El TriŠngulo de las Bermudas: Sorpresas de la Prehistoria

Mar 23 2009 @ 05:21am
Por: Sauron
Publicado en: Planeta Tierra
VARIOS INVESTIGADORES DEL MISTERIO DEL TRI√ĀNGULO de las Bermudas han sugerido que algunas inteligencias extra√Īas podr√≠an estar interesadas en examinar la posibilidad de que nuestro desarrollo de la fisi√≥n nuclear para fines b√©licos llegue a amenazar la existencia de la civilizaci√≥n en nuestro planeta. Agregan que dichos seres inteligentes estar√≠an incluso preocupados, ya que la energ√≠a nuclear habr√≠a destruido anteriormente otras civilizaciones, en √©ste y en otros planetas.

El per√≠odo durante el cual ha vivido en este planeta un hombre racional y de inteligencia comparable a la del que hoy conocemos podr√≠a extenderse unos 40.000 o 50.000 a√Īos hacia atr√°s, o incluso m√°s all√°. En consecuencia, si consideramos que una civilizaci√≥n como la actual tardar√≠a alrededor de 10.000 a√Īos en progresar hasta el punto en que la ciencia y la tecnolog√≠a alcanza la capacidad de consumar su propia destrucci√≥n, todav√≠a tendr√≠amos un amplio margen de tiempo en que podr√≠an haber existido una o m√°s culturas anteriores a la nuestra en este mundo.

Cualquier civilizaci√≥n t√©cnicamente adelantada conseguir√≠a tal vez desarrollar, intencionalmente o por casualidad, el poder inherente a la fisi√≥n nuclear (a la nuestra le cost√≥ bastante menos de 10.000 a√Īos) y, en este momento, tendr√≠a que decidir si adopta alg√ļn sistema para controlar su avance o prefiere arriesgar su propia ruina.

Si semejante cultura hubiese existido y causado su destrucci√≥n, desapareciendo luego, su recuerdo habr√≠a quedado tal vez conservado en las leyendas, o nos ser√≠a sugerido por algunos artefactos anacr√≥nicos de antig√ľedad incierta, o por grandes ruinas imposibles de identificar o explicar. Y √©stos son precisamente los elementos que tienden a se√Īalar el emplazamiento de dicha cultura en la zona ahora cubierta por las aguas del Tri√°ngulo de las Bermudas.

En sus conferencias sobre la Atlántida, Edgar Cayce insistió reiteradamente en las que parecen ser referencias a fuentes de energía nuclear, rayos Láser y Maser comparables a los nuestros y utilizados en general en los mismos campos en que hoy los disfrutamos, si es que podemos usar esa palabra. Sus descripciones acerca de los usos que les daban y su observación sobre el peligro que encierra su utilización inadecuada podrían pasar hoy por crónicas y comentarios editoriales corrientes.

Pero, ¬Ņc√≥mo sab√≠a Cayce todo esto, hace m√°s de 35 a√Īos?

El vidente describió estas fuentes de energía con bastante detalle. Eran grandes generadores que producían fuerza para impulsar naves aéreas y submarinas y con capacidad para producir iluminación, calor y alimentar sistemas de comunicación. Con ellas se operaban ciertas formas de radio y televisión y se las utilizaba también para enviar fotografías a larga distancia. Proporcionaban igualmente la potencia necesaria para modificar y rejuvenecer tejidos vivos, incluso del cerebro, y eran también utilizadas para controlar y disciplinar clases sociales completas.

Sin embargo, debido al mal empleo de las fuerzas naturales que habían creado, y a trastornos civiles y externos, los Atlantes desencadenaron finalmente ciertas fuerzas incontrolables de la Naturaleza que fueron la causa de su propia destrucción. Esta creencia de Cayce aparece también en las leyendas acerca de muchas antiguas culturas que existieron en el mundo.

Seg√ļn las palabras del "profeta":

...El hombre introdujo las fuerzas destructivas... que, combinadas con las propiedades naturales de los gases, de fuerzas existentes en la Naturaleza y en su forma natural, causaron la peor de las erupciones en las profundidades de la Tierra en lento proceso de enfriamiento, y esa porción (de la Atlántida) que ahora se halla cercana a lo que podríamos llamar el Mar de los Sargazos desapareció bajo el océano...

En su relato acerca de la prehistoria, Cayce parece haber predicho espec√≠ficamente el uso de rayos l√°ser y maser, para cuyo conocimiento faltaban muchos a√Īos entonces (1942).

Describió una gigantesca fuente de energía de cristal:

...En la que la luz aparec√≠a como medio de comunicaci√≥n entre lo infinito y lo finito o como un sistema utilizado para lograr las comunicaciones con las fuerzas del exterior. M√°s tarde lleg√≥ a ser un punto de irradiaci√≥n, as√≠ como un centro desde el cual part√≠an las se√Īales radiales que guiaban las diversas formas de transici√≥n y viaje a trav√©s de los per√≠odos de actividad de los atlantes.

Estaba dispuesto como un cristal, aunque de manera muy distinta a la del primero que fue utilizado (originalmente) aquí. No deben confundirse estos dos... porque había muchas generaciones de diferencia. Fue en aquellos períodos cuando se produjo la orientación de aeroplanos o sistemas de viaje, aunque en aquella época ellos viajaban lo mismo por aire que por encima o por debajo del agua. Sin embargo, la fuerza desde la cual estaban dirigidos se hallaba en la estación central de energía; o piedra Tuaoi que era... y el rayo sobre el que actuaba...

En otra "conferencia" se refirió a un lugar en "Poseidia"; en otras palabras, la zona de las Bahamas, que entonces se hallaba sobre el agua. La describió así:

...La acumulación de fuerzas motivadoras de la Naturaleza provenientes del gran cristal que condensaba las luces, las formas, las actividades, de manera de guiar a las naves no sólo por el mar, sino por el aire, en muchas de las aplicaciones del hombre ahora conocidas, como la transmisión del cuerpo y de la voz, como el registro de aquellas actividades en lo que pronto será algo práctico, creando vibraciones para hacer posible la televisión ?como se le llama en el presente-.

(¬°El "presente" en este caso era 1935!)

En una "conferencia" de 1932 hizo una interesante alusión al transporte de cargas y materiales de gran peso:

... Por medio del uso de... los recientemente descubiertos gases y los de las formaciones eléctricas y aéreas en la desintegración de las fuerzas atómicas para producir energía propulsora de aquellos medios o modos de transporte o viaje, o para levantar grandes pesos o cambiar las fuerzas mismas de la naturaleza.

El hecho de que los pueblos supuestamente primitivos de la prehistoria hayan dejado enormes piedras que a√ļn se encuentran en su sitio, tras miles de a√Īos, y sobre las cuales las razas que les siguieron han levantado nuevas construcciones, ha constituido, desde hace mucho tiempo, un misterio arqueol√≥gico.

Las piedras colocadas por razas anteriores desconocidas son tanto m√°s grandes y dif√≠ciles de transportar que las dispuestas por las culturas subsiguientes, de manera que su presencia y modo de transporte resultan inexplicables. Uno de los ejemplos que podr√≠an citarse es el de los bloques de p√≥rfido de Ollantaytambo y Ollantayparubo, en Per√ļ, que fueron transportados a lo largo de grandes distancias, sobre monta√Īas y abismos y luego colocados en las cumbres de otros acantilados de 300 metros de altura.

Otro, el de los enormes sillares de piedra de Sacsahuam√°n, en Per√ļ, tan grandes y laboriosamente encajados unos con otros, que los incas atribuyeron su construcci√≥n a los dioses. O los bloques de cien toneladas de los cimientos de Tiahuanaco, en Bolivia, sobre los cuales se construyeron, de alguna manera, enormes edificios, a pesar de que la altura es de 4.000 metros sobre el nivel del mar.

O las grandes piedras del calendario u observatorio de Stonehenge, en Inglaterra; o los bloques masivos de la pared submarina o cimientos o contrafuerte marino; o las piedras verticales de la Breta√Īa prehist√≥rica, uno de los cuales pesaba m√°s de 340 toneladas y ten√≠a una altura de 20 metros, y las enormes piedras de las fundaciones del templo de J√ļpiter, en Baalbek, Siria, emplazadas all√≠ mucho antes de la construcci√≥n del templo y una de las cuales pesa 2.000 toneladas.

Como casi todas estas construcciones resultan extremadamente difíciles de explicar en términos de nuestra apreciación de las habilidades ingenieriles de las culturas que pensamos que las erigieron, se ha sugerido que una civilización superior fue la autora de su construcción. Esta teoría se ve apoyada por el hecho de que muchas de estas ruinas inexplicables se parecen mucho.

Cayce se√Īal√≥ espec√≠ficamente a las Bimini como uno de los diversos puntos donde pod√≠a hallarse informaci√≥n respecto de las supuestas fuentes de energ√≠a de la Atl√°ntida:

"... En la posición sumergida de Atlántida o Poseidia, donde aparece una parte de los templos bajo el limo de épocas enteras de agua oceánica, cerca de lo que se conoce como las Bimini, frente a las costas de Florida...".

En 1935 hizo una detallada descripci√≥n de estas fuentes de energ√≠a (¬Ņo plantas nucleares?). El hijo de Cayce, Edgar Evans Cayce, ingeniero y escritor, comentando la paradoja de que los relatos de su padre acerca de la prehistoria hubiesen anticipado en varias d√©cadas nuestros propios descubrimientos cient√≠ficos, escribi√≥ en su libro Edgar Cayce on Atlantis:

"Un observador profano de nuestra √©poca dif√≠cilmente podr√≠a describir con mayor claridad nuestros √ļltimos adelantos cient√≠ficos".

El relato de Cayce (recogido en 1933, aunque publicado en 1968), se refiere a un edificio donde estaría guardado un complejo "refractario" o de cristal:

En el centro de un edificio construido sobre piedra no conductora; algo similar al asbesto y con... otros no conductores, como los que actualmente se est√°n fabricando en Inglaterra bajo un nombre que es muy conocido para muchos de los que se ocupan de esas cosas.

El edificio construido sobre la piedra era oval; o ten√≠a forma de c√ļpula, dentro de la cual pod√≠a haber... una secci√≥n que se desplazar√≠a hacia atr√°s, de manera que la actividad de las estrellas; la concentraci√≥n de energ√≠as que emanan de los cuerpos en ignici√≥n y de elementos que se encuentran y no se encuentran en la atm√≥sfera terrestre.

La concentración a través de prismas o cristales (como se les llamaría hoy) tenía tales características, que actuaba sobre los instrumentos conectados con los diversos sistemas de viaje a través de métodos de inducción que llevaban a cabo un control (igual) al que hoy se llamaría remoto por medio de vibraciones o instrucciones de radio; por medio del tipo de fuerza emanada de la piedra y que actuaría sobre las fuerzas de motivación de las naves mismas.

El edificio fue construido de manera que, cuando la c√ļpula se retiraba, pr√°cticamente no hab√≠a obst√°culo para la aplicaci√≥n directa de la energ√≠a sobre varias naves que iban a ser impulsadas a trav√©s del espacio, ya fuera dentro de su radio visual o dirigidas bajo el agua o por debajo y a trav√©s de otros elementos.

La preparaci√≥n de esta piedra estaba en mano; exclusivamente de los iniciados de la √©poca y la entidad se hallaba entre las que dirig√≠an las influencias de la radiaci√≥n, que se alzaba en forma de rayos invisibles al ojo humano pero que actuaban sobre las piedras mismas, seg√ļn se hubiesen dispuesto en las fuerzas de motivaci√≥n, aunque la nave a√©rea fuese alzada por los gases del per√≠odo. O bien guiaba a los veh√≠culos de placer que pudieran pasar cerca de la Tierra, o a las naves submarinas o de superficie.

Estas eran entonces impulsadas por la concentración de rayos de las piedras que estaban concentradas en el medio de la estación central de energía, o planta generadora (para utilizar la expresión actual).

Cayce se refiere constantemente al uso inadecuado de las tremendas fuerzas desarrolladas por esta supercivilización:

"... La extracción de los poderes del mismo Sol, para trasladarlos al rayo que causa la desintegración del átomo... provocó la destrucción de aquella parte de la Tierra".

En el caso, y sólo en el caso de que ocurriese un cataclismo, o una serie de cataclismos, la gran fuente energética se habría precipitado al mar, junto con las populosas ciudades, murallas, canales y otras construcciones de la Atlántida. Es interesante tener en cuenta que los propios emplazamientos sugeridos por esta teoría corresponden a los lugares en que se producen muchas de las aberraciones electromagnéticas características del Triángulo de las Bermudas, la Lengua del Océano, por ejemplo, o las Bimini.

Aunque resulta dif√≠cil suponer que semejantes complejos energ√©ticos puedan seguir funcionando despu√©s de miles de a√Īos, es interesante observar lo que sucede con las misteriosas "aguas blancas" que han sido advertidas por muchos exploradores, desde Col√≥n hasta los astronautas. Pareciera que los canales o corrientes de agua blanca tienen su origen en el misino o los mismos puntos de emanaci√≥n, siguen una direcci√≥n similar y luego se desv√≠an a lo largo de un kil√≥metro y medio o m√°s. Las l√≠neas son n√≠tidas al comienzo y luego se hacen menos precisas, casi como si encerraran algunos gases liberados bajo presi√≥n.

Las desviaciones del compás y las perturbaciones eléctricas podrían ser causadas por una enorme concentración de metal depositado bajo el agua. Esto ha sido observado en varios lugares del mundo donde existen conocidos depósitos de hierro que provocan variaciones en los compases. Las masas del substrato o de la subsuperficie podrían incluso provocar alteraciones en el oleaje de los mares.

En un informe elaborado por la NASA en 1970, acerca de una "cavidad" en la superficie del oc√©ano sobre la fosa de Puerto Rico, los cient√≠ficos atribuyeron el fen√≥meno a una "extra√Īa distribuci√≥n de masa debajo del fondo del oc√©ano", que ser√≠a la causa de la deflecci√≥n de la fuerza de atracci√≥n de la gravedad. En el caso del Tri√°ngulo de las Bermudas se ha sugerido que algunas fuentes de energ√≠a destruidas han conservado sin embargo algo de su fuerza y que, al ser accionadas en ciertas oportunidades, podr√≠an ser no s√≥lo la causa de las desviaciones magn√©ticas y electr√≥nicas, sino tambi√©n la fuente de impulsos el√©ctricos de las tormentas magn√©ticas.

Esta teor√≠a, una de las m√°s extra√Īas entre las elaboradas para explicar los incidentes del Tri√°ngulo de las Bermudas, es la que se sugiere en las "conferencias" de Cayce. Sin embargo, cabr√≠a preguntar si existe alguna raz√≥n por la cual las personas que sienten curiosidad cient√≠fica deben atribuir seriedad a cualquiera de las declaraciones de Cayce, y sin que esto obste para que las admiren, como producto de su viva imaginaci√≥n.

Aunque es cierto que algunas de las fuentes energ√©ticas que √©l describi√≥ hace 35 a√Īos no hab√≠an sido a√ļn descubiertas o imaginadas siquiera en el "mundo real" (y otras no hab√≠an sido todav√≠a desarrolladas) debe recordarse que Cayce no era m√©dico, ni historiador, sino simplemente un curandero clarividente de gran reputaci√≥n. Sin embargo, algunas de las profec√≠as que hizo durante sus charlas y que no tienen nada que ver con curaciones, han resultado perturbadoramente exactas. Por ejemplo, las relativas a la bomba at√≥mica, el asesinato de presidentes y a disturbios raciales en Estados Unidos e incluso a deslizamientos de lodo en California.

Además, las "conferencias" de Cayce se basaban en las visiones o recuerdos que sus personajes conservaron de sus vidas durante pasadas encarnaciones. Esta circunstancia ha hecho que aquellas personas que por motivos religiosos, por convicción científica o por razones de lógica no aceptan la teoría de la reencarnación, nieguen verosimilitud a los dichos de Cayce. Sin embargo, cabe preguntarse si no habrá otra explicación que justifique esas descripciones tan detalladas y científicamente válidas sobre las civilizaciones anteriores y su potencialmente peligroso desarrollo.

En los documentos filosóficos y religiosos de la India, que a menudo contienen conceptos asombrosamente modernos sobre la materia y el Universo, se encuentran referencias a lo que suele llamarse "conciencia cósmica"; es decir, la persistente presencia de recuerdos de lo que ha ocurrido antes.

Hoy, la existencia de la telepatía, la influencia y la oculta presencia de la memoria y el poder de las emanaciones psíquicas, lejos de verse despreciados por la moderna investigación científica, están siendo seriamente estudiados, no sólo en la Tierra sino también en el espacio, y no sólo como fenómenos sino también como medios de comunicación. Los Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos potencias espaciales más adelantadas, están realizando experimentos que sugieren que la ciencia ficción podría estar experimentando una metamorfosis, y convirtiéndose en ciencia del futuro.

Es posible esperar adelantos sorprendentemente novedosos en esta área, en la que hasta ahora algunos individuos muy bien dotados han tenido la habilidad de recoger, casi sin estar conscientes de ello, los pensamientos actuales de otros, y tal vez también sus escondidos recuerdos del pasado. En este caso, el pasado podría estar constituido por las memorias heredadas con los cromosomas de nuestros antecesores.

Del mismo modo como heredamos atributos f√≠sicos y tendencias de nuestros padres y abuelos, as√≠ tambi√©n heredamos esos recuerdos, aunque posiblemente en un grado menor, de nuestros ancestros m√°s distantes. Estos cromosomas de la memoria podr√≠an formar parte de este legado. Dentro del cerebro humano hay amplio espacio (que seg√ļn se estima s√≥lo se utiliza en un diez por ciento para la recolecci√≥n de un banco de recuerdos heredados.

Estos explicar√≠an la existencia de memorias incompletas en algunas personas; la aguda sensaci√≥n de haber estado antes en un lugar en el que nos consta no haber estado jam√°s; la desoladora certeza de haber vivido un largo espacio de tiempo en un s√≥lo sue√Īo; el hecho de que algunas personas recuerden en ciertas ocasiones ?y no siempre bajo hipnosis? detalles de vidas pasadas que a menudo suelen resultar hist√≥ricamente exactos, cuando se descubren informaciones ignoradas acerca del per√≠odo en cuesti√≥n; los casos de repentina capacidad para hablar fluidamente los idiomas de sus antepasados que se dan en los ni√Īos, en circunstancias que es imposible que los hayan aprendido y que posteriormente vuelven a olvidarlos.

Estos factores conocidos se suelen atribuir a menudo a la reencarnaci√≥n de las almas, en la que creen los hind√ļes, los budistas y los devotos de la que tal vez es la religi√≥n m√°s antigua: la del antiguo Egipto. Sin embargo la posibilidad de una memoria heredada ofrece una alternativa que, si bien resulta casi lo mismo, se ve de alguna manera modificada cuando pensamos que el alma del individuo no ser√≠a la de una persona cualquiera, situada en cualquier √©poca, sino la de nuestros antepasados, que se reencarnan en nosotros y nos legan sus memorias acumuladas y sus dem√°s atributos.

Es lo mismo que ocurre con las "generaciones" de computadoras, que pueden programarse de tal manera que la totalidad de sus bancos de datos pueden implantarse en las nuevas máquinas que han de sucederías.

En todo caso, ya sea que Edgar Cayce se comunicara realmente con las almas o con las memorias reencarnadas de la gente a quien serv√≠a, el efecto era similar y el inter√©s por la Atl√°ntida que despertaron sus "conferencias" dio al tema un renovado atractivo, que aument√≥ constantemente, a medida que los descubrimientos inesperados de la √ļltima d√©cada parecieron dar notable respaldo a sus alusiones al continente perdido.

Aquellos que se aferran a la teoría de que antes de que aparecieran las primeras manifestaciones de una cultura en Egipto y Sumeria existió una civilización mundial altamente desarrollada, han sido considerados durante mucho tiempo cultistas, sensacionalistas, visionarios, o, sencillamente, tontos.

Esta reacción de lo que podríamos llamar el "orden establecido" de los estudios arqueológicos y prehistóricos resulta comprensible cuando tomamos en cuenta que la existencia de una gran civilización anterior al tercer milenio A.C. trastornaría considerablemente las muy ordenadas etapas y sucesivos períodos de la historia, desde sus comienzos en Egipto y la Mesopotamia, pasando por las culturas de Grecia y Roma, hasta culminar con nuestra propia "supercivilización" de hoy.

Suelen hacerse a menudo referencias agradecidas a otras antiguas culturas muy poco conocidas, como por ejemplo las civilizaciones prehist√≥ricas de las Am√©ricas, India, Asia Central y algunas otras zonas que en ning√ļn caso afectaron nuestra propia "l√≠nea directa" de civilizaci√≥n.

En todas las antiguas culturas existe una abundancia de leyendas y documentos relativos a la repentina aniquilaci√≥n de una gran cultura anterior al Diluvio, que habr√≠a progresado tanto, que lleg√≥ a desafiar al cielo, a los dioses, o a Dios. Estas leyendas, extra√Īamente semejantes entre s√≠, podr√≠an constituir sencillamente relatos atractivos difundidos por el mundo durante miles de a√Īos en los antiguos mercados y a lo largo de las rutas de las caravanas o de los barcos, y posteriormente conservadas en los documentos religiosos de casi todos los pueblos de la Tierra.

Los conquistadores espa√Īoles comprobaron que ya en las civilizaciones ind√≠genas de Am√©rica, en la √©poca de la primera conquista, exist√≠an leyendas acerca de un diluvio universal, de una torre que los hombres trataron de levantar hasta el cielo, y cuyos constructores se vieron condenados por una confusi√≥n de idiomas que parec√≠a de inspiraci√≥n divina, y muchas otras que nos resultan familiares.

Las poblaciones indígenas de todo el mundo han conservado leyendas que viven a la sombra de ruinas enormes, cuya construcción sólo pudo realizarse gracias a técnicas de transporte y colocación de piedras de una tecnología extremadamente avanzada.

Dichas leyendas se refieren siempre a una raza de apariencia divina que desplazaba los enormes bloques de piedra, muchos miles de a√Īos antes del comienzo de su propia historia. Incluso existen rastros de lo que pudo ser un remoto lenguaje comercial, un antecesor tal vez del griego antiguo, con rasgos arameos, y que ha sido localizado en zonas tan remotas del Medio Oriente que pareciera haber sido extendido por mares y oc√©anos hasta las m√°s distantes playas.

Pueden hallarse palabras de griego arcaico en el hawaiano y en otros lenguajes polin√©sicos, en el maya de Yucat√°n, en el n√°huatl de los aztecas y en el ahora perdido guanche, de las islas Canarias, que era hablado por una misteriosa raza blanca. Los guanches, descubiertos y r√°pidamente exterminados por las expediciones espa√Īolas del siglo XV, conservan el recuerdo de una gran patria y de una cultura superior que se habr√≠a hundido en el oc√©ano.

Las viejas lenguas americanas tambi√©n ten√≠an palabras de claro origen arameo y fenicio y otras an√°logas a las de los idiomas sin√≠tico y polin√©sico del otro lado del Pac√≠fico, lo cual suger√≠a largos viajes y contactos culturales de enorme antig√ľedad. Se han encontrado inscripciones en fenicio, arameo, sinoico, griego y otras lenguas no identificadas, que aparecen con frecuencia creciente en las selvas de Norte y Sudam√©rica, conocidas como zonas de "segundo desarrollo".

Pero las leyendas, mitos religiosos y curiosidades ling√ľ√≠sticas no bastan de por s√≠ para inspirar fe en las afirmaciones hechas en los documentos de Cayce y en las tradiciones, leyendas e incluso archivos escritos de la antig√ľedad que se refieren a un conocimiento cient√≠fico altamente desarrollado y a la existencia, en √©pocas arcaicas, de diversos elementos modernos relacionados con viajes, comunicaciones y destrucci√≥n en escala c√≥smica.

Sin embargo, es precisamente en esas regiones donde en a√Īos recientes, se han hecho descubrimientos desusados y reevaluaciones de materiales descubiertos con anterioridad. Los hallazgos incluyen signos asombrosos de conocimiento muy avanzado y de inventos de gran sofisticaci√≥n, pertenecientes a una era muy anterior a aquella en que seg√ļn la historia, habr√≠a visto el comienzo de las primeras culturas del Oriente Medio.

Es interesante recordar que tanto las leyendas de Egipto como de Sumeria se refer√≠an a grandes culturas anteriores, de las cuales extra√≠an su propia inspiraci√≥n e impulso. En algunas de ellas, como las del antiguo Egipto, Solivia, Per√ļ, Am√©rica Central, M√©xico y la India, para s√≥lo mencionar algunas, la civilizaci√≥n permaneci√≥ est√°tica o incluso retrocedi√≥, en lugar de mantener el √≠mpetu original.

La sugerencia de que las culturas m√°s antiguas de la Tierra conocieron las "m√°quinas m√°s pesadas que el aire" ser√≠a normalmente acogida con sorna. Sin embargo, en a√Īos recientes se han estado descubriendo o reexaminando un n√ļmero creciente de artefactos y referencias escritas que indican el conocimiento, e incluso cierta familiaridad con aviones y viajes a√©reos, en una √©poca muy anterior a lo que consideramos el amanecer de la historia.

Tampoco deben compararse estos informes o modelos con las pintorescas referencias a la mitología antigua, y a incidentes como los de Icaro y sus alas de plumas sujetas con cera, o el carro del sol, de Apolo, tirado por cuatro estrellas. Por el contrario, hay referencias concretas que demuestran un conocimiento de la aerodinámica y de los elementos relacionados con el despegue, la propulsión, el frenado y el aterrizaje.

Por ejemplo, en la antigua colecci√≥n de oro de Colombia existe un modelo dorado de lo que durante mucho tiempo se consider√≥ un ave, mariposa o pez volador, y que fue encontrado en una tumba junto a otros objetos enterrados cuya antig√ľedad se estim√≥ en 1.800 a√Īos.

Posteriormente, este artefacto fue examinado con lentes de aumento por Ivan Sanderson, quien sospechaba que no era una réplica de un organismo vivo, sino de un objeto mecánico de gran parecido a un avión con alas en forma de delta, compartimiento de motor, cabina y parabrisas, todo ello situado como en un avión moderno. Estaba dotado incluso de cola y alerones, o elevadores.

Este objeto fue mostrado a varios pilotos e ingenieros, como J. A. Ulrich, profesor de aerodinámica y que luchó como piloto en dos guerras. Cuando le preguntaron qué era, sin advertirle de dónde provenía, ni de que antes había sido considerado el modelo de caza F-102, y que el hecho de que las alas fueran curvas en los extremos al igual que la forma misma del avión daba a entender que era un aparato a chorro.

Se√Īal√≥ que algunas de sus caracter√≠sticas, como la falta de elevadores traseros (que el F-102 tampoco tiene) eran similares a las de un nuevo aparato Sabr√©, recientemente desarrollado en Suecia. Su opini√≥n resulta especialmente interesante, cuando se toma en cuenta la menci√≥n por parte de Cayce de veh√≠culos que pod√≠an volar por los aires y bajo el mar y los informes provenientes del Tri√°ngulo de las Bermudas en que se habla de OVNI que suelen entrar y salir del agua a grandes velocidades.

Como dijo Ulrich:

Su forma es válida sólo para ciertos tipos de vuelo. Esa clase de ala es adecuada para la atmósfera hasta una altura de 15.000 a 18.000 metros... La curvatura es para prevenir vibraciones al superar la barrera del sonido... La estructura del ala indica posibilidades supersónicas... Cuando se vuela a una supervelocidad se forma un colchón... También podría volar debajo del agua, sin que le fuesen arrancadas las alas. Si se quisiera mover un vehículo a gran velocidad en un medio como ése, debería ser (construido) de esta manera.

Pero este "avi√≥n", si de avi√≥n se trata, no es un monstruo arqueol√≥gico √ļnico. En distintas tumbas precolombinas se han encontrado otros ejemplares; algunos con dos pares de alas. S√≥lo cabe suponer que otros curiosos modelos de aparatos mec√°nicos desarrollados en √©pocas prehist√≥ricas y tal vez no reconocidos como tales ni siquiera por sus ulteriores usuarios, se perdieron cuando los invasores espa√Īoles fundieron todos los artefactos de oro que pudieron hallar para convertirlos en lingotes de f√°cil distribuci√≥n entre los conquistadores.

En las obras de arte de las antiguas culturas de las Am√©ricas se han encontrado representaciones pict√≥ricas de objetos que han sido identificados o reconocidos de manera cada vez m√°s insistente como aviones o cohetes. Debido a que la mayor parte de los documentos escritos y gr√°ficos acerca de aquellas naciones civilizadas fueron destruidos por los espa√Īoles, estas referencias se han conservado en otras formas, algunas veces grabadas en roca, o pintadas en jarrones, o esculpidas en piedras o tejidas en los lienzos que envolv√≠an a las momias.

En Palenque, México, existe un buen ejemplo de esto: se trata de una figura maya semirreclinada y labrada en piedra sobre la tapa de un sarcófago que se encontró dentro de una pirámide. No se sabe lo que representa la figura en detalle. Una persona que es una verdadera autoridad en cultura maya dice que el fondo es un monstruo terrestre sobre el cual se inclina una figura, mientras el conjunto pareciera estar dominado por un árbol.

El escritor cient√≠fico Alexander Kazantsev ha sugerido una explicaci√≥n m√°s revolucionaria. Cree que la figura reclinada est√° encerrada en un veh√≠culo espacial muy estilizado, que podr√≠a compararse en construcci√≥n y dise√Īo a los cohetes de la actualidad. Incluso la posici√≥n del hombre (o piloto) sugiere una postura similar a la de nuestros astronautas dentro del cohete.

Se pueden reconocer todos los detalles, desde la antena, el sistema de dirección de vuelo, el turbocompresor, el tablero de control, los tanques de combustible y la cámara de combustión, hasta la turbina y el tubo de escape, aunque puede que algunos aparezcan modificados, para conseguir ciertos efectos estéticos. Se tiene la sensación de que estas réplicas de aviones y cohetes son recordatorios o memorias de una era de una civilización superior, cuando tales naves eran dibujadas con exactitud más que teniendo en cuenta aspectos estéticos.

En agosto de 1973, mientras los astronautas del Skylab 2 se hallaban en su √≥rbita espacial, recibieron una misi√≥n muy curiosa. Deb√≠an fotografiar, en lo posible, las L√≠neas de Nazca, que son una serie de misteriosas l√≠neas artificiales en el valle de Nazca, en Per√ļ, para comprobar, si eran visibles desde el espacio.

Estas enormes se√Īales terrestres est√°n constituidas por una serie de l√≠neas rectas y figuras geom√©tricas, grandes dibujos de animales visibles solamente desde el aire y lo que claramente parece un conjunto de pistas de aterrizaje para aviones. Todas fueron trazadas en la tierra o labradas en el suelo rocoso del valle, en una √©poca desconocida. No exist√≠an leyendas locales acerca de ellas y, puesto que en el nivel del suelo no se las pod√≠a notar, fueron descubiertas solamente desde el aire, durante una prospecci√≥n de agua en los Andes.

Las l√≠neas y los gigantescos dibujos ocupan una gran parte del Valle de Nazca, que tiene 96 kil√≥metros de largo y 16 de ancho. Por momentos desaparecen frente a algunas monta√Īas peque√Īas, pero luego emergen al otro lado, absolutamente rectas. En algunos casos, como ocurre con los presuntos campos de aterrizaje, los dibujos son extremadamente anchos, y otras, conforman grandes y muy sofisticadas figuras de animales, peces y p√°jaros, e incluso una enorme serpiente.

Aunque existen muchas teor√≠as acerca de su origen, la √ļnica cierta es que fueron trazadas por seres que pose√≠an instrumentos altamente desarrollados para calcular y que fueron hechas para ser vistas desde el cielo, puesto que es la √ļnica manera como puede seguirse su dise√Īo. En la bah√≠a de Pisco, en la costa peruana, existe una alta pared rocosa en la que est√° tallado un enorme tridente, o candelabro, seg√ļn la interpretaci√≥n que le d√© quien lo ve, ya que, a diferencia de lo que ocurre con las l√≠neas de Nazca, fue advertido con toda facilidad (mide 250 metros de largo) por los invasores espa√Īoles.

Estos lo interpretaron como un signo de la Trinidad para estimularlos en su obra de conquista y conversi√≥n de los b√°rbaros. Cualquiera que fuese su prop√≥sito, lo cierto es que resulta m√°s f√°cil de ver desde el aire que desde el mar, y la barra central del tridente apunta directamente hacia el valle de Nazca, como si fuera una especie de se√Īalizador para los supuestos "campos de aterrizaje". Puede que estos fueran, a su vez, bases para esos aviones cuyos modelos dorados resultan asombrosos.

En diversos lugares de Am√©rica, existen otras l√≠neas geom√©tricas y algunas figuras enormes que pueden verse tambi√©n desde el aire, como por ejemplo las grandes formas humanoides del desierto de Tarapac√°, en Chile, el laberinto Navajo, en California, las monta√Īas Elefante y Serpiente, en Wisconsin, y otras en diversos lugares del mundo, que a menudo no tienen una historia arqueol√≥gica anterior.

El Egipto fara√≥nico, ese gran dep√≥sito de elementos arqueol√≥gicos, ha revelado recientemente algunos signos sorprendentes relativos a los principios de vuelo de cuerpos m√°s pesados que el aire, que se habr√≠an conocido en la antig√ľedad. A diferencia de los aviones dorados de Colombia, √©stos est√°n hechos de madera y se encuentran en las tumbas, donde se conservaron al abrigo de la desintegraci√≥n durante miles de a√Īos, gracias al clima seco de la regi√≥n.

En algunas colecciones de museos se han encontrado los que parecer√≠an ser modelos de planeadores y que antes, cuando se les descubri√≥ en tumbas remotas, se crey√≥ que eran modelos de p√°jaros. En el Museo de Antig√ľedades de Egipto puede verse un objeto de madera que fue identificado y estudiado por el doctor Khalil Messiha en 1969 y que, lejos de ser un p√°jaro, posee las mismas caracter√≠sticas de los modelos de aviones monoplanos actuales.

El timón, o cola, está levantado, y la estructura tiene una sección que hace las veces de ala. Al comentar acerca de los ángulos diedros que se advierten a cada lado, el hermano del doctor Messiha, G. Messiha, que es ingeniero de vuelo, observó:

El √°ngulo diedro negativo cumple las mismas funciones que el positivo: una secci√≥n muestra que la superficie del ala es parte de una elipse que proporciona estabilidad durante el vuelo; y las formas aerodin√°micas de la estructura disminuyen la resistencia al aire, lo cual es un hecho que fue descubierto en aeron√°utica tras a√Īos de trabajos experimentales.

Despu√©s de miles de a√Īos, el avi√≥n es todav√≠a capaz de volar y, cuando se le lanza desde la mano, como si fuera un modelo de planeador, se comporta admirablemente, demostrando que sus antiguos constructores ten√≠an conocimientos de aerodin√°mica.

Desde el momento en que el doctor Messiha comprob√≥ que la extensi√≥n de las alas de algunos de los modelos de p√°jaros era id√©ntica a la del nuevo avi√≥n Caravelle, se han identificado otros modelos potenciales de aviones o planeadores, y en 1972 se abri√≥ en el Museo de Antig√ľedades de El Cairo una exposici√≥n de catorce de ellos, como demostraci√≥n de que en el antiguo Egipto se ten√≠an conocimientos de vuelo.

No sabemos si estos artefactos fueron inventados o heredados de otra cultura. Sin embargo, puesto que la mayoría de los modelos encontrados en las tumbas egipcias están relacionados con originales más grandes, es posible que bajo las arenas del desierto exista un avión o planeador original esperando al excavador.

Los documentos escritos m√°s completos acerca de aviones son probablemente los del Mahabharata, el relato √©pico hind√ļ que, a√ļn cuando se estima que fue escrito en su forma actual en el a√Īo 1.500 A.C. aparentemente fue copiado y recopiado desde la m√°s remota antig√ľedad.

La obra se refiere a los actos de los dioses y de los antiguos pueblos de la India, pero contiene tal riqueza de detalles cient√≠ficos que, cuando fue traducido, a mediados del siglo XIX, las referencias a los aviones y a la propulsi√≥n por cohetes no ten√≠an sentido para los traductores. Los mecanismos descritos hac√≠a miles de a√Īos no iban a aparecer en la √©poca moderna si no m√°s de un siglo despu√©s.

Muchos de los versos del Mahabharata est√°n dedicados a m√°quinas voladoras llamadas vimanas y encierran una informaci√≥n detallada acerca de los principios de su construcci√≥n, que llen√≥ de asombro a los traductores. En otro antiguo texto hind√ļ, el Samarangana Sutradhara, se discuten con detalle las ventajas y desventajas de distinto tipo que presentan los aviones, as√≠ como sus capacidades relativas de ascensi√≥n, velocidad de crucero y todo lo relativo al descenso.

Incluso se hace una descripción del tipo de combustible a utilizar ?mercurio? y se recomiendan determinadas clases de maderas y metales ligeros y con capacidad de absorción del calor, que son los adecuados para la construcción de aviones.



Además, hay detalles informativos acerca de cómo tomar fotografías de aviones enemigos, sobre métodos de determinación de sus características de aproximación, sistemas para hacer que sus pilotos pierdan el conocimiento y, finalmente sobre cómo destruir los vimanas enemigos.

En otro antiguo cl√°sico de la India, el Ramayana, existen curiosas descripciones sobre viajes de aviones realizados hace miles de a√Īos. Los detalles que se proporcionan sobre la vista a√©rea de Ceyl√°n y de algunas zonas de la costa est√°n escritos con tanta naturalidad y son tan similares a los que ahora se ven ?las rompientes de las olas, la curvatura de la tierra, la altura de las colinas, el aspecto de ciudades y bosques- que llega uno a convencerse de que algunos seres que viajaron por el aire en la Antig√ľedad vieron realmente la tierra desde el cielo, no la imaginaron.

En una versión contemporánea del Ramayana, el Mahariva Chanta, el héroe-dios Rama, a su regreso de Lanka, donde acaba de rescatar a su mujer Sita, recibe como presente un vimana, que es descrito así:

"Tiene completa libertad de movimientos, se desplaza a la velocidad que se desee, totalmente bajo control, y su accionar es siempre obediente a la voluntad (de quien lo maneje)... dispone de compartimientos con ventanas y tiene excelentes asientos...", es un caso de texto cl√°sico que parece un aviso de Air India.

En este mismo texto encontramos un di√°logo que resulta particularmente asombroso cuando advertimos que se adelant√≥ en varios miles de a√Īos a los viajes espaciales y a las narraciones acerca del aspecto que ten√≠an las cosas en el espacio:

Rama: El movimiento de este excelente carruaje parece cambiado.

Vishishara: ... Este carruaje está abandonando ahora su cercanía al mundo medio.

Sita: ¬ŅC√≥mo es que, siendo de d√≠a, aparece... ese c√≠rculo de estrellas?

Rama: ¡Reina! Ciertamente, es un círculo de estrellas, pero debido a la gran distancia no podernos percibirlo de día, ya que nuestros ojos están encandilados por los rayos del sol. Ahora que ha desaparecido, con el ascenso de este carruaje... (y así podemos ver las estrellas).

Ya sea que estos relatos constituyan recuerdos de una civilizaci√≥n t√©cnicamente muy adelantada, o que se trate de simples fantas√≠as, comparables a algunas de las imaginadas por los actuales escritores de ciencia ficci√≥n, algunos de estos relatos del pasado remoto suenan extra√Īamente contempor√°neos, excepto en lo relativo al material usado como fuente de poder para el avi√≥n (lo cual, naturalmente, podr√≠a haber sido mal traducido del original):

... Dentro de él uno debe colocar el motor de mercurio con su sistema de calefacción debajo. Gracias a las energías latentes en el mercurio, que hacen funcionar la turbina, el hombre que fuera sentado en su interior podría viajar a gran distancia por el cielo... debe haber cuatro depósitos de mercurio en su interior. Cuando son calentados por medio de un fuego controlado... el vimana desarrolla un poder de trueno por medio del mercurio...

Si este motor de hierro, con uniones adecuadamente soldadas, es llenado de mercurio y el fuego se dirige hacia la parte superior, desarrolla una gran potencia, con el rugido de un león... e inmediatamente se convierte en una perla en el cielo...

Pero los modelos y descripciones de aeronaves y los relatos acerca de cohetes y vuelos espaciales son s√≥lo una indicaci√≥n, no una prueba, de un alto desarrollo cient√≠fico. No obstante, hay algunas t√©cnicas y artefactos que fueron reconocidos como lo que eran muchos a√Īos despu√©s de su descubrimiento y que proporcionan una prueba m√°s tangible acerca de las capacidades tecnol√≥gicas del pasado remoto, que antes no se sospechaban.

La "computadora estelar" de Antikythera es un buen ejemplo de esto. Se trata de un peque√Īo objeto de bronce que consiste en l√°minas y ruedas o radios soldados por el mar, que fue recogido hace setenta a√Īos junto a otros objetos, estatuas en su mayor√≠a, de un antiguo naufragio depositado en el fondo del Mar Egeo.

A comienzos de la década del 60, cuando fue sometido a un estudio detallado y a la acción de ácidos por diversos arqueólogos, como Derek de Solía Price y George Stamires, resultó que se trataba de un aparato para la localización de las estrellas y un computador de órbitas planetarias. Era un mecanismo para verificar posiciones por la noche que demostraba un conocimiento astronómico y de navegación insospechado en épocas remotas.

Como decía el doctor Price:

"En ning√ļn otro sitio se conserva un instrumento como √©ste... Encontrar una cosa as√≠ es como encontrar un avi√≥n a chorro en la tumba del rey Tut...",

...lo cual es una posibilidad que tal vez no está del todo fuera de los límites de lo verosímil, dados los recientes descubrimientos.

En algunos museos podr√≠an hallarse otras pruebas concretas de adelanto t√©cnico, clasificadas como objetos religiosos, juguetes o sencillamente "sin clasificar". Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando excavaba en un lugar cercano a Bagdad y de una antig√ľedad calculada en 2.000 a√Īos, el arque√≥logo alem√°n Wilhelm K√≥nig extrajo ciertos artefactos muy curiosos, que consist√≠an en cilindros cubiertos de asfalto.

Se hallaban dentro de unos jarrones y estaban provistos de un tapón de hierro. En otras palabras, eran pilas secas desprovistas del electrodo, que posiblemente se habían evaporado. Cuando se les agregó un nuevo electrodo ?sulfato de cobre? algunas de estas baterías funcionaron perfectamente. Después de su primer hallazgo, Konig identificó algunas partes de otras baterías que ya se hallaban en exhibición en los museos y que estaban catalogadas como objetos "de uso desconocido".

Desde que las encontró y las identificó, se han hallado muchos otros ejemplares en Iraq y en otros lugares del Oriente Medio.

Estas pilas eran usadas aparentemente para niquelar metales, pero habría que preguntarse si este antiquísimo conocimiento de la electricidad, heredado tal vez de una cultura primitiva y luego olvidado, hasta su redescubrimiento en el siglo XIX, no era aprovechado para otros fines, aparte del niquelado.

En el mundo de Grecia y Roma se utilizaban antorchas y l√°mparas de aceite para la iluminaci√≥n, y en todos los lugares donde existen pasajes entre edificios de la √©poca pueden hallarse trazas de humo en los techos. Sin embargo, en el caso de la m√°s remota civilizaci√≥n egipcia, los techos de t√ļneles subterr√°neos, bell√≠simamente labrados y pintados, no muestran se√Īales de antorchas ni de l√°mparas de aceite.

Tampoco las hay en las paredes ni en los cielos rasos de ciertas cuevas de Europa Occidental donde los pintores de cavernas de La Madeleine y Aurignac realizaron sus obras maestras, con admirable sofisticaci√≥n, hace 12.000 y hasta 30.000 a√Īos.

En el Templo de Hathor, en Dendera, Egipto, existe una antigua pared tallada que durante mucho tiempo ha sido considerada un enigma arqueológico. En ella se representa una escena en que dos sirvientes parecen transportar gigantescos bombillos luminosos con filamentos interiores en forma de serpientes muy finas y conectados a una caja o interruptor con cables trenzados y que se asemejan poderosamente a potentes lámparas eléctricas apoyadas en aisladores de alta tensión.

El doctor John Harris, de Oxford, ha se√Īalado lo siguiente:

Los cables son virtualmente una copia exacta de las actuales ilustraciones de obras de ingeniería. Parecen muy pesados y estriados, lo que indica un haz de muchos conductores más bien que un simple cable de alto voltaje.

Existen otras ilustraciones en papiro y en piezas talladas que han sido conservadas durante miles de a√Īos, gracias al clima seco de Egipto y que, al ser examinadas con un criterio moderno y no comprometido, parecen ilustrar claramente el uso desde antiguo de ciertos artefactos contempor√°neos.

Debe recordarse que en los documentos egipcios se hace referencia al reino de los dioses anteriores a la I dinast√≠a, que fue una √©poca de superior civilizaci√≥n y poderes milagrosos, compartidos, seg√ļn los recuerdos y documentos existentes, por las m√°s antiguas culturas de la Tierra.



Resulta sorprendente comprobar que algunas antiguas culturas, considerablemente m√°s antiguas que Grecia y Roma, pose√≠an conocimientos de astronom√≠a, matem√°ticas superiores, c√°lculos del tiempo y medidas de la Tierra y el sistema solar, miles de a√Īos antes de que fueran redescubiertos o vueltos a determinar, en la √©poca moderna.

Para obtener esa información, las antiguas culturas tendrían que haber dispuesto de telescopios u otros instrumentos suficientemente precisos como para realizar los cálculos exactos.

Al estudiar algunos mapas medievales se han hecho extraordinarios descubrimientos. El profesor Charles Hapgood, que ha realizado algunos de los m√°s notables, pas√≥ muchos a√Īos examin√°ndolos y verific√≥ que conten√≠an mucha informaci√≥n acerca de la Tierra que suponemos era desconocida en la √©poca en que fueron dise√Īados.

Algunos han sido copiados y recopiados durante siglos, a partir de originales desaparecidos de la biblioteca de la antigua Alejandr√≠a, y demuestran un conocimiento asombrosamente exacto de tierras a√ļn por descubrir (de acuerdo con la historia que se nos ha ense√Īado) en el momento en que fueron realizados los originales e incluso las copias. Por ejemplo, se alude a la existencia de Am√©rica del Norte y del Sur y a la Ant√°rtida, miles de a√Īos antes de Col√≥n.

El mapa de Piri Re√≠s, que es una secci√≥n de otra carta mundial mucho mayor existente en la Antig√ľedad y que fue hallado en 1929, en medio del desorden del harem del derrocado Sult√°n de Turqu√≠a, muestra con toda claridad la costa de la Ant√°rtida, tal como habr√≠a sido sin los hielos que la cubren, y describe la topograf√≠a del interior, desprovista de hielos tambi√©n.

Un examen de los n√ļcleos terrestres de la Ant√°rtida hecho en las proximidades del Mar de Ross, indica que este continente habr√≠a estado cubierto de hielo durante 6.000 a√Īos, como m√≠nimo. Esto significar√≠a que el mapa original fue trazado mucho antes del comienzo de la historia escrita, durante la era en que se supone existi√≥ la Atl√°ntida y su famosa cultura mundial.

Otro mapa, el Planisferio del Rey Jaime, que data de 1502 y que es copia tambi√©n de mapas muy anteriores, muestra que el desierto del Sahara era en tiempos remotos una tierra f√©rtil, con grandes lagos, r√≠os y ciudades. El Mapa Mundial Buache de 1737 muestra la Ant√°rtida, seg√ļn la copia hecha de otro griego antiguo, como si estuviera compuesta de dos islas muy grandes y separadas por un mar interior. (Anotemos que la existencia misma de la Ant√°rtida s√≥lo era supuesta en el mundo moderno, hasta que se la descubri√≥ oficialmente, en 1820.)

Si pudiera eliminarse el hielo, el continente Ant√°rtico tendr√≠a justamente ese aspecto, cosa que no se supo hasta que lo descubrieron las expediciones realizadas durante el A√Īo Geof√≠sico de 1958. Otros mapas muestran algunos de los glaciares de la √ļltima era de los hielos y que a√ļn existen en ciertas regiones de Europa, Gran Breta√Īa e Irlanda y en otro, todav√≠a, se muestra el Estrecho de Bering, no como estrecho, sino como el istmo que fue en una √©poca.

Los rasgos salientes de estos mapas recopiados de la Antig√ľedad son sus exactas coordenadas; su conocimiento de la longitud (no desarrollada en el mundo moderno hasta el fin del siglo XVIII, lo cual quiere decir que sus autores estaban familiarizados con la trigonometr√≠a esf√©rica y usaban instrumentos geod√©sicos de gran precisi√≥n) y su dise√Īo, realizado posiblemente durante un per√≠odo que se sit√ļa hace 8.000 o 10.000 a√Īos. Es decir, muchos a√Īos antes del comienzo de nuestra historia escrita.

En los documentos de razas muy antiguas se encuentran datos astron√≥micos de gran correcci√≥n, pese a que, hasta donde nosotros sabemos, no dispon√≠an de telescopios gigantes ni de ning√ļn tipo para obtenerlos. Por ejemplo, el conocimiento de las dos lunas de Marte (y su distancia desde el planeta), los siete sat√©lites de Saturno, las cuatro lunas de J√ļpiter y las fases de Venus (llamadas "Cuernos" en los escritos de Babilonia).

Incluso se habían descubierto aspectos de algunas estrellas distantes: la constelación de Escorpión se llama así porque tenía una "cola" o cometa dentro. Sin embargo, éste sólo puede ser observado con un poderoso telescopio. En el otro lado del océano, los mayas de América Central, que tal vez compartían los conocimientos de una cultura anterior, llamaron también "Escorpión" a esta constelación.

(Los mayas fueron los √ļnicos, entre todos los pueblos de la Antig√ľedad, que calcularon el a√Īo solar con la cifra m√°s aproximada que pueda hallarse en cualquier calendario, incluido el nuestro: 365,2420 d√≠as. La cifra exacta es 365,2422 d√≠as.)

Debido a que el conocimiento científico fue decayendo, tras alcanzar su antiguo apogeo, mucha de esta información astronómica adoptó el carácter de leyenda. Por ejemplo, la del dios (planeta) Uranio, que devoró (eclipsó) a sus propios hijos (lunas) y luego los vomitó (fin del eclipse). Aunque tales fenómenos no podían ser vistos, debido a la desaparición de instrumentos óptimos, la información astronómica fue conservada a través de mitos semi-religiosos.

Tal vez la m√°s desusada de todas las indicaciones de una ciencia desarrollada en la Antig√ľedad y que todav√≠a existe y est√° a nuestra disposici√≥n, es la Gran Pir√°mide de Egipto. Durante miles de a√Īos se crey√≥ que era una tumba, aunque la tradici√≥n conservada por los coptos, minor√≠a que descend√≠a directamente de los antiguos egipcios, indicaba que se trataba de una recopilaci√≥n de los conocimientos de la "Reina de los Dioses" y que era un libro de piedra recopilado por Surid, uno de los reyes anteriores al diluvio, que en el futuro ser√≠a descifrado por aquellos suficientemente adelantados como para leerlo.

Este aspecto de la Gran Pirámide como posible fuente de información secreta fue ya advertido por los ingenieros franceses, durante la invasión napoleónica de Egipto. Cuando trataron de utilizarla como punto de triangulación, descubrieron que sus costados estaban orientados exactamente en la dirección de los puntos cardinales.

El meridiano longitudinal pasaba por el vértice, y las líneas diagonales que partían del vértice en dirección al Norte, bisectaban con toda exactitud el delta del Nilo. Se traza una raya hacia el Norte, pasando por el punto de encuentro de las diagonales de la base, sólo se yerra el Polo por 4 millas (6,43 km), y eso considerando que el Polo Norte podría haber cambiado de posición en los siglos transcurridos desde la construcción de la Gran Pirámide.

El actual sistema m√©trico decimal de medidas se basa en el metro, que equivale a un diez millon√©simo del cuadrante de meridiano y que es una unidad desarrollada por los franceses poco antes de su invasi√≥n a Egipto. El codo piramidal de cincuenta pulgadas utilizado por los antiguos egipcios y que precedi√≥ al metro en miles de a√Īos, es casi igual a √©ste en cuanto a su largo, pero en realidad es m√°s exacto, debido a que se basa en el largo del eje polar y no en el de un meridiano, que puede variar seg√ļn los contornos de la Tierra.

Algunas medidas de la Gran Pir√°mide que fueron tomadas de acuerdo con el codo egipcio indican un asombroso conocimiento de la Tierra y del lugar que √©sta ocupa en el sistema solar; conocimiento que estaba olvidado y que no fue redescubierto hasta la era moderna. La informaci√≥n puede expresarse en t√©rminos matem√°ticos: el per√≠metro de la pir√°mide es equivalente al n√ļmero de d√≠as del a√Īo: 365,24; doblando el per√≠metro se obtiene el equivalente a un minuto de grado en el Ecuador.

La distancia desde la base hasta el vértice, medida por el costado, es 1/600 de grado de latitud; la altura multiplicada por 109 da la distancia aproximada de la Tierra al Sol; el perímetro dividido por el doble de la altura da el valor de ?, 3,1416, que es considerablemente más exacto que la cifra de 3,1428 a la que llegaron los antiguos matemáticos griegos. La altura de la pirámide multiplicada por 1015 da el peso aproximado de la Tierra.

El eje polar terrestre cambia d√≠a a d√≠a en el espacio (trayendo una nueva constelaci√≥n del zod√≠aco detr√°s del sol cada 2.200 a√Īos) y alcanza su posici√≥n original una vez cada 25.827 a√Īos, cifra que aparece en los c√°lculos de la pir√°mide (25.826,6) cuando se suman las diagonales de la base puestas en cruz.

Las medidas de la c√°mara real que existe dentro de la Gran Pir√°mide arrojan las dimensiones exactas de los dos tri√°ngulos b√°sicos de Pit√°goras: 2.5.3 y 3.4.5, aunque fue construida varios miles de a√Īos antes de Pit√°goras. Y √©stas son s√≥lo algunas de las medidas coincidentes de la pir√°mide.

Habr√≠a que preguntarse por qu√© se levant√≥ una estructura tan enorme y complicada con el s√≥lo fin de entregar informaci√≥n. Tal vez se trat√≥ de traspasar esos conocimientos despu√©s de una serie de cat√°strofes globales, cuando los supervivientes a√ļn dispon√≠an de recursos t√©cnicos y pod√≠an hacerlo de manera que no fuese destruida, ni siquiera en el caso de que se perdieran todos los documentos y lenguajes entonces existentes.

En relación con esto, cabe recordar la sugerencia de que, en el momento en que los exploradores del espacio lleguen a la Tierra, o cuando las sondas terrestres alcancen otros planetas civilizados, las matemáticas y las ecuaciones matemáticas pueden ser una manera eficaz de establecer una comunicación primaria, puesto que las bases científicas y tecnológicas de un viaje semejante estarían basadas necesariamente en las matemáticas.

El mensaje de la pir√°mide, que proviene de nuestro propio pasado, y no del futuro, podr√≠a revelar m√°s adelante un n√ļmero de elementos de informaci√≥n mucho mayor, en la medida en que adquiramos los conocimientos necesarios para reconocerlos.

Algunos investigadores de la Gran Pirámide y de la tradición cóptica han sugerido que la Gran Pirámide sería un registro de un sistema de conocimientos que más tarde se perdieron o dispersaron, con excepción de aquella parte que se ha conservado en las leyendas.

Semejantes vestigios de una civilización o civilizaciones anteriores, que nos parece posible reconocer, serían un indicio de que, aunque algunos de sus adelantos eran similares a los nuestros, pudo haber otros logrados en campos distintos y que todavía nos resultan desconocidos. En todo el mundo se encuentran enormes estructuras de piedra que son clasificadas como "no atribuidas".

Con ello se quiere decir que nadie sabe realmente quién las construyó. Generalmente, su construcción es similar, lo mismo que su orientación respecto de los planetas, el Sol, la Luna y sus órbitas, las constelaciones y otras estrellas fijas, así como también otras fuerzas, que son posiblemente los campos magnéticos y las corrientes de la tierra.

Entre estas enigmáticas estructuras prehistóricas hay que incluir:

* las pirámides de Teotihuacán en México y las más viejas ciudades de Yucatán;

* las ruinas preincaicas de los Andes peruanos y las líneas del valle de Nazca;

* las ruinas enormes de Tiahuanaco, situadas a una altura de 4.000 metros;

* las gigantescas estructuras de piedra de las Islas Brit√°nicas, especialmente Stonehenge y Avebury, y las grandes piedras verticales de Breta√Īa, algunas de las cuales contin√ļan bajo el mar;

* las ruinas prehist√≥ricas de las islas del Mediterr√°neo, del Oriente Medio y de Asia Sudoriental, los restos cicl√≥peos de las Carolinas, las Marquesas y otras islas del Pac√≠fico, las estructuras monol√≠ticas existentes bajo el Caribe, el complejo p√©treo de Niebla, en Espa√Īa y las obras del norte de √Āfrica ?incluido Egipto? cuyo origen se desconoce;

* la orientación de los grandes montículos de piedra de los Estados Unidos y las pirámides arcaicas de la China.

Hasta la primera década del presente siglo, todas las viviendas de China eran orientadas por un nigromante, antes de su construcción, con el fin de aprovechar las afortunadas vías o corrientes invisibles que se desplazan a lo largo y ancho de la Tierra. (Debe recordarse que los primeros compases vinieron de la China.)

El doctor Ernst Borschmann, un agudo comentarista del paisaje arquitect√≥nico de la China, pensaba que la disposici√≥n de templos, pagodas y pabellones, orientados hacia un centro desde el cual irradian, se asemeja a un campo magn√©tico. El procedimiento, que consiste en seguir las l√≠neas de fuerza de la Tierra (en chino se llaman feng shui: "viento-agua"), posiblemente un resabio de alguna ciencia muy avanzada de la Antig√ľedad, ha sido ahora descartado como algo propio de h√°bitos supersticiosos y feudales.

Sin embargo, otra forma de "superstición", la acupuntura, que podría también ser una reliquia científica valiosa y disfrazada a través de los siglos como algo mágico, ha sido elevada a una posición de respetabilidad por el actual régimen chino.

Si en la Antig√ľedad se hubiese comprendido y desarrollado la fuerza del magnetismo y del magnetismo invertido, hasta un punto en que la gravedad, que es en s√≠ una forma de magnetismo, pudiera haber sido canalizada como otras fuerzas naturales, dispondr√≠amos de una explicaci√≥n acerca de algunas de esas construcciones prehist√≥ricas que se nos antojan t√©cnicamente imposibles y muchas de las cuales parecen haber sido literalmente lanzadas sobre las cumbres de las monta√Īas y colgadas de los bordes de los precipicios, cual piedras monol√≠ticas que hubiesen volado hasta all√≠.

Resulta inquietante pensar que algunos restos de antiguas t√©cnicas electromagn√©ticas podr√≠an estar a√ļn protegiendo las pir√°mides egipcias, mientras los cient√≠ficos de la actualidad tratan de desentra√Īar sus Secretos, que en este caso ser√≠an c√°maras selladas ocultas en su interior.

Desde hace alg√ļn tiempo se ha estado llevando a cabo un proyecto que consiste en penetrar la estructura interna de la pir√°mide de Chefr√©n, en Giza, por medio de rayos c√≥smicos. Los trabajos son dirigidos por el doctor Amr Gohed, de la Universidad de Ein Shams, de El Cairo, quien utiliza, entre otros equipos, una nueva computadora IBM 1130.

Aunque las pruebas se realizan con toda pericia, los registros diarios han ido arrojando, para las mismas secciones, modelos completamente diferentes:

Seg√ļn el doctor Gohed, "...es algo que desaf√≠a todas las leyes conocidas de la ciencia y la electr√≥nica..." y que resulta "cient√≠ficamente imposible".

Un art√≠culo del Times de Londres se√Īal√≥:

"...Se ha llegado a la conclusión de que las esperanzas de realizar un gran descubrimiento se han convertido en una masa de símbolos ininteligibles...", y el doctor Gohed, al resumir la forma en que el proyecto ha fracasado hasta ahora, dijo: "En la pirámide opera alguna influencia que desafía todas las leyes de la ciencia...".

Pero, más que un desafío a la ciencia, lo que podría ocurrir es simplemente que hubiese otras leyes que no comprendemos todavía, como por ejemplo tensiones y fuerzas de atracción que representan los poderes ocultos de la Tierra, el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas.

En su libro, The View over Atlantis (Visión sobre la Atlántida), John Mitchell se refiere a la unidad que muestra la cultura prehistórica y observa:

"...La Tierra está sembrada de obras prehistóricas de ingeniería relacionadas con el uso del magnetismo polar". Luego sugiere que vivimos "... dentro de las ruinas de una antigua estructura cuyas vastas dimensiones la han hecho ya invisible...".

De all√≠ la relaci√≥n que hay entre los grandes restos p√©treos de la prehistoria que a√ļn se yerguen en las llanuras, monta√Īas, desiertos, en las selvas y bajo los mares del mundo.

Seg√ļn su opini√≥n,

"... los filósofos de aquella época (consideraban que) la Tierra era una criatura viva y su cuerpo, como el de cualquier otra criatura, tenía un sistema nervioso en su interior, relacionado con su campo magnético. Los centros nerviosos de la Tierra, que en el cuerpo humano coinciden con los puntos de acupuntura de la medicina china, eran conservados y reverenciados en edificios sagrados, dispuestos como un microcosmo del orden cósmico...".

Existen indicios de que en el pasado remoto pudo existir una o m√°s civilizaciones mundiales que desaparecieron, como resultado de las cat√°strofes naturales o provocadas que se produjeron mucho antes de lo que se recuerda como los inicios de nuestra historia cultural, en el cuarto milenio A.C. Estos indicios han sobrevivido en buena medida como fragmentos de un conocimiento avanzado y que fue renarrado o recopiado a lo largo de los siglos.

Resulta difícil o imposible precisar la fecha en que fueron erigidos algunos edificios o monumentos, pese a su majestuosidad y a que podría provenir de aquel período. Además, la extensión del lapso que hemos observado previamente para la aparición y desarrollo del hombre civilizado, apenas permite disponer del tiempo necesario para construir esta cultura, que en gran medida es materia de hipótesis.

No obstante, los recientes descubrimientos del doctor Louis Leakey y Mary Leakey en la garganta de Olduvai, Tanzania, y los de Richard Leakey en Kenya, indican que el hombre primitivo pudo existir hace dos millones de a√Īos, y los descubrimientos en las cuevas de Vallonet, en Francia, han establecido que la fecha de algunas herramientas primitivas es de un mill√≥n de a√Īos.

El estudio de los cr√°neos del hombre de Cro-Magnon (que, seg√ļn se ha considerado generalmente existi√≥ hace 30.000 o 35.000 a√Īos antes de nuestra era), indican que la capacidad de su cr√°neo y el tama√Īo del cerebro que se desprende de ella era por lo menos igual y algunas veces superior al nuestro.

Aunque las maravillosas pinturas de animales en cuevas de Francia y Espa√Īa ?situadas a menudo en cavernas que han quedado bajo el nivel del suelo? han sido consideradas parte de la herencia art√≠stica del mundo, hay otras obras de arte menos conocidas, que podr√≠an conducir a una reevaluaci√≥n fundamental de la edad del hombre civilizado.

En Lussac-les-Cháteaux, Francia, hay imágenes talladas en trozos lisos de roca, cuya edad puede calcularse por las capas de tierra que las cubren y que muestran unos dibujos pertenecientes a la época que habitualmente se asocia con el hombre de las cavernas, de una calidad tan sorprendente, que parecen increíbles.

En una √©poca anterior en miles de a√Īos al amanecer, de nuestra actual y familiar civilizaci√≥n, se muestran personas de apariencia inesperadamente moderna, vestidas de t√ļnicas, botas, cinturones, chaquetas y sombreros. Tambi√©n aparecen hombres con barbas recortadas y bigotes.

En Sud√°frica se encuentran otras pinturas murales muy sofisticadas, dentro de cuevas del mismo per√≠odo, aproximadamente, y que representan viajeros blancos, vestidos con ropas de complejo dise√Īo pero imposibles de identificar, empe√Īados en lo que pudo ser un safari prehist√≥rico o un viaje de exploraci√≥n.

Las nociones de evoluci√≥n prehist√≥rica se√Īalan que un tipo de hombre sigue al otro, dentro de la escala ascendente de la evoluci√≥n y que los mejor dotados y m√°s desarrollados reemplazan a los m√°s primitivos. Aunque esto es en general cierto, y el tipo Cro-Magnon sustituy√≥ al embrutecido hombre de Neanderthal, durante la prolongada historia de la Tierra fue posible que aquellos dos tipos coexistieran, protagonizando una situaci√≥n que subsiste incluso hoy, con una poblaci√≥n que incluye a los cient√≠ficos at√≥micos y a los abor√≠genes de Australia.

Si hubiese existido una civilizaci√≥n anterior a la que conocemos, parecer√≠a razonable esperar que existiese alguna se√Īal que lo demostrase y que nos proporcionara una prueba concluyente (si es que algo puede ser concluyente en la investigaci√≥n arqueol√≥gica) de que tal cultura t√©cnicamente desarrollada existi√≥, no s√≥lo hace algunos a√Īos, sino miles de a√Īos atr√°s.

Sin embargo, tal como suceder√≠a si nuestra civilizaci√≥n fuese destruida, la mayor parte de los edificios, m√°quinas y artefactos se pudrir√≠an o enmohecer√≠an y quedar√≠an diseminados o irreconocibles, antes de que pasaran algunos miles de a√Īos. Podr√≠an sobrevivir algunos indicios, si quedasen enterrados en la Tierra en movimiento, debajo del subsuelo y los hielos del Norte o de la Ant√°rtica, o escondidos ten el fondo del mar.

El desarrollo del carbono-14, el arg√≥n pot√°sico, el uranio te√≥rico, la termoluminiscencia, la dendrocronolog√≠a y otros sistemas de identificaci√≥n de edad, han sacudido algunas de nuestras m√°s antiguas teor√≠as acerca de las primeras fechas de la civilizaci√≥n. En Ngwenya, Lesotho, existe una mina de hierro que era trabajada por mineros desconocidos hace 43.000 a√Īos.

En Ir√°n se han encontrado herramientas de piedra a las que se ha atribuido una antig√ľedad de 100.000 a√Īos. En el norte de Michigan se han descubierto labores mineras de cobre de gran magnitud que aparentemente son anteriores a los indios en miles de a√Īos.

En Wattis, Utah, un nuevo t√ļnel perforado en una mina de carb√≥n permiti√≥ descubrir una serie insospechada de t√ļneles de antig√ľedad desconocida. El carb√≥n hallado en esos t√ļneles hab√≠a estado tan expuesto a los elementos, que result√≥ inservible para quemar. No hab√≠a leyendas indias relativas a dichas minas, y los indios no utilizaban t√©cnicas de t√ļnel para extraer el mineral.

A medida que el hombre ha explorado más el interior de la Tierra, se han ido descubriendo algunos artefactos conservados dentro del carbón, piedras u otras capas sólidas, lo cual sugiere una edad tan antigua, que solamente se la ha podido calcular de manera estimativa.

En Fisher Canyon, Nevada, se hall√≥ la huella de un yacimiento de carb√≥n cuya antig√ľedad se calcul√≥ en 15 millones de a√Īos. Se estima que otra huella de tac√≥n o sandalia encontrado en una roca arenisca, bajo el desierto de Gobi, tendr√≠a tambi√©n varios millones de a√Īos de edad.

Y en Delta, Utah, qued√≥ al descubierto la marca fosilizada de una sandalia que conten√≠a trilobites, lo cual significaba que se hab√≠an depositado all√≠ despu√©s de haber quedado grabada la huella, o bien que estaban pegados a la sandalia. Los trilobites eran animales marinos paleozoicos que se extinguieron hace unos 200 millones de a√Īos. En 1959, en Italia, se extrajo un esqueleto humano fosilizado rodeado de estratos cuya edad se calcul√≥ en millones de a√Īos.

Al examinar un trozo de cuarzo hallado en California, se encontr√≥ en su interior un trozo de hierro completamente envuelto, como los insectos prehist√≥ricos conservados en √°mbar en el Mar del Norte. Y en Nevada, un trozo de feldespato que se extrajo de la mina Abbey, en Treasure City, en 1865, conten√≠a un tornillo met√°lico de dos pulgadas, que se hab√≠a oxidado, pero que dej√≥ la huella de su dise√Īo y el molde de sus roscas dentro del feldespato. La edad de la piedra misma fue calculada en millones de a√Īos.

El siglo pasado se descubri√≥ en la aldea de Sch√ľndorf, cerca de V√≥cklabruck, Austria, un peque√Īo objeto met√°lico con forma de cubo, de menos de un cent√≠metro de largo y ancho, que se hallaba en el interior de un bloque de carb√≥n. En torno del cubo hay una l√≠nea que forma una especie de canal y que tiene bordes redondos, como si hubiese sido hecha a m√°quina. Naturalmente, no hay explicaci√≥n acerca de qu√© era o c√≥mo lleg√≥ hasta el interior del bloque de carb√≥n, hace millones de a√Īos.

En la √©poca de la conquista del Per√ļ, un grupo de indios dirigidos por espa√Īoles descubri√≥ un clavo dentro de una roca. El hecho produjo conmoci√≥n, no s√≥lo por la aparente antig√ľedad del clavo, sino porque el acero era desconocido en Am√©rica antes de la llegada de los espa√Īoles.

En Blue Lick Springs, Kentucky, se extrajo un mastodonte de una profundidad de cuatro metros. Pero, al seguir excavando, se halló un pavimento de piedras un metro más abajo del lugar donde había estado el animal. Este es sólo un ejemplo de los varios hallazgos de antiguas obras de piedra hechos dentro de Estados Unidos. Resultó tan antiguo, que no se ha aceptado la determinación de su edad por medio de los objetos que le rodeaban o se hallaban sobre él (como en el caso del mastodonte).

Estos y muchos otros casos son tan difíciles de explicar en términos históricos, que muchos se inclinan a no atribuirles seriedad; otros los atribuyen a visitantes de otros mundos, que dejaron sus huellas en nuestro planeta en épocas tan remotas que lo que es ahora roca maciza era entonces un material maleable y viscoso.

Sin embargo, existe la posibilidad de que esas huellas y simples objetos fuesen hechos por hombres de razas extremadamente antiguas que poblaban la Tierra, y que los descubrimientos en las minas signifiquen que esa civilización era tan remota, que sólo ha podido encontrarse lo que estaba escondido dentro de la tierra o conservado en el interior de otros materiales, pero sin que hasta ahora se lo haya podido identificar.

Uno se pregunta cu√°ntos peque√Īos secretos han sido destruidos a lo largo de los siglos, ya que s√≥lo quedan muy pocos enigmas que demuestren alguna evidencia acerca de una civilizaci√≥n remota, aparte de las leyendas.

Las leyendas y representaciones pict√≥ricas de animales extinguidos pero reconocibles podr√≠an ser otros tantos indicios acerca de la antig√ľedad de la cultura humana. En ciertos jarrones encontrados en Tiahuanaco se puede ver un animal que se parece mucho al toxod√≥n.

El toxodón es un animal prehistórico que se parece en algo al hipopótamo y que se pensaba que se había extinguido mucho antes del desarrollo del hombre civilizado. En todo caso, se creía que no podía adaptarse a una árida meseta de 4.000 metros como Tiahuanaco, y además, esa zona no parecía un lugar probable para la existencia de una gran cultura.

Existen indicios, como la presencia de terrazas por encima de la actual l√≠nea de nieves en las monta√Īas circundantes y la fauna oce√°nica que existe en un profundo lago, que hacen pensar que toda la zona podr√≠a haber estado miles de metros m√°s abajo cuando se construy√≥ Tiahuanaco; tal vez en el nivel del mar y en la costa.

En la meseta de Marcahuasi, cerca de Kenko, Per√ļ, hay enormes tallas en piedra, y en ciertos casos se dan laderas completas que han sido modificadas por el tallado. Estas obras preincaicas, pese a hallarse desgastadas por √©pocas incontables, pueden ser identificadas como leones, caballos, camellos y elefantes, ninguno de los cuales se sabe que haya vivido en Sudam√©rica durante la era del hombre civilizado.

Tambi√©n pueden hallarse en el Per√ļ llamas dibujadas sobre cer√°micas muy antiguas, que se encontraron en las ruinas de una ciudad costera cerca de Pisco y que son representadas con cinco dedos, como eran hace muchos miles de a√Īos, en lugar de los cascos hendidos que desarrollaron posteriormente.

En ciertos petroglifos esculpidos en formaciones rocosas de Norte y Sudamérica se han descubierto animales que parecieran ser dinosaurios. Pero, puesto que los lagartos comunes, los gilamonsters (grandes lagartos venenosos de Arizona, Nuevo México, etc.) y las iguanas, por ejemplo, se parecen a sus remotos ancestros, los dinosaurios, resulta difícil precisar si dichos petroglifos representan monstruos prehistóricos o lagartos ordinarios.

Ese podría ser también el caso de un pictógrafo indio o preindígena que muestra a un gran lagarto grabado en una formación rocosa de Big Sandy River, Oregon. Sin embargo, la pintura tiene un gran parecido a un estegosaurio, un tipo especial de dinosaurio.

En 1924, la expedici√≥n Doheny encontr√≥ petroglifos de una edad antiqu√≠sima en el Ca√Ī√≥n Havasupai, cerca del Gran Ca√Ī√≥n del Colorado. Uno de ellos mostraba a un grupo de hombres atacando a un mamut, lo cual resulta muy inesperado en Am√©rica, donde el hombre ha sido habitualmente considerado un ser de aparici√≥n muy reciente, geol√≥gicamente hablando.

Entre otros de los pictógrafos examinados se encontró una representación bastante exacta de un tiranosaurio, que aparecía de pie y parcialmente apoyado en la cola, exactamente como en las reproducciones posteriormente realizadas en los museos. En otros petroglifos a lo largo del Amazonas y sus tributarios se encuentran los que parecieran ser otros animales prehistóricos, sobre todo el estegosaurio.

Cerca del pueblo de Ac√°mbaro, en M√©xico, durante una excavaci√≥n realizada en 1945, se desenterraron estatuillas de arcilla que han sido motivo de conmoci√≥n arqueol√≥gica durante a√Īos. Consisten en modelos de rinocerontes, camellos, caballos, monos gigantescos y dinosaurios de la era Mesozoica.

(El hallazgo fue posteriormente desacreditado, ya que el descubridor Waldemar Julsrud, al ofrecer recompensa sólo por las estatuillas completas, estimuló inadvertidamente la confección de reproducciones por parte de los indígenas locales.)

Sin embargo, las pruebas de carbono-14 a que han sido sometidas las figuras, indican que su edad var√≠a entre los 3.000 y 6.500 a√Īos. Una de las figuras se parece tanto a un tipo de dinosaurio llamado brachiosaurio, que si no fuera por las eras geol√≥gicas transcurridas, uno podr√≠a creer que el artista hab√≠a visto realmente el animal.

Naturalmente, el hecho de que el hombre primitivo dibujara o modelara animales que se parec√≠an a los dinosaurios no constituye una prueba de que los hubiese visto alguna vez (aunque pudo haber visto sus huesos). El drag√≥n de San Jorge y el drag√≥n de China, lo mismo que el sirrush (un vertebrado similar al drag√≥n, que aparece representado entre los animales reales en las paredes de Babilonia), eran apenas realidades f√≠sicas. No obstante, algunos detalles sugieren que el hombre primitivo pudo haber aparecido mucho antes de lo que se cree com√ļnmente y que tuvo alguna relaci√≥n con ciertos animales que se supon√≠an extinguidos en su √©poca.

Algunos de estos sobrevivientes habrían sido localizados en las épocas tardías de la era Terciaria. Sin embargo, puesto que algunos de los pictógrafos parecen representar reptiles de la era Mesozoica, muy anterior al advenimiento del hombre, cabría sugerir una inquietante explicación. Si en una época anterior a la nuestra hubiese existido un hombre altamente civilizado, su curiosidad científica le habría llevado a descubrir la presencia de dinosaurios jurásicos, como ha ocurrido con nosotros.

Con la desaparici√≥n de esta civilizaci√≥n primitiva, este conocimiento podr√≠a haber sido conservado a trav√©s de leyendas (acerca de dragones) y pict√≥grafos. Una vez m√°s, como en el caso de nuestra propia civilizaci√≥n, debemos recordar que hace poco m√°s de 100 a√Īos, los tradicionalistas explicaban la presencia de enormes f√≥siles en la Tierra sosteniendo que Dios hab√≠a creado los f√≥siles al mismo tiempo que nuestro planeta.

Andrew Thomas, escribiendo acerca de los anacronismos hist√≥ricos en su libro We are not the First (No somos los primeros), cuenta de un cr√°neo de auroch (antiguo buey salvaje) que ahora se encuentra en el Museo Paleontol√≥gico de Mosc√ļ. El cr√°neo, cuya edad se calcula en varios miles de a√Īos, muestra en su parte frontal un peque√Īo agujero que fue evidentemente provocado por un proyectil redondo. La falta de l√≠neas radiales quebradas, la velocidad y el calor desarrollados por el proyectil, al igual que su forma, sugieren que se trataba de una bala.

La supuesta bala no fue disparada despu√©s de la muerte del auroc, ya que la investigaci√≥n mostr√≥ que la herida hab√≠a sanado alg√ļn tiempo despu√©s de haber sido inflingida. En el Museo de Historia Natural de Londres hay otro ejemplar similar. Se trata de un cr√°neo humano encontrado en una cueva en Zambia y con una edad atribuida de 40.000 a√Īos, que muestra un agujero similar en el costado izquierdo, igualmente sin trizaduras radiales. Las posibilidades que sugieren estos disparos prehist√≥ricos, si es que son tales, resultan inquietantes.

Aunque estos descubrimientos podrían considerarse aislados, apuntan hacia la posibilidad de que el hombre civilizado haya existido en la Tierra desde hace mucho más tiempo que el que antes se creyó. Sin siquiera considerar la posibilidad de que alguna civilización hubiese llegado a la Tierra desde el espacio exterior, como se ha sugerido frecuentemente, habría habido tiempo y espacio en la historia de nuestro propio planeta como para que se hubiesen desarrollado una o varias culturas hasta el punto de aniquilarse a sí mismas por medio de guerras, trastornos ambientales, o de haber sido destruidas por otras fuerzas que habrían desencadenado inconscientemente.

Si partimos de un punto en la Antig√ľedad situado en el a√Īo 4.000 A.C., advertimos que nuestra propia cultura ha progresado desde la agricultura y el pastoreo primitivos hasta la fisi√≥n nuclear en un lapso de s√≥lo 6.000 a√Īos. Tomando en cuenta la edad de la Humanidad, ha habido mucho tiempo para que otras culturas llegaran a un nivel similar al nuestro.

Al reconsiderar algunos de los antiguos documentos que han llegado hasta nosotros, podr√≠amos obtener cierta informaci√≥n en el sentido de que la Humanidad alcanz√≥ anteriormente nuestra actual capacidad de destrucci√≥n. Aunque existen indicios de grandes explosiones de la superficie de la Tierra en la Biblia (Sodoma y Gomorra), en la mitolog√≠a griega y en muchas de las leyendas de los indios de Norte y Sudam√©rica, es en los antiguos testimonios escritos de la India, copiados y recopiados desde la antig√ľedad prehist√≥rica, donde encontramos, descritos con bastante detalle, el uso y efecto de algo que se parece mucho a las explosiones at√≥micas durante una guerra.

En varios de los antiguos libros de la India, que a diferencia de lo ocurrido con tantos documentos occidentales escaparon al fuego y la destrucci√≥n, pueden hallarse referencias inesperadas a esos recientes adelantos de nuestra civilizaci√≥n tecnol√≥gica. Dichas alusiones describen, como si hubiesen sido escritas hoy y no hace miles de a√Īos, cuestiones como la relatividad del tiempo y el espacio, los rayos c√≥smicos, la ley de la gravedad, la radiaci√≥n, la naturaleza cin√©tica de la energ√≠a y la teor√≠a at√≥mica.

La escuela Vaisesika de los filósofos científicos de la antigua India, desarrolló o conservó la teoría de que los átomos estaban en incesante movimiento. Subdividieron la medida del tiempo en una serie increíble de fracciones de segundo, y el más infinitesimal fue considerado como el "período empleado por un átomo para atravesar su propia unidad de espacio".

En el Mahabharata, un gigantesco compendio de m√°s de 200.000 versos que se refiere a la creaci√≥n del cosmos, a la religi√≥n, las oraciones, costumbres, historia y leyendas relativas a dioses y h√©roes de la antigua India, hay abundancia de referencias sorprendentemente modernas. Se supone que este libro fue escrito originalmente hace 3.500 a√Īos, pero describe acontecimientos que supuestamente ocurrieron miles de a√Īos antes.

Entre los versos del Mahabharata hay algunos que contienen vividas descripciones de lo que pareciera ser una visión de primera mano de una guerra atómica.

En la década de 1880, cuando los estudiosos de filosofía y religión pudieron leer y estudiar el Mahabharata (una traducción se terminó en 1884), naturalmente estimaron que las frecuentes y detalladas alusiones a antiguas naves aéreas (vimanas), con instrucciones acerca de cómo eran accionadas y sobre la manera de reconocer aviones enemigos, eran fantasías poéticas.

Hab√≠a incluso referencias a√ļn m√°s asombrosas a un arma dise√Īada para provocar la par√°lisis de los ej√©rcitos enemigos (mohanastra: "la flecha del inconsciente") y descripciones de "carruajes de dos pisos con muchas ventanas que proyectaban llamaradas rojas y que volaban como cometas... a las regiones del cielo y las estrellas".

Debe recordarse que el Mahabharata fue traducido décadas antes de la aparición del avión, el gas venenoso o nervioso, los cohetes manejados por el hombre y las bombas atómicas. Tales referencias no significaban otra cosa sino alocados vuelos de la imaginación, para los lectores de la era Victoriana.

Los estudiosos occidentales del Mahabharata advirtieron f√°cilmente otras alusiones a ciertas armas relativamente modernas y que estaban relacionadas con un control del poder de fuego, las distintas clases de artiller√≠a y cohetes, las "balas del hierro", los explosivos de salitre, sulfato y carb√≥n, las bombas cohete capaces de abatir puertas de ciudades, y los agneyastras, ca√Īones cil√≠ndricos que hac√≠an un ruido como el de un trueno.

Pese a que todo fue atribuido a la antigua India, no lograron asombrar a los lectores. Algunos sospecharon que constituían un "entrometimiento" o deslices en la traducción, debido a un comprensible intento indio de decir: "nosotros lo tuvimos antes".

Otras armas misteriosas mencionadas en el Mahabharata fueron mejor comprendidas, aunque antes resultaban bastante ininteligibles, en pleno desarrollo de la Primera Guerra Mundial. Ramchandra Dikshitar, comentarista militar de la India, se√Īal√≥ en su obra War in Ancient India (Guerra en la India antigua) que el Mahabharata conten√≠a alusiones a la guerra: los modernos aviones ser√≠an los equivalentes de los vimanas, el arma mohanastra que hac√≠a que ej√©rcitos enteros cayesen inconscientes equival√≠a al gas venenoso.

Tambi√©n dijo que se utilizaba una cortina de niebla o de humo para producir una densa bruma para el camuflaje, y compar√≥ el tashtra, un arma "capaz de matar a un gran n√ļmero de enemigos al mismo tiempo", con los explosivos modernos m√°s avanzados. Aunque los estudiosos del siglo pasado y algunos oficiales brit√°nicos de la Primera Guerra Mundial reconocieron algunas de las armas "redescubiertas" del Mahabharata, otras de las descripciones resultaban tan inconcebibles, que incluso hicieron confundir a los traductores.

P. Chandra Roy, autor de la principal versión inglesa, observó en la introducción:

"Para el lector inglés puro y simple habrá muchas cosas en este libro que le parecerán ridículas...".

Sin embargo, lo que resultaba rid√≠culo o misterioso en la d√©cada de 1880 e incluso en la Primera Guerra Mundial, ya no es tan enigm√°tico para casi ninguna persona que viva en nuestro incierto mundo de hoy. Los siguientes p√°rrafos, que se refieren a una guerra de la Antig√ľedad, nos resultan asombrosamente familiares, aunque est√°n separados de nuestra era at√≥mica por muchos miles de a√Īos.

Encontramos la siguiente descripción de un arma especial lanzada contra un ejército enemigo:

Un solo proyectil, cargado con toda la potencia del Universo. Una columna incandescente de humo y llamas, tan brillante como diez mil soles, se alzó en todo su esplendor... era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de la muerte que redujo a cenizas las razas de Vrishnis y Andakas (los enemigos contra quienes se utilizó) ...Los cadáveres estaban tan quemados que resultaban irreconocibles.

Sus cabellos y u√Īas desaparecieron; jarros y objetos de greda quedaron destrozados, sin motivo aparente, y los p√°jaros se volvieron blancos. Al cabo de pocas horas, todos los comestibles estaban infectados... para escapar a este fuego, los soldados se lanzaron a los arroyos y trataron de lavar sus cuerpos y todo su equipo.

(Aquella poderosa arma) ...arrasó con multitudes (de guerreros), corceles y elefantes, automóviles y armas, como si fueran hojas secas de los árboles... barridas por el viento... lucían muy hermosas, como aves en vuelo... volando desde los árboles...

En lugar de referirse a los resultados visuales producidos por la explosión de aquella superarma como la nube en forma de seta, el escritor, que la vio, o tomó su descripción de otros relatos o simplemente imaginó su efecto, lo describió como grandes nubes que se abrían una sobre la otra, cual una serie de parasoles gigantes; es decir, una concepción distinta a la nuestra, pero que no resulta un mal símil.

Incluso se dan las dimensiones aproximadas del arma o bomba:

... Una columna tan fatal como la vara de la muerte. Medía tres codos y seis pies. Dotada de la fuerza del trueno de Indra, el de los mil ojos, era... capaz de destruir a todas las criaturas vivientes...

También se puede leer un relato acerca del choque en el aire de dos cohetes:

... Las dos armas se encontraron en pleno vuelo. Luego, la Tierra con todas sus monta√Īas y mares comenz√≥ a temblar, y todas las criaturas vivas sintieron el calor de la energ√≠a de las armas y se vieron grandemente afectadas. Los cielos resplandecieron y los diez puntos del horizonte se llenaron de humo...

Muchos piensan que la gran guerra descrita en el Mahabharata se refiere a la invasi√≥n "aria" del sub-continente indio, que vino desde el Norte. El relato pudo haberse hecho en t√©rminos comprensibles, acordes con la √©poca, como ocurre con la Iliada, sin recurrir a un lenguaje de ciencia ficci√≥n y sin aludir a esas armas extra√Īamente prof√©ticas.

Sin embargo, conviene se√Īalar que los esqueletos descubiertos en las muy antiguas ciudades de Mohenjo-Daro y Harappa Rahi, en Pakist√°n, resultaron extremadamente radioactivos. No se sabe pr√°cticamente nada de estas antiguas ciudades, excepto que fueron repentinamente destruidas.

Por muy actuales que resulten, las antiguas descripciones de aviones y armas atómicas no significan necesariamente que el escritor presenciara personalmente aquellas maravillas, o que existieran incluso, salvo en su activa o febril imaginación. En nuestra propia era, la tira cómica de Buck Rogers se refería con toda libertad al uso de armas atómicas, hasta que el FBI, poco antes de la prueba de la verdadera y supersecreta bomba atómica en Nuevo México, persuadió al autor de que desistiera de tales referencias.

En el Viaje a la Luna, de Julio Verne, existe otra inconsciente coincidencia profética y de ciencia ficción: Verne escogió la Florida como base para su imaginario disparo lunar, adelantándose en más de un siglo al verdadero. Otra coincidencia profética: las medidas atribuidas por Verne, hace más de un siglo, al submarino imaginario del capitán Nemo, son casi idénticas a las de los actuales submarinos atómicos norteamericanos.

El caso de Swift y las lunas de Marte resulta todavía más asombroso. Al escribir Los viajes de Gulliver, en 1726, Swift describió los satélites de Marte y dio sus dimensiones aproximadas, que resultaron correctas, y también detalles acerca de su revolución en torno del planeta, pese al hecho de que las lunas a las que se refirió tan de paso (y exactamente) en su obra de ficción no fueron descubiertas hasta 1877.

Sin embargo, Verne, Swift y el creador de Buck Rogers viv√≠an en una √©poca cient√≠fica, en que la posibilidad de tales descubrimientos o inventos era s√≥lo cuesti√≥n de tiempo. Pero los documentos indios provienen tal vez de hace m√°s de 6.000 a√Īos.

Algunos asi√°ticos, y occidentales tambi√©n, que suscriben la teor√≠a de que el hombre civilizado ha existido durante un per√≠odo mucho m√°s largo que el sospechado anteriormente (al correr la cortina del tiempo ciertamente no parecen hallarse siglos y ni siquiera milenios que pudieran a√Īadirse) no descartan la posibilidad de que hayan existido en todo el mundo olas de civilizaciones con puntos cumbres y desapariciones.

Algunas de ellas no han dejado huellas, salvo en la leyenda. Por lo tanto, están dispuestos a creer que las sorprendentemente detalladas referencias indias a átomos, estructura y armas Atómicas y tecnología avanzada podrían ser simplemente un recuerdo bien conservado de civilizaciones prehistóricas y científicamente muy adelantadas.

En las leyendas acerca de la India, debi√©ramos tambi√©n considerar el hecho de que algunas regiones de la superficie de la Tierra parecen mostrar cicatrices at√≥micas adquiridas miles de a√Īos antes de las actuales actividades at√≥micas. Estos lugares existen en Siberia, Iraq, Colorado y Mongolia (donde las pruebas at√≥micas chinas est√°n dejando nuevas cicatrices, comparables a las antiguas y, en algunos sitios, situadas en un nivel del suelo inferior al actual.

Durante una excavación exploratoria realizada en Iraq en 1947, fueron saliendo a la luz sucesivas capas culturales, en lo que uno podría llamar el pozo de una mina arqueológica.

Partiendo del nivel actual, la excavaci√≥n pas√≥ por los niveles culturales urbanos correspondientes a Babilonia, Caldea y Sumeria, luego por los de las primeras aldeas, luego por otros correspondientes a los labradores primitivos de los a√Īos 6.000 a 7.000 A.C. y, m√°s abajo, por los indicios de una cultura de pastores, para llegar finalmente a una era correspondiente a la cultura de La Madeleine de las cavernas, que existi√≥ hace unos 16.000 a√Īos.

M√°s abajo a√ļn, al fondo de todos los niveles apareci√≥ un piso de cristal fundido, que no se parec√≠a a nada, salvo al suelo dejado en el desierto de Nuevo M√©xico por las explosiones que inauguraron nuestra actual era at√≥mica.

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