Obama toca fondo, colapso de Estados Unidos por doquier

Aug 24 2009 @ 10:02pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Política
El imperio estadounidense sufre por estas horas lo que podría denominarse con propiedad un multi-colapso generalizado de su agenda de poder mundial: Todo está en crisis y en decadencia en la primera potencia capitalista, incluido su gerente de turno, Barack Obama, que en 180 días de gestión (6 meses) no ha conseguido imponer ni uno solo de los puntos contenidos en sus promesas electorales del "sueño americano" en democracia.



Por Manuel Freytas

Este lunes, la prensa internacional nos sorprende con una noticia: Abrumado por los problemas (internos y externos) sin resolver, con su imagen y popularidad en picada, criticado por demócratas y republicanos, Obama hizo las valijas y se fue de vacaciones a una paradisíaca isla del Pacifico frecuentada por la farándula adinerada, en una mansión por la cual el Estado norteamericano abona US$ 35.000 por semana de alquiler.

Fieles a sus estilo de "ricos progresistas" los Obama han alquilado una mansión conocida como "Blue Heron Farm" ("Granja de la Garza Azul"), que tiene acceso a una playa privada, una huerta con manzanos, pileta y una cancha de básquet, el deporte favorito del presidente.

El presidente imperial dejó Washington abrumado por la guerra interna (entre republicanos y demócratas) que desató su estancado plan de reforma del sistema médico, que también ya empieza a figurar en su larga lista de fracasos ante la opinión pública estadounidense.

La reforma de salud proyectada por Obama agoniza, y aviva el conflicto interno entre demócratas y republicanos que había tenido su primer detonante con el golpe de Estado en Honduras, que dividió al Imperio en un línea de apoyo al presidente derrocado (Zelaya) desde la Casa Blanca, y otra de claro sostenimiento del gobierno golpista por parte del Pentágono y de los republicanos conservadores.

Los sucesivos fracasos para imponer sus programas, tanto en política interna como externa, golpearon con dureza su imagen pública, mientras que las críticas (por distintas razones) a su gestión llueven tanto desde el sector republicano como desde el Partido Demócrata, cuyos principales líderes también lo cuestionan por la falta de resultados de sus decisiones.

El Centro Pew revelaba la semana pasada que, según su último sondeo, la aprobación de Obama se sitúa en el 51%, frente al 61% que gozaba en junio (bajó 10 puntos en sólo dos meses). Y The Washington Post publicaba el viernes pasado otra encuesta junto con la cadena ABC que, incluso, bajaba la cuota de confianza y apoyo al presidente imperial al 49 %.

Simultáneamente, el principal problema interno de la agenda de Obama, la economía real del Imperio colapsa en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en la primera potencia capitalista.

A pesar de las débiles señales de recuperación que exhiben algunas variables de la economía USA, entre los economistas, medios y analistas especializados persisten las dudas y los interrogantes sobre los verdaderos alcances -y la duración- de la crisis con desocupación y con caída del consumo en la primera potencial imperial.

Además, de una forma brutal (y todavía sin resistencia social) los rescates industriales y financieros del gobierno de Obama (al utilizar fondos de los impuestos para salvar al capitalismo privado) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad estadounidense, por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral.

Desde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre de 2008, la primera economía imperial nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel" terminó impactando en la "economía real", con descenso del consumo popular, desocupación en masa y una suba descomunal del déficit fiscal como producto de los desembolsos estatales para rescatar bancos y empresas privadas.

No obstante las "señales optimistas" que lanzan Obama y las autoridades europeas, los propios datos oficiales prevén que, con los mercados de crédito paralizados, en los próximos meses más empresas ingresen en un proceso de bancarrota y anuncien nuevos despidos (sumados a los ya existentes), y los consumidores se ajusten aún más el cinturón, a medida que la ausencia de crédito afecta su capacidad de endeudamiento.

En este escenario, como dicen este lunes algunos analistas estadounidenses, no será fácil para Obama desembarazarse de los problemas en la paradisíaca isla Martha´s Vineyard, ya que allí estará la decidida activista antiguerra, Cindy Sheehan, para recordarle el largo rosario de la continuidad de la política militar de Bush en Irak y en Afganistán donde las tropas USA continúan empantanadas.

También -señala este lunes la prensa norteamericana- amenaza con agotarse la paciencia de la comunidad hispana y de los grupos defensores de los inmigrantes, que ven cómo la batalla por la salud y otros frentes abiertos en la Casa Blanca están retrasando el avance de su ansiada -y prometida- reforma integral migratoria.

Incluso fracasó la reciente gira discursiva-publicitaria de Obama por el Medio Oriente, que tenía un propósito fundamental, según la Casa Blanca: "Reconciliar" la relación entre EEUU y el Islam, y fortificar un "proceso de paz" en Medio Oriente.

Contrariamente a su objetivo, Obama convenció a todos menos a los protagonistas del conflicto estratégico de fondo: Israel e Irán, quienes, por distintas vías, dieron señales de que la visita de Obama resultó tan vacía e inútil como sus palabras cargadas de "teoría sin práctica".

No obstante sus adineradas vacaciones "anti-estrés", la realidad, marcada por las verdaderas necesidades del Imperio USA, pulveriza aceleradamente las promesas y el marketing discursivo de Obama y muestra con crudeza que su administración -a la hora de ejecutar- es una continuidad en todos los campos de las políticas desarrolladas por la presidencia de Bush.

Hace seis meses, obviando la realidad estratégica del dominio hegemónico geopolítico-militar-nuclear de EEUU (cuya dinámica se nutre y retroalimenta con la conquista militar permanente de países y la depredación de recursos estratégicos a escala global) la prensa mundial y sus analistas edificaron en la figura y en los discursos de Obama una "nueva alternativa mundial" con EEUU renunciando a su status de potencia imperial dominante.

Con el acceso de Barack Obama a la presidencia de EEUU, se desarrolló una campaña mediática destinada a hacer creer a las mayorías mundiales que la primera potencia capitalista imperial, empantanada en Irak y Afganistán, con su sistema financiero pulverizado por la crisis y por una recesión económica de efectos imprevisibles, se podía recrear a sí misma generando nuevas expectativas y cambios "democráticos" de política a nivel mundial.

La decisión de continuar la guerra contra el "terrorismo" (implantada como lógica de dominación militar y de conquista de mercados), la escalada militar y las masacres de civiles en Pakistán y Afganistán, la vuelta atrás en la investigación de las torturas de la CIA, la aplicación de las mismas políticas de Bush en Irán, en el Cáucaso y en Medio Oriente, la restauración de los juicios militares a "terroristas", y la re-militarización de América Latina, señalan con claridad el verdadero rumbo de la gestión de Obama en la Casa Blanca.

De acuerdo con lo que muchos ya llaman la "nueva doctrina Obama" (que en realidad es la vieja doctrina Bush) Washington impulsa sus políticas de posicionamiento militar orientadas a controlar mercados y fuentes de energía y de recursos naturales en Asia, África y América Latina.

Durante sus primeros 90 días de gobierno, y mientras reafirmaba en sus discursos la "renuncia de EEUU a su rol de potencia imperial dominante", Barack Obama decidió profundizar la ocupación militar enviando más tropas a Afganistán, elevar el presupuesto militar estadounidense a niveles récord, e imponer (a través del G-20 y el FMI) un nuevo plan de endeudamiento para hacer pagar la crisis financiera imperial a los pueblos de Asia, África y América Latina.

Las decisiones de Obama a seis meses de gobierno (contradiciendo sus promesas) es la mejor prueba de que las políticas estratégicas de supervivencia imperial del Estado USA están por encima de la voluntad personal (o del discurso electoral) del eventual gerente que ocupe la Casa Blanca.

Como ya está probado en forma histórica y estadística: En EEUU, la potencia locomotora del capitalismo sionista a escala global, no gobiernan los presidentes o los partidos, sino la élite económica-financiera (el poder real) que controla la Reserva Federal, el Tesoro, Wall Street, el Complejo Militar Industrial y Silicon Valley.

Terminada las luces artificiales de la campaña electoral, demócratas y republicanos dejan de agredirse y se complementan en un diseño de política estratégica de Estado en defensa de los intereses de las grandes corporaciones económicas que marcan el accionar de las políticas internas y de la conquista de mercados encubierta en las "guerras preventivas" contra el "terrorismo".

Con Obama (tanto como lo hizo con Bush y el resto de los presidentes) el Pentágono USA, con sus cinco comandos estratégicos desplegados por el planeta, continúa desempeñado el rol de gendarme mundial de los bancos y trasnacionales imperialistas que depredan el planeta en nombre de la "civilización y la democracia".

Con la caída de Bush y el advenimiento de Obama, el Imperio USA intentó recrear la mística del "nuevo sueño americano" y generar una nueva expectativa de "reciclamiento democrático" en la figura de un "afroamericano" llegando a los máximos niveles de decisión de la Casa Blanca. "Somos tan democráticos, que hasta un negro nos puede gobernar", casi rezaban los eslóganes de campaña.

La "guerra contraterrorista", las ocupaciones imperiales a cara descubierta, la crisis económica USA-exportada a nivel global y la decadencia acentuada del "comandante" Bush habían golpeado fuerte: Desde el propio frente aliado europeo comenzó a hablarse de la "pérdida de influencia" del Imperio norteamericano.

Había que recomponer la unidad de comando y restaurar la desgastada imagen de EEUU como potencia imperial. Había que decirles a los agoreros del "final del Imperio": Pueden seguir creyendo en la solidez del sistema estadounidense. Sigan invirtiendo en dólares, bienvenidos a los bonos-refugio del Tesoro de EEUU. Somos como el Ave Fénix: Renacimos de nuestras propias cenizas, más democráticos que nunca y con un negro como presidente.

Obama -en los términos que lo presentaba el nuevo marketing discursivo de su campaña- tenía por misión demostrar que el Imperio estadounidense ya no generaba guerreros militares (del tipo de los que bombardean "terroristas" con música de Wagner de fondo) sino "apóstoles de la paz y la democracia" contenidos en el publicitado "nuevo sueño americano".

De acuerdo a como presentaba la imagen de Obama la prensa internacional al asumir el 20 de enero, las más de 800 bases militares norteamericanas que rodean como un anillo de muerte las áreas de recursos estratégicos del planeta (energía, agua, alimentos y biodiversidad) ya no iban a funcionar con órdenes castrenses sino con máximas del Mathama Gandi.

Solo seis meses de gestión, demostraron la mentira y ya casi terminaron con el "mito Obama" fabricado a escala global por la prensa sionista internacional.

Obama está de vacaciones: A la vuelta le esperan el infierno "contraterrorista" y la crisis recesiva irresuelta, y todo parecido con Bush será pura casualidad.

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