Las Aberrantes Contradicciones de Barack Obama

May 25 2009 @ 05:10pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Política
Los analistas e ideólogos del sistema que analizan los discursos de Obama (el "poder formal") como si fuera el "poder real " que decide en Washington, van de sorpresa en sorpresa, al confirmar con cada decisión de la nueva administración que en el Imperio USA no gobiernan las palabras sino los hechos. La síntesis es obvia: El Imperio del "nuevo sueño americano" habla con la "democracia" y el marketing rutilante de las campañas electorales, pero gobierna con la lógica realista y contundente de su arsenal nuclear militar y de sus siete flotas navales y casi mil bases desplegadas alrededor del planeta. En realidad, la prensa del sistema y sus analistas (por derecha y por izquierda) sufren un espejismo: En Washington (y como sucede desde los albores del Imperio) no gobierna Obama sino el Tio Sam. Esa es la agenda que recomendamos consultar a quienes todavía no diferencian entre el dueño del circo y el payaso.

Empecemos por el final: "Con la seguridad nacional de EEUU, no se jode". Ese es el mensaje, tácito, sobreentendido, contundente, que republicanos y demócratas, unidos en el Senado, dieron a Barack Obama al negarle el miércoles los US$ 80 millones solicitados para el cierre de la prisión de Guantánamo.

De esta manera, ambos partidos, que se turnan cíclicamente para administrar la Casa Blanca imperial para los grandes intereses económicos sionistas que controlan el planeta, marcaron el límite existente entre el discurso de campaña electoral y la realidad de los intereses estratégicos del Estado USA que siempre empieza y termina por su "seguridad nacional".

Pero demócratas y republicanos avanzaron en otro tácito mensaje a Obama: Pese a desaprobar los fondos para Guantánamo, dieron luz verde a una partida de US$ 91.300 millones destinados a financiar las ocupaciones militares de Irak y Afganistán.

El mensaje sobreentendido es obvio: Para "combatir al terrorismo" hay fondos, para "liberar terroristas", no.

"El factor miedo -siempre latente y poderoso factor en la formación de la opinión pública estadounidense desde los atentados de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York- se ha convertido en el principal escollo para el cierre de la prisión de Guantánamo propuesto por Obama", señala la cadena BBC.

Los demócratas dicen que no se oponen al cierre , pero su problema es "qué hacer" con los "peligrosos terroristas" detenidos en Guantánamo --una prisión de alta seguridad de la cual nadie puede escaparse--, ya que serían redistribuidos por distintos penales de EEUU poniendo en riesgo innecesario la seguridad nacional.

Cheney, jefe del lobby judío neocon que motorizó la "guerra contraterrorista" a escala global, puso su granito de arena al afirmar que el cierre de Guantánamo equivale a "llenar de terroristas el patio interno".

"Es fácil recibir aplausos en Europa sobre el cierre de Guantánamo, pero es más complicado hallar una alternativa que combine justicia con los intereses de la seguridad nacional" sintetizó Cheney.

Para quien fuera el segundo de Bush, no hay manera de sintetizar las demandas de los grupos "liberales" a favor de los derechos humanos y las de los conservadores por políticas que garanticen mayor seguridad, porque "medidas a medias nos dejan medio inseguros".

Los demócratas, siente escozor y temor de ser crucificados como "traidores a la patria" por los republicanos y las poderosas usinas del lobby de las armamentistas y del Complejo Militar Industrial.

Desde el 11-S hasta aquí, los demócratas hicieron su juego de "oposición" contra la administración republicana de Bush, pero nunca interfirieron en su política militar: Votaron en el Congreso las invasiones de Irak y Afganistán y todos los presupuestos destinados a financiar la "guerra contra el terrorismo" a escala global.

Y de ninguna manera --como sostiene The Washington Post-- quieren quedar "pegados" en una política de "liberación de terroristas" que consideran innecesaria y peligrosa.

Para hacer marketing electoral y apoderarse de la Casa Blanca, durante la pasada campaña presidencial, Obama y los demócratas se metieron con los dos elefantes sagrados de la política exterior del Imperio USA: La CIA y la "guerra contraterrorista".

A Obama, y al lobby judío bancario que lo controla, no se les ocurrió mejor idea para juntar votos y construir al "presidente negro" que prometer "investigar" los métodos de la CIA (léase torturas) para arrancar confesiones a los sospechados de "terrorismo", y cerrar la prisión de Guantánamo donde se encuentran detenidos los que la Casa Blanca califica como "peligrosos terroristas" acusados de perpetrar los más sonados atentados en Europa y EEUU.

La "promesa" electoral provocó un sentimiento encontrado en el Imperio: La masa "progre" demócrata, hispanos y negros (inspirados por los "derechos humanos" y el "pacifismo") cerraron fila alrededor de Obama, mientras que la sociedad conservadora norteamericana se atrincheró como siempre del lado de la defensa de la "seguridad nacional", representada en la candidatura del militar John McCain.

La percepción mundial (simplista y absurda) que sembraban las grandes cadenas mediáticas imperialistas era que, si ganaba Obama, ganaba la "paz y la democracia", y si triunfaba McCain, continuaban la "guerra y el autoritarismo" (clásicos ejes de la falsa guerra entre la "izquierda" y la "derecha")

Contabilizados los votos, Obama se coronó presidente, y, creyendo que se trataba de un "trámite formal", firmó la disolución de la prisión de Guantánamo y la puesta de marcha de las investigaciones (con revelación de imágenes de pruebas) de las torturas de la CIA en Irak, Afganistán y otras zonas de ocupación.

Curiosamente (y como parte de su personalidad desdoblada en el discurso), mientras Obama ordenaba terminar con los símbolos mediáticos más emblemáticos de la "guerra contraterrorista" (Guantánamo y la torturas de la CIA), su nueva administración ratificaba en todas sus líneas la política "antiterrorista" de Bush a escala global.

Durante sus primeros 100 días de gobierno, y mientras reafirmaba en sus discursos la "renuncia de EEUU a su rol de potencia imperial dominante", Barack Obama decidió profundizar la ocupación militar enviando más tropas a Afganistán, elevar el presupuesto militar estadounidense a niveles récord, e imponer (a través del G-20 y el FMI) un nuevo plan de endeudamiento para hacer pagar la crisis financiera imperial a los pueblos de Asia, África y América Latina.

La realidad, marcada por las verdaderas necesidades del Imperio USA, pulverizó aceleradamente el marketing discursivo de Obama y mostró con crudeza a sus apologistas que su administración -a la hora de ejecutar- es una continuidad en todos los campos de las políticas desarrolladas por la presidencia de Bush.

La decisión de continuar la guerra contra el "terrorismo", la escalada militar y las masacres de civiles en Afganistán y Pakistán, la vuelta atrás en la investigación de las torturas de la CIA, la aplicación de las mismas políticas de Bush con Irán, en el Cáucaso y en Medio Oriente, y la restauración de los juicios militares a "terroristas", señalan con claridad el verdadero rumbo de la nueva administración en la Casa Blanca.

Como contracara de la continuidad "militarista" (y para preservar su "imagen" interna) al asumir, Obama anunció la prohibición total de la tortura, prometiendo perseguir judicialmente a los responsables de autorizarla y practicarla desde el 11-S, la clausura de las prisiones utilizadas por la CIA en el extranjero, el cierre de la prisión de Guantánamo y la suspensión por tres meses de los juicios militares.

Las estructuras militares y económicas del poder imperial (los dueños de la Casa Blanca) encendieron las luces rojas y desde la Corte Suprema de EEUU hasta todos los organismos intervinientes boicotearon los planes de Obama obligándolo a dar marcha atrás con los juicios a los agentes de la CIA y a restaurar los juicios militares en Guantánamo.

Obama (en un último intento por mantener la fachada de sus promesas) volvió a escudarse en el doble discurso mediático para anunciar que mantendría su palabra de "cerrar Guantánamo". La nueva "promesa" le duró solo unas horas.

El miércoles, el nuevo CEO imperial (casi sin experiencia de gestión) recibió un mensaje contundente del "poder real" motorizado a través de demócratas y republicanos unidos en el Congreso: No hay plata para Guantánamo.

En otras palabras, le dijeron: Se terminó la campaña presidencial, se terminó el marketing electoral con Guantánamo y con las "torturas" de la CIA.

Si el lobby judío bancario liberal que controla a Obama no "registra", el próximo mensaje puede ser un juicio político, como sugieren veladamente algunos medios norteamericanos

Ya hay jurisprudencia asentada: En EEUU se jode casi con todo, menos con la "seguridad nacional" del Imperio.

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