces de comunicaci√≥n oral.

Sanderson comenta adem√°s que debe se√Īalarse que, as√≠ como se han encontrado perros, gatos y canarios en buques de los que las tripulaciones han desaparecido, "...los loros parecen desvanecerse lo mismo que los seres humanos...". Ello se debe tal vez ?nos imaginamos? a que el hablar coherente (o incoherente) es una manera f√°cil de reconocer las especies dominantes en el planeta Tierra.

Tripulaciones y pasajeros han desaparecido frecuentemente tambi√©n de numerosas embarcaciones peque√Īas que luego han sido halladas a la deriva y desiertas.

As√≠ ocurri√≥, por ejemplo, con el yate Conneniara IV, hallado a 640 km al sudoeste de las Bermudas en septiembre de 1955; con el Maple Bank, un velero de 20 metros de largo que apareci√≥ desierto y sin rumbo al norte de las Bermudas, el 30 de junio de 1969; con The Vagabond, un yate de doce metros pilotado por su due√Īo, que fue hallado en perfecto estado al oeste de las Azores, el 6 de julio de 1969, pero sin se√Īales de su capit√°n, Wallace P. Williams, ni de su tripulaci√≥n.

Algunas embarcaciones han desaparecido durante viajes bastante cortos, como fue el caso de Al Snyder, un jockey muy conocido, que llevaba a varios amigos en su motonave en una excursión de pesca que se inició en Miami el 5 de marzo de 1948, rumbo a Cayo Sandy. Aunque el yate apareció, nunca más se supo de sus ocupantes.

Aunque algunas de las peque√Īas lanchas halladas en alta mar despu√©s del triunfo de la Revoluci√≥n cubana podr√≠an tener alguna relaci√≥n con las actividades de los cubanos que escapaban y de los que les persegu√≠an, hubo una extra√Īa desaparici√≥n que no tuvo nada que ver con la situaci√≥n de Cuba.

El incidente del Witchcraft es un ejemplo notable de c√≥mo puede una peque√Īa embarcaci√≥n desaparecer con la velocidad del rayo, en. circunstancias en que se hallaba no s√≥lo a la vista del puerto, sino atada a una de las boyas. Dan Burack, el due√Īo del Witchcraft ?que, por cierto, gozaba de fama de ser "insumergible"? hab√≠a invitado al sacerdote Pat Hogan a ver la iluminaci√≥n navide√Īa de Miami, frente a la costa de Florida, la v√≠spera de la Nochebuena de 1967.

Avanzaron en medio de aguas serenas hasta cerca de dos kil√≥metros de la playa y se detuvieron a admirar las luces en las inmediaciones de la boya n√ļmero 7. Desde aquel punto, Burack hizo una sola llamada de emergencia a la Guardia Costera, dando su posici√≥n exacta. Una lancha de la Guardia tard√≥ s√≥lo veinte minutos en llegar a la boya n√ļmero 7, pero ya para entonces no hab√≠a se√Īales del Witchcraft.

Cuando se suspendi√≥ la b√ļsqueda, un vocero de la Guardia Costera declar√≥, de manera un tanto parad√≥jica:

"Presumimos que est√°n extraviados en el mar, pero no desaparecidos".

La lista de barcos de carga, embarcaciones de pesca y de placer que se han desvanecido con sus tripulaciones es impresionante. Muchos de ellos han desaparecido en medio de buen tiempo y sin dejar restos flotantes, ni manchas de aceite, ni botes o chalecos salvavidas (con una notable excepción), o cadáveres, ni en el mar ni en playas vecinas donde las aguas pudieran haberlos arrastrado.

Al igual que los aviones desaparecidos, los barcos no enviaron mensajes de SOS ni informaron acerca de nada anormal por medio de sus transmisores.

Entre los barcos desaparecidos figuran el Cotopaxi, un carguero que se dirigía desde Charleston a La Habana en 1925; el Suduffco, un mercante que navegaba desde el puerto de Newark hacia el Sur, en 1926; el Stavenger, con 43 personas a bordo, localizado al sur de la isla Cat en 1931, y el carguero Angla-Australian, que llevaba una tripulación de 39 hombres y que, en marzo de 1938, al pasar por las Azores rumbo al Oeste, envió un mensaje que decía: "Todo bien".

En 1924 se recibió una comunicación radial espectacular del mercante japonés Raifuku Maru, presumiblemente en el momento de su desaparición entre las Bahamas y Cuba, durante el invierno. Las palabras de este mensaje radial constituían un llamado de auxilio muy poco usual:

"Corremos peligro de muerte como una daga... Vengan pronto... No podemos escapar...".

No se especificaba, sin embargo, cuál era el peligro. Si se trataba de una tormenta repentina o de una tromba marina, lo normal habría sido que el operador de la radio proporcionase una información precisa, que más tarde pudiese servir de ayuda a las operaciones de rescate, en lugar de explayarse en comparaciones imaginativas, por muy estremecedoras que resultaran.

Las desapariciones de barcos durante las guerras tienen diversas y satisfactorias explicaciones, como los ataques de submarinos, las explosiones de minas o bombas y los sabotajes, que podrían ser las causas de las pérdidas sin dejar huellas. Sin embargo, mucho tiempo después de concluida la guerra, los grandes barcos siguieron desapareciendo dentro del Triángulo de las Bermudas.

El mercante Sandra, que se dirigía desde Savannah a Puerto Cabello, en junio de 1950, llevando una carga de insecticida, pasó por Saint Agustine, Florida, en medio de buen tiempo. Después, se perdió todo contacto. Como ocurrió en este caso, y en otros, la mayoría de los barcos norteamericanos han desaparecido mientras se hallaban a la vista de tierra.

El pesquero Sno' Boy, con cuarenta personas a bordo, se perdi√≥ un poco m√°s al Sur, entre Kingston, Jamaica, y Cayo Nordeste, en 1963, sin que mediara explicaci√≥n o se√Īal de ninguna clase.

Entre las numerosas embarcaciones de placer dadas por desaparecidas sin dejar rastro en esta zona, y que han llegado a ocurrir con un promedio de una al mes, el caso del Revonoc mereci√≥, por varias razones, comentarios especiales. Era un yate de carrera, de quince metros, que hab√≠a ganado premios en la prueba Newport - Islas Bermudas y que desapareci√≥ mientras realizaba un crucero entre Key West y Fort Lauderdale, entre Navidad y A√Īo Nuevo de 1967 (como veremos, esta fue una temporada fatal en cuanto a desapariciones).

En primer lugar, el yate estaba dise√Īado para participar en carreras con cualquier clase de tiempo. Adem√°s, el capit√°n Conover, su due√Īo y patr√≥n, era un excelente marino, con el t√≠tulo de Comodoro del Cruising Club de los Estados Unidos. Se trataba de "un marino demasiado bueno" como para arriesgarse a sufrir un accidente durante una traves√≠a relativamente tan corta.

En todo caso, puesto que navegaba tan cerca de tierra, alg√ļn vestigio del yate se habr√≠a encontrado a lo largo de la playa, en caso de que hubiese chocado con alg√ļn arrecife, Tratando de ofrecer alguna explicaci√≥n l√≥gica, el entonces director de deportes n√°uticos del Herald Tribune de Nueva York sugiri√≥ la posibilidad de que un carguero que se hallaba en la zona en ese momento hubiese arrollado al yate durante la noche, envi√°ndolo al fondo del oc√©ano con tripulaci√≥n y todo, y sin dejar el menor rastro.

Más de medio siglo antes de la desaparición de Conover en el Renovoc, Joshua Slocum, otro marino muy conocido por haber sido el primer hombre que circunnavegó el globo solo, en 1909 emprendió un segundo viaje en su yola de once metros, The Spray. Se informó de su ingreso al área del Triángulo, navegando desde Miami hacia el Sur. Poco después, él y The Spray desaparecieron para siempre.

Las p√©rdidas de embarcaciones de tama√Īo peque√Īo y mediano dentro del Tri√°ngulo se deben sin duda, en muchos casos, a condiciones meteorol√≥gicas. Sobre todo en invierno, cuando se hacen a√ļn m√°s imprevisibles debido a que las masas de aire fr√≠o del √Ārtico chocan con el aire caliente de los tr√≥picos.

Este puede haber sido el caso de la goleta Windfall (17 metros, desaparecida frente a las Bermudas en 1962), la Evangeline (16 metros, en ruta desde Miami hacia las Bahamas, en 1962), la Enchantress (17 metros, desaparecida mientras navegaba desde Charleston a Santo Tom√°s, en 1946) y el queche de 10 metros, Dancing Feather (desaparecido entre Nassau y Carolina del Norte, en 1964).

Todos se produjeron durante los meses de invierno, cuando grandes olas levantadas por tormentas repentinas hicieron tal vez que aquellas peque√Īas embarcaciones se hundieran antes de poder enviar un mensaje por radio. Pero esto, naturalmente, no explicar√≠a la desaparici√≥n de barcos en aguas relativamente tranquilas, o las diversas ocasiones en que grandes cargueros o barcos de la Marina se perdieron sin dejar huellas.

La p√©rdida del carguero Marine Sulphur Queen, de 130 metros, que llevaba una tripulaci√≥n de 39 hombres, se produjo el 2 de febrero de 1963, o alrededor de esa fecha, y resulta particularmente notable por el tama√Īo del barco. Se dirig√≠a a Norfolk, Virginia, desde Beaumont, Texas, con una carga de 15.000 toneladas largas de azufre fundido acarreadas en tanques met√°licos. Hac√≠a buen tiempo. La √ļltima vez que dio su posici√≥n era cerca de Tortugas Secas, en el Golfo de M√©xico, un √°rea que est√° dentro o cerca del Tri√°ngulo, de acuerdo con sus l√≠mites m√°s bien el√°sticos.

Lo parad√≥jico es que, en un primer momento, la p√©rdida del barco no fue notada por sus due√Īos, sino por una casa de corretajes. Todo ello se debi√≥ a una serie de curiosas circunstancias. Uno de los tripulantes del Marine Sulphur Queen hab√≠a estado especulando en el mercado de corredores, espec√≠ficamente en ventas de trigo a futuro, y hab√≠a colocado una orden "de compra" antes de que el barco dejara el puerto.

Este es un pasatiempo que normalmente requiere un contacto m√°s bien estrecho con el agente de Bolsa. Justamente por eso, la casa de corretajes ejecut√≥ la orden y le envi√≥ un cable confirm√°ndoselo. Al no recibir respuesta, la casa se puso en contacto con los armadores, dici√©ndoles que no lograban comunicarse con el barco. Fue la primera indicaci√≥n de que las cosas no andaban del todo bien y la se√Īal de partida para la infructuosa b√ļsqueda del buque, iniciada por la Guardia Costera el 6 de febrero.

Sus barcos y aviones recorrieron una amplia zona, desde los cabos de Virginia hasta la parte oriental del Golfo de M√©xico. Aunque la b√ļsqueda fue interrumpida el 15 de febrero, cinco d√≠as m√°s tarde la Marina inform√≥ haber hallado un chaleco salvavidas del Marine Sulphur Queen en el mar, 27 km al sur de Key West.

Esto significó la iniciación de un nuevo rastreo, del que resultó solamente el hallazgo de un nuevo chaleco. La investigación posterior examinó una serie de posibilidades: explosión del azufre, zozobra, choque contra una mina, o incluso captura y confiscación por parte de los cubanos (o de simpatizantes cubanos).

Una Junta de Investigaci√≥n de la Marina hizo notar que el Marine Sulphur Queen hab√≠a "desaparecido en el mar sin transmitir ning√ļn mensaje radial de alarma", pero no ofreci√≥ ninguna soluci√≥n ni adelant√≥ teor√≠a alguna en relaci√≥n con el desastre.

Los relatos acerca del Tri√°ngulo de las Bermudas revivieron cuando el submarino at√≥mico estadounidense Scorpion, que llevaba una tripulaci√≥n de 99 personas, no volvi√≥ a su base en el puerto de Norfolk, Virginia, el 28 de mayo de 1968. Hab√≠a enviado su √ļltimo mensaje de rutina en el viaje de regreso el 21 de mayo, cuando se hallaba a 400 km al oeste de las Azores. El 5 de junio se le dio por desaparecido, pero varios meses m√°s tarde, un barco de investigaci√≥n oceanogr√°fica de la Marina localiz√≥ algunos restos, a 740 km al sur de las Azores y a una profundidad de m√°s de 3.000 metros.

Puesto que las fotograf√≠as submarinas identificaron, aparentemente, al Scorpion, no puede decirse que se haya desvanecido, aunque no se pueda determinar las razones de su p√©rdida, en el borde del Mar de los Sargazos. Si hubiera alg√ļn motivo atribuible a seres inteligentes, como lo han sugerido algunos investigadores, tras las desapariciones o semidesapariciones, la p√©rdida de varios submarinos at√≥micos en el Atl√°ntico Occidental dar√≠a lugar a pensar en algunas otras posibilidades, aparte de las fallas mec√°nicas.

Si proyectamos el área de las naves desaparecidas al interior del Golfo de México, como lo sugiere John Spencer, habría que incluir una que se produjo en 1966, especialmente teniendo en cuenta la forma de escapar a cualquier amenaza que pueda pesar sobre barcos y aviones en esta zona y que discutiremos más adelante.

En aquel caso, la embarcaci√≥n afectada fue el remolcador Southern Cities, de 20 metros de largo, que sali√≥ de Freeport, Texas, el 29 de octubre de 1966, arrastrando una barcaza de 64 metros. Cuando se advirti√≥ que el Southern Cities no enviaba su informe diario por radio se inici√≥ una b√ļsqueda que consigui√≥ ubicar a la barcaza, completa, con su carga de sustancias qu√≠micas en orden y con su cable de arrastre intacto hasta su cadena de enganche, pero no se hallaron rastros del remolcador ni de su tripulaci√≥n.

El párrafo del informe subsiguiente de la Junta Marítima de Investigación de la Guardia Costera podría aplicarse también a cualquiera de los numerosos aviones y barcos que han desaparecido:

"...El hecho de que el barco no enviara un mensaje de emergencia parece justificar la conclusión de que la pérdida del remolcador se produjo de manera tan rápida que la transmisión resultó imposible".

Entre las desapariciones más recientes habría que incluir la del Ithaca Island, ocurrida en noviembre de 1968, mientras llevaba una carga de grano desde Norfolk a Manchester; la del Milton latrides, en abril de 1970, cuando iba en ruta de Nueva Orleáns a Ciudad de El Cabo, con un cargamento de aceites vegetales y soda cáustica; y la del Anita, un barco de carga muy grande (20.000 toneladas), con una tripulación de 32 personas, que navegaba desde Newport News hacia Alemania, en marzo de 1973, llevando una carga de carbón.

Nunca se volvi√≥ a saber de √©l. Despu√©s de la caracter√≠stica investigaci√≥n minuciosa, que determin√≥ que definitivamente el Anita hab√≠a desaparecido, el Lloyds de Londres pag√≥ a sus due√Īos un seguro de tres millones de d√≥lares.

El barco gemelo del Anita, el Norse Variant, que salió del puerto dos horas antes, envió un mensaje por radio informando que se estaba hundiendo, a 240 km al sudeste del cabo May. Al comienzo se pensó que toda la tripulación estaba perdida, pero hubo un sobreviviente, que se salvó aferrándose a una compuerta de madera.

Seg√ļn su informe, el hundimiento se produjo en cuesti√≥n de minutos. Se levant√≥ un viento extremadamente violento que arrastr√≥ todos los objetos movibles que hab√≠a en los puentes y de pronto se desencaden√≥ una marejada que aneg√≥ las bodegas, ech√≥ a pique y hundi√≥ el buque en un lapso de cinco minutos.

Al considerar la diversidad de las cargas que llevaban los distintos barcos desaparecidos, pareciera no existir una relación entre su contenido y la desaparición misma, que pudo ser provocada por actos de piratería, peligro de explosiones, motines o algo semejante. Las pérdidas no presentan ninguna coherencia, pero todas resultaron concentradas en la misma zona.

Al comentar las desapariciones de barcos y aviones dentro del Triángulo de las Bermudas, un funcionario de información del Tercer Distrito Naval de los Estados Unidos manifestó una opinión de profesional que es ampliamente compartida, aunque ciertamente tiene un carácter extraoficial:

"Esto es un verdadero misterio. En la Marina, nadie se burla de esto. Siempre supimos que hab√≠a algo extra√Īo respecto de este Tri√°ngulo de las Bermudas, pero nadie ha podido descubrir qu√© es. No parece existir ninguna raz√≥n f√≠sica o l√≥gica. Es casi como si estos buques hubiesen quedado cubiertos de pronto por una especie de red de camuflaje electr√≥nico secreto".

Salvo algunas escasas excepciones, casi todos los incidentes relativos a barcos o aviones se han producido dentro o en los alrededores del Mar de los Sargazos y de las aguas costeras que lo bordean. Junto con prevenir acerca de los peligros de concentrar la b√ļsqueda por √°rea alrededor de cualquier "incidente llamativo", Ivan Sanderson comenta los "aspectos agravantes" del hecho de que (la posici√≥n de) el Mar de los Sargazos casi coincide con la circunstancia de que,

"... la mayoría de las desapariciones de los aviones y de la mayoría de los barcos... han ocurrido, desde antiguo, en esta zona de forma oblonga...".

Resulta una ir√≥nica coincidencia el que esta regi√≥n, que caus√≥ temor desde √©pocas remotas, seg√ļn las leyendas que existieron mucho antes de que fuera oficialmente descubierta y luego temida durante cientos de a√Īos como un mar condenado, conserva su aureola siniestra y gran parte de su misterio hasta ahora, en plena era espacial, uniendo as√≠, en el asombro, a los personajes que podr√≠an ser situados en los extremos opuestos del aspecto de las grandes exploraciones: Col√≥n y los astronautas del Apolo 12.

Col√≥n, a bordo de la Santa Mar√≠a, fue el primer observador que, seg√ļn nuestros anales, advirti√≥ esa iluminaci√≥n inexplicable del mar constituida por las brillantes aguas blancas de las Bahamas, cerca de los l√≠mites occidentales del Mar de los Sargazos. Pudo verlos durante su primer viaje, el 11 de octubre de 1492, dos horas despu√©s de la puesta del sol.

Los astronautas, en cambio, notaron esas mismas rayas luminosas, o especies de v√≠as dentro de las aguas, y ellas fueron las √ļltimas luces terrestres que pudieron observar desde el espacio. Se han dado varias explicaciones acerca de este fen√≥meno: podr√≠a deberse a mangas agitadas por peces, o a bancos de peces, o a alguna otra materia org√°nica.

Cualquiera que sea su origen, todavía por explicar, esta luz es visible desde la superficie y resulta especialmente notoria desde el aire.

El primer viaje a Col√≥n dio lugar a otros misteriosos incidentes que a√ļn hoy provocan sorpresa y comentarios en la zona del Tri√°ngulo. El 15 de septiembre de 1492, cuando se hallaba dentro de la zona occidental del Mar de los Sargazos, √©l y su tripulaci√≥n, que estaba cada vez m√°s nerviosa, observaron c√≥mo un gran arco de fuego cruzaba los cielos y ca√≠a o desaparec√≠a en el oc√©ano.

Algunos días más tarde, los marineros volvieron a sentir que les embargaba el temor, ante la inexplicable perturbación sufrida por el compás del barco. Este incidente constituyó un curioso presagio, en la víspera del descubrimiento del Nuevo Mundo, de las perturbaciones electromagnéticas que todavía afectan a la navegación aérea y marítima dentro del Triángulo.

El desove de las anguilas constituye otro de los numerosos misterios relacionados con el Mar de los Sargazos, y ha intrigado tanto a los observadores modernos como a los antiguos. Arist√≥teles (384-322 A.C.) fue el primer naturalista de la Antig√ľedad que parece haber planteado la misteriosa cuesti√≥n de la reproducci√≥n de las anguilas europeas, que, naturalmente, eran las √ļnicas que conoc√≠a.

Se sab√≠a que estos animales abandonaban sus estanques, lagos, arroyos y peque√Īos r√≠os para luego nadar a lo largo de los r√≠os mayores y desembocar en el mar. Esto era todo lo que se conoc√≠a acerca de los h√°bitos reproductores, hasta unos 2500 a√Īos m√°s tarde, cuando un cient√≠fico dan√©s, el doctor Johanes Smith, descubri√≥ el lugar hacia el cual se hab√≠an dirigido las anguilas en sus traves√≠as a lo largo de los siglos transcurridos desde que el fen√≥meno fue planteado por primera vez.

Las anguilas europeas adultas siguen las v√≠as de agua que se vac√≠an en el Atl√°ntico; all√≠ se unen y nadan formando un gran banco, que progresa con lentitud durante unos cuatro meses, acompa√Īado de bandadas de gaviotas y manadas de tiburones, hasta que alcanzan un punto del Mar de los Sargazos en que se detienen para desovar a gran profundidad. All√≠ los adultos mueren y los reci√©n nacidos comienzan su largo viaje de regreso, dirigi√©ndose por la Corriente del Golfo en una jornada de regreso a Europa que les toma alrededor de dos a√Īos.

El comportamiento de las anguilas del continente americano tienen las mismas características, pero al revés. Nadan en dirección Este y encuentran a las anguilas europeas en las profundidades del Mar de los Sargazos, desde donde los ejemplares jóvenes regresan a sus lares ancestrales en las Américas.

La notable conducta de estas especies y la "nostofilia" (memoria acerca del lugar de origen o de reproducción) que han heredado, dio lugar a algunas teorías en extremo interesantes. Por ejemplo, aquella que sostiene que su región reproductora original estaba en un gran río de un continente que existió en el Atlántico, en los alrededores del Mar de los Sargazos, y que las anguilas están todavía en busca de sus lugares de desove primitivos, en la zona en que alguna vez fluyó el río desaparecido, a través de un continente que ahora estaría a miles de metros bajo el mar.

Se ha sugerido incluso que las algas del Mar de los Sargazos ser√≠an restos, adaptados a la vida submarina, sobrevivientes de la vegetaci√≥n del viejo continente atl√°ntico que se hundi√≥ con gran rapidez, seg√ļn la hist√≥rica leyenda, arrastrando consigo todos sus lujuriosos bosques y llanuras.

Sin embargo, de todos los misterios del Mar de los Sargazos y sus alrededores, el m√°s inquietante es el relativo a los barcos y aviones perdidos y su posible conexi√≥n con otros fen√≥menos, sobre todo porque est√° relacionado con una zona que es atravesada todos los d√≠as por tan gran n√ļmero de barcos y aviones.

Naturalmente, podr√≠a ocurrir que cada una de las desapariciones tuviese una explicaci√≥n l√≥gica, y que algunos t√©rminos, como "aberraciones atmosf√©ricas", "agujeros en el cielo" y "pozos de gravedad", as√≠ como las sugerencias de que los aviones y las embarcaciones grandes y peque√Īas han sido capturadas y secuestradas por entes desconocidos, constituyen simplemente intentos de explicar lo inexplicable.

Hay todavía otro elemento que agregar al misterio. Es muy reciente y resulta bastante inesperado. En las numerosas desapariciones anteriores ocurridas en el Triángulo de las Bermudas, no sólo no ha habido supervivientes, sino que no se ha recuperado ni un solo cadáver de las numerosas víctimas.

No obstante, durante los √ļltimos a√Īos, y debido a la divulgaci√≥n que ha tenido la leyenda del Tri√°ngulo de las Bermudas, algunos pilotos y marineros est√°n empezando a perder su comprensible reticencia a discutir lo ins√≥lito y a narrar c√≥mo se han librado de las fuerzas que operan dentro del Tri√°ngulo. Si se examinan algunos de estos relatos se podr√° advertir una cierta tendencia com√ļn, que podr√≠a explicar c√≥mo (si no el porqu√©) se han producido algunas de las desapariciones.

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