Si Existen Extraterrestres, ŅSeguiran Existiendo las Religiones?

May 06 2010 @ 08:01pm
Por: Sauron
Publicado en: Planeta Tierra
Paul Davies es catedr√°tico de filosof√≠a natural en el Centro Australiano para Astrobiolog√≠a, en la Universidad de Macquarie, en Sindey. El es el autor de veinticinco libros, incluyendo ¬ŅEstamos Solos? (1995) y "El Quinto Milagro": El B√ļsqueda del Origen y Significado de la Vida (1998). Davies gan√≥, en 1995, el Premio Templeton por el Progreso en Religi√≥n.


por Paul Davies
traducción de Adela Kaufman

El reciente descubrimiento de abundante agua en Marte, aunque en la forma de escarcha permanente, ha levantado esperanzas para encontrar rastros de vida allí.

El Planeta Rojo hace mucho ha sido una ubicación favorita para aquellos que especulan acerca de la vida extraterrestre, especialmente desde 1890, cuando H.G. Wells escribió La Guerra de los Mundos y el astrónomo americano Percival Lowell afirmó que el podía ver canales artificiales grabados al agua fuerte en la seca superficie del planeta.

Hoy, por supuesto, los científicos esperaban encontrar no más que simples bacterias morando el profundo subterráneo, si es que se encontraba algo. No obstante, el descubrimiento de solamente una sola bacteria en alguna parte más allá de la Tierra nos forzaría a revisar nuestro entendimiento de quienes somos y donde encajamos dentro del esquema cósmico de las cosas, arrojándonos en una profunda crisis de identidad espiritual que sería en cada parte tan dramática como la que Copérinco provocó en los tempranos 1500s, cuando aseguró que la Tierra no estaba en el centro del universo.

Ya sea que estemos solos o no es una de las mayores inc√≥gnitas espirituales con las que enfrentamos hoy. Probablemente debido a los altos contenidos emocionales, la b√ļsqueda de vida m√°s all√° de la Tierra es profundamente fascinante para el p√ļblico.

Sondeos de opini√≥n y visitas a p√°ginas Web indican fuerte apoyo e inter√©s en las misiones espaciales que est√°n vinculadas incluso oblicuamente a esta b√ļsqueda. Percibiendo el inter√©s del p√ļblico, la NASA ha reconfigurado su estrategia de investigaci√≥n y fund√≥ el Instituto de Astrobiolog√≠a de la NASA, dedicado al estudio de la vida en el cosmos. En primer lugar en su agenda, naturalmente est√° la carrera para encontrar vida en otras partes en el sistema solar. Los investigadores hace tiempo se han enfocado en Marte en su b√ļsqueda por vida extraterrestre, por su relativa proximidad.

Pero hace unos veinticinco a√Īos, como resultado de la misi√≥n Viking 1976, muchos de ellos se desanimaron.

Un par de naves espaciales pas√≥ a trav√©s de la atmosfera extremadamente delgada, tocaron la superficie y encontraron que era un desierto congelado y seco, liofilizado con los mortales rayos ultravioleta. La nave espacial, equipada con brazos rob√≥ticos, extrajo suelo marciano, para que √©ste pudiera ser examinado, buscando se√Īales de actividad biol√≥gica. Los resultados del an√°lisis fueron poco concluyentes, pero generalmente negativos, y las esperanzas se desvanecieron, de encontrar incluso simples microbios en la superficie de Marte.

La perspectiva hoy es m√°s optimista.

Varias pruebas est√°n programadas para visitar Marte en los meses venideros, y todas estar√°n buscando se√Īales de vida. Este inter√©s renovado es debido, en parte, al descubrimiento de organismos viviendo en algunos ambientes notablemente hostiles en la Tierra (lo cual abre la posibilidad de vida en Marte en aquellos lugares que no examinaron las sondas Viking), y en parte a una mejor informaci√≥n acerca de la antigua historia del planeta.

Los científicos ahora creen que Marte tuvo una vez una atmósfera más gruesa, temperaturas más altas, ríos, inundaciones y una extensa actividad volcánica - siendo todas esas condiciones consideradas favorables a la aparición de la vida.

Las perspectivas de encontrar organismos vivos en Marte siguen siendo escasas, por supuesto, pero incluso rastros de vida pasada representaría un descubrimiento de valor científico sin precedentes. Sin embargo, antes de barrer cualquier conclusión filosófica o teológica, seria necesario determinar si esta vida fue el producto de un segundo génesis - es decir, si su origen es independiente de la vida en la Tierra.

Se sabe que la Tierra y Marte son conocidos por intercambiar material en forma de rocas de las destruidas de la superficie de los planetas, por los violentos impactos de asteroides y cometas. Los Microbios podrían haberse enganchado a un paseo en estos escombros, elevando la posibilidad de que la vida haya comenzado en la Tierra y fue transferida a Marte o viceversa.

Si en Marte han sido descubiertos rastros de vida pasada y fueron encontrados idénticos a alguna forma de vida terrestre, el transporte por medio de rocas expulsadas serían la explicación más plausible, y todavía careceríamos de evidencia de que la vida comenzó de cero en dos distintos lugares.

La importancia de este punto es crucial.

En su teor√≠a de la evoluci√≥n, Charles Darwin proporcion√≥ una cuenta muy persuasiva de c√≥mo evolucion√≥ la vida sobre mil millones de a√Īos, pero el omiti√≥ cualquier explicaci√≥n de c√≥mo la vida comenz√≥, en primer lugar.

"Uno podría así mismo pensar del origen de la materia", escribió el en una carta a un amigo.

Un siglo y medio m√°s adelante, los cient√≠ficos todav√≠a entienden muy poco c√≥mo vino a la existencia la primera cosa viva. Algunos cient√≠ficos creen que la vida en la Tierra es un accidente anormal de qu√≠mica, y como tal, debe ser √ļnica. Porque ellos argumentan que incluso el microbio m√°s simple conocido es impresionantemente complejo, las oportunidades que uno formado por una mezcla molecular al azar son infinitesimales, la probabilidad de que el proceso ocurrir√≠a dos veces, en ubicaciones separadas es virtualmente insignificante.

El bioquímico francés laureado Nobel Jacques Monod era un firme creyente en este punto de vista.

"El hombre por fin sabe que está solo en la insensible inmensidad del universo, fuera del cual el ha emergido solamente por casualidad", escribió en 1971.

El utilizó esta sombría opinión como trampolín para argumentar a favor del ateísmo y lo absurdo y la inutilidad de la existencia. Como Monod lo vio, no somos más que productos químicos extras en un majestuoso pero impersonal drama cósmico - un show de diapositivas irrelevante y no deseado.

Pero supongamos que no fue esto lo que sucedió.

Muchos científicos creen que la vida no es un fenómeno anormal (las probabilidades de que la vida a partir de la oportunidad, el cosmólogo británico Fred Hoyle sugirió una vez, son comparables a las probabilidades de que un torbellino que soplara a través de un depósito de chatarra, ensamblando así un Boeing 747 en funcionamiento), sino que está escrito en las leyes de la naturaleza.

"El universo debe, en alg√ļn sentido, haber sabido que ven√≠amos", observ√≥ famosamente el f√≠sico Freeman Dyson.

Nadie puede decir precisamente en que sentido el universo podría estar fecundo con vida, o cómo las expectativas generales de las que habló Dyson pudieran traducirse a procesos físicos específicos a nivel molecular. Talvez la materia y la energía siempre toman la vía rápida a lo largo del camino a la vida, por medio de los que a menudo llamamos "auto organización."

O quiz√°s el poder de la evoluci√≥n darvinista es de alguna forma aprovechada en una etapa molecular pre-bi√≥tica. O talvez alg√ļn eficiente proceso f√≠sico todav√≠a no identificado (¬Ņmec√°nica cu√°ntica?) fija los engranajes en movimiento, con la vida org√°nica como nosotros la conocemos, tomando el control sobre la maquinaria esencial en una etapa posterior. En virtud de cualquiera de estos escenarios, la vida de convierte en un producto fundamental de la naturaleza, en vez de incidental.

En 1994, reflexionando en este mismo punto, otro laureado Nóbel, el bioquímico belga Christian de Duve escribió:

"Yo veo a este universo, no como una ?broma cósmica?, sino como una entidad significativa - hecha de tal manera que, para generar vida y mente, es obligado a dar luz a seres pensantes, capaces de discernir la verdad, aprehender la belleza, sentir amor, anhelar la bondad, definir la maldad y experimentar el misterio."

Ausente de estas cuentas está cualquier mención de los milagros.

La atribuci√≥n del origen de la vida a un milagro divino no es solo un anatema para los cient√≠ficos, sino que tambi√©n es teol√≥gicamente sospechoso. El t√©rmino "Dios de las brechas" fue acu√Īado para burlarse de la idea de que Dios puede ser invocado como explicaci√≥n, cada vez que los cient√≠ficos tienen lagunas en su comprensi√≥n.

El problema con invocar a Dios de esta manera es que, al avanzar la ciencia, las brechas se cierran, y Dios se ve progresivamente marginado fuera de la historia de la naturaleza. Los teólogos hace tiempo aceptaron que ellos estarían para siempre luchando una batalla de retaguardia si trataban de desafiar a la ciencia en su propio terreno.

Usando la formaci√≥n de vida para probar la existencia de Dios es una t√°ctica que arriesga una demolici√≥n instant√°nea en caso de que alguien tenga √©xito fabricando vida en un tubo de ensayo. Y la idea de que Dios act√ļa en los ajustes y comienzos, en torno a los √°tomos en movimiento en raras ocasiones en competencia con las fuerzas naturales es una imagen decididamente nada inspiradora del Gran Arquitecto.

La línea de batalla teológica en relación con la formación de vida no es, por lo tanto, entre lo natural y lo milagroso, sino que entre la pura casualidad y la certeza de la ley.

Los ateos tienden a tomar la primera versi√≥n, y los religiosos se alinean detr√°s de la segunda, pero esas divisiones son generales y de ninguna forma son absolutas. Es perfectamente posibles ser un ateo y creer que la vida est√° construida ingeniosamente dentro de la naturaleza del universo. Es tambi√©n posible ser un religioso, o te√≠sta y suponer que Dios dise√Ī√≥ solamente un planeta con vida, con o sin la ayuda de milagros.

Aunque el descubrimiento de microbios en Marte o en alguna otra parte encender√≠a un debate teol√≥gico apasionado, los asuntos verdaderamente dif√≠ciles rodean el prospecto de seres alien√≠genas avanzados, en posesi√≥n de inteligencia y tecnolog√≠a. La mayor√≠a de cient√≠ficos no piensan que tales seres existan, pero durante cuarenta a√Īos, un grupo de astr√≥nomos dedicados ha estado barriendo los cielos con radio telescopios, en la esperanza de encontrar un mensaje de una civilizaci√≥n el alguna otra parte en la galaxia.

Su proyecto es conocido como SETI (B√ļsqueda de Inteligencia extraterrestre).Porque nuestro sistema solar es relativamente joven comparado con el universo en general, cualquier civilizaci√≥n alien√≠gena que pudieran descubrir los investigadores SETI ser√≠a probablemente mucho m√°s antigua y presumiblemente m√°s sabia que la nuestra.

De hecho, pudiera haber logrado nuestro nivel de ciencia y tecnolog√≠a hace millones o incluso billones de a√Īos. Solamente contemplando la posibilidad de tales avanzados extraterrestres parece levantar inc√≥modas y adicionales preguntas para la religi√≥n.

Las principales creencias del mundo fueron todas fundadas en la era pre-cient√≠fica, cuando se cre√≠a extensamente que la Tierra estaba en el centro del universo, y que la humanidad en el pin√°culo de la creaci√≥n. A medida en que los descubrimientos cient√≠ficos se han ido acumulando sobre los pasados 500 a√Īos, nuestro estatus ha ido disminuyendo gradualmente.

En primer lugar, se ha demostrado que la Tierra es solamente un planeta de varios que orbitan alrededor del Sol. Luego, el sistema solar mismo fue relegado a los remotos suburbios de la galaxia, y el Sol ha sido clasificado como una insignificante estrella enana entre billones. La teor√≠a de la evoluci√≥n propuso que los seres humanos ocupan solamente una peque√Īa rama de un complejo √°rbol evolutivo. Este patr√≥n continu√≥ hasta el siglo veinte, cuando la supremac√≠a de nuestra tan jactada inteligencia se vio amenazada. Las computadoras comenzaron a ser m√°s astutas e inteligentes que nosotros.

Ahora, la ingenier√≠a gen√©tica ha incrementado el espectro de beb√©s dise√Īados con super intelectos que dejan al nuestro muy atr√°s. Y debemos considerar la inc√≥moda posibilidad que en t√©rminos astrobiol√≥gicos, los hijos de Dios pudieran ser tambi√©n corredores-gal√°cticos. Los te√≥logos est√°n acostumbrados a poner cara de valientes con tales progresos.

A lo largo de los siglos, las iglesias cristianas, por ejemplo, se han visto obligadas una y otra vez a acomodar la nueva información científica que desafía la doctrina existente. Pero estas acomodaciones han sido generalmente hechas de mala gana y muy tardíamente. Solo recientemente, por ejemplo, fue que el Papa reconoció que la evolución Darviniana es más que solamente una teoría.

Si el SETI tiene éxito, los teólogos no tendrán el lujo de décadas de cuidadosa deliberación para determinar la importancia del descubrimiento. El impacto será instantáneo. El descubrimiento de seres alienígenas superiores pudiera no ser tan corrosivo para las religiones si los seres humanos podrían todavía demandar un estatus espiritual especial.

Después de todo, la religión se ocupa principalmente de la relación de la gente con Dios, más que de sus cualidades biológicas o intelectuales. Es posible imaginar a seres alienígenas que son más listos y sabios de lo que somos nosotros, pero que son espiritualmente inferiores o simplemente malvados. Sin embargo, es más probable que cualquier civilización que nos haya sobrepasado a nosotros científicamente habría superado también nuestro nivel de desarrollo moral.

Uno bien podr√≠a especular que una sociedad alien√≠gena avanzada, tarde o temprano hubiera encontrado alg√ļn camino para eliminar gen√©ticamente la conducta malvada, dando como resultado una raza de seres santos.

Supongamos, entonces, que los E.T. est√°n mucho m√°s adelantados que nosotros, no solo cient√≠fica y tecnol√≥gicamente, sino que tambi√©n espiritualmente. ¬ŅD√≥nde deja esto a la supuesta relaci√≥n especial de la humanidad con Dios?

Este enigma plantea una dificultad en particular para los cristianos, por la naturaleza √ļnica de la Encarnaci√≥n. De todas las religiones m√°s importantes del mundo, la Cristiandad es la m√°s espec√≠fica de la especie. Jes√ļs Cristo fue el salvador y redentor de la humanidad. El no muri√≥ por los delfines o los gorilas, y ciertamente tampoco por los peque√Īos hombrecillos verdes.

Pero,

* ¬ŅQu√© hay de los alien√≠genas profundamente espirituales?
* ¬ŅNo van a ser salvador?
* ¬ŅPodemos contemplar a un universo que contenga quiz√°s un trill√≥n de mundos de seres santos, pero en el cual, los √ļnicos seres elegibles para la salvaci√≥n habitan un planeta en donde el asesinado, las violaciones y otros males permanecen maduros?

Aquellos pocos teólogos cristianos que han abordado este espinoso tema, se dividen en dos campos.

Algunos posan m√ļltiples encarnaciones y incluso m√ļltiples crucifixiones - Dios encarn√°ndose en unas peque√Īas carnes verdes para salvar a los peque√Īos hombrecillos verdes, como me dijo una vez un prominente ministro anglicano. Pero la mayor√≠a est√°n apabullados por esta idea, o la encuentran absurda. Despu√©s de todo, en la visi√≥n cristiana del mundo, Jes√ļs fue el √ļnico hijo de Dios.

Sería que Dios hizo que esta misma persona naciera, fuera muerto y resucitado en una sucesión sin fin de planeta en planeta?

Este panorama fue satirizado ya en 1794 por Thomas Paine.

"El Hijo de Dios", escribió en La Edad de la Razón, "y a veces Dios mismo, no tendrían nada más que hacer que viajar de mundo en mundo, en una sucesión sin final de muerto, con escasamente un intervalo momentáneo de vida."

Paine siguió argumentando que la cristiandad era simplemente incompatible con la existencia de seres extraterrestres, y escribió:

"Aquel que piensa que cree en ambas cosas tiene muy poco pensamiento sobre cualquiera de ellas."

Los cat√≥licos tienden a ver la idea de m√ļltiples encarnaciones como rayando en la herej√≠a, no debido a su aspecto algo c√≥mico, sino porque parecer√≠a automatizar un acto que se supone que es un don singular de Dios.

"Dios escogió una manera muy específica de redimir a los seres humanos", escribe George Coyne, un sacerdote jesuita y director del Observatorio del Vaticano, cuya propia investigación incluye la astrobiología.

"El envi√≥ a su √ļnico hijo, Jes√ļs, a ellos, y Jes√ļs entreg√≥ su vida para que los seres humanos fueran salvados de sus pecados. ¬ŅHabr√° hecho Dios esto para los extraterrestres? ? Las implicaciones teol√≥gicas acerca de Dios se est√°n volviendo cada vez m√°s serias."

Paul Tillich, uno de los pocos prominentes teólogos protestantes que dio serias consideraciones al tema de los seres alienígenas tomó una visión más positiva.

"El hombre no puede demandar ocupar el √ļnico lugar posible para la encarnaci√≥n", escribi√≥.

El teólogo luterano, Ted Peters, del Centro de Teología y Ciencias Naturales en Berkeley, California, hay hecho un estudio especial sobre el impacto de la fe religiosa de creencias en extraterrestres.

Discutiendo la tradición de debate en este tópico, el escribe,

"Los te√≥logos cristianos rutinariamente han encontrado formas de abordar el tema de Jes√ļs Cristo como la encarnaci√≥n de Dios y concebir el poder creativo de Dios y el poder de salvar ejercido en otros mundos."

Peters cree que la cristiandad es lo suficientemente robusta y flexible para acomodar el descubrimiento de inteligencia extraterrestre, o ETI. Un teólogo que enfáticamente no teme ese reto es Robert Russel, también del Centro para Teología y Ciencias Naturales.

"Mientras esperamos el ?primer contacto?, el ha escrito, "buscando esta clase de preguntas y reflexiones ser√° de inmenso valor."

Claramente, hay considerable diversidad - uno pudiera incluso decir cualquier disparate - sobre este tópico en círculos teológicos.

Ernan McMullin, un catedrático emérito de filosofía en la Universidad de Notre Dame, afirma que la dificultad central proviene de las raíces de la cristiandad en una cosmología pre-científica.

"Era m√°s f√°cil aceptar la idea de Dios convirti√©ndose en hombre", escribi√≥, "cuando los humanos y su morada, ambos sostienen un √ļnico lugar en el universo."

El reconoce que los cristianos especialmente enfrentan una dura situaci√≥n con relaci√≥n a los ETI, pero considera que Thomas Paine y sus sucesores afines en mentalidad han presentado el problema demasiado simpl√≠sticamente. Se√Īalando que tales conceptos como el pecado original, la encarnaci√≥n y la salvaci√≥n est√°n abiertos a una variedad de interpretaciones, McMullin concluye que hay una gran divergencia entre los cristianos sobre la respuesta correcta al desaf√≠o ETI.

En cuanto a la cuesti√≥n de las m√ļltiples encarnaciones, escribe,

"Su respuesta pudiera estar en la gama? desde ?sí, ciertamente? a ?ciertamente no?.

Incluso para aquellos cristianos que descartan la idea de las m√ļltiples encarnaciones, hay una interesante posici√≥n de retraso: quiz√°s el curso de la evoluci√≥n tiene un elemento de direccionalidad, con seres parecidos a humanos como inevitable producto final. Incluso si el Homo sapiens como tal pudiera no ser el √ļnico enfoque de la atenci√≥n de Dios, la clase m√°s amplia de todos los seres humanos y parecidos a humanos en el universo s√≠ podr√≠an serlo.

Esta es la idea básica esposada por el filósofo Michael Ruse, un ardiente Darviniano y un simpatizante agnóstico del cristianismo.

El ve el progreso incrementado de la evolución natural como el modo escogido por Dios de la creación, y la historia de la vida como una escalera que conduce inexorablemente desde microbios hasta el hombre. La mayoría de los biólogos consideran absurda una "evolución progresiva", con los seres humanos como implícito objetivo predeterminado. Stephen Jay Gould una vez describió la noción misma como "nociva".

Después de todo, la esencia del Darwinismo es que la naturaleza es ciega. No puede anticipar. La oportunidad al azar es la fuerza impulsora de la evolución, y la aleatoriedad por definición no tiene direccionalidad. Gould insiste que si se pasara de nuevo la película evolutiva, el resultado sería muy diferente de lo que hoy observamos. La vida probable nunca llegaría más allá de los microbios la siguiente vez.

Pero algunos biólogos respetados están en fuerte desacuerdo con Gould en este punto.

Christian de Duve no niega que los m√°s finos detalles de la historia evolutiva dependen de la casualidad, pero considera que la orientaci√≥n general del cambio evolutivo est√°, de alg√ļn modo, predeterminado - que las plantas y los animales fueron casi todos destinados a surgir en medio de un avance general en complejidad.

Otro biólogo darwinianno, Simon Conway Morris, de la Universidad de Cambridge, hace su propio caso para una "escalera de progreso", invocando el fenómeno de la evolución convergente - la tendencia de los organismos similares a evolucionar independientemente en nichos ecológicos similares. Por ejemplo, el tigre de Tasmania (ahora extinto) jugó el papel de los grandes felinos de Australia, aunque, como marsupial, está genéticamente muy lejos de los mamíferos placentarios.

Como Ruse, Conway Morris mantiene que el "nicho humano" podría ser llenado en otros planetas que tienen vida avanzada. El incluso hasta argumenta que los extraterrestres tendrían una forma humanoide. No hay un gran salto desde esta conclusión hasta la creencia de que los extraterrestres pecarían, tendrían conciencia, luchas con cuestiones éticas y temor a la muerte.

Las dificultades teológicas presentan la posibilidad de que los seres alienígenas avanzados son menos agudos para el Judaísmo y el Islam.

Los Musulmanes, por los menos, están preparados para los ETI: el Corán afirma explícitamente,

"Y entre Sus Se√Īales est√° la creaci√≥n de los cielos y de la Tierra y las criaturas vivas que El ha esparcido a trav√©s de ellos".

No obstante, ambas religiones hacen hincapi√© en lo especial de los seres humanos - y, de hecho, de grupos espec√≠ficos, bien definidos que han sido recibidos dentro de la fe. ¬ŅPodr√≠a un alien√≠gena convertirse en Jud√≠o o un Musulm√°n? ¬ŅHace alg√ļn sentido acaso este concepto?

Entro las comunidades religiosas m√°s importantes, los budistas y los hind√ļ parecieran ser los menos amenazados por el prospecto de alien√≠genas avanzados, debi√©ndole su concepto pluralista de Dios y su visi√≥n tradicional m√°s grande del cosmos.

Entre las religiones minoritarias, algunos darían, de manera positiva, el descubrimiento de alienígenas inteligentes.

Los Ra√ęlianos, un culto con bases en Canad√°, recientemente propulsado a la fama por su demanda de haber clonado a un ser humano, cree que el l√≠der del culto, Ra√ęl, un ex - periodista franc√©s, originalmente llamado Claude Vorihon, recibi√≥ revelaciones de alien√≠genas, que lo transportaron brevemente dentro de un platillo volador en 1973. Otras organizaciones religiosas perif√©ricas con mensaje extraterrestre incluyen el malogrado "culto de las Puertas del Cielo" (Heaven?s Gate cult) y muchos grupos OVNI.

Sus seguidores comparten una creencia de que los alienígenas están ubicados más arriba, no solo en la escalera evolutiva, sino que también en la escalera espiritual, y pueden, por ello, ayudarnos a acercarnos a Dios y a la salvación.

Es f√°cil descartar tales creencias como insignificantes para un serio debate teol√≥gico, pero si repentinamente hubiera de aparecer evidencia de seres extraterrestres, estos cultos podr√≠an alcanzar, de la noche a la ma√Īana, una gran prominencia, mientras que las religiones establecidas fracasar√≠an, en desconcierto doctrinal.

Ir√≥nicamente, SETI a menudo es acusado de ser una b√ļsqueda cuasi-religiosa.

Pero Jill Tarter, el director del Centro del Instituto para Investigación, SETI, en Mountain View, California, no tiene problemas con la religión, y es despectivo con la gimnasia teológica con la cual los eruditos religiosos acomodan la posibilidad de extraterrestres.

"Dios es nuestra propia invención", escribió. "Si fuésemos a sobrevivir o convertirnos en una civilización tecnológica duradera, la religión organizada debe ser superada. Si recibimos un mensaje (de una civilización alienígena) y es de naturaleza secular, creo que dice que ellos no tienen religión organizada - que han superado eso."

No obstante, descartar esto es más bien ingenuo por parte de Tarter. Aunque muchos movimientos religiosos han venido y se han ido a través de la historia, alguna clase de espiritualidad parece ser parte de la naturaleza humana. Incluso los científicos ateos profesan experimentar lo que Albert Einstein llamó una "sensación cósmica religiosa" al contemplar la impresionante y majestuosa inmensidad del universo.

¬ŅPodr√≠an unos seres alien√≠genas avanzados compartir esta dimensi√≥n espiritual, incluso si ellos ya hace mucho han "superado" la religi√≥n establecida?

Steven Dick, un historiador de ciencia en el Observatorio Naval Estadounidense cree que sí. Dick es un experto en la historia de la especulación acerca de vida extraterrestre, y el sugiere que la espiritualidad de la humanidad sería grandemente expandida y enriquecida por el contacto con una civilización alienígena. Sin embargo, el considera que nuestro actual concepto de Dios, probablemente requiere una transformación mayor.

Dick ha esbozado lo que el llama una nueva "cosmoteología", en la cual la espiritualidad humana esté colocada en un contexto completamente cosmológico y astrobiológico.

"Al ir aprendiendo más acerca de nuestro lugar en el universo", escribe, "y al movernos físicamente fuera de nuestro planeta hogar, nuestra conciencia cósmica solamente se incrementará".

Dick propone abandonar al Dios trascendental de la religión monoteística a favor de lo que el llama un "Dios natural" - un super-ser ubicado dentro del universo y dentro de la naturaleza.

"Con el debido respeto para las actuales tradiciones religiosas, cuya historia se extiende hacia atrás casi cuatro milenios", sugiere, "el Dios natural de la evolución cósmica y el universo biológico, y no el Dios sobrenatural del antiguo Medio Oriente pudiera ser el Dios del próximo milenio".

Alguna forma de Dios natural fue también propuesta por Fred Hoyle, en un provocativo libro titulado El Universo Inteligente (The Intelligent Universe). Hoyle condujo en su trabajo en astronomía y física cuántica a delinear la noción de un "superintelecto" - un ser que ha, como le gustaba decir a Hoyle, "jugado con la física", ajustando las características de las varias partículas fundamentales y fuerzas de la naturaleza para que los organismos basados en el carbón pudieran prosperar y extenderse a través de la galaxia.

Hoyle incluso sugirió que este ingeniero cósmico pudiera comunicarse con nosotros manipulando procesos cuánticos en el cerebro. La mayoría de científicos encogen los hombros ante las especulaciones de Hoyle, pero sus ideas sí muestran cuanto más allá de las doctrinas tradicionales religiosas algunas personas sienten que necesitan llegar cuando contemplan la posibilidad de formas avanzadas de vida más allá de la Tierra.

Aunque en cierto modo, la perspectiva de descubrir vida extraterrestre mina a las religiones establecidas, no todas son malas noticias para ellos.

La Astrobiolog√≠a tambi√©n ha conducido a un sorprendente resurgimiento del llamado "argumento de dise√Īo" para la existencia de Dios. El argumento original del dise√Īo, tal como fue articulado por William Paley en el siglo dieciocho era que los organismos vivos "se adaptan intrincadamente a sus ambientes se√Īalados por la mano providencial de un Creador benigno.

Darwin demoli√≥ el argumento mostrando c√≥mo la evoluci√≥n conducida por una mutaci√≥n al azar y una selecci√≥n natural pueden mimetizar el dise√Īo.

Hora, un renovado argumento del dise√Īo ha surgido, que abraza totalmente la cuenta Darviniana de la evoluci√≥n y, en vez de esto, se enfoca en el origen de la vida. (Debo recalcar que no me estoy refiriendo aqu√≠ a lo que recientemente se ha vuelto conocido como el movimiento del Dise√Īo Inteligente, el cual se basa en un elemento de lo milagroso).

Si se descubre que la vida est√° extendida en el universo, el nuevo argumento del dise√Īo es v√°lido, entonces deber√° surgir m√°s bien f√°cilmente de mezclas qu√≠micas no vivas, y as√≠, las leyes de la naturaleza deber√°n ser h√°bilmente logradas liberando este notable y muy especial estado de la materia, el cual en s√≠ mismo conduce a un estado a√ļn m√°s notable y especial: la mente.

Esta especie de exquisita bio-amistad representar√≠a un extraordinario e inesperado bono entre el inventario de principios de la naturaleza - uno que pudiera ser interpretado por aquellos de una persuasi√≥n religiosa como evidencia de la ingenuidad de Dios y previsi√≥n. En esta versi√≥n de dise√Īo c√≥smico, Dios act√ļa, no por intervenci√≥n directa, sino por medio de crear leyes naturales apropiadas que garanticen la aparici√≥n de vida y mente en una abundancia c√≥smica.

El universo, en otras palabras, es uno en el cual no haya milagros, excepto el milagro mismo de la naturaleza.

El debate de los E.T. ha solamente comenzado, pero un √ļtil punto de partida es simplemente reconocer que el descubrimiento de vida extraterrestre tendr√≠a que ser teol√≥gicamente devastadora. El argumento de dise√Īo mejorado ofrece una visi√≥n de la n naturaleza distintamente inspiradora para los que tienen la inclinaci√≥n espiritual - ciertamente m√°s que la visi√≥n de un cosmos est√©ril por todas partes menos en un solo planeta. La historia es instructiva en este respecto.

Hace cuatrocientos a√Īos, Giordano Bruno fue quemado en la estaca, por la Iglesia en Roma ya que, entre otras cosas, adoptando la noci√≥n de una pluralidad de mundos habitados. Para aquellos cuya visi√≥n teol√≥gica depende de una concepci√≥n de la Tierra y sus formas de vida como un milagro √ļnico, la visi√≥n misma de vida extraterrestre prueba ser profundamente amenazadora. Pero ahora la posibilidad de vida extraterrestre es cualquier cosa menos amenazante para la espiritualidad.

Mientras m√°s uno acepta la formaci√≥n de vida como un proceso natural (es decir, mientras uno m√°s firmemente crea que est√° encajado en el esquema c√≥smico total), m√°s ingenioso y planeado (podr√≠a uno decir "dise√Īado"?) parece estar el universo.
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