Los Escuadrones de la Muerte: Una guerra sucia en nombre de la libertad

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Mar 14 2009 @ 08:04pm
Por: Diego Juarez
Publicado en: Política
Creen en la democracia de Jefferson y en los escuadrones de la muerte. Sus colores son rojo, blanco y azul. Son salvadoreños nacionalistas que han construído el segundo partido político más importante del país, a partir de una red paramilitar anticomunista. Y en perfecto inglés, aprendido en escuelas norteamericanas, defienden los asesinatos de miles de civiles, como un hecho necesario para preservar la democracia y el libre comercio. En pocas palabras, luchan por lo que más aprecian los norteamericanos, con los métodos que éstos más rechazan. En el centro del debate sobre el involucramiento de Estados Unidos, se encuentra una ola incontenible de asesinatos de civiles en El Salvador. Desde 1979 y después de casi mil millones de dólares en ayuda y la participación de asesores estadunidenses en programas de entrenamiento, 40 mil salvadoreños -la mayoría de ellos no combatientes- han sido asesinados.

Muchos murieron a manos de guerrilleros izquierdistas y sus simpatizantes; pero casi todos fueron asesinados por fuerzas aliadas a un gobierno que es apoyado por los Estados Unidos. Los llamados escuadrones de la muerte, usan el terror como un arma para impedir la reforma económica y una negociación con la guerrilla que ponga fin a la guerra civil de cuatro años. En recientes declaraciones, el Presidente Reagan, el Vicepresidente Bush y el Secretario de Estado George Shultz, han señalado el problema de los escuadrones de la muerte como un gran obstáculo para continuar la ayuda de los Estados Unidos a El Salvador, después que el Congreso recortó 22 millones de dólares de ayuda militar norteamericana, como respuesta al resurgimiento del terror derechista.

Hasta hace poco, los verdaderos mecanismos y la lógica de estos asesinatos eran en buena medida desconocidos. Muchas veces, los únicos argumentos eran los propios cadáveres flotando en ácido, con los huesos destrozados, mutilados sexualmente, con los cráneos completamente desprovistos de piel, que hacía sospechar de la utilización de maquinaria para destazar reses.

Pero, ¿por qué continúa un país tan pequeño como El Salvador, una sociedad fundamentalmente agraria de menos de cinco millones, produciendo muertos en cantidades industriales? Y ¿por qué, a pesar de los numerosos cambios registrados en la estructura militar y en el gobierno salvadoreño, continúa operando esta macabra fábrica de violencia, después de cuatro años de involucramiento de los Estados Unidos? El ALBUQUERQUE JOURNAL, después de una investigación de 10 meses, ha hecho responsable de muchos de los asesinatos y desapariciones, a una red político-militar formada por elementos derechistas poco después del golpe de Estado reformista de octubre de 1979, apoyado por los Estados Unidos. Ahora la red tiene su "alter ego" legal en la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), el segundo partido político más grande de El Salvador.

Esta alianza formada por civiles y militares, se estableció como una contrafuerza altamente organizada al movimiento revolucionario de izquierda. Sus métodos eran combatir el terror con terror, la organización con organización, la inteligencia con inteligencia. "Si los norteamericanos piensan que esta es una guerra de un ejército contra otro, están equivocados", explicó el caficultor Alberto Bondanza, uno de los fundadores de ARENA. "Esta no es una guerra convencional. La única forma de lucha es la forma que ellos (la izquierda) implementan. Una vez identificas a tu enemigo, probablemente morirá. Afortunadamente, el ejército no está contra nosotros. Quienes están luchando son los escuadrones de la muerte". Al principio, los escuadrones de la muerte eran grupos de civiles altamente motivados, apoyados por algunos pocos soldados simpatizantes. Pero después, cuando la derecha restableció su hegemonía en el ejército, los asesinatos comenzaron a ser realizados por miembros de las fuerzas de seguridad, con el conocimiento de altos jefes del ejército salvadoreño.

Con dinero de la oligarquía frustrada, un oficial del ejército se propuso salvar a El Salvador del Comunismo.*

El principal y más connotado organizador de este partido paramilitar, es el actual Presidente de la Asamblea salvadoreña, Roberto D'Aubuisson. Elegido en 1982, fue oficial de inteligencia y ha hecho una dramática propuesta para encabezar la salvación del país del comunismo. Se espera que sea el candidato presidencial de ARENA en las elecciones de la primavera. La semana pasada, D'Aubuisson dijo que la denuncia hecha por Bush, con respecto a los escuadrones de la muerte, era "correcta". A D'Aubuisson se le preguntó porqué sus críticos frecuentemente lo vinculaban a los escuadrones de la muerte. "Porque yo empecé a atacar públicamente todo lo que olía a comunismo", replicó.

D'Aubuisson dijo que estaba en contra de los escuadrones "porque ellos no favorecen al país, ni a las Fuerzas Armadas, ni a la reactivación económica". Al ser interrogado sobre el origen de los escuadrones, D'Aubuisson dijo: "Si estos pertenecen a la izquierda los felicito, porque están llevando a cabo su objetivo. Si son de la derecha, yo creo que están equivocados, y si son personas uniformadas (cuerpos de seguridad del gobierno) también me gustaría decirles que están equivocados". Pero según recordaba D'Aubuisson el año pasado, antes del golpe de 1979, ya habían empezado las ejecuciones sumarias en las fuerzas del gobierno, debido en parte al deterioro del Sistema Judicial salvadoreño. D'Aubuisson dijo al JOURNAL en una larga entrevista, que cuando estaba en las fuerzas de seguridad, "empezamos a actuar incorrectamente al no llevarlos ante el juez (a los que detenían para ser interrogados), sino que los desaparecíamos, para impedir que la cadena (de tener que ponerlos en libertad después de amenazas de la izquierda) se prolongara".

El salto de D'Aubuisson a la escena pública, fue después del golpe de 1979. Su apoyo financiero provino de la élite acaudalada del país, la oligarquía, cuyo control del gobierno y el ejército se vió afectado por ese golpe de Estado. Después de más de 100 entrevistas en Centroamérica, México y los Estados Unidos, incluyendo conversaciones con más de 40 activistas del partido ARENA -algunos admitieron que han sido miembros de los escuadrones de la muerte- .

Con pruebas documentadas, incluyendo expedientes internos de la inteligencia derechista y cables clasificados del gobierno estadunidense, el JOURNAL ha confirmado que algunos miembros de la dirección de ARENA, han colaborado con los cuerpos de seguridad, planificando y llevando a cabo operaciones contrainsurgentes de "guerra sucia" para eliminar físicamente a sus enemigos políticos. Esos miembros de ARENA dijeron que esto significó la polarización del país y la eliminación de sus enemigos desde la izquierda al centro político.

Esta guerra "por asesinato", la cual se presentaba como violencia al azar de grupos derechistas fanáticos independientes, era organizada en muchos casos por oficiales de alto rango del ejército y operaba desde los Departamentos de Inteligencia de la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda y desde muchos cuarteles militares. La investigación del JOURNAL, confirmó que antes de las elecciones de 1982, D'Aubuisson formó parte de un círculo de oficiales de alta, involucrados en grupos paramilitares clandestinos, como la Brigada Maximiliano Hernández Martínez, la cual se acreditó una serie de asesinatos políticos.

Otros miembros de la derecha paramilitar, que trabajaron cerca de D'Aubuisson, se responsabilizaron de ataques contra la Iglesia Católica, los demócratas cristianos, la izquierda social demócrata y los medios de comunicación simpatizantes con ellos. Sin embargo, D'Aubuisson -Mayor retirado- no es el personaje principal de una organización en la que están involucrados altos oficiales de la Fuerza Armada. "Hay un oficial muy influyente -de mayor nivel que D'Aubuisson- quien le permite correr ciertos riesgos", explicó un experto militar extranjero, cercano a la Guardia Nacional. (?) Ese personaje o "el hombre", era según los involucrados, el ex Viceministro de Defensa, Coronel Nicolás Carranza. Carranza era el número dos en el ejército salvadoreño hasta diciembre de 1980, cuando los Estados Unidos preocupados por los abusos a los derechos humanos, presionó para que fuera retirado. Ahora, Carranza dirige la Policía de Hacienda.

La otra agencia importante de contraterrorismo donde trabajó D'Aubuisson, era el Departamento de Inteligencia, G-2, de la Guardia Nacional, cuando ese cuerpo de seguridad estaba al mando de Carlos Eugenio Vides Casanova, actualmente Ministro de Defensa. Durante el tiempo que Vides dirigió la Guardia, algunos oficiales que estaban de alta en el G-2, fueron acusados por el Departamento de Estado, del asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, en marzo de 1980, y de los asesinatos de dos asesores sindicales norteamericanos, en enero de 1981. La eficiencia mortal de estas operaciones clandestinas, aumentaba mucho más debido a la asesoría internacional. En esta asesoría, participaron incluso veteranos franceses de la Organización Terrorista Secreta del Ejército Argelino, que actuó a finales de la década de los cincuenta. Asesoraron al grupo de D'Aubuisson sobre la mejor forma de dirigir la violencia militar con fines políticos.

También vinieron argentinos y otros suramericanos de organismos policiales, para entrenar a los cuerpos de seguridad en las técnicas sanguinarias de la "guerra sucia", practicada en Argentina contra la subversión en los años setenta. Las operaciones asesoradas por los argentinos, fueron dirigidas desde casas de seguridad que tenían D'Aubuisson y otros. Estas eran residencias donde se interrogaba, torturaba y ejecutaba a los prisioneros. Colaborando con estas operaciones, estaban muchos civiles de clase media en pueblos y ciudades, y una red de miles de informantes paramilitares rurales.

El propósito de la estrategia, era darle forma, acelerar y dirigir la violencia militar y policial para destruir la infraestructura civil de las organizaciones de izquierda. Algunos jóvenes que integraban dichos grupos de derecha, dijeron al JOURNAL que también se habían organizado en células clandestinas, intentando crear organizacions similares a las de la guerrilla. En esa red estaban empresarios que asesinaban gente y jóvenes de 20 años que ponían bombas en edificios; había pilotos privados que introducían de contrabando armamento especial diseñado para acciones clandestinas, tales como ametralladoras Ingram con silenciador, lentes para visión nocturna, chalecos antibalas: buenos para la autodefensa pero también para el asesinato político. Aún los adolescentes sin experiencia, fueron ocupados para hacer propaganda y servir como mensajeros de sus padres y hermanos.

Vecinos adinerados, desde sus casas amuralladas, comenzaron a comunicarse entre sí, en clave, a través de seudónimos, y a guardar armas automáticas y explosivos.

Ante la proximidad de las elecciones y buscando legitimidad, los clandestinos organizaron un partido político, adoptando los lemas de la plataforma del Partido Republicano*.

Conforme las elecciones de marzo de 1982 se aproximaban, los paramilitares clandestinos se dieron a la tarea de articular un partido político legal. Algunos miembros se pusieron en contacto con la nueva derecha en Estados Unidos y recibieron asesoría y ayuda. Los derechistas salvadoreños admiraban a la derecha reaganiana y moldearon su partido, en parte por lo menos, según la plataforma de 1980 del Partido Republicano. Después de los resultados de las elecciones de marzo de 1982, quedó claro que la derecha violenta había concluído su transformación, de fuerza ilegítima clandestina, a fuerza influyente incrustada en el gobierno. ARENA logró el 25 por ciento de los votos, y D'Aubuisson la presidencia de la Asamblea Constituyente. Con su triunfo electoral, el partido había logrado al menos algunos de sus objetivos: obligaron a salir a los demócratas cristianos, que tenían el respaldo de los Estados Unidos, y lograron desarmar y desmantelar completamente a los sectores progresistas del ejército. Y aunque no habían logrado frenar las reformas, todavía había que esperar las elecciones presidenciales del 25 de marzo de 1984. Un funcionario del Departamento de Estado comentó: "La derecha continúa siendo un grave peligro, pero ahora ya es legal".

Las entrevistas realizadas por el JOURNAL revelaron que la historia de ARENA, desde el golpe de 1979 hasta el triunfo de las elecciones de 1982, había sido cuidadosamente grabada y guardada secretamente en cajas, archivos y videocassettes en El Salvador, Guatemala y Miami. Dirigiendo el movimiento estaban salvadoreños adinerados que vivían en un dorado exilio. Provienen de un número pequeño de familias, elegantemente llamadas "las 14", que se fusionan por enlaces matrimoniales, y que controlan los principales bancos, las mayores empresas y casi todo el comercio exterior. Pero como dijo la esposa de un acaudalado salvadoreño: el corazón del movimiento lo constituyen "las familias de segunda", que son los gerentes formados en Estados Unidos, y que administran las propiedades de "las 14 familias". Ellos son los impulsores y los facilitadores: cordiales, elegantemente vestidos con sus jeans de última moda; no desentonarían en Beverly Hills o en Santa Fe, excepto por sus pistolas 45 que llevan al cinto de sus "Calvins", o por sus carteras de mano donde llevan sus revólveres.

Excepto por los congestionados tugurios de salvadoreños, que van alcanzando rápidamente los vecindarios de la cima de la loma, viven en una isla norteamericana. Llevan a sus hijos al McDonalds en carros blindados y saludan al guardia, que portando una ametralladora, protege

los arcos dorados. "Esta emergente clase media tiene un temor tan grande al comunismo, que ni siquiera nuestros ideólogos se lo pueden imaginar", explicó uno de los miembros del Consejo de Seguridad Nacional estadunidense, quien al igual que muchos funcionarios, no quiso ser citado con su nombre. "D'Aubuisson no es un caso aislado. No quiere el poder, ni para él ni para las 14 familias. Simboliza un nuevo desarrollo. Aquí hay mucho más de lo que nosotros (los que hacemos la política estadunidense) hemos dicho hasta ahora". El Vicepresidente de ARENA, Hugo Barrera, quien tiene una cicatriz de bala que le propinó un trabajador en su fábrica, experimentó tanta alegría después de unirse a D'Aubuisson, que compuso un himno de guerra cantado fielmente por los areneros, titulado "¡Tiembla, tiembla comunista!". "Si ustedes tuvieran comunistas en los Estados Unidos destruyéndoles su Golden Gate (Puente de Oro) y sus fábricas, también odiarían a los comunistas", dijo Barrera. Barrera nunca admitió haber participado personalmente en alguna actividad paramilitar.

Sin embargo, otros miembros del partido ARENA que admitieron haberlo hecho, nos dijeron como fue evolucionando su actitud respecto a los comunistas: de odiarlos a matarlos. Pero se quejaron amargamente de que la prensa internacional distorsionaba sus acciones. "La izquierda puede hacer estas cosas, pero nosotros no somos Robin Hood, ese es el punto", reclamó Mario Radaelli, un ex dirigente de ARENA. Las entrevistas del JOURNAL con miembros de ARENA se realizaron durante cenas austeras en mansiones vacías, a la orilla de piscinas en lujosos de hoteles, y en reuniones de derechistas que discutían abiertamente sobre golpes de Estado y levantamientos militares. En este escenario cambiante, los estados de ánimo se alteraban entre la paranoia y la confianza. Las entrevistas generalmente empezaban a nivel ideológico y luego pasaban a puntos más concretos.

Fue después de varios meses de entrevistas, cuando se comenzó a tocar el tema de los escuadrones de la muerte, (lo que la derecha llama eufemísticamente "la parte militar"). "Aún entre nosotros mismos, nadie tenía la visión global", dijo Ricardo Paredes, un ex dirigente de ARENA. "Sabíamos que algunos de nosotros iban a ser capturados por el enemigo ... Aquí no te matan por lo que haces sino por lo que sabes". Ese punto fue discutido en Miami, cuando Orlando de Sola, miembro de una de las familias más ricas de El Salvador, se mostró preocupado porque el JOURNAL había penetrado en lo que él llamaba "nuestro círculo íntimo". "Lo que ustedes saben es peligroso", nos dijo de Sola. "Alguna gente ha sido asesinada por saber lo que ustedes saben". Puede pasar mucho tiempo para conocer completamente el asunto, pero lo que revelan estas entrevistas y todo el material informativo, es solamente un primer plano de uno de los episodios más violentos de la historia de Centroamérica.

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