Honduras, Chavez y el Teatro de la Guerra Fría en el Patio Trasero

Jul 10 2009 @ 09:55pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Política
El golpe hondureño, en realidad, es sólo la punta del iceberg de un proceso geopolítico militar más profundo impulsado por el poder conservador de EEUU, que intenta sustituir a una estrategia de dominio que considera "demasiado blanda" (el "sistema democrático" de poderes civiles) por una alternativa de mayor control militar de la región adaptado a las crisis y a los conflictos intercapitalistas que se avecinan en el planeta.



Por Manuel Freytas

Para el gobierno "provisional" (al gobierno golpista ahora lo llaman "provisional") restituir a Zelaya es como restituir a Chávez en el gobierno de Honduras".

Este es el punto central que no cierra en ninguna negociación para que, el hoy presidente errante, regrese al gobierno aunque sea tan sólo por seis meses -como proponen Obama y los demócratas USA-, tiempo en que expira su mandato constitucional.

El "diálogo" en Costa Rica fue organizado por el Departamento de Estado para ganar tiempo y patear la pelota afuera. El general Juan Domingo Perón, tres veces presidente de Argentina, decía que cuando se quiere enfriar un conflicto hay que "armar una comisión" de diálogo a la espera de que se desinfle el pico del enfrentamiento.

Y eso fue lo que hizo la inútil canciller USA, Hillary Clinton, por mandato superior: Enviar a los dos fósiles bananeros a Costa Rica con un "show" de diálogo montado por el presidente Arias, algo así como un mini-Uribe centroamericano premiado con un "Nobel de la Paz".

Y aunque Micheletti (el golpista), y Zelaya (el golpeado) son viejos camaradas de lucha de la estructura oligárquica del poder hondureño, hoy están fatalmente cruzados por destinos diferentes: Uno es empleado del Pentágono y el otro es empleado de Chávez.

Es interesante puntualizar que Zelaya no es el Che Guevara ni tampoco nació de un repollo.

Zelaya, un especie de "Fox centroamericano" (el ex presidente de México) es un terrateniente exitoso y una figura emblemática de las cámaras empresariales que controlan el Estado capitalista hondureño.

Antes de ingresar a la política, el ahora presidente errante amasó millones US$ con negocios forestales y ganaderos, y en 1987 fue nombrado directivo del poderoso Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) y presidente de la asociación gremial de los madereros.

El hoy "socialista" bolivariano, se afilió en 1970 al Partido Liberal Hondureño (PLH), de probada ideología y trayectoria anticomunista y con sólidas conexiones con el "anticastrismo cubano", con el que se consagró diputado en varias oportunidades (durante 25 años) y desde donde ocupó diversos cargos públicos hasta llegar a la presidencia de Honduras.

Como presidente, Zelaya apoyó el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés),lo que le generó protestas masivas en su contra de los mismos sectores de izquierda hondureños que hoy se manifiestan por su retorno.

Aunque el Departamento de Estado, al tomar la iniciativa de armar el "show del diálogo" en Costa Rica, concretó una operación para "despegarlo" a Zelaya de Chávez, la maniobra no alcanzó para convencer al sector golpista, jurásico y gusano de Micheletti, un títere del Pentágono y de los republicanos conservadores.

"Los intentos por hallar una salida rápida a la crisis desatada en Honduras por un golpe de Estado fracasaron cuando el presidente interino, Roberto Micheletti, partió de un encuentro especial en Costa Rica sin reunirse con el depuesto mandatario, Manuel Zelaya, informa la agencia Reuters.

"Como mediador, el presidente costarricense y premio Nóbel de la Paz, Oscar Arias, recibió en su país a Micheletti y a Zelaya, con quienes se reunió por separado pero no logró sentarlos en la misma mesa para cerrar acuerdos y superar la peor crisis política en Centroamérica en dos décadas", añade la agencia..

El "presidente provisional" (como ahora lo llama la prensa internacional) acudió a Costa Rica sólo para firmar su presencia formal, y una vez que se reunió con el "mediador" Arias se tomó un jet y regresó a Honduras advirtiéndole a Zelaya que si regresa a su país será detenido por "traidor a la patria".

En Costa Rica -y siguiendo la lógica distractiva del "show"- quedaron las dos "comisiones" hablando de bueyes perdidos, mientras en Washington (el dueño del circo) republicanos y demócratas negocian salidas alternativas a la "crisis hondureña", que en realidad es la expresión de una guerra interna entre conservadores republicanos y demócratas liberales, con visiones estratégicas enfrentadas respecto del manejo de las colonias del patio trasero.

La guerra, que antes se mantenía entre bambalinas, estalló con Obama, al que los gusanos golpistas bananeros llaman "negrito ignorante", y al que los conservadores USA del "destino manifiesto" señalan como un "presidente débil" que pone en riesgo la seguridad nacional de EEUU.

En suma, lo que parece una interna bananera entre dos sectores de la oligarquía hondureña (uno conservador, y otro vestido de "socialista") en realidad no lo es tanto, y sienta el primer precedente histórico de un enfrentamiento interno en EEUU entre republicanos y demócratas luego de un golpe de Estado avalado por el Pentágono en el patio trasero.

Los conservadores (demócratas y republicanos) y los halcones militaristas (alianza del sionismo judío con la derecha cristiana) que controlan los resortes de decisión del Pentágono y del Complejo Militar Industrial (capitalismo de guerra), están convencidos de que las políticas de "diálogo y tolerancia" que propicia Obama conducen a una pérdida del poder militar de EEUU y a una fortificación de sus enemigos situados en el "eje del mal".

Esta situación, marcadamente acentuada con la llegada de Obama a la Casa Blanca, produjo, incluso, una (increíble) fisura entre los halcones israelíes (que planean junto con los halcones USA un ataque sin más trámite a Irán) y la administración imperial de Obama, que hace "equilibrio" entre las masacres militares de Afganistán, Irak y Pakistán y sus llamados formales a la "pacificación de Medio Oriente".

El golpe hondureño, trasladó esta guerra interna a Centroamérica, cambiando a Ahmadineyad por Chávez en el tablero.

Los halcones judeo-estadounidenses (que manejan las políticas militares y las hipótesis de conflicto externo de Washington) no miran ni analizan a Chávez desde una perspectiva exclusivamente latinoamericana.

El presidente venezolano mantiene una alianza estratégica (de orden comercial y militar) tanto con Irán como con Rusia y China, potencias capitalistas emergentes que compiten con el eje USA-UE por el control de las redes energéticas y las reservas petroleras del triángulo Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente, en una versión aggiornada de la "guerra fría" por áreas de influencia, esta vez protagonizada a niveles intercapitalistas.

En el decálogo analítico (cerrado y prehistórico) de los halcones y gusanos del Pentágono y del Departamento de Estado USA, tenerlo a Chávez en Venezuela, es como tenerlo a Ahmadineyad controlando el petróleo de Venezuela y comprando aliados regionales con oro negro a precio preferencial.

Chávez (en la cosmovisión conservadora) es una pieza funcional de Irán y Rusia en el tablero latinoamericano y, por más que coquetee con la administración Obama, su destino está atado a la geopolítica petrolera enfrentada a los intereses del eje USA-UE que hace del oro negro su máximo objetivo de supervivencia.

De las misma manera (y por el mismo mecanismo de conversión), tenerlo a Zelaya en la gerencia de Honduras, es como tenerlo a Chávez regenteando poder político en la principal "base terrestre" del Pentágono en América Latina.

En este escenario, cuando Micheletti (léase el Pentágono) habla de suprimir a Zelaya, en realidad está hablando de suprimir a Chávez.

Y el punto de fricción se vuelve innegociable: La guerra no es entre MIcheletti y Zelaya (los títeres) sino entre Chávez (el representante del "eje del mal") y el sector sionista ultramilitarista que lo tiene en la mira para derrocarlo en la primera oportunidad que se le presente.

Así funciona la mente sedimentada de los halcones del Pentágono, y así vislumbran, en una proyección geopolítica y estratégica, la presencia de Chávez como actor central del retorno de Zelaya a la presidencia de Honduras.

Para los halcones sionistas militaristas USA, expulsar militarmente a Zelaya (en realidad, Chávez) de Honduras es un objetivo de máxima, y un primer escalón de ensayo hacia un golpe con la "democracia blindada" en Venezuela.

El golpe hondureño, en realidad, es sólo la punta del iceberg de un proceso geopolítico militar más profundo impulsado por el poder conservador de EEUU, que intenta sustituir a una estrategia de dominio que consideran "demasiado blanda" (el "sistema democrático" de poderes civiles) por una alternativa de mayor control militar de la región adaptado a las crisis y a los conflictos intercapitalistas que se avecinan en el planeta.

El escenario hondureño, además de los objetivos coyunturales con la destitución de Zelaya, conforma un laboratorio de ensayo experimental de "cambio de régimen regional" que tiene a Chávez y a Venezuela como objetivo central.

Venezuela (desde el punto de vista económico) no es Honduras, pero ambas tienen algo en común: La mayoría de los oficiales de la cúpula militar venezolana han sido formados doctrinariamente y entrenados en el Comando sur de EEUU.

Un antecedente que a Chávez no lo debe tener muy tranquilo en Miraflores.



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