Obama, más de lo mismo y los cheques sin fondo del Imperio

Feb 10 2009 @ 04:29pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Política
Algunos lo calificaron como la "banalización" del Imperio. El montaje y la escenografía de la asunción recrearon el espectáculo hollywoodense hasta en sus últimos detalles. Vendida casi como un producto de la farándula durante la campaña electoral, la pareja negra presidencial bailó bajo las luces haciéndose arrumacos y leves insinuaciones sexuales producidas por el suave deslizamiento de las manos de la dama sobre la espalda del caballero.



La escena no hubiera pasado de un montaje más de la farándula hollywoodense si los que bailaban no fueran el nuevo Presidente de EEUU y la Primera Dama. A tono con sus construcción mediática, Obama le puso a su juramento presidencial un estilo deslumbrante que combinó el espectáculo mediático con la biblia de Abraham Lincoln.

En una etapa de decadencia imperial y vaciamiento de cerebro colectivo, los Obama tampoco desentonaron con sus fans, que rodeaban los espacios de Washington con el espíritu fiestero de un festival de Madonna. Adoradores de Luther King y recitadores arrepentidos de los pastores del poder negro, Obama y señora, se dieron el gusto de hacer sufrir al viejo establisment imperial blanco encabezado por ex presidentes jubilados que miraban la escena con ojos de resignación.

Fue como un cuento de las Mil y una Noches: Terminado el show, el "presidente negro" debió entregar su ropa de fiesta y abocarse a la tarea para la que fue elegido: Habilitar los negocios del lobby sionista de Wall Street con la Casa Blanca y firmar los cheques del Imperio. Que, para no desentonar con la crisis y con la decadencia USA, también vienen sin fondos.

Según los expertos de Washington, se necesitaba un negro, pero no tanto. Mitad negro, mitad blanco (padre negro de Kenia, madre blanca norteamericana de Kansas), para que no desatara el pánico entre el mayoritario electorado blanco conservador.

Había que recrear la mística del "nuevo sueño americano" y generar una nueva expectativa del reciclamiento democrático del Imperio USA en la figura de un "afroamericano" llegando a los máximos niveles de decisión de la Casa Blanca. "Somos tan democráticos, que hasta un negro nos puede gobernar", casi rezaban los eslóganes de campaña.

La "guerra contraterrorista", las ocupaciones imperiales a cara descubierta, la crisis económica USA-exportada a nivel global y la decadencia acentuada del "comandante" Bush pegaron fuerte: Desde el propio frente aliado europeo comenzó a hablarse de la "pérdida de influencia" del Imperio norteamericano.

Había que recomponer la unidad de comando y restaurar la desgastada imagen de EEUU potencia imperial. Había que decirles a los agoreros del "final del Imperio": Pueden seguir creyendo en la solidez del sistema estadounidense. Sigan invirtiendo en dólares, bienvenidos a los bonos-refugio del Tesoro de EEUU. Somos como el Ave Fénix: Renacimos de nuestras propias cenizas, más democráticos que nunca y con un negro como presidente.

Y Obama tenía lo que hay tener: Apariencia amable y tranquila, voz de negro "educado", ambicioso, advenedizo, sin equipo y sin experiencia de gestión empresarial estatal. Su perfil le acreditaba en la función para la que fue elegido: Firmar sin chistar los expedientes y resoluciones imperiales que le acerquen sus directores generales plantados a su lado por el lobby sionista que controla el paquete accionario de la empresa EEUU S.A.

A no confundirse: Obama no fue contratado para ejercer el poder real (de eso se encargan los directores operativos del lobby judío que controla la Casa Blanca) sino para desempeñarse como CEO (Director Ejecutivo) de la "gran empresa" imperial USA, cuyo directorio accionario detenta no solamente la mayor concentración de dinero volátil y efectivo del planeta, sino que además se encarga de que el "sistema democrático" funcione como un reloj en todo el mundo globalizado, resguardado y custodiado por sus bien equipados arsenales de armas nucleares y convencionales.

En realidad, el tránsito de Bush a Obama, solo define una guerra interna por el control de la Casa Blanca y de los negocios derivados del mismo (tanto del presupuesto nacional como de las políticas de ocupación externas) entre un sector del lobby sionista mimetizado dentro del Partido Republicano, y otro que actúa en el Partido Demócrata, que hoy controla al "presidente negro".

En términos concretos, con la llegada de Obama sólo se produjo un "cambio" a destacar en la Casa Blanca: Llegó el lobby judío de Clinton y se marchó el lobby judío de Bush. Lo demás es solo herencia de lo mismo. La continuidad de la misma política imperial por otras vías.

Terminado el show, el "presidente negro" debió entregar su ropa de fiesta y abocarse a la tarea para la que fue elegido: Habilitar los negocios del lobby sionista demócrata de Wall Street y firmar los cheques del Imperio. Que, para no desentonar con la crisis y con la decadencia USA, también vienen sin fondos.

La campaña marketinera para imponer el producto "Obama Presidente del Cambio" costó más de US$ 1000 millones, y ahora los pulpos sionistas de Wall Street van por su recupero con creces en control de la Casa Blanca.

Los US$ 1000 millones no son nada frente al control de las decisiones de la Casa Blanca, del Tesoro, de la Reserva Federal, del Pentágono y del Complejo Militar Industrial donde se decide y ejecuta el destino de los US$ 3,2 billones del presupuesto anual de EEUU.

Esos US$ 3,2 billones alimentan un descomunal negocio capitalista "interno" del lobby sionista donde intervienen armamentistas, petroleras, tecnológicas, laboratorios, empresas de servicios y de otros rubros vinculados a las políticas de ocupación y de expansión militar a escala global del Imperio estadounidense.

Los US$ 1000 millones invertidos en la fabricación del "fenómeno Obama", empalidecen frente al control de los más de US$ 700.000 millones del presupuesto armamentista anual de EEUU.

En cada una de las áreas donde se decide el destino de los US$ 3,2 billones del presupuesto anual de EEUU, no controla el CEO Obama, sino los directores generales operativos del lobby liderados por Hillary Clinton, Joe Biden, y con Bill Clinton comandando en las sombras a todos sus "muchachos" dentro del gabinete.

Los US$ 1000 millones invertidos en el marketing de construcción de Obama son insignificantes frente al control del macro-negocio financiero con los "rescates"(bancarios, comerciales e industriales) que solamente en el curso de este año (con lo nuevo y el acumulado de Bush) podrían superar la descomunal cifra de US$ 5 billones.

Desde el Tesoro y la Reserva Federal, se desprenden todas las líneas de decisión y ejecución del macro-negocio financiero de los bancos y entidades financieras (sobre todos de los integrantes del sistema privado de la Fed) con deuda emitida por el Estado norteamericano. Un negocio que se incrementó en grados notables con los "rescates estatales" a bancos y empresas quebradas por la crisis financiera-recesiva.

Para apreciar la magnitud de este negocio del lobby sionista con el Estado USA, baste citar que en el 2008 y lo que va del 2009 los (fondos) acumulados y los proyectados destinados al rescate ya superan los US$ 3 billones, el equivalente del presupuesto anual de EEUU.

Desde el sector de Defensa (y posibilitado por la relación comercial Pentágono-contratistas del Complejo Militar Industrial, se desprenden todas las líneas de decisión y ejecución del macro-negocio con el armamentismo y la infraestructura operativa de las ocupaciones (como Irak y Afganistán) y bases militares norteamericanas (se calculan en casi 1000) diseminadas por el planeta.

Sobre la base de un presupuesto de US$ 700.000 millones (destinado al sector de Defensa) este macronegocio hegemonizado por el lobby sionista abarca desde la venta de armas y de tecnología de punta, hasta la construcción de infraestructura y de prestación de servicios privados a las bases militares y fuerzas de ocupación.

Obama no tiene que pensar ni ejecutar (para eso está el lobby), sólo tiene que ejercitar mediáticamente su rol de "presidente negro" preocupado por desarrollar la nueva imagen "humanista y solidaria" de un Imperio que está a punto de decirle "adiós a la armas".

Obama -en los términos del nuevo marketing discursivo- tiene por misión demostrar que el Imperio estadounidense ya no genera guerreros militares (del tipo de los que bombardean "terroristas" con música de Wagner de fondo) sino "apóstoles de la paz" que, de ahora en más, van a adornar con palomas blancas y frases de Luther King a los miles de bombarderos, buques y submarinos nucleares estadounidenses que apuntan hacia los cuatro puntos cardinales del planeta tierra.

Y seguramente, las casi mil bases militares norteamericanas que rodean como un anillo de muerte las áreas de recursos estratégicos del planeta (energía, agua, alimentos y biodiversidad) ya no van funcionar con órdenes castrensess sino con máximas del Mathama Gandi.

Y a lo mejor (si prospera el marketing 2009 del CEO Obama), los 50 bancos y empresas transnacionales imperialistas que cotizan en el índice Dow Jones de Wall Street, van dejar de controlar gobiernos y de depredar los países a escala planetaria, para dedicarse a las filantropía y a la solidaridad.

Pero el "sueño americano" de Obama no da para tanto.

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