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Podemos Vivir Sin Capitalismo: La salud no es un negocio. Recuperemos su control!

Podemos Vivir Sin Capitalismo: La salud no es un negocio. Recuperemos su control!

¿Sabías que alimentarte con transgénicos te puede provocar problemas de salud? ¿O que no se ha demostrado nunca que el colesterol provoque ataques de corazón? ¿Sabías que los medicamentos antidepresivos te pueden convertir en un adicto a las drogas “legales”? ¿Que abusar de los antibióticos puede hacer que pronto (no en un futuro lejano, ¡sino en los próximos años!) enfermedades tan inocentes como un dolor de oído se acaben complicando y provocando la muerte? ¿Que un hijo sano puede convertirse en autista tras administrarle vacunas con mercurio? Si quieres saber más, EL por qué las farmacéuticas y algunos médicos te engañan, sigue leyendo…

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en la Constitución de 1946, define la Salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social. La salud implica que todas las necesidades fundamentales de las personas estén cubiertas, desde las afectivas, sanitarias y nutricionales hasta las sociales y culturales. Una definición más dinámica de salud es la de conseguir el máximo nivel de bienestar físico, mental, social y de funcionamiento que permitan las condiciones del entorno y de los factores sociales en los cuales vive inmerso el individuo.

Bajo nuestro punto de vista, además, entendemos la salud como un proceso dinámico y holístico que incluye tanto los procesos de enfermedad como los de carencia de ella. Entendemos que la salud y la enfermedad forman un proceso continuo y cíclico, donde la separación de los dos conceptos es difícil de distinguir, y donde ser, pensar, sentir y hacer tienen que ir coordinados equilibradamente entre ellos y con la colectividad.

Cuando el individuo alma-mente-cuerpo no funciona debidamente, lo expresa mediante síntomas, dándonos a conocer este problema. Es en este momento cuando tenemos que detenernos, tomar conciencia del desorden y agradecer que se haya manifestado para poder ser conscientes de que no estábamos bien. Entonces viene el momento de curar la enfermedad y, lo que es más difícil, curar la causa real de su manifestación.

La medicina alopática ?la oficial? llama enfermedad al propio proceso de autocuración, suministrando medicinas de la industria farmacéutica que, de hecho, solamente eliminan los síntomas. La industria farmacéutica es actualmente uno de los sectores empresariales más rentables e influyentes del mundo, con un elevado crecimiento a nivel global. La mayor parte de las empresas farmacéuticas tienen carácter internacional y poseen filiales en muchos países.

Más de un 80% del coste de la investigación para desarrollar nuevos medicamentos está financiado entre los gobiernos y los ciudadanos. No obstante, las compañías siguen extendiendo las patentes, aumentando así los precios de las medicinas. Pero esto no es todo. Las compañías farmacéuticas han sido acusadas de propagación de enfermedades, de contribuir a la medicación de problemas derivados del sistema de vida actual, de desarrollar fármacos que crean enfermos crónico-dependientes, etc. Con todo esto, se ha conseguido una sociedad ciega e intoxicada de medicamentos, muchas veces innecesarios, que crean dependencia no sólo a nivel físico, sino también, y sobre todo, a nivel mental. ¿Cómo es posible la mercantilización de la salud? ¿Cómo puede ser que prevalezcan los beneficios de la industria farmacéutica frente a la salud de la gente, y que el Estado haga la vista gorda?

Un ejemplo es el caso de los medicamentos tranquilizantes. El psicólogo Ricardo Ros, en su libro “Stop Ansiedad”, remarca que las pastillas crean adicción en lugar de curar. Un informe de la Dirección General de Farmacia del Ministerio de Sanidad y Consumo reconoce que en 5 años el uso de estos medicamentos ha aumentado en un 40%. Más del 85% del coste de estos medicamentos se cubre con dinero del Estado, con el cual se podrían contratar 9.000 expertos en salud mental. El tratamiento psicológico acostumbra a ser suficiente, mientras que el uso de tranquilizantes se mantiene indefinidamente sin que la persona se cure. A pesar de todo, el Estado sigue apostando por la pastilla.

Por su parte, la psiconeuroinmunología estudia las interacciones entre la conducta, el cerebro y el sistema inmune. Esta disciplina científica ha demostrado que acontecimientos nerviosos como el estrés afectan a nuestra salud y que las emociones positivas ayudan a evitar disfunciones en nuestro cuerpo. Gracias a estos descubrimientos, técnicas sin fármacos como el “neurofeedback” (técnica no invasiva que consiste en la aplicación de electrodos en la cabeza que registran y ayudan a entrenar la actividad del cerebro) han tenido gran éxito, y numeroso material científico lo avala. Pero ¿por qué no nos lo explican la mayoría de médicos?

Las vacunas suministradas a nuestros niños pueden ser la causa del aumento del 2.000% de los casos de autismo. El timerosal, un conservador a base de mercurio usado en varias vacunas (hepatitis B, difteria, tétanos, triple vírica, gripe…), puede ser el desencadenante. Tras años de negarlo, el Tribunal de Reclamaciones Federales de Estados Unidos, en noviembre de 2007, dio la razón a los padres, haciendo que la industria farmacéutica pagara por los daños ocasionados en un juicio silenciado por la prensa.

Otro tema totalmente desconocido para la sociedad es que no ha sido nunca demostrado que el colesterol puede provocar ataques de corazón. Esta idea viene de un artículo publicado por Ancel Keys en el cual relacionaba colesterol y ataques de corazón. Posteriormente, se ha demostrado que el estudio era un fraude, puesto que los datos que no encajaban con su teoría fueron simplemente excluidos. Pero sí hay estudios que demuestran que altos niveles de colesterol protegen contra infecciones y arterioesclerosis (deposición de lípidos a las arterias). Además, los medicamentos más comunes que se toman para hacer bajar el nivel de colesterol, las estatinas, tienen unos efectos secundarios importantes que van desde alteraciones de funciones de los músculos, corazón y cerebro, a malformaciones de fetos en mujeres embarazadas. Curiosamente, las estatinas son de los medicamentos que más beneficios aportan a la industria farmacéutica (más de 15.000 millones de dólares cada año)… ¿será que hay gente interesada en no desvelar que el colesterol no es malo, sino una biomolécula más en nuestro organismo?

Los antibióticos son sustancias químicas que sirven para eliminar y/o impedir el crecimiento de microorganismos patógenos como bacterias y algunos hongos y protozoos (pero no los virus). El primer antibiótico conocido, la penicilina, fue descubierto accidentalmente por Alexander Fleming, aunque la lista fue creciendo rápidamente a lo largo de los años. Es por eso que muchas enfermedades infecciosas que antes causaban muchas muertes hoy en día tienen fácil tratamiento. No obstante, el abuso, el mal uso y el descontrol de estos antibióticos, como no acabar de tomarse toda la medicación o no seguir las dosis; el exceso de productos “desinfectantes” como productos de limpieza, el uso de antibióticos en la industria alimentaria como conservantes de alimentos, tomarse antibióticos por un resfriado o gripe (cuando no harán efecto, porque es causado por un virus y no por una bacteria), etc., ha hecho que los microorganismos se hayan ido volviendo resistentes a los antibióticos de manera alarmante y que, por lo tanto, en un futuro próximo, enfermedades tan comunes como unas anginas, la faringitis o un simple dolor de oído, no tengan cura.

Pero no sólo las industrias farmacéuticas juegan con nuestra salud. Un reciente estudio (Artemis Dona, 2009) hace una revisión bibliográfica de los estudios de toxicidad disponibles sobre alimentos transgénicos y analiza la importancia de los descubrimientos sobre la salud humana y animal, así como las limitaciones de los procedimientos empleados en la evaluación de la seguridad de estos alimentos. Los resultados de la mayoría de los estudios indican que pueden causar efectos tóxicos en órganos como el hígado, el páncreas, los riñones o los reproductivos, y que pueden alterar parámetros inmunológicos, bioquímicos y sanguíneos. Una vez más, la industria nos esconde y disfraza resultados científicos.

En cambio, existen, muchas terapias alternativas que nos pueden ayudar de manera natural, saludable y efectiva a curar desde la raíz los problemas de salud. Si abrimos nuestros horizontes visuales y mentales, podremos aprovechar las ventajas de las técnicas más tradicionales de nuestra sociedad junto con técnicas alternativas. Debemos tener claro que no todas las terapias le van bien a todo el mundo, y es por eso por lo que debemos intentar conocer todas las opciones que tenemos. Algunas de las terapias alternativas más conocidas son las siguientes: acupuntura, ayúrveda, cromoterapia, fitoterapia, flores de Bach, helioterapia, hidroterapia, higienismo, homeopatía, kinesiología, quiromasajes, musicoterapia, osteopatía, reflexología, reiki, risoterapia, etc. Si queréis tener más información, podéis buscarla en wikipedia.

Pero lo más importante, y la idea básica que aquí también defendemos como alternativa al capitalismo medicinal, es la autogestión de la salud tanto a nivel personal como de salud comunitaria. Con nuestras luchas y las de nuestros antepasados se ha conseguido que se reconozca el derecho a la información y a la educación sanitaria. Ahora se debe trabajar por traer estos conocimientos a la vida cotidiana y, sobre todo, cambiar de perspectiva.

Los primeros que debemos comprender nuestro cuerpo y mente somos nosotros y las personas de nuestro entorno. El poder de autocuración que llevamos dentro es enorme. Eneko Landaburu, en el libro “¡Cuídate Compa! Manual para la autogestión de la salud”, dice: “La enfermedad es un combate curativo. No se debe tener miedo a los procesos curativos de nuestro cuerpo. El cuerpo sabe curarse. La fiebre desinfecta. Al aumentar la temperatura del cuerpo, elimina muchos de los microorganismos patógenos. La tos es muy útil. Una gripe al año es buena para ir desarrollando defensas…”, etc. A veces, los medicamentos serán necesarios, pero guardémoslos para ese momento. Si nos acostumbramos a medicarnos, cuando realmente los necesitemos no serán efectivos. Tomémonos la salud como un proceso activo, para explorar, hacer preguntas, estudiar, hacer comprobaciones… y después compartir la experiencia para ayudarnos mutuamente. Saber es poder, y en la ignorancia somos más fáciles de asustar, engañar y manipular.

[goodbye]apocalipsis[/goodbye]

 

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