El TriŠngulo de las Bermudas: Los observadores - Protectores, invasores, o simples curiosos:

Mar 23 2009 @ 05:27am
Por: Sauron
Publicado en: Planeta Tierra
SI LOS OVNI U OTROS SISTEMAS EST√ĀN SECUESTRANDO aviones, barcos y personas, especialmente en el Tri√°ngulo de las Bermudas, y en otras regiones del mundo, un elemento fundamental de cualquier investigaci√≥n sobre el asunto ser√≠a el examen de la posible raz√≥n o razones.

Algunos investigadores han sugerido que ciertos seres inteligentes, y con un grado de desarrollo cient√≠fico a√Īos de luz m√°s avanzado que el de los pueblos relativamente primitivos de la Tierra, se habr√≠an dedicado durante siglos a observar nuestros progresos, y finalmente habr√°n de intervenir, para evitar que destruyamos nuestro planeta. Naturalmente, esto significa presumir en esos seres del espacio exterior o interior una condici√≥n altruista que no suele ser la dominante entre pioneros o exploradores.

Por otra parte, podría ocurrir que en las cercanías del Triángulo de las Bermudas, y en algunas otras localidades nodales de las corrientes gravitacionales electromagnéticas, existiera una puerta o ventana hacia otra dimensión en el tiempo o el espacio, a través de la cual estos entes extraterrestres, dotados de un complejo utillaje científico, pudieran penetrar a su antojo.

Sin embargo, cuando dicho conducto es hallado por seres humanos, se convierte en una calle de una sola v√≠a, de la cual ser√≠a imposible regresar, dado su nivel de desarrollo cient√≠fico, o debido a que una fuerza extra√Īa lo impedir√≠a. Muchas de las desapariciones, especialmente las relativas a tripulaciones completas de barcos, hacen suponer la existencia de expediciones de secuestro cuya misi√≥n ser√≠a obtener seres humanos para confinarlos en zool√≥gicos espaciales, para exhibirlos en diferentes eras del desarrollo planetario, o para fines de experimentaci√≥n.

El doctor Manson Valentine sugiere que podr√≠an existir diversos grupos de visitantes espaciales, a veces hostiles, y que algunos de dichos seres provenientes del espacio, las profundidades oce√°nicas o incluso alguna otra dimensi√≥n, podr√≠an estar relacionados con nosotros; ser√≠an nuestros primos de muchos miles de a√Īos de antig√ľedad y lo bastante civilizados como para tener un motivo altruista que los llevase a protegernos a nosotros y a nuestro planeta, o pragm√°ticamente preocupados acerca de su propio medio ambiente.

Desde este √ļltimo punto de vista, es evidente que la Tierra y sus pobladores est√°n en creciente peligro de ruina y destrucci√≥n. Esto habr√≠a podido producirse en diversas ocasiones en los milenios anteriores, pero aunque la Tierra estaba en peligro, no fue convertida en un lugar inhabitable a diferencia de lo que tal vez sucedi√≥ con diversos planetas y lunas cercanos.

Entre algunas razas que han desaparecido casi completamente se conservan a√ļn recuerdos de cat√°strofes casi fatales, y seg√ļn las tradiciones de otras muy antiguas, no ha habido una sino varias hecatombes globales. Las razas ind√≠genas de Am√©rica Central han contado hasta ahora tres veces el fin del mundo, y aseguran que habr√° de producirse el cuarto en una fecha no muy lejana, en esta ocasi√≥n por el fuego.

Los hopi, que entre las tribus indias de los Estados Unidos son quienes conservan el registro m√°s completo y curiosamente detallado de sus andanzas y del cosmos mismo, tambi√©n hablan de las tres veces que acab√≥ el mundo: una debido a una erupci√≥n volc√°nica y al fuego, otra causada por terremotos y por el desplazamiento ocasional del eje de la Tierra, y una tercera provocada por inundaciones y hundimientos de continentes que a su vez eran la consecuencia de la guerra entre los habitantes del "Tercer Mundo" empe√Īados en destruir sus ciudades por medio de ataques a√©reos.

Entre par√©ntesis, la referencia al desplazamiento del eje de la Tierra es en s√≠ una muestra del extraordinario conocimiento que hab√≠a alcanzado una peque√Īa tribu india, no s√≥lo acerca de la verdadera forma de la Tierra, sino respecto de su rotaci√≥n.

La teor√≠a seg√ļn la cual la Tierra perder√≠a temporalmente su velocidad de rotaci√≥n y luego volver√≠a a ajustar√≠a corresponde a una tesis cient√≠fica posterior desarrollada por Hugh Auchincloss Brown, quien atribuye dicha perturbaci√≥n a un exceso de peso causado por la acumulaci√≥n de hielo en uno de los polos.

Las antiguas leyendas religiosas de la India describen nueve crisis mundiales, mientras otras culturas de la Antig√ľedad var√≠an un tanto en relaci√≥n con el n√ļmero, aunque no respecto de la frecuencia regular de las cat√°strofes planetarias.

En su diálogo Critias, Platón cita a un sacerdote egipcio que dijo al legista ateniense Solón, de visita en Egipto:

... Ha habido, y volver√° a haber muchas destrucciones de la Humanidad, debido a numerosas causas.

Después de explicar a Solón cómo habían conservado los egipcios sus memorias respecto de algunos de estos acontecimientos, gracias a sus archivos, observó:

... y luego, en el per√≠odo habitual, la corriente del cielo baja cual una pestilencia... y as√≠, tiene uno que empezar todo de nuevo, desde ni√Īo... (agregando, como una alusi√≥n tajante respecto de la falta de registros griegos:) Ustedes recuerdan s√≥lo un diluvio, y sin embargo, hubo muchos...

La teor√≠a c√≠clica de la civilizaci√≥n que prevaleci√≥ en el mundo antiguo y existe todav√≠a, en cierta medida, en Asia, se halla en marcado contraste con la teor√≠a del progreso lineal de nuestra propia cultura, con su preocupaci√≥n por el paso y la presi√≥n del tiempo y la constante marcha adelante de la civilizaci√≥n y el desarrollo cient√≠fico. No obstante, en la medida en que nuestros conocimientos se hacen mayores, podr√≠amos descubrir que lo sospechado por observadores de la Antig√ľedad realmente ocurri√≥.

Las cat√°strofes mundiales y las destrucciones de civilizaciones completas podr√≠an haber sido anteriormente el resultado de muy diversas causas, algunas de las cuales podr√≠an hallarse hoy frente a nosotros, aunque nos neguemos resueltamente a contemplarlas. Entre ellas, una de las m√°s destacadas es la del exceso de poblaci√≥n, un problema mencionado solamente, entre todos los documentos de la Antig√ľedad, por el Mahabharata, como si el subcontinente indio hubiese sufrido entonces como ahora de una poblaci√≥n excesiva.

La guerra nuclear, a la que se alude en los documentos antiguos y que hoy constituye un dilema fundamental, es, naturalmente, una manera indirecta de resolver el problema, aunque acarrea otro, que es el de que destruye gran parte de la vida del planeta e incluso da√Īa su futura habitabilidad. Si las reacciones at√≥micas son suficientemente fuertes, provoca adem√°s desastres s√≠smicos e inundaciones debidas al derretimiento de los hielos.

Incluso ahora podr√≠an estar prepar√°ndose otras cat√°strofes, no relacionadas con la actividad at√≥mica, pero ligadas al desarrollo tecnol√≥gico y cuyos resultados s√≥lo ser√°n conocidos con el transcurso del tiempo. Por ahora, adem√°s de estar empe√Īados en nuestros experimentos at√≥micos, en el derroche de la energ√≠a nuclear, en la poluci√≥n ambiental del agua y el aire y en el desequilibrio de la ecolog√≠a, realizamos de manera muy poco sensata algunos experimentos graduales que podr√≠an tener consecuencias catastr√≥ficas.

La observaci√≥n del Dr. Columbus Islin, ex director de la Woods Hole Oceanographic Institution, es un ejemplo de lo que decimos. Al referirse al aumento de di√≥xido de carbono en la atm√≥sfera, se√Īal√≥:

Durante los √ļltimos 100 a√Īos, el creciente uso de combustibles f√≥siles en nuestra civilizaci√≥n industrial mundial ha debido traducirse en la producci√≥n de alrededor de 1.700.000 millones de toneladas de di√≥xido de carbono, que equivale al 70 por ciento de la cantidad que existe actualmente en la atm√≥sfera.

Debido a que dos tercios del aumento de esta sustancia son absorbidos por el mar, puede esperarse una mayor cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera de un 20 por ciento. No es fácil predecir el efecto que tendrá ese incremento, pero existen razones para pensar que producirá el aumento de la temperatura de las capas inferiores de la atmósfera en varios grados. De esa manera y más o menos a pesar de nosotros mismos, estamos realizando un gran experimento.

El efecto que produciría el derretimiento de los polos provocado por el hombre, con grandes marejadas e inundaciones de las zonas costeras del mundo entero, hace recordar aquella inundación de la prehistoria, que ahora no nos parece en absoluto legendaria y que cubrió zonas de la superficie terrestre en el Atlántico, el Caribe, el Mediterráneo y otros lugares. Incluso el derramamiento de petróleo por alguno de los cada vez mayores superpetroleros o desde el oleoducto de Alaska podría hacer que el hielo polar se fundiera en grandes cantidades y con impredecibles resultados.

La extinci√≥n de gran cantidad de especies de la fauna terrestre podr√≠a llegar a ser otra causa de futuros desastres, sobre los cuales no podemos todav√≠a formarnos una opini√≥n. Debemos recordar que, en una cat√°strofe anterior, No√©, que era un ec√≥logo antes que se pusiera de moda serlo, recogi√≥ en su arca a siete parejas de cada uno de los animales m√°s √ļtiles y tambi√©n rescat√≥ un par de cada una de las otras especies, √ļtiles o in√ļtiles.

Tal vez en caso del hombre y de otros entes de inteligencia similar, el salto desde la barbarie a la civilización y finalmente al conocimiento y capacidad para utilizar la fisión nuclear es un proceso natural que ya ocurrió antes, no sólo en la Tierra, sino también en otros lugares del Universo. Tal vez otros sistemas civilizados, extraterrestres o incluso de este planeta, como lo han sugerido Valentine, Sanderson y otros, aunque invisibles para nosotros, han superado este afán de autodestrucción y están estudiando nuestro mundo por medio de rutas o puertas abiertas como el Triángulo de las Bermudas.

Su finalidad sería aprovecharlo como lección, o bien conservar algunas partes con fines de estudio, o impedir que se autodestruya. Tal vez se proponen orientarlo incluso, del mismo modo en que las naciones más poderosas tratan de guiar a las menos desarrolladas.

Sin embargo, adjudicar cualquier propósito a tales observadores significaría suponer que piensan como nosotros: los animales salvajes no pueden comprender por qué los coleccionistas quieren atraparlos y exhibirlos, en lugar de matarlos y comerlos. Tal vez, como se ha sugerido, los OVNI son simples "exploradores" de nuestro planeta. Si es así, lo han estado observando durante un tiempo excesivamente largo.

Si hubiese algo de cierto en la hip√≥tesis de que seres extra√Īos han estado visitando y observando la Tierra y recogiendo informaci√≥n y muestras para alg√ļn prop√≥sito ignorado, especialmente en la zona del Tri√°ngulo de las Bermudas, ser√≠a muy interesante preguntarse qu√© razones tendr√≠an los OVNI para concentrarse en esa regi√≥n.

En la Antig√ľedad remota se produjeron visiones de aeronaves "celestiales" que sugieren que los OVNI habr√≠an aparecido en zonas que se hallaban en su apogeo, como para comprobar cada cierto tiempo d√≥nde se estaban desarrollando los nuevos centros de civilizaci√≥n y si eran potencialmente peligrosos o no.

No tenemos m√°s que se√Īalar la serie de antiguos testimonios relativos a visitas celestiales de dioses o nav√≠os a la Tierra, para distinguir una vaga tendencia a poner √©nfasis en algunos aspectos que van cambiando con el tiempo. Las primeras visitas narradas en detalle fueron las hechas al antiguo Egipto en la √©poca de Tutmosis III y el viaje espacial emprendido por el sumerio Etana.

Por cierto, disponemos de indicaciones m√°s detalladas acerca de contactos extraterrestres en el Libro de Ezequiel, quien cuenta de visitas de aparentes nav√≠os espaciales, que habr√≠an llegado a la Tierra en cuatro ocasiones dentro de un espacio de diecinueve a√Īos. Ezequiel asegura que los vio en dos oportunidades y que, al igual que Etana, pudo viajar en ellos. Existe tambi√©n un posible indicio en el caso de El√≠as, que ascendi√≥ a los cielos en una "deslumbrante carroza" para no regresar jam√°s.

En la India hallamos el recuerdo del vuelo de Rama y en Am√©rica tenemos las alusiones a dioses que llegaron en m√°quinas desde el cielo para construir Tiahuanaco. Luego, numerosos testimonios provenientes de Grecia, Roma, la Europa del Renacimiento y ?ya en nuestra √©poca? de un n√ļmero creciente de lugares en el mundo entero y en especial en el Tri√°ngulo de las Bermudas, dejan planteada la posibilidad de que los observadores est√©n interesados en el avance de la civilizaci√≥n tecnol√≥gica sobre la Tierra.

Estar√≠an preocupados particularmente de los viajes a√©reos, la penetraci√≥n del espacio y la guerra moderna. Durante la II Guerra Mundial y en la de Corea, llegaron a ser comunes los casos de "cazas fantasmas" (luces u objetos no identificados que acompa√Īaban a los bombarderos o los aviones de caza durante el vuelo).

En la actualidad hay informes acerca de la concentración de OVNI en las cercanías de las zonas donde se realizan los viajes espaciales, tal vez porque ellos representan un adelanto de grandes posibilidades tecnológicas o porque significan una amenaza al sistema solar o a una parte del Universo.

No obstante, las teorías de Ivan Sanderson sugieren que la amenaza cada vez mayor al medio ambiente oceánico podría haber causado preocupación en algunos modos de vida altamente desarrolladas que existirían dentro de los mares.

Seg√ļn parece, existen varias confirmaciones sorprendentes (aparte de las enumeradas en el cap√≠tulo 6) sobre la actividad submarina de los OVNI, que habr√≠an sido observadas y detectadas por algunas unidades navales de los Estados Unidos.

Como ya es usual, estos incidentes han sido en lo posible "retirados de la publicidad", con excepción de los informes iniciales. Uno de los más llamativos es el de la persecución de un objeto submarino que se desplazaba a más de 150 nudos (120 kph), primero por un destructor y luego por un sumergible, durante un ejercicio de la Marina de Estados Unidos. El hecho ocurrió en 1963, al sudeste de Puerto Rico, en el extremo sur del Triángulo de las Bermudas.

Puesto que la maniobra consistía precisamente en practicar persecuciones, se supuso que el objeto formaba parte de la práctica. Otros trece barcos de la Marina advirtieron el rápido movimiento del objeto y registraron el hecho en sus bitácoras. La persecución duró cuatro días, y en ocasiones el objeto descendió a profundidades de 7.000 metros, manteniendo su increíble velocidad. Nunca se supo lo que era, aunque la mayor parte de los informes coincidieron en que parecía estar movido por un solo motor.

En el pasado fueron muy frecuentes los testimonios acerca de OVNI que salían del mar, se hundían en él u operaban dentro de las aguas, pero nunca se les detectó y siguió tan de cerca como durante las maniobra de 1963 que acabamos de describir.

Suponiendo que existe bajo el mar alguna antigua rama de la Humanidad u otra forma de vida "civilizada", tales seres, que disponen de un espacio vital muchísimo mayor que el que tienen los modos de vida civilizada como la nuestra en la superficie terrestre, no se preocuparon de nuestros actos durante los milenios pasados. Sin embargo, al advertir que nuestras posibilidades tecnológicas han llegado a representar un peligro para ellos y para su medio ambiente, su política del laissez-faire habría cambiado y los fenómenos del Triángulo de las Bermudas podrían constituir un examen tentativo, o una acción exploratoria anterior a algo más definitivo.

Ivan Sanderson ha estudiado algunos informes sobre los cuales no suelen darse explicaciones ni mucha informaci√≥n, relacionados con unas gigantescas c√ļpulas submarinas transparentes que han sido vistas frente a la costa de Espa√Īa por buceadores en busca de esponjas, y tambi√©n desde la superficie, cuando la transparencia de las aguas era favorable, en la plataforma continental norteamericana.

Piensa que, si no son instalaciones secretas de defensa, podrían formar parte de una red submarina construida por entes que viven bajo el mar, para fines posiblemente relacionados con sus afanes de neutralizar la creciente polución y envenenamiento de las aguas del océano. Llevando todavía más lejos este razonamiento, sería posible, dado que la Tierra es básicamente un enorme dínamo, "conectarla" por medio de redes electromagnéticas instaladas dentro de los mares y, llegado el caso, activar los impulsos adecuados para cambiar su rotación.

Esta "conexi√≥n" de la Tierra hace recordar tanto las antiguas tradiciones como las teor√≠as comparativamente recientes que aluden a grandes fuentes de energ√≠a en la Atl√°ntida, esos grandes complejos de l√°ser cristalinos que yacer√≠an en el fondo del Mar de los Sargazos y que a√ļn estar√≠an funcionando intermitentemente, causando perturbaciones electromagn√©ticas que son a su vez responsables de las aver√≠as o desintegraci√≥n de naves a√©reas y mar√≠timas.

Es natural que especulemos acerca de las razones de las visitas de seres extraterrestres y que tratemos de explicar sus prop√≥sitos dentro de nuestro propio marco de referencia. Siguiendo este razonamiento, resulta normal suponer que los visitantes han venido a protegernos de nosotros mismos, aunque otros observadores menos confiados presumen que los visitantes no est√°n interesados en protegernos sino en llevarse muestras. Esta suposici√≥n parece m√°s l√≥gica si se tiene en cuenta el gran n√ļmero de aviones, lanchas y barcos que han desaparecido con sus tripulaciones dentro del Tri√°ngulo de las Bermudas.

John Harder, investigador de OVNI y profesor de ingeniería de Berkeley, expuso recientemente (octubre de 1973) la teoría desusada y muy poco halagadora de que la Tierra podría ser una especie de,

"zoo cósmico, aislado del resto del Universo, y cuyos guardianes suelen hacer de vez en cuando una revisión, llevándose un ejemplar de sus habitantes".

Sin embargo, otra teor√≠a sostiene que los visitantes no est√°n interesados en la Humanidad y s√≥lo tienen en mente sus propios fines, que todav√≠a no podemos imaginar, y que las aparentes v√≠ctimas (ya que a√ļn no sabemos si alguien ha muerto en las desapariciones) han sido causadas inadvertidamente al ser proyectadas dentro del campo de ionizaci√≥n.

Esta teoría ha dado lugar a que, durante mucho tiempo, los periodistas de diarios y revistas publiquen titulares como éste:

"La perdida Atl√°ntida goza de buena salud y secuestra barcos y aviones".

Resulta concebible que un rayo l√°ser destruya o atomice un avi√≥n, pero la idea de que grandes generadores de energ√≠a o complejos l√°ser gigantescos puedan funcionar todav√≠a, despu√©s de miles de a√Īos de haber permanecido sumergidos en el mar, parece absolutamente rid√≠cula, ya que dichos aparatos, seg√ļn la concepci√≥n que de ellos tenemos, deber√≠an ser mantenidos y manejados por alguien.

Sin embargo, los l√°ser son un descubrimiento relativamente reciente en nuestro planeta y es probable que alcancen un grado de perfeccionamiento mucho mayor en el futuro. Los rayos ultravioletas (a√ļn no desarrollados) tendr√°n una potencia considerablemente mayor que los rayos X l√°ser, y lo mismo ocurrir√° con los propios l√°ser, cuando operen sobre la base de energ√≠a solar acumulada o, tal vez, como ocurrir√≠a con la Atl√°ntida, de energ√≠a del interior de la Tierra.

En cualquier caso, una etapa de la civilizaci√≥n tecnol√≥gica que se haya desarrollado en la Antig√ľedad no tendr√≠a por qu√© haberse generado de la misma manera o siguiendo el mismo orden que la nuestra, ni habr√≠a estado sujeta a las mismas restricciones que en la actualidad, y de manera temporal, est√°n todav√≠a limitando nuestra tecnolog√≠a en desarrollo.

Al considerar los centenares de desapariciones del Tri√°ngulo de las Bermudas se advierte que el √ļnico rasgo que tienen en com√ļn es el hecho de que los aviones y barcos han desaparecido por completo, o que los barcos han sido hallados sin pasajeros ni tripulaciones.

Algunos de estos casos misteriosos se han producido aisladamente y podrían explicarse por las circunstancias extraordinarias en que han ocurrido, o por la coincidencia de fallas humanas y trastornos meteorológicos, pero en cambio, tantos otros incidentes del Triángulo de las Bermudas se han producido en medio de aguas transparentes, cerca de puertos, playas o bases de aterrizaje, que resultan incomprensibles, de acuerdo con nuestros conocimientos actuales.

La historia del Triángulo de las Bermudas abarca acontecimientos que ya están sumidos en la bruma de las leyendas antiguas y modernas; inexplicables aberraciones causadas por fuerzas naturales intermitentes, en apariencia, y teorías del campo de la física que podrían revolucionar nuestras concepciones anteriores. El Triángulo de las Bermudas nos hace pensar en tierras perdidas o sumergidas, en civilizaciones olvidadas y en seres que han visitado la Tierra durante siglos, viniendo del espacio interior o exterior, y cuyo origen y propósitos son desconocidos.

En lugar de elaborar teorías para explicar lo que actualmente no tiene explicación, resulta quizá más sencillo decir que el Triángulo de las Bermudas existe sólo en la imaginación de los místicos, fanáticos, supersticiosos y sensacionalistas. Uno de los muchos comentaristas que piensan que esta zona no es más que el resultado de la coincidencia de una serie de desapariciones explicables si se las toma caso por caso, ha escrito:

"Los que creen en el Triángulo de las Bermudas creen también en las serpientes marinas...".

Esto no quiere decir que el Triángulo no existe porque las serpientes marinas tampoco existen, ni significa que si alguna vez se llegara a identificar uno de esos monstruos de manera definitiva, las demás leyendas oceánicas se harían automáticamente más verosímiles.

En general, la gente suele ser reacia a enfrentarse a misterios que no pueden ser explicados de manera satisfactoria o que no encuentran una justificación teórica en términos que le resulten comprensibles. Resulta mucho más reconfortante sentirse capaces de reconocer lo que tenemos frente a nosotros, dentro del radio del mundo físico, que enfrentar una amenaza desconocida.

Si el fenómeno no puede ser explicado, la mejor respuesta consiste en ignorarlo, lo cual es una actitud mucho más tranquilizadora y, en cierto modo, más inocente también. Sin embargo, la época de la inocencia científica ya pasó, lo mismo que la sensación de seguridad que nos proporcionaba. Se acabaron definitivamente el 16 de julio de 1945, en Alamogordo, Nuevo México, cuando la teoría atómica demostró en forma concluyente que ya no era una teoría.

Vivimos en un mundo en que las l√≠neas de la ciencia y la paraciencia comienzan a converger; un mundo que alguna vez fue m√°gico y en que los sue√Īos de los magos han sido aceptados por la ciencia y han pasado a ser aceptables para la nomenclatura cient√≠fica.

Ahora los biólogos pueden producir la vida; los biólogos expertos en hibernación podrán muy pronto preservar indefinidamente la vida humana, mediante la congelación de cuerpos vivos; se ha demostrado la posibilidad de transmitir a películas las imágenes pensadas; la psicokinesis (o telekinesis), que consiste en mover objetos mediante la fuerza de la voluntad, no es ya un tema propio de la levitación, sino el objeto de seria investigación científica; las dos potencias espaciales están realizando experimentos con telepatía, desde y hacia el espacio exterior.

La transmutaci√≥n de la materia, sue√Īo de los alquimistas, ya no es algo imposible, y los √ļnicos impedimentos para transformar cantidades de plomo en oro consisten en que resultar√≠a demasiado costoso (!).

Hablando ya en términos cósmicos, el firmamento de las verdades científicas ha sufrido tales grietas, que muchos de los que prefieren apoyarse sobre tierra firme y familiar se sienten aturdidos y desorientados.

La posibilidad de la existencia de la antimateria, la curvatura del espacio y el tiempo, los nuevos conceptos sobre gravedad y magnetismo, la presumible existencia de planetas oscuros en nuestro propio sistema solar, soles que estallan, las novas y las peque√Īas part√≠culas de materia m√°s pesadas que un planeta completo, los quasar y los agujeros negros del espacio, un Universo interminable, que se hace mayor cuanto m√°s se extiende nuestra visi√≥n telesc√≥pica, llev√°ndonos a millones de galaxias no descubiertas.

Estos son los misterios del conocimiento que nos guardan, mientras avanzamos a un paso tan acelerado que ning√ļn "misterio" deber√≠a sorprendernos por el solo hecho de que no nos parece l√≥gico.

El Tri√°ngulo de las Bermudas, una zona situada dentro del territorio familiar de nuestro planeta, aunque relacionado quiz√° con fuerzas que a√ļn (y tal vez no por mucho tiempo) desconocemos, podr√≠a ser uno de esos misterios. Como especie, nos estamos acercando a la madurez. No podemos abandonar la b√ļsqueda de nuevos conocimientos o explicaciones, est√©n en este mundo o m√°s all√° de √©l.

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