OrŪgenes de la Crisis, Indignaciůn y Punto Final para el Capitalismo

Mar 29 2009 @ 05:23pm
Por: Felipe IV
Publicado en: Crisis financiera

El Capitalismo se ha hecho Indefendible, pero necesita que las masas Despierten para Acabarlo

La crisis y la consolidación del poder de las clases dominantes : No creo que las ONG y las organizaciones de la sociedad civil están en vías de transformar el mundo.

Por David Harvey (*) - Counterpunch



¬ŅMarca esta crisis el final del neoliberalismo? Yo creo que depende de lo que se entienda por neoliberalismo. En mi interpretaci√≥n, el neoliberalismo ha sido un proyecto de clase camuflado bajo una proteica ret√≥rica sobre la libertad individual, el albedr√≠o, la responsabilidad personal, la privatizaci√≥n y el libre mercado. Pero esa ret√≥rica no era sino un medio para la restauraci√≥n y consolidaci√≥n del poder de clase, y en este sentido, el proyecto neoliberal ha sido todo un √©xito.

Uno de los principios básicos que quedaron sentados en los setenta fue que el poder del Estado tenía que proteger las instituciones financieras, costara lo que costara. Ese principio fue puesto por obra en la crisis de Nueva York de mediados de los setenta, y fue internacionalmente definido por vez primera cuando se cernía sobre México el espectro de la bancarrota, en 1982. Eso habría destruido los bancos de inversión neoyorquinos, de modo que el Tesoro estadounidense y el FMI actuaron de consuno en rescate de México. Mas, al hacerlo, impusieron un programa de austeridad a la población mexicana. En otras palabras, protegieron a los bancos y destruyeron al pueblo; no otra ha sido la práctica regular del FMI desde entonces. El presente rescate es el mismo viejo cuento, una vez más, sólo que a una escala ciclópea.

Lo que pasó en los EEUU fue que 8 hombres nos dieron un documento de 3 páginas a modo de pistola que nos apuntaba a todos: ?dadnos 700 mil millones de dólares, y no se hable más?. Para mí eso fue una suerte de golpe financiero contra el Estado y contra la población norteamericanos. Lo que significa que no se saldrá de esta crisis con una crisis de la clase capitalista; se saldrá de ella con una consolidación todavía mayor de esa clase. Terminará habiendo 4 o 5 grandes entidades financieras en los EEUU, no más. Muchos en Wall Street están ya medrando ahora mismo. Lazard?s, a causa de su especialización en fusiones y adquisiciones, está ganando dinero a espuertas. Algunos no escaparán a la quema, pero habrá por doquiera una consolidación del poder financiero. Andrew Mellon ?banquero norteamericano, Secretario del Tesoro en 1921-32, dejó estupendamente dicho que en una crisis los activos terminan siempre por regresar a sus legítimos propietarios. Una crisis financiera es un modo de racionalizar lo que es irracional: por ejemplo, el inmenso crac asiático de 1997-8 resultó en un nuevo modelo de desarrollo capitalista. Las grandes alteraciones llevan a una reconfiguración, a una nueva forma de poder de clase. Podría ir mal, políticamente hablando. El rescate bancario ha sido resistido en el Senado y en otras partes, de manera que es posible que la clase política no se alinee tan fácilmente: pueden poner estorbos en el camino, pero, hasta ahora, han tragado y no han nacionalizado los bancos.

Sin embargo, esto podr√≠a llevar a una lucha pol√≠tica de mayor calado: se percibe una vigorosa resistencia a dar m√°s poder a quienes nos metieron en este l√≠o. La elecci√≥n de equipo econ√≥mico de Obama est√° siendo cuestionada; por ejemplo, la de Larry Summers, que era Secretario del Tesoro en el momento clave en que muchas cosas empezaron a ir realmente mal, al final de la administraci√≥n Clinton. ¬ŅPor qu√© dar cargos a tantas gentes favorables a Wall Street, al capital financiero, que reintrodujeron el predominio del capital financiero? Eso no quiere decir que no vayan a redise√Īar la arquitectura financiera, porque saben que su redise√Īo es ineludible, pero la cuesti√≥n es: ¬Ņpara qui√©n la redise√Īar√°n? La gente est√° verdaderamente descontenta con el equipo econ√≥mico de Obama; tambi√©n el grueso de la prensa.

Se precisa una nueva forma de arquitectura financiera. Yo no creo que deban abolirse todas las instituciones existentes; no, desde luego, el Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), ni siquiera el FMI. Yo creo que necesitamos esas instituciones, pero que tienen que transformarse radicalmente. La gran cuestión es: quién las controlará y cuál será su arquitectura. Necesitaremos gente, expertos con alguna inteligencia del modo en que esas instituciones funcionan y pueden funcionar. Y eso es muy peligroso, porque, como podemos ver ya ahora mismo, cuando el Estado busca a alguien que entienda lo que está pasando, suele mirar a Wall Street.

Un movimiento obrero inerme: hasta aquí hemos llegado

Que podamos salir de esta crisis por alguna otra v√≠a depende, y por mucho, de la relaci√≥n de fuerzas entre las clases sociales. Depende de hasta qu√© punto el conjunto de la poblaci√≥n diga: ?¬°hasta aqu√≠ hemos llegado; hay que cambiar el sistema!?. Ahora mismo, cuando se observa retrospectivamente lo que les ha pasado a los trabajadores en los √ļltimos 50 a√Īos, se ve que no han conseguido pr√°cticamente nada de este sistema. Pero no se han rebelado. En los EEUU, en los √ļltimos 7 u 8 a√Īos, se ha deteriorado en general la condici√≥n de las clases trabajadoras, y no se ha dado un movimiento masivo de resistencia. El capitalismo financiero puede sobrevivir a la crisis, pero eso depende por completo de que se produzca una rebeli√≥n popular contra lo que est√° pasando, y de que haya una verdadera embestida tendente a reconfigurar el modo de funcionamiento de la econom√≠a.

Uno de los mayores obst√°culos atravesados en el camino de la acumulaci√≥n continuada de capital fue, en los 60 y comienzos de los 70, el factor trabajo. Hab√≠a escasez de trabajo, tanto en Europa como en los EEUU, y el mundo del trabajo estaba bien organizado, con influencia pol√≠tica. De modo, pues, que una de las grandes cuestiones para la acumulaci√≥n de capital en ese per√≠odo era: ¬Ņc√≥mo puede lograr el capital tener acceso a suministros de trabajo m√°s baratos y m√°s d√≥ciles? Hab√≠a varias respuestas. Una pasaba por estimular la inmigraci√≥n. En los EEUU se revisaron en serio las leyes migratorias en 1965, lo que les permiti√≥ el acceso a la poblaci√≥n mundial excedente (antes de eso, s√≥lo se favorec√≠a migratoriamente a cauc√°sicos y europeos). A fines de los 60, el gobierno franc√©s subsidiaba la importaci√≥n de mano de obra magreb√≠, los alemanes tra√≠an a turcos, los suecos importaban yugoslavos y los brit√°nicos tiraban de su imperio. As√≠ que apareci√≥ una pol√≠tica proinmigraci√≥n, que era una forma de lidiar con el problema.

Otra vía fue el cambio tecnológico rápido, que echa a la gente del trabajo, y si eso fallaba, ahí estaban gentes como Reagan, Thatcher y Pinochet para aplastar al movimiento obrero organizado. Finalmente, y por la vía de la deslocalización, el capital se desplaza hacia dónde hay mano de obra excedente. Eso fue facilitado por dos cosas. Primero, la reorganización técnica de los sistemas de transporte: una de las mayores revoluciones ocurridas durante ese período fue la de los containers, que permitieron fabricar partes de automóviles en Brasil y embarcarlas a bajo coste hacia Detroit, o hacia dónde fuera. En segundo lugar, los nuevos sistemas de comunicación permitieron una organización más ajustada en el tiempo de la producción en cadena de mercancías a través del espacio global.

Todas estas v√≠as se encaminaban a resolver para el capital el problema de la escasez de trabajo, de modo que hacia 1985 el capital hab√≠a dejado de tener problemas al respecto. Pod√≠a tener problemas espec√≠ficos en zonas particulares, pero, globalmente, ten√≠a a su disposici√≥n abundante trabajo; el subit√°neo colapso de la Uni√≥n Sovi√©tica y la transformaci√≥n de buena parte de China vinieron a a√Īadir a cerca de 2 mil millones de personas al proletariado global en el peque√Īo espacio de 20 a√Īos. As√≠ pues, la disponibilidad de trabajo no representa hoy problema ninguno, y el resultado de eso es que el mundo del trabajo ha ido quedando en situaci√≥n de indefensi√≥n en los √ļltimos 30 a√Īos. Pero cuando el trabajo est√° inerme, recibe salarios bajos, y si te empe√Īas en represar los salarios, eso limitar√° los mercados. De modo que el capital comenz√≥ a tener problemas con sus mercados. Y ocurrieron dos cosas.

La primera: el creciente hiato entre los ingresos del trabajo y lo que los trabajadores gastaban comenz√≥ a salvarse mediante el auge de la industria de las tarjetas de cr√©dito y mediante el creciente endeudamiento de los hogares. As√≠, en los EEUU de 1980, nos encontramos con que la deuda media de los hogares rondaba los 40.000 d√≥lares [copnstantes], mientras que ahora es de unos 130.000 d√≥lares [constantes] por hogar, incluyendo las hipotecas. La deuda de los hogares se dispar√≥, y eso nos lleva a la financiarizaci√≥n, que tiene que ver con unas instituciones financieras lanzadas a sostener las deudas de los hogares de gente trabajadora, cuyos ingresos han dejado de crecer. Y empiezas por la respetable clase trabajadora, pero m√°s o menos hacia 2000 te empiezas a encontrar ya con hipotecas subprime en circulaci√≥n. Buscas crear un mercado. De modo que las entidades financieras se lanzan a sostener el financiamiento por deuda de gente pr√°cticamente sin ingresos. Mas, de no hacerlo, ¬Ņqu√© ocurrir√≠a con los promotores inmobiliarios que constru√≠an vivienda? As√≠ pues, se hizo, y se busc√≥ estabilizar el mercado financiando el endeudamiento.

Las crisis de los valores de los activos

Lo segundo que ocurrió fue que, desde 1980, los ricos se fueron haciendo cada vez más ricos a causa de la represión salarial. La historia que se nos contó es que invertirían en nuevas actividades, pero no lo hicieron; el grueso de los ricos empezó a invertir en activos, es decir, pusieron su dinero en la bolsa. Así se generaron las burbujas en los mercados de valores. Es un sistema análogo al esquema de Ponzi, pero sin necesidad de que lo organice un Madoff. Los ricos pujan por valores de activos, incluyendo acciones, propiedades inmobiliarias y propiedades de ocio, así como en el mercado de arte. Esas inversiones traen consigo financiarización. Pero, a medida que pujas por valores de activos, eso repercute en el conjunto de la economía, de modo que vivir en Manhattan llegó a ser de todo punto imposible, a menos que te endeudaras increíblemente, y todo el mundo se ve envuelto en esta inflación de los valores de los activos, incluidas las clases trabajadoras, cuyos ingresos no crecen. Y lo que tenemos ahora es un colapso de los valores de los activos; el mercado inmobiliario se ha desplomado, el mercado de valores se ha desplomado.

Siempre ha habido el problema de la relaci√≥n entre representaci√≥n y realidad. La deuda tiene que ver con el valor futuro que se les supone a bienes y servicios, de modo que supone que la econom√≠a seguir√° creciendo en los pr√≥ximos 20 o 30 a√Īos. Entra√Īa siempre un p√°lpito, una conjetura t√°cita, que luego se refleja en la tasa de inter√©s, descontada a futuro. Este crecimiento del √°rea financiera luego de los 70 tiene mucho que ver con lo que yo creo es el problema clave: lo que yo llamar√≠a el problema de absorci√≥n del excedente capitalista. Como nos ense√Īa la teor√≠a del excedente, los capitalistas producen un excedente del que luego tienen que hacerse con una parte, recapitalizarla y reinvertirla en expansi√≥n. Lo que significa que siempre tienen que encontrar algo en lo que expandirse.

En un art√≠culo que escrib√≠ para la New Left Review, ?El derecho a la ciudad?, se√Īalaba yo que en los √ļltimos 30 a√Īos un inmenso volumen de excedente de capital ha sido absorbido por la urbanizaci√≥n: por la reestructuraci√≥n, la expansi√≥n y la especulaci√≥n urbanas. Todas y cada una de las ciudades que he visitado constituyen enormes emplazamientos de construcci√≥n aptos para la absorci√≥n de excedente capitalista. Ahora, ni que decir tiene, muchos de esos proyectos han quedado a medio hacer.

Ese modo de absorber excedentes de capital se ha ido haciendo m√°s y m√°s problem√°tico con el tiempo. En 1750, el valor del total de bienes y servicios producidos rondaba los 135 mil millones de d√≥lares (constantes). Hacia 1950, era de 4 billones de d√≥lares. En 2000, se acercaba a los 40 billones. Ahora ronda los 50 billones. Y si no yerra Gordon Brown, se doblar√° en los pr√≥ximos 20 a√Īos, hasta alcanzar los 100 billones en 2030.

A lo largo de la historia del capitalismo, la tasa general media de crecimiento ha rondado el 2,5% anual, sobre base compuesta. Eso significar√≠a que en 2030 habr√≠a que encontrar salidas rentables para 2,5 billones de d√≥lares. Es un orden de magnitud muy elevado. Yo creo que ha habido un serio problema, particularmente desde 1970, con el modo de absorber vol√ļmenes cada vez m√°s grandes de excedente en la producci√≥n real. S√≥lo una parte cada vez m√°s peque√Īa va a parar a la producci√≥n real, y una parte cada vez m√°s grande se destina a la especulaci√≥n con valores de activos, lo que explica la frecuencia y la profundidad crecientes de las crisis financieras que estamos viendo desde 1975, m√°s o menos. Son todas crisis de valores de activos.

Yo diría que, si saliéramos de esta crisis ahora mismo, y si se diera una acumulación de capital con una tasa de un 3% de crecimiento anual, nos encontraríamos con un montón de problemas endemoniados. El capitalismo se enfrenta a serias limitaciones medioambientales, así como a limitaciones de mercado y de rentabilidad. El reciente giro hacia la financiarización es un giro forzado por la necesidad de lidiar con un problema de absorción de excedente; un problema, empero, que no se puede abordar sin exponerse a devaluaciones periódicas. Es lo que está ocurriendo ahora mismo, con pérdidas de varios billones de dólares de valores de activos.

El término ?rescate nacional? es, por lo tanto, inapropiado, porque no están salvando al conjunto del sistema financiero existente; están salvando a los bancos, a la clase capitalista, perdonándoles deudas y transgresiones. Y sólo les están salvando a ellos. El dinero fluye a los bancos, pero no a las familias que están siendo hipotecariamente ejecutadas, lo que está comenzado a provocar cólera. Y los bancos están usando ese dinero, no para prestarlo, sino para comprar otros bancos. Están consolidando su poder de clase.

El colapso del crédito

El colapso del cr√©dito para la clase trabajadora pone fin a la financiarizaci√≥n como soluci√≥n de la crisis del mercado. Por consecuencia, veremos una importante crisis de desempleo, as√≠ como el colapso de muchas industrias, a menos que se emprenda una acci√≥n efectiva para cambiar el curso de las cosas. Y en este punto es donde se desarrolla ahora la discusi√≥n sobre el regreso a un modelo econ√≥mico keynesiano. El programa econ√≥mico de Obama consiste en invertir masivamente en grandes obras p√ļblicas y en tecnolog√≠as verdes, regresando en cierto sentido al tipo de soluci√≥n del New Deal. Yo soy esc√©ptico respecto de su capacidad para lograrlo.

Para entender la presente situaci√≥n, necesitamos ir m√°s all√° de lo que ocurre en el proceso de trabajo y en la producci√≥n, necesitamos entrar en el complejo de relaciones en torno al Estado y las finanzas. Necesitamos comprender el modo en que la deuda nacional y el sistema de cr√©dito han sido, desde el comienzo, veh√≠culos fundamentales para la acumulaci√≥n primitiva, o para lo que yo llamo acumulaci√≥n por desposesi√≥n (seg√ļn puede verse en el sector de la construcci√≥n). En ?El derecho a la ciudad? observaba yo la manera en que hab√≠a sido revitalizado el capitalismo en el Par√≠s del Segundo Imperio: el Estado, de consuno con los banqueros, puso por obra un nuevo v√≠nculo Estado-capital financiero, a fin de reconstruir Par√≠s. Eso gener√≥ pleno empleo y los bulevares, los sistemas de suministro de agua corriente y los sistemas de canalizaci√≥n de residuos, as√≠ como nuevos sistemas de transporte; gracias a ese tipo de mecanismos se construy√≥ tambi√©n el Canal de Suez. Una buena parte de todo eso se financi√≥ con deuda. Ahora, ese v√≠nculo Estado-finanzas viene experimentando una enorme transformaci√≥n desde 1970: se ha hecho m√°s internacional, se ha abierto a todo tipo de innovaciones financieras, incluidos los mercados de derivados y los mercados especulativos, etc. Se ha creado una nueva arquitectura financiera.

Lo que yo creo que est√° pasando ahora mismo es que ellos est√°n buscando una nueva forma de esquema financiero que pueda resolver el problema, no para el pueblo trabajador, sino para la clase capitalista. En mi opini√≥n, est√°n en v√≠as de hallar una soluci√≥n para la clase capitalista, y si el resto de nosotros sufre las consecuencias, pues ¬°qu√© se le va a hacer! La √ļnica cosa que les preocupa de nosotros es que nos alcemos en rebeli√≥n. Y mientras esperamos a rebelarnos, ellos tratan de dise√Īar un sistema acorde con sus propios intereses de clase. Desconozco c√≥mo ser√° esa nueva arquitectura financiera.

Si se mira con atenci√≥n lo que pas√≥ durante la crisis fiscal en Nueva York, se ver√° que los banqueros y los financieros no ten√≠an la menor idea de qu√© hacer; lo que terminaron haciendo fue una especie de bricolaje a tientas, pieza aqu√≠, pieza all√≠; luego juntaron los fragmentos de un modo nuevo, y terminaron con una construcci√≥n de nueva planta. Mas, cualquiera sea la soluci√≥n a la que lleguen, les vendr√° a su medida, a menos que nosotros nos plantemos y comencemos a decir que queremos algo a nuestra medida. Las gentes como nosotros podemos desempe√Īar un papel crucial a la hora de plantear cuestiones y de desafiar la legitimidad de las decisiones que se est√°n tomando ahora mismo. Tambi√©n, claro est√°, a la hora de realizar an√°lisis muy claros de la verdadera naturaleza del problema y de las posibles salidas ofrecidas al mismo.

Alternativas

Necesitamos empezar a ejercer de hecho nuestro derecho a la ciudad. Tenemos que preguntar qu√© es m√°s importante, el valor de los bancos o el valor de la humanidad. El sistema bancario deber√≠a servir a la gente, no vivir a costa de la gente. Y la √ļnica manera en que seremos capaces de ejercer el derecho a la ciudad es tomando las riendas del problema de la absorci√≥n del excedente capitalista. Tenemos que socializar el excedente de capital, y escapar para siempre al problema del 3% de acumulaci√≥n. Nos hallamos ahora en un punto en el que seguir indefinidamente con una tasa de crecimiento del 3% llegar√° a generar unos costes ambientales tan tremendos, y una presi√≥n sobre las situaciones sociales tan tremenda, que estaremos abocados a una crisis financiera tras otra.

El problema central es c√≥mo se pueden absorber los excedentes capitalistas de un modo productivo y rentable. En mi opini√≥n, los movimientos sociales tienen que coaligarse en torno a la idea de lograr un mayor control sobre el producto excedente. Y aunque yo no apoyo una vuelta al modelo keynesiano del tipo que ten√≠amos en los 60, me parece fuera de duda que entonces hab√≠a un control social y pol√≠tico mucho mayor sobre la producci√≥n, la utilizaci√≥n y la distribuci√≥n del excedente. El excedente circulante se derivaba hacia la construcci√≥n de escuelas, hospitales e infraestructura. Eso es lo que sac√≥ de sus casillas a la clase dominante y caus√≥ un contramovimiento a fines de los 60: no ten√≠an control bastante sobre el excedente. Sin embargo, si se atiende a los datos disponibles, se ve que la proporci√≥n de excedente absorbido por el Estado no ha variado mucho desde 1970; lo que hizo, as√≠ pues, la clase capitalista fue frenar una ulterior socializaci√≥n del excedente. Tambi√©n lograron transformar la palabra ?gobierno? en la palabra ?gobernanza?, haciendo porosas las actividades gubernamentales y empresariales, lo que permite situaciones como la que tenemos en Irak, en donde contratistas privados mu√Īeron implacablemente las ubres del beneficio f√°cil.

Creo que estamos aproados a una crisis de legitimaci√≥n. En los pasados treinta a√Īos, se ha repetido una y otra vez la ocurrencia de Margaret Thatcher, seg√ļn la cual ?no hay alternativa? a un mercado libre neoliberal, a un mundo privatizado, y si no tenemos √©xito en ese mundo, es por culpa nuestra. Yo creo que es muy dif√≠cil decir que, enfrentados a una crisis de ejecuciones hipotecarias y desahucios inmobiliarios, se ayuda a los bancos pero no a las personas que pierden su vivienda. Puedes acusar a los desahuciados de irresponsabilidad, y en los EEUU no deja de haber un componente fuertemente racista en esa acusaci√≥n. Cuando la primera ola de ejecuciones hipotecarias golpe√≥ zonas como Cleveland y Ohio, result√≥ devastadora para las comunidades negras, pero la reacci√≥n de algunos fue poco m√°s o menos √©sta: ?¬Ņpues qu√© esperabais? Los negros son gente irresponsable?.

Las explicaciones de la crisis dilectas de la derecha son en t√©rminos de codicia personal, tanto en lo que hace a Wall Street, como en lo que hace a la gente que pidi√≥ prestado para comprarse una vivienda. Lo que tratan es de cargar la culpa de la crisis a sus v√≠ctimas. Una de nuestras tareas consiste en decir: ?no, no se puede hacer eso en absoluto?, y tratar luego de ofrecer una explicaci√≥n cogente de esta crisis como un fen√≥meno de clase: una determinada estructura de explotaci√≥n se fue a pique y est√° en v√≠as de ser desplazada por otra estructura a√ļn m√°s profunda de explotaci√≥n. Es muy importante que esta explicaci√≥n alternativa de la crisis sea presentada y discutida p√ļblicamente.

Una de las grandes configuraciones ideol√≥gicas que est√° en v√≠as de formarse tiene que ver con el papel que habr√° de desempe√Īar en el futuro la propiedad de la vivienda, una vez comencemos a decir cosas como que hay que socializar buena parte del parque de viviendas, puesto que desde los a√Īos 30 hemos tenido enormes presiones a favor de la vivienda individualizada como forma de asegurar los derechos y la posici√≥n de la gente. Tenemos que socializar y recapitalizar la educaci√≥n y la asistencia sanitaria p√ļblicas, a dem√°s de la provisi√≥n de vivienda. Esos sectores de la econom√≠a tienen que ser socializados, de consuno con la banca.

Una política radical, más allá de las divisiones de clase

Hay otro punto que debemos reconsiderar: el trabajo y, particularmente, el trabajo organizado es s√≥lo una peque√Īa pieza de este conjunto de problemas, y s√≥lo juega un papel parcial en lo que est√° ocurriendo. Y eso por una raz√≥n muy sencilla, que se remonta a las limitaciones de Marx a la hora de plantear la cosa. Si decimos que la formaci√≥n del complejo Estado-finanzas es absolutamente crucial para la din√°mica del capitalismo (y, obviamente, lo es), y si nos preguntamos qu√© fuerzas sociales act√ļan en punto a contrarrestar o promover esas formaciones institucionales, hay que reconocer que el trabajo nunca ha estado en primera l√≠nea de esta lucha. El trabajo ha estado en primera l√≠nea en el mercado de trabajo y en el proceso de trabajo, y ambos son momentos vitales del proceso de circulaci√≥n, pero el grueso de las luchas que se han desarrollado en torno al v√≠nculo Estado-finanzas han sido luchas populistas, en las que le trabajo s√≥lo parcialmente ha estado presente.

Por ejemplo, en los EEUU de los a√Īos 30 hubo un mont√≥n de populistas que apoyaban a los atracadores de bancos Bonnie y Clyde. Y actualmente, muchas de las luchas en curso en Am√©rica Latina tienen una direcci√≥n m√°s populista que obrera. El trabajo siempre ha tenido un papel muy importante a jugar, pero no creo yo que ahora mismo estemos en una situaci√≥n en la que la visi√≥n convencional de proletariado como vanguardia de la lucha sea de mucha ayuda, cuando la arquitectura del v√≠nculo Estado-finanzas (el sistema nervioso central de la acumulaci√≥n de capital) es el asunto fundamental. Puede haber √©pocas y lugares en los que los movimientos proletarios resulten de gran importancia, por ejemplo, en China, en donde yo les auguro un papel cr√≠ticamente decisivo que, en cambio, no veo en nuestro pa√≠s.

Lo interesante es que los trabajadores del autom√≥vil y las compa√Ī√≠as automovil√≠sticas son ahora mismo aliados frente al nexo Estado-finanzas, de modo que la gran divisi√≥n de clase que siempre hubo en Detroit no se da ya, o no del mismo modo. Lo que ahora est√° en curso es un nuevo tipo, completamente distinto, de pol√≠tica de clase, y algunas de las formas marxistas convencionales de ver estas cosas se atraviesan en el camino de una pol√≠tica verdaderamente radical.

Tambi√©n es un gran problema para la izquierda el que muchos piensen que la conquista del poder del Estado no debe jugar ning√ļn papel en las transformaciones pol√≠ticas. Yo creo que est√°n locos. En el Estado radica un poder incre√≠ble, y no se puede prescindir de √©l como si careciera de importancia. Soy profundamente esc√©ptico respecto de la creencia, seg√ļn la cual las ONG y las organizaciones de la sociedad civil est√°n en v√≠as de transformar el mundo; no porque las ONG no puedan hacer nada, sino porque se requiere otro tipo de concepci√≥n y de movimiento pol√≠ticos, si queremos hacer algo ante la crisis principal que est√° en curso. En los EEUU, el instinto pol√≠tico es muy anarquista, y aunque yo simpatizo mucho con bastantes puntos de vista anarquistas, sus inveteradas protestas contra el Estado y su negativa a hacerse con el control del mismo constituyen otro obst√°culo atravesado en el camino.

No creo que estemos en una posici√≥n que nos permita determinar qui√©nes ser√°n los agentes del cambio en la presente coyuntura, y es palmario que ser√°n distintos en las distintas partes del mundo. Ahora mismo, en los EEUU, hay signos de que la clase de los ejecutivos y gestores empresariales, que han vivido de los ingresos procedentes del capital financiero todos estos a√Īos, est√°n enojados y pueden radicalizarse un poco. Mucha gente ha sido despedida de los servicios financieros, y en algunos casos, han llegado a ver ejecutadas sus hipotecas. Los productores culturales est√°n tomando consciencia de la naturaleza de los problemas que enfrentamos, y de la misma manera que en los a√Īos 60 las escuelas de arte se convirtieron en centros de radicalismo pol√≠tico, no hay que descartar la reaparici√≥n de algo an√°logo. Podr√≠amos ver el auge de organizaciones transfronterizas, a medida que las reducciones en las remesas de dinero enviadas extiendan la crisis a lugares como el M√©xico rural o Kerala.

Los movimientos sociales tienen que definir qué estrategias y políticas quieren desarrollar. Nosotros, los académicos, no deberíamos vernos jamás en el papel de misioneros en los movimientos sociales; lo que deberíamos hacer es entrar en conversación y charlar sobre cómo vemos la naturaleza del problema.

Dicho esto, me gustaría proponeros algunas ideas. Una idea interesante en los EEUU ahora mismo es que los gobiernos municipales aprueben ordenanzas anti-desahucio. Creo que hay muchos sitios en Francia donde han hecho eso. Entonces podríamos montar una empresa municipal de vivienda que asumiera las hipotecas y devolviera al banco el principal de la deuda, renegociando los intereses, porque los bancos han recibido un montón de dinero, supuestamente, para lidiar con eso, aunque no lo hacen.

Otra cuesti√≥n clave es la de la ciudadan√≠a y los derechos. Yo creo que los derechos a la ciudad deber√≠an garantizarse por residencia, independientemente de qu√© ciudadan√≠a o nacionalidad teng√°is. Actualmente, se est√° negando a la gente todo derecho pol√≠tico a la ciudad, a menos que tengan la ciudadan√≠a. Si eres inmigrante, careces de derechos. Creo que hay que lanzar luchas en torno a los derechos a la ciudad. En la Constituci√≥n brasile√Īa tienen una cl√°usula de ?derechos a la ciudad? que versa sobre los derechos de consulta, participaci√≥n y procedimientos presupuestarios. Creo que de todo eso podr√≠a resultar una pol√≠tica.

Reconfiguración de la urbanización

Hay en los EEUU posibilidades de actuaci√≥n a escala local, con una larga tradici√≥n en cuestiones medioambientales, y en los √ļltimos quince o veinte a√Īos los gobiernos municipales han sido a menudo m√°s progresistas que el gobierno federal. Hay ahora mismo una crisis en las finanzas municipales, y veros√≠milmente habr√° protestas y presiones sobre Obama para que ayude a recapitalizar a los gobiernos municipales (lo que figura ya en el paquete de est√≠mulos). Obama ha dejado dicho que √©sta es una de las cosas que m√°s le preocupan, especialmente porque mucho de lo que est√° pasando se desarrolla a nivel local; por ejemplo, la crisis hipotecaria subprime. Como vengo sosteniendo, las ejecuciones hipotecarias y los desahucios han de entenderse como crisis urbana, no como crisis financiera: es una crisis financiera de la urbanizaci√≥n.

Otra cuesti√≥n importante es pensar pol√≠ticamente sobre la forma de convertir en un componente estrat√©gico alg√ļn tipo de alianza entre la econom√≠a social y el mundo del trabajo y los movimientos municipales como el del derecho a la ciudad. Eso tiene que ver con la cuesti√≥n del desarrollo tecnol√≥gico. Por ejemplo: yo no veo raz√≥n para no tener un sistema municipal de apoyo al desarrollo de sistemas productivos como la energ√≠a solar, a fin de crear aparatos y posibilidades m√°s descentralizados de empleo.

Si yo tuviera que desarrollar ahora mismo un sistema ideal, diría que en los EEUU deberíamos crear un banco nacional de re-desarrollo y, de los 700 mil millones que aprobaron, destinar 500 mil para que ese banco trabajara con los municipios para ayudar a los vecinos golpeados por la ola de desahucios. Porque los desahucios han sido una especie de Katrina financiero en muchos aspectos: han arrasado comunidades enteras, normalmente comunidades pobres negras o hispánicas. Pues bien; entras en esos vecindarios y les devuelves a la gente que vivía allí y les reubicas sobre otro tipo de base, con derechos de residencia, y con un tipo distinto de financiación. Y hay que hacer verdes esos barrios, creando allí oportunidades de empleo local.

Puedo, pues, imaginar una reconfiguraci√≥n de la urbanizaci√≥n. Para hacer algo en materia de calentamiento global, necesitamos reconfigurar totalmente el funcionamiento de las ciudades norteamericanas; pensar en pautas completamente nuevas de urbanizaci√≥n, en nuevas formas de vivir y de trabajar. Hay un mont√≥n de posibilidades a las que la izquierda deber√≠a prestar atenci√≥n; tenemos oportunidades reales. Y aqu√≠ es donde tengo un verdadero problema con algunos marxistas que parecen pensar: ?¬°S√≠, se√Īor! Es una crisis, ¬°y las contradicciones del capitalismo terminar√°n por resolverse ahora, de uno u otro modo!?. No es √©ste momento de triunfalismos, es momento de hacerse preguntas y plantearse problemas. Por lo pronto, yo creo que el modo en que Marx plante√≥ las cosas no est√° exento de dificultades. Los marxistas no comprenden muy bien el complejo Estado-finanzas de la urbanizaci√≥n, son terriblemente torpes a la hora de entender eso. Pero ahora tenemos que repensar nuestra posici√≥n te√≥rica y nuestras posibilidades pol√≠ticas.

Así que, tanto como la acción práctica, se precisa volver a pensar teóricamente muchas cosas.

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