Desastre Nuclear en Fukushima: ŅPrograma Secreto Militar Japonťs?

Apr 20 2011 @ 01:06pm
Por: Felipe IV
Publicado en: PolŪtica
El tratado de seguridad EEUU-Japón retrasó fatalmente los esfuerzos de los trabajadores de la central para evitar la fusión del reactor.



Por Yoichi Shimatsu (*) -New America Media

Los confusos e incluso contradictorios informes sobre la planta nuclear de Fukushima I no pueden ser √ļnicamente consecuencia de los desastres causados por el tsunami, la torpeza o la falta de informaci√≥n. Los inexplicables retrasos y las incomprensibles explicaciones de la Tokio Electric Power Company (TEPCO) y del Ministerio de Econom√≠a, Comercio e Industria (MECI) parecen ser fruto de alg√ļn factor que se ha intentado soslayar.

La cortina de humo sobre Fukushima 1 parece ocultar un firme propósito, una voluntad de hierro y una tarea sombría desconocida para los de fuera. La explicación más lógica podría ser que la industria nuclear y las instancias gubernamentales están luchando para evitar que se descubran unas instalaciones dedicadas a la investigación de bombas atómicas escondidas dentro de las plantas de energía nuclear civil de Japón.

Un programa secreto de armas nucleares es como una especie de fantasma en la maquinaria, detectable tan sólo cuando el sistema del control de la información falla o se rompe. Es necesario que dirijamos una mirada cuidadosa a las disparidades entre el relato oficial y los inesperados sucesos.

Informes contradictorios

TEPCO, el operador de energ√≠a nuclear de Jap√≥n, inform√≥ inicialmente que hab√≠a tres reactores funcionando en el momento en que se produjo el terremoto de Tohoku y el tsunami del 11 de marzo. Despu√©s, una explosi√≥n de hidr√≥geno agriet√≥ la Unidad 3, provocando que hubiera escapes de √≥xido mezclado con uranio-plutonio (o MOX). La Unidad 6 desapareci√≥ inmediatamente de la lista de reactores operativos, a la vez que de la Unidad 3 empezaban a escaparse part√≠culas enormemente letales de plutonio. El plutonio es el elemento del que se componen las ojivas nucleares m√°s peque√Īas, que se libera con mayor facilidad.

Un incendio estall√≥ dentro de la da√Īada vasija de contenci√≥n del reactor de la Unidad 4, al parecer debido al sobrecalentamiento de las barras desechadas de combustible de uranio depositadas en una piscina de enfriamiento en seco. Pero las dimensiones del fuego indican que este reactor se manten√≠a encendido para alg√ļn objetivo que no era la generaci√≥n de electricidad. Su omisi√≥n de la lista de operaciones generadoras de electricidad plantea la pregunta de si la Unidad 4 estar√≠a utiliz√°ndose para enriquecer uranio, el primer paso del proceso que conduce a la extracci√≥n de material fisionable al nivel necesario para construir armas nucleares.

La aparición de agua de mar irradiada en el Pacífico supone otra pieza del puzzle, porque es imposible rastrear su fuente subterránea (o quizá porque es inconfesable). El laberinto de tuberías inundadas, donde se encontraron los cuerpos desaparecidos de dos trabajadores de la central ?desaparición que no se había comentado ante los medios con anterioridad-, bien podía contener la respuesta al misterio: un laboratorio que nadie se atreve a nombrar.

Guerra política

En reacci√≥n a la demanda del Primer Ministro Naoto Kan de una pronta informaci√≥n sobre los problemas, el lobby pro-nuclear cerr√≥ filas, neg√°ndole informaci√≥n vital a la oficina del Primer Ministro. La gran alianza de los partidarios de la energ√≠a nuclear incluye a TEPCO, al dise√Īador de la planta de General Electric, al MECI, al anterior partido gobernante, el Partido Dem√≥crata-Liberal y, seg√ļn todos los indicios, a la Casa Blanca.

Los ministros del gabinete encargados de las comunicaciones y de las emergencias nacionales arremetieron recientemente contra Banri Kaeda, el jefe del MECI, por actuar a la vez como promotor y regulador nuclear encargado de la ahora amordazada Comisi√≥n por la Seguridad Industrial y Nuclear. TEPCO contraatac√≥ con toda rapidez culpando al sobrevuelo del helic√≥ptero del Primer Ministro de haber retrasado la ventilaci√≥n de los gases vol√°tiles, provocando as√≠ una explosi√≥n en el Reactor 2. Por ?razones de salud?, el presidente de TEPCO se retir√≥ a una sala de hospital, cort√°ndole a Kan la l√≠nea de comunicaci√≥n con la compa√Ī√≠a y desautorizando su visita a Fukushima 1.

La enemistad que Kan mantiene con su rival en el Partido Democr√°tico Ichiro Ozawa ha acabado perjudic√°ndole, porque era el √ļnico aliado potencial de peso con quien habr√≠a podido enfrentarse a la formidable coalici√≥n a favor de la energ√≠a nuclear.

El jefe de los Dem√≥cratas Liberales, que promovi√≥ la energ√≠a nuclear en sus casi 54 a√Īos de trayectoria, acaba de mantener conversaciones confidenciales con el Embajador de EEUU, John Roos, mientras el Presidente Obama hac√≠a declaraciones en apoyo de las nuevas plantas de energ√≠a nuclear por todo EEUU.

Corte en las comunicaciones

El contenido no revelado de las conversaciones entre Tokio y Washington puede deducirse a partir de las interrupciones a las recientes llamadas telef√≥nicas que le hice a un colega periodista japon√©s. Cuando estaba dentro de zona caliente radioactiva, su n√ļmero de m√≥vil se desconectaba, al igual que los m√≥viles de los trabajadores nucleares de Fuskushima, a los que se negaba el acceso telef√≥nico con el mundo exterior. La suspensi√≥n del servicio no se debe a fallos de dise√Īo. Al ayudar en la preparaci√≥n del plan de respuesta a la crisis de Tohoku en 1996, mis esfuerzos se centraron en garantizar que las estaciones base de los m√≥viles tuvieran suficiente energ√≠a como para poder recargarse con toda rapidez.

Una llamada telef√≥nica posterior cuando mi colega regres√≥ a Tokio se cort√≥ de inmediato en cuanto mencion√© ?GE? [General Electric]. Ese incidente ocurri√≥ el d√≠a en que el director ejecutivo de GE, Jeff Immelt, aterrizaba en Tokio con la promesa de reconstruir la planta nuclear de Fukushima 1. Tales supuestas escuchas son s√≥lo posibles si el operador de la telefon√≠a nacional, NTT, est√° cooperando con el programa para interceptar se√Īales de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA, por sus siglas en ingl√©s).

El acuerdo de Manchuria

La cadena de sucesos detrás de esta inmensa fabricación de mentiras se remonta a muchas décadas atrás.

Durante la ocupaci√≥n militar japonesa del noreste de China en los a√Īos de la d√©cada de 1930, el estado-t√≠tere de Manchukuo se fue forjando como potencia econ√≥mica totalmente moderna en apoyo de un superpoblado Jap√≥n y su maquinaria militar. Un planificador de la econom√≠a de alto rango llamado Nobusuke Kishi trabaj√≥ estrechamente con el entonces comandante de la divisi√≥n ocupante de Kanto, conocido por los chinos como el General Hideki Tojo, del Ej√©rcito de Kwantung.

Los estrechos vínculos entre el ejército y los economistas coloniales produjeron sorprendentes logros tecnológicos, incluido el prototipo del tren bala (o Shinkasen) y el comienzo del proyecto de bomba atómica de Japón en el norte de Corea. Cuando Tojo se convirtió en Primer Ministro de Japón durante la época bélica, Kishi fue designado Ministro de Comercio y Economía, planeándose entonces una guerra total a escala global.

Despu√©s de la derrota de Jap√≥n en 1945, tanto Tojo como Kishi fueron declarados culpables como criminales de guerra de Clase A, pero Kishi se libr√≥ de la horca por razones desconocidas, posiblemente por sus √ļtiles conocimientos para una naci√≥n devastada por la guerra. La concepci√≥n del escu√°lido economista de una econom√≠a controlada a nivel central proporcion√≥ el anteproyecto para el MCII (Ministerio de Comercio Internacional e Industria), predecesor del MECI, que cre√≥ el milagro econ√≥mico que transform√≥ el Jap√≥n de la posguerra en una superpotencia econ√≥mica.

Despu√©s de abrirse paso a empujones para caerle en gracia al Guerrero del Fr√≠o John Foster Dulles, el secretario de estado de Eisenhower, Kishi fue elegido Primer Ministro en 1957. Su protegido Yashuhiro Nakasone, ex oficial naval y futuro Primer Ministro, encabez√≥ la campa√Īa de Jap√≥n para convertirse en potencia nuclear bajo la cobertura de la Ley B√°sica de la Energ√≠a At√≥mica.

Complicidad estadounidense

Kishi negoció en secreto un acuerdo con la Casa Blanca que permitía que el ejército de EEUU almacenara bombas atómicas en Okinawa y en la estación naval-aérea de Atsugi, en los alrededores de Tokio. (El cabo de marines Lee Harvey Oseald sirvió como guardia en el arsenal subterráneo de ojivas nucleares de Atsugi). A cambio, EEUU dio su visto bueno para que Japón emprendiera un programa nuclear para uso ?civil?.

Fue necesaria toda una diplomacia secreta debido al abrumador sentimiento del pueblo japon√©s en contra de la energ√≠a nuclear tras los bombardeos at√≥micos de Hiroshima y Nagasaki. Hace dos a√Īos, Katsuya Okada, Ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete del Primer Ministro del Partido Democr√°tico Yukio Hatoyama (que desempe√Ī√≥ ese puesto durante nueve meses de 2009 a 2010), sac√≥ a la luz el texto del acuerdo secreto.

De ese documento, que hab√≠a estado encerrado dentro de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores, hab√≠an desaparecido muchos detalles clave. El veterano diplom√°tico jubilado Kazuhiko Togo revel√≥ que los asuntos m√°s sensibles se recogieron en breves documentos adjuntos, algunos de los cuales se guardaban en una mansi√≥n frecuentada por el hermanastro de Kishi, el difunto Primer Ministro Eisaku Sato (que estuvo en el poder desde 1964 a 1972). Esas notas diplom√°ticas, mucho m√°s importantes, a√Īadi√≥ Togo, se hab√≠an eliminado y consiguientemente desaparecido.

En Japón, estas revelaciones se consideraron de especial importancia, sin embargo, los medios occidentales las ignoraron en gran medida. Con la planta nuclear de Fukushima cada vez más llena de humo, el mundo está pagando ahora el precio de esa negligencia periodística.

En su visita a Gran Breta√Īa del a√Īo 1959, un helic√≥ptero militar traslad√≥ a Kishi hasta la planta nuclear de Bradwell en Essex. Al a√Īo siguiente, se firm√≥ el primer anteproyecto de seguridad entre EEUU y Jap√≥n, a pesar de las protestas masivas celebradas en Tokio. Un par de a√Īos despu√©s, la firma brit√°nica GEC constru√≠a el primer reactor nuclear en Tokaimura, en la Prefectura de Ibaragi. Al mismo tiempo, inmediatamente despu√©s de las Olimpiadas de Tokio de 1964, el reci√©n inaugurado tren bala deslizante Shinkansen atravesando la ladera del Monte Fuji proporcionaba la racionalidad perfecta para promover la electricidad de origen nuclear.

Kishi pronunci√≥ la famosa declaraci√≥n de que ?las armas nucleares no est√°n expresamente prohibidas? en funci√≥n del art√≠culo 9 de la Constituci√≥n de la posguerra que prohib√≠a la energ√≠a con fines b√©licos. Su nieto, el entonces Primer Ministro Shinzo Abe, repiti√≥ dos a√Īos despu√©s esas palabras. La ?crisis? en curso con Corea del Norte sirvi√≥ de pretexto para que esta progenie de tercera generaci√≥n de la elite pol√≠tica pusiera a flote la idea de un Jap√≥n dotado de armas nucleares. Muchos periodistas y expertos de inteligencia japoneses asumen que el programa secreto ha avanzado lo suficiente como para conseguir el montaje r√°pido de un arsenal de ojivas nucleares, y que se han llevado a cabo pruebas subterr√°neas a niveles subcr√≠ticos con bolitas peque√Īas de plutonio.

Saboteando las fuentes de energías alternativas

La c√≠nica actitud del lobby nuclear se extiende hacia el futuro lejano, estrangulando de ra√≠z la √ļnica fuente viable de energ√≠a alternativa del archipi√©lago japon√©s: la energ√≠a e√≥lica costera. A pesar de d√©cadas de investigaci√≥n, Jap√≥n tiene s√≥lo el 5% de la producci√≥n energ√©tica e√≥lica de China, una econom√≠a (al menos de momento) de tama√Īo comparable. La industria pesada de Mitsubishi, socio en la energ√≠a nuclear de Westinghouse, fabrica turbinas de viento pero s√≥lo para el mercado de exportaci√≥n.

La zona de Siberia, con sus altas presiones, asegura un flujo de viento fuerte y constante sobre el norte de Jap√≥n, pero las compa√Ī√≠as del servicio p√ļblico de la regi√≥n no aprovechan ese recurso de energ√≠a natural. La raz√≥n es que TEPCO, que tiene su sede en Tokio y controla el mayor mercado energ√©tico, act√ļa en gran medida como un shogun sobre las nueve compa√Ī√≠as energ√©ticas regionales y la red nacional. Sus bur√≥cratas, ejecutivos y pol√≠ticos de alto rango, grandes influencias y bolsillos profundos, como el gobernador de Tokio Shintaro Ishihara, aunque con ambiciones nucleares, mantienen a los contratistas y generales de la defensa de su lado. Pero TEPCO no es el mandam√°s aqu√≠. Su socio principal en esta mega-empresa es la creaci√≥n de Kishi, el Ministerio de Econom√≠a, Comercio e Industria (MECI).

El lugar para las pruebas nacionales para calibrar el viento marino costero no est√°, lamentablemente, situado en Hokkaido o Niigata, tan azotados por el viento, sino mucho m√°s hacia el sureste, en la Prefectura de Chiba. Los resultados de estas pruebas, que decidir√°n el destino de la energ√≠a e√≥lica, no van a hacerse p√ļblicas hasta 2015. El patrocinador de un proyecto de tan lento recorrido es TEPCO.

La muerte de la disuasión

Aunque en 2009, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) emitió una apagada advertencia acerca de la reforzada deriva de Japón hacia una bomba nuclear, no hizo nada más. La Casa Blanca tiene que hacer la vista gorda ante la radiación que pasa por los cielos estadounidenses o exponerse al riesgo de un vergonzoso doble rasero en cuanto a la proliferación nuclear de un aliado. Además, la callada aprobación de Washington de una bomba japonesa no casa muy bien con el recuerdo tanto de Pearl Harbor como de Hiroshima.

En sí misma, una capacidad de disuasión nuclear no sería ni objetable ni ilegal en el improbable caso de que la mayoría de los japoneses votaran a favor de una enmienda constitucional del Artículo 9. La tenencia legalizada requeriría inspecciones de seguridad, controles estrictos y transparencia, de forma tal que se podría haber acelerado una respuesta de emergencia en Fukushima. En cambio, un desarrollo secreto armamentístico no hace sino crear una total abundancia de problemas. En el caso de una emergencia, como la que está desarrollándose en este momento, es el secreto lo que se impone a toda costa, incluso aunque suponga innumerables hibakusha, o víctimas nucleares.

En lugar de habilitar un sistema de disuasión regional y un regreso al estatus de gran potencia, el acuerdo de Manchuria sembró las bombas de relojería que están ahora vomitando radiación alrededor del mundo. El nihilismo en el corazón de esta amenaza nuclear para la humanidad no se esconde en el interior de Fukushima 1, sino dentro de la mentalidad de la seguridad nacional. Sólo derogando el tratado de seguridad entre EEUU y Japón podrá liquidarse el espectro de autodestrucción existente, la causa raíz del secretismo que retrasó fatalmente la lucha de los trabajadores nucleares contra la fusión del reactor nuclear.

(*) Yoichi Shimatsu es editor especial de 4th Media y escritor medioambientalista. Vive en Hong Kong. Es antiguo editor del Japan Times Weekly y colaborador frecuente también de Global Research.

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


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