Las Crisis de la Élite: Cuando las Mayorías Dejan de Votar

Jun 09 2009 @ 10:23pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Política
¿Cómo hará el eje dominante EEUU-Europa para conservar la hegemonía mundial (del sistema capitalista imperial) si en sus propias metrópolis comienza a colapsar, además de los bancos y las empresas, el sistema que sostiene la credibilidad pública en las instituciones del control político y social?

Por Manuel Freytas



En un escenario marcado por la crisis financiera recesiva y el desempleo masivo que se contagia aceleradamente tanto por las economías centrales del euro como por los países del Este, la Unión Europea celebró sus comicios con un récord de abstención donde la derecha y las tendencias xenófobas (expresada por los partidos "antinmigrantes") barrieron con la debilitada y decadente izquierda europea.

Los resultados ratificaron la encuesta del Eurobarómetro (sondeos de opinión pública), difundida por el Parlamento Europeo antes de los comicios, que revelaba que la confianza en las instituciones de la UE se desplomaba con la crisis financiera recesiva que ya se expande como un virus tanto por las potencias centrales como por la periferia subdesarrollada de la Europa continental.

El malestar social -señalaba la medición- se refleja en el marcado deterioro de confianza que en menos de cuatro meses han sufrido las instituciones comunitarias, como la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Banco Central Europeo, (BCE).

¿Que pasaría si este fenómeno emergente de la falta de credibilidad en los políticos y en las instituciones se extiende por la periferia subdesarrollada y emergente de Asia, África y América Latina.

En otras palabras, ¿Qué pasaría con el sistema capitalista gobernado por la "democracia" si las mayorías dejaran de votar, o votaran en blanco, en las elecciones periódicas para elegir autoridades?.

Como primer efecto, las instituciones jurídicas y políticas del capitalismo quedarían "deslegitimadas" y el sistema establecido de "gobernabilidad" (y de dominio político y social) basado en la "democracia representativa" se derrumbaría a escala global.

En consecuencia, el sistema capitalista se vería obligado (para mantener el dominio) a recurrir al uso de la fuerza militar para preservar el "orden" político y social que le garantice el funcionamiento en "paz" de sus empresas y bancos a escala global.

La dinámica de este proceso de falta de credibilidad en los políticos y en las instituciones detonado por la crisis financiera también se verifica en los conatos de "ingobernabilidad" que producen las reacciones (conflictos y estallidos) sociales y sindicales como respuesta a los despidos laborales detonados por la paralización económica.

Este fenómeno alimentado por el "escepticismo social" producido por la crisis económica amenaza a escala global al sistema de control y dominio imperial con el "poder blando".

El "dominio en paz"

En los finales de los 80, la Unión Soviética ya casi había desaparecido como punto de referencia logística y organizativa de los movimientos revolucionarios, y Washington resolvía imponer un orden mundial de dominio basado en el pacifismo, la democracia y los derechos humanos.

El "proyecto Democracia" (sostenido como estrategia por el Departamento de Estado USA), o el "poder blando", fue presentado como alternativa sustitutiva (o complementaria) del "poder duro" militarista encarnado por los halcones conservadores del viejo Estado Nacional norteamericano.

El valor del término "poder blando" como teoría política, fue aceptado por los analistas del sistema para diferenciar el dominio realizado en "democracia" frente a formas más violentas del control político y social con el llamado "poder duro".

La estrategia del control político y social por medios militares (de las dictaduras militares de la doctrina de seguridad nacional), fue sustituida gradualmente por administraciones civiles, poderes ejecutivos, parlamentos y cortes de justicia totalmente maleables a los intereses y objetivos de Washington y las trasnacionales capitalistas en los países dependientes de Asia, Africa y América Latina.

No obstante, y con el "poder blando" como alternativa de dominio, la estrategia geopolítica imperial norteamericana desarrolla simultáneamente -a nivel complementario- la estrategia del "poder duro" con despliegue militar-nuclear y bases desplegadas por todo el planeta, además de tropas listas para actuar allí donde la situación lo requiera.

De esta manera, por ejemplo en América Latina, la democracia made in USA convive con la cadena de bases y la Cuarta Flota cuya misión es preservar la hegemonía militar norteamericana en la región y rodear las grandes fuentes de energía, agua potable y biodiversidad que un futuro podrán asegurar la supervivencia del Imperio USA.

Antes de la crisis recesiva global -nacida con la crisis hipotecaria de septiembre de 2008 en EEUU- que hoy ya se extiende por los países centrales, en las periferias del mundo subdesarrollado de Asia, África y América latina controladas por "gobiernos democráticos" se verificaba:

A) Crecimiento constante (y sin excepción) de las economías capitalistas de los países periféricos, acompañadas de ganancias siderales para los bancos y empresas que hegemonizan el control económico-productivo de esos países, y crecimiento desmesurado de los activos empresariales y fortunas personales.

A) Crecimiento paralelo, sostenido y sin interrupción, de la llamada "pobreza estructural" (falta de trabajo estable, vivienda y subsistencia mínima) que ya afecta a más de la mitad de la población mundial, con las mayorías sometidas a políticas "asistenciales" y a empleos temporarios y en negro (contratos basura).

B) Funcionamiento a pleno de las llamadas "instituciones" con elecciones periódicas y continuidad del sistema de "gobernabilidad democrática".

C) Ausencia total de huelgas generales y de conflictos sociales por reivindicaciones generales de la sociedad (sólo existen conflictos atomizados por reivindicaciones sectoriales), y ausencia de dictaduras militares y de lucha armada (salvo Colombia).

De esta manera, el sueño de la "paz y el orden social" que los bancos y las trasnacionales imperiales no pudieron concretar con las dictaduras y los golpes militares diseñados en el Departamento de Estado, empezó a cumplirse con la aceptación pasiva del sistema capitalista como "alternativa única".

En este universo del "poder blando" como estrategia de dominio imperial, la estructura económico-productiva del país dominado controlado por el aparato económico trasnacional es presentado como si fuera una "economía nacional en crecimiento".

La "gobernabilidad" del país sometido se controla con el aparato político que diseña periódicamente las "elecciones democráticas" para elegir el nuevo gobierno del estado privado capitalista.

El control político y social ya no se realiza con el poder militar, sino con el aparato de la información que moldea y manipula los cerebros de las mayorías de acuerdo a los intereses consumistas de los bancos y trasnacionales que controlan la estructura económica-productiva de los países sometidos.

Este status quo de dominio con el "poder blando" (urnas y políticos) corre el riesgo de colapsar como producto de la crisis recesiva global y de la falta de credibilidad en los políticos y en las instituciones como acaba de revelar la abstención masiva en los comicios europeos donde un 56 % de la población decidió no votar.

La crisis del "poder blando"

La abstención masiva en las elecciones de la UE parece agregar a la "crisis económica" (producida por la recesión), y a la "crisis social" (producida por las huelgas y conflictos sociales) un tercer actor: El "colapso psicosocial" reflejado en las tendencias del escepticismo generalizado sobre las instituciones del sistema.

¿Cómo incidirá este "tercer factor" (el descreimiento social en los políticos y las instituciones del sistema) en las áreas subdesarrolladas y periféricas del sistema capitalista de Asia, África y América Latina?

La experiencia histórica de estos últimos años revela que así como el sistema capitalista trasnacional exportó "crecimiento económico" sin distribución social, luego, con la crisis desatada en EEUU y los países centrales, comenzó -de la mano de los bancos y corporaciones transnacionales- a exportar recesión con desempleo a los países de la periferia emergente y subdesarrollada.

¿Cómo hará el eje dominante EEUU-Europa para conservar la hegemonía mundial (del sistema capitalista imperial) si en sus propias metrópolis comienza a colapsar, además de los bancos y las empresas, el sistema que sostiene la credibilidad pública en las instituciones del control político y social?

¿Qué puede pasar (si como efecto de la crisis exportada de las metrópolis imperiales) en las áreas subdesarrolladas de Asia, África y América Latina las mayorías (además de quebrar la "gobernabilidad" con las huelgas y conflictos sociales) se negasen a legitimar a los gobiernos "democráticos" en las urnas?

¿Qué sucedería si (como en la Argentina durante el Cacerolazo de 2001) las mayorías de Asia, África y América se sublevaran y decretaran un "que se vayan todos" contra los políticos y las instituciones de la "gobernabilidad" (léase dominio) en democracia?

La pérdida de la credibilidad social en las instituciones del sistema -como revela la elección europea- cierra el círculo de un proceso interactivo (la crisis global expandida de los países centrales a la periferia) que va a obligar al capitalismo trasnacionalizado a cambiar sus reglas de dominio a escala global.

Y como sostienen algunos expertos: En un mundo incendiado por la simultaneidad de la crisis económica y de los estallidos sociales, poco sirven los políticos y sus instituciones (gendarmes del dominio civil) para detener a las masa sublevadas y escépticas que buscan su propia supervivencia a cualquier costo.

Y hay un fenómeno que emerge de la propia dinámica revelada por los resultados de la elección en la UE: Así como las potencias centrales "exportan" (a través de sus bancos y trasnacionales) la crisis recesiva a la periferia de Asia, Africa y América Latina, también exportan los modelos de comportamiento social de rebelión al sistema.

En esa orientación, la perdida de credibilidad social en las instituciones del sistema que hoy ya se expresa en las potencias centrales y en la periferia de Europa, ya empieza a transferirse (por medio de la comunicación globalizada) como un virus contaminante a la periferia de Asia, África y América Latina.

El sistema (económico, político y social) capitalista a escala global se basamenta actualmente sobre tres parámetros esenciales:

A) Consumo masivo de productos (que alimenta los ciclos de ganancia capitalista con el mercado y la sociedad de consumo).

B) Voto popular y "poder blando" (que alimenta y permite el control político y social sin represión militar).

C) Credibilidad social en el sistema "democrático" (que alimenta la supervivencia institucional del sistema capitalista).

Estos tres factores, que conforman la columna vertebral del sistema expoliador capitalista erigido como "civilización única" a escala global, hoy se encuentran en riesgo inmediato a raíz de la crisis financiera que derivó primero en crisis recesiva y luego en crisis social como emergente de los despidos laborales y el achicamiento del consumo popular.

Esta dialéctica de acción-reacción a escala global, es lo que define, en forma totalizada, un fenómeno que excede la denominación reduccionisa de "crisis económica" con que los analistas del sistema califican el actual colapso recesivo mundial.

El capitalismo no está en "crisis económica", sino en "crisis total", y al final del proceso, si quiere supervivir como sistema, deberá echar mano a lo único que puede preservar su dominio: La represión militar, o sea el fin de la estrategia de dominación con el "poder blando".

La dinámica histórica de la crisis pulveriza la columna vertebral del sistema (consumo, voto y credibilidad social) y obliga al poder imperial central a cambiar la estrategia de dominación para reciclar un nuevo proceso de control político y social.

Esa es la lectura inmediata que surge del proceso europeo con la recesión económica, el desempleo en masa y la crisis de credibilidad social en los políticos y las instituciones.

Y que ya comienza a extenderse como un reguero de pólvora por la periferia subdesarrollada y dependiente.

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