Risas en la sombra

Apr 05 2009 @ 09:28pm
Por: Alvaro Villalta
Publicado en: Varios


Abr√≠ los ojos. La penumbra y el olor a putrefacci√≥n fue lo primero lo que percib√≠. Por un momento, no supe en donde me encontraba; pero lo record√©. La est√ļpida mazmorra en donde me hab√≠an encerrado a petici√≥n m√≠a. La sed era insoportable. Las ratas iban de un lado a otro; esperando a que sus compa√Īeras muriesen para saltarles encima para calmar su hambre de carne. Pero su sangre era lo que importaba. Ese fluido carm√≠n tan tentador y c√°lido; un verdadero placer. Un acto barb√°rico pero tan complacedor su f√°cil obtenci√≥n. Un mot√≠n de caza magn√≠fico y sublime.

- ¡No! Olvídalo piensa en otra cosa -me gritaba a mi misma. Desesperación. Angustia. Dolor.

- Olvídalo, olvídalo todo-. Pero no; su sabor, su calor.

¬ŅCu√°nto tiempo hab√≠a dormido? ¬ŅHace cu√°nto no beb√≠a una sola gota, sin desesperarme y matar a la primera cosa que se me acercara?. Deb√≠an de ser casi las 9:00 pm. Qu√Č importaba; no saldr√≠a de ese lugar asqueroso aunque quisiera. No porque no pudiera hacer a√Īicos los desvencijados barrotes, sino porque ten√≠a que probar cu√°l era el verdadero alcance de mi voluntad y paciencia. Tal vez por la simple idea de estar atrapada pero saber como salir y sin embargo no hacerlo. Tal vez por esperar a que el confiado profesor Athur fuese a verme para ?curarme de mi demencia?. Tal vez por hacerle la vida miserable a McGregor. La verdad era que no lo sab√≠a con certeza. ¬ŅRaro? Claro que no. Despu√©s de veinte a√Īos vagando sin rumbo y cuatro de aislamiento en una pocilga como aquella hace que la noci√≥n que tienes de lo que conoces cambie progresivamente; o simplemente tenga un sentido distinto; deja de tenerlo o no quieras entenderlo -com√ļnmente quieres olvidarlo-. En todo caso, tuve la misma existencia como cualquiera en mi mismo estado -si se le pudiera llamar de esa forma- aunque algo obsesivamente conservadora o pat√©tica para ojos de los otros m√°s ?fan√°ticos?. Ahora ni siquiera pruebo gota alguna.

Observ√© el ya conocido lugar. Suelo y paredes de piedra macizas y h√ļmedas, con naciente maleza en sus abundantes grietas; ese olor asqueroso a putrefacci√≥n llenaba todo; y los fam√©licos y hambrientos roedores pululaban por doquier, reunidos a montones cerca de los cad√°veres de las otras, saliendo de sus madrigueras como insectos, con esos negros ojos brillantes y saltones mir√°ndome, abalanz√°ndose encima de m√≠, pero en el √ļltimo momento s√≥lo bastaba azotarlas con mi brazo para despedazar sus cuerpos contra las paredes; ya no me importaba qu√© caminara a mi alrededor.

Seg√ļn lo que sab√≠a, el sitio hab√≠a sido en un tiempo usado durante la Edad Media como c√°rcel y c√°mara de torturas para malhechores y asesinos, a veces inocentes. Una estancia circular, techo, paredes y suelo arqueados, √©ste √ļltimo con una abertura en el centro, tapada con barrotes, al igual que en las paredes a manera de celdas. Todo el ?conjunto? ubicado a seis metros bajo la superficie; en un extremo, la √ļnica salida daba a unas escaleras al exterior.

Estar all√≠ me hac√≠a sentir como pudieron haberlo experimentado esos hombres, atrapados, sin posibilidades de escape alguno, esperando el tr√°gico final de sus desgraciadas vidas; la muerte se convertir√≠a en su √ļnico alivio despu√©s de todo ese sufrimiento. Yo lo llamar√≠a suerte. Pensaba que tal vez de esa forma pagar√≠a por lo que hab√≠a hecho, como lo hicieron ellos.

Pero era un verdadero aburrimiento, me la pasaba observando el vac√≠o o leyendo los pocos libros que hab√≠a tra√≠do conmigo, de casi mil p√°ginas, ya le√≠dos incontables de veces cada uno. Lo √ļnico entretenido que hac√≠a a duras penas era leer las mentes de los empleados que me tra√≠an comida que ni tocaba y que resultaban un fest√≠n para mis amigas (alej√°ndose despu√©s a la carrera).

Frecuentemente me acercaba a la puerta en cuanto se acercaban, espant√°ndolos haciendo que la puerta vibrara con violencia; los pobres renunciaban al poco tiempo, algo que pon√≠a a McGregor al rojo vivo -ja ja ja ja- aunque se est√© al borde de la depresi√≥n, no significa que no tenga que ser entretenido ¬Ņno?

Hab√≠a un mont√≥n de heno en un rinc√≥n con forma de cama en donde me sentaba por horas inm√≥vil, esperando a que alguien pasara, era algo ocioso pero divertido; sus pensamientos me aburr√≠an, siempre en lo mismo, ?tengo que atender al paciente n√ļmero doce, el Se√Īor me despedir√° si sigo haraganeando por las tardes?.", "bla ..bla..bla". Pero ellos se quedaban cortos, los verdaderamente extenuantes eran los lun√°ticos pacientes.?¬°Ohh mira esa paloma!" Por cualquier estupidez, se quedaban con la boca abierta o hablaban con ?amigos imaginarios? y mirando el techo como idiotas ¬°Dios!

Pero de nuevo el deseo de sangre, ¬Ņqu√© es lo que soy?, ni siquiera la luz de una vela la aguanto. Me recost√© en el suave lecho y mir√© el techo. ¬ŅEstar√© demente? -ja ja ja, eso es lo que quer√≠a creer-. Cada vez que lo pensaba, la verdad era que quer√≠a salir de ah√≠, hace ya bastante que no ve√≠a las luces de la ciudad, que no ve√≠a otra cosa que esas paredes de piedras y esos sucios roedores

Y pensar que en alg√ļn momento de mi vida, mi ser era alguien diferente.

En realidad sentía tristeza y lástima por aquellas personas. La mente es mente, es muy frágil y sin olvidar el alma, que de muy fácil manera puede llegar a corromperse. Sus familiares los enviaron a este zoológico para curarlos o simplemente para deshacerse de ellos. Pobres... atrapados? condenados en su propia mente? un destino cruel y en soledad. Ja ja ja.
---