Honduras: Por qué Derecha e Izquierda son lo mismo en el Capitalismo

Oct 02 2009 @ 07:43pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Política
El gobierno golpista de Honduras controló finalmente a Zelaya, desactivó (por ahora) las protestas, pero hoy se enfrenta con tres fantasmas: La crisis económica, el aislamiento internacional y sus enfrentamientos internos. Pero a no asustarse demasiado: El Imperio y sus socios ya resolvieron una fórmula salomónica para que el culebrón tenga un "final feliz".



IAR Noticias

A los golpistas jurásicos les bastó con clausurar dos medios del "zelayismo", cercar los centros de concentración de sus militantes e imponer el Estado de Sitio para terminar con la pomposa "ofensiva final" anunciada por el presidente depuesto desde su refugio en la embajada brasileña.

Zelaya (adosado a su celular) perdió su tercera batalla, la ONU y la OEA lo abandonaron, no instrumentaron ninguna medida concreta para su restitución en el cargo presidencial, y el Departamento de Estado de Obama se decidió por una Honduras "sin Zelaya ni Micheletti" en sintonía con la Unión Europea.

Hoy el presidente derrocado, cercado por el aparato represivo del régimen de facto, casi sin poder mediático (las agencias y los medios mundiales lo sacaron de sus primeras planas), goza de vacaciones obligadas en la embajada de Brasil sin que nadie sepa con certeza que va pasar con su futuro.

El resto de los mortales (léase escuchas y televidentes) a nivel mundial, nivelados casi con indiferencia por el culebrón mediático, no entienden mucho sobre lo que pasa en Honduras, más allá de que es una lucha más entre los "buenos" y los "malos". Los foros de Internet demuestran que tampoco saben muy bien quién es el "bueno" y quién es el "malo".

La izquierda, alienada en su ideología de "guerra contra la derecha", terminó aliada con el sector "progresista" del Imperio (Obama y el Departamento de Estado) y apoyando a un hacendado del establishment convertido en "revolucionario mediático". O como dijo Micheletti: "Uno de nosotros que se volvió comunista".

Para completar el cuadro, Chávez y Fidel Castro lanzaron la tesis fantástica de los "dos Obama": Uno, el que dice, y otro, el que hace. El que dice, ya habría sido captado para la "revolución latinoamericana", y el que hace, trabaja para el Pentágono y los golpistas de Honduras. El presidente cubano y el venezolano lamentan que Obama no realice un "salto cualitativo" y se reconvierta definitivamente al socialismo.

En realidad, Obama, es un negro millonario de Manhattan que vive en una residencia de US$ 2 millones, y que (aparte de pronunciar discursos "socialistas") gerencia el Estado USA para sus antiguos propietarios: El poder imperial de Wall Street y del Complejo Militar Industrial, cuyos negocios habituales son las guerras, la especulación financiera y el robo legalizado de países a escala global.

Imposible convertir en "socialista" a Obama: Ya le regaló US$ 2 billones a los banqueros para que hagan negocios con dinero del Estado, le re-declaró la guerra al "terrorismo" en Irak, Afganistán, Pakistán, firma a diario los expedientes de matanzas militares de "población sobrante", va por la cabeza de Irán y de los "fundamentalistas islámicos", en Medio Oriente, Asia y África, y, si lo apuran, puede (en cualquier momento) habilitar a "Bin Laden y Al Qaeda" para que lo vengan a rescatar del incendio en las encuestas.

¿De qué hablan, Chávez, Fidel, y la izquierda latinoamericana enamorada de la "revolución presidencialista" burguesa?.

El culebrón hondureño, en su contenido esencial, es un manual básico de la decadencia que aqueja al Imperio capitalista cuyos líderes, superficiales y banales, sin concepción estratégica del poder, se han convertido en personajes mediatizados de la farándula.

En la trama del golpe hondureño, nadie es lo que parecía ser.

Zelaya, un político demagogo y charlatán de la oligarquía tradicional hondureña (convertido en "estrella de televisión", como dijo el embajador yanqui en la OEA), vende tragedia revolucionaria y "resistencia popular" protegido por la peor lacra del Imperio: La OEA, la ONU, la Unión Europea, y toda la lista de presidentes títeres de América Latina que tienen los sistemas económicos productivos de sus países entregados a los bancos y trasnacionales capitalistas tutelados por las embajadas de EEUU y la Unión Europea.

Cuba, Venezuela, y el staff de "gobiernos de izquierda" (antiimperialistas feroces), se aliaron con la OEA (el antiguo "ministerio de las Colonias") y con el Departamento de Estado imperial para luchar contra los "malos" del Pentágono y construir la "salida socialista" con Zelaya.

Los "golpistas", jurásicos y desfasados, por su parte se olvidaron de aplicar el manual básico del golpista: A diferencia de los antiguos golpes militares, no encarcelaron al depuesto y sólo se acordaron de aplicar el Estado de Sitio tres meses después.

Los dinosaurios (decadentes) de Micheletti, también se olvidaron de otra regla básica del golpista tradicional: Sólo tres meses después, se avivaron de que para neutralizar la "resistencia popular" de Zelaya sólo les bastaba con clausurar dos medios de comunicación y cercar una universidad con 50 policías amenazantes.

También haría reír a los golpistas militares de la antigua "seguridad nacional", que el presidente depuesto haga discursos y conferencias de prensa en una embajada y se queje por el "mal servicio gastronómico" y de los los ruidos que producen los escudos del aparato represivo que, aburrido y estático, lo custodia día y noche.

Y está el colmo de la receta golpista mal aplicada: El general Romeo Vázquez, el comandante sedicioso que sacó a Zelaya en calzoncillos y lo depositó en un avión hacia Costa Rica, ahora dice que no tuvo nada que ver con el golpe, que solo seguía órdenes del "poder constitucional".

Su versión (para zafar y seguir flotando) alimentó rumores de una división y fractura en el frente golpista, que se profundizó con el pedido de los políticos para que se levante el Estado de Sitio que les impide hacer campaña electoral.

Micheletti, que se sacó a Zelaya de encima, ahora tiene la sensación de que "duerme con el enemigo".

En realidad, el dinosaurio no duerme con el enemigo, sino con los políticos que lo quieren convertir en el único "chivo expiatorio" del golpe de Estado ligt que ha dejado de ser "noticia de tapa" en los grandes medios internacionales.

En esta tesitura, de personajes planos y sin carnadura con la realidad (cuando a Zelaya lo enfocan las cámaras se calza el sombrero como un ícono y agarra el celular), el culebrón golpista hondureño terminó aburriendo hasta a sus propios protagonistas.

En la última reunión de la OEA los burócratas de la "diplomacia" imperial casi bostezaban: Nadie lo decía, pero la idea extendida era que se "vayan todos", ni Micheleletti ni Zelaya, que se restaure el "estado de derecho" y la "gobernabilidad democrática" con caras nuevas y en "elecciones libres".

En otras palabras, el Imperio y sus socios ya se cansaron del culebrón.

Los republicanos conservadores (que apoyan a los golpistas jurásicos con la nariz tapada) le piden a Obama y al Departamento de Estado un "poco de orden", como si le dijeran "con estos tipos nos quemamos todos". En la Unión Europea, Merkel, Sarkozy y Brown, no saben cómo dar vuelta la página y sacarse del medio un novelón que es de propiedad exclusiva de los dueños del patio trasero.

Nadie -salvo el entretenimiento mediático- le ve sustancia estratégica transformacional a una pelea entre dos sectores del poder capitalista hondureño, donde los únicos que pierden son las mayorías empobrecidas y desprotegidas a las que el bloqueo amenaza con el hundimiento total.

El poder ya bosteza sin saber qué hacer, y a Micheletti, el dinosaurio mayor, se le ocurrió la idea: "Si todo el mundo está de acuerdo, inmediatamente dejo el puesto" , dijo.

Y surgió la nueva fórmula: Micheletti afuera, Zelaya afuera. La idea que hoy flota en la OEA, en la ONU y en la Unión Europea, es una "renuncia histórica" de Zelaya y de Micheletti, en pos de la "pacificación y democratización" de Honduras.

Ya lo están construyendo: La OEA ya está en Honduras para convencerlo a Zelaya (agotado y deprimido en la embajada) de que un soldado en retirada, es un soldado para otra guerra.

Y Zelaya, que ya instaló universalmente la "marca Zelaya" (en algunos tramos ya lo supera a Chávez en el centimetraje de prensa), ya construyó mediáticamente su retorno electoral a futuro.

Solo tiene que esperar un turno, y después (como hacen sus aliados de izquierda latinoamericanos) a seguir construyendo "socialismo" desde el Estado capitalista hondureño.

Si Zelaya no perdió la razón (ni el sombrero), el plan cierra.

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