El TriŠngulo de las Bermudas: El TriŠngulo de los aviones desaparecidos

Mar 23 2009 @ 04:54am
Por: Sauron
Publicado en: Planeta Tierra
EL TRI√ĀNGULO DE LAS BERMUDAS EMPEZ√ď A SER conocido con ese nombre como resultado de la desaparici√≥n de seis aviones de la Marina y sus tripulaciones, ocurrida el 5 de diciembre de 1945. Los primeros cinco aviones que desaparecieron, aparentemente en forma simult√°nea, se hallaban cumpliendo una misi√≥n rutinaria de entrenamiento con un plan elaborado para seguir un curso de vuelo triangular.

El vuelo debía iniciarse en la estación aeronaval de Fort Lauderdale, en Florida, para luego seguir 300 kilómetros hacia el Este, 75 kilómetros hacia el Norte y enseguida regresar a la base, siguiendo un rumbo sudoeste. Las Bermudas dieron su nombre a una región conocida indistintamente como "Triángulo del Diablo", "Triángulo de la Muerte", "Mar de la Mala Suerte", "Cementerio del Atlántico" y muchas otras denominaciones.

La raz√≥n principal es que esta zona se hizo notar en la √©poca en que el v√©rtice del vuelo triangular desde Fort Lauderdale estaba en l√≠nea directa con las Bermudas. Ocurre tambi√©n que las Bermudas parecieran ser el l√≠mite norte, tanto de las primeras como de las √ļltimas desapariciones de barcos y aviones, en circunstancias muy peculiares.

Pero ning√ļn incidente anterior o posterior ha resultado m√°s notable que esta desaparici√≥n total de un vuelo de entrenamiento completo, junto con el gigantesco avi√≥n de rescate, un Martin Mariner con una tripulaci√≥n de trece hombres, que se desvaneci√≥ inexplicablemente durante las operaciones de rescate. Vuelo 19 era el nombre del grupo de aviones condenados que partieron de su base en Fort Lauderdale, la tarde del 5 de diciembre de 1945.

Estaban comandados por cinco oficiales pilotos y llevaban nueve tripulantes. Cada avión tenía destinados dos tripulantes, pero aquel día faltó un hombre. Había pedido que le relevasen del vuelo debido a un presentimiento, y no fue sustituido. Los aviones eran bombarderos-torpederos Grumman TBM-3 Avenger, y cada uno llevaba suficiente combustible como para volar más de 1.800 kilómetros.

La temperatura era de 18¬į C, hab√≠a un sol brillante, s√≥lo algunas nubes dispersas y un moderado viento de direcci√≥n nordeste. Los pilotos que hab√≠an volado antes, aquel mismo d√≠a, informaron que el tiempo estaba ideal para volar. La duraci√≥n de aquella misi√≥n espec√≠fica fue estimada en dos horas. Los aviones comenzaron a despegar a las 2 de la tarde, y a las 2.10 estaban todos en vuelo.

El teniente Charles Taylor, que era el comandante y tenía más de 2500 horas de vuelo, condujo los aviones hacia Chicken Shoals, al norte de Bimini, donde tenían que comenzar a hacer recorridos de práctica sobre un viejo pontón. Tanto los pilotos como las tripulaciones eran aviadores experimentados y no había ninguna razón para esperar nada desusado durante la misión de rutina del Vuelo 19.

Sin embargo, algo ocurri√≥, y m√°s que desusado. Alrededor de las 3.15, luego que los aviones hubieron realizado sus ataques con bombas y continuaron hacia el Este, los radio-operadores de la torre de control de la base aeronaval de Fort Lauderdale, que estaban esperando ponerse en contacto con los aviones para confirmar la hora estimada de arribo y darles instrucciones de aterrizaje, recibieron un extra√Īo mensaje de parte del jefe del vuelo.

La grabación registró lo siguiente:

Jefe de vuelo (teniente Charles Taylor): Llamando a la torre. Esta es una emergencia. Parece que hemos perdido el rumbo. No podemos ver tierra... Repito... No podemos ver tierra...

Torre: ¬ŅCu√°l es su posici√≥n?

Jefe de vuelo: No estamos seguros de nuestra posición. No podemos estar seguros acerca de dónde estamos. Parece que nos hemos perdido...

Torre: Tome dirección debida, hacia el Oeste.

Jefe de vuelo: No sabemos en qu√© direcci√≥n est√° el Oeste. Todo anda mal... Es extra√Īo... No podemos estar seguros acerca de ninguna direcci√≥n... ni siquiera el oc√©ano tiene un aspecto normal...

Alrededor de las 3.30 el instructor de vuelo principal de Fort Lauderdale recogió en su radio un mensaje de alguien que llamaba a Powers, uno de los alumnos aviadores, y pedía información acerca de las indicaciones de su compás, y escuchó a Powers decir:

"No sabemos d√≥nde estamos. Debemos de habernos perdido cuando hicimos aquel √ļltimo giro"

El jefe del vuelo pudo ponerse en contacto con el instructor del Vuelo 19, y éste le dijo:

"Mis dos compases han dejado de funcionar. Estoy tratando de hallar Fort Lauderdale... Estoy seguro de que nos hallamos sobre los Cayos, pero no sé a qué altura..."

El instructor jefe le aconsejó entonces que volara hacia el Norte, con el sol sobre el costado de la escotilla, hasta que llegase a la base aeronaval. Pero luego escuchó:

"Acabamos de pasar sobre una peque√Īa isla. No hay m√°s tierra a la vista..."

Aquello era una se√Īa de que el avi√≥n del instructor no se hallaba sobre los Cayos y de que la escuadrilla completa hab√≠a perdido el rumbo, puesto que no pod√≠an ver tierra, la tierra que se aprecia normalmente a continuaci√≥n de los Cayos.

Debido a la estática, resultó cada vez más difícil escuchar mensajes del Vuelo 19.

Aparentemente, los aviones no podían ya oír a la torre, pero en cambio la torre escuchaba conversaciones entre los aparatos. Algunas se referían a posibles faltas de combustible; decían tener gasolina sólo para 75 millas (120 km); hacían referencia a vientos de 75 millas por hora.

Y luego, la desalentadora observaci√≥n acerca de que todas las br√ļjulas, girosc√≥picas y magn√©ticas, de todos los aviones, hab√≠an dejado de funcionar y "se hab√≠an vuelto locas", como se dijo entonces. Cada una mostraba orientaciones distintas. Durante todo este tiempo, el poderoso transmisor de Fort Lauderdale fue incapaz de hacer contacto alguno con los cinco aviones, aunque la comunicaci√≥n entre ellos era bastante audible.

Mientras tanto, al conocerse las noticias acerca de la emergencia en que se hallaba el Vuelo 19, se produjo una conmoción muy comprensible entre el personal de la base. Comenzaron a tejerse toda clase de suposiciones acerca de un ataque enemigo (aun cuando la II Guerra Mundial había terminado hacía ya varios meses) o incluso de ataques de nuevos enemigos, y se despachó un avión de rescate: un bimotor anfibio Martin Mariner de la base aeronaval del río Banana.

A las 4 de la tarde, la torre escuchó de pronto que el teniente Taylor había entregado el mando inesperadamente a un veterano piloto naval, el capitán Stiver. Aunque de modo borroso y alterado por la tensión, pudo enviar un mensaje inteligible:

"No estamos seguros acerca de dónde nos hallamos... Creemos estar a unas 225 millas (360 km) al nordeste de la base... Debemos de haber pasado sobre Florida y debemos de estar en el Golfo de México...".

Enseguida, el jefe del vuelo decidi√≥, al parecer, dar una vuelta de 180¬į, con la esperanza de volar de regreso hacia Florida. Pero, al hacer el giro, la transmisi√≥n comenz√≥ a hacerse m√°s y m√°s d√©bil, se√Īalando que hab√≠an hecho una mala maniobra y que estaban volando hacia el Este, lejos de la costa de Florida y sobre mar abierto. Algunos informes se√Īalan que las √ļltimas palabras del Vuelo 19 fueron: "Parece que estamos..."

Sin embargo, otros de los que escuchaban parecen recordar algo m√°s; algo como "entrando en agua blanca... Estamos completamente perdidos...". Entretanto, seg√ļn el mensaje del teniente Come, uno de los oficiales del Martin Mariner despachados a la zona donde en general se pensaba que deb√≠a de hallarse el vuelo, y que la torre recibi√≥ s√≥lo algunos minutos despu√©s de su despegue, hab√≠a vientos muy fuertes sobre los 1.800 metros.

Este fue el √ļltimo mensaje que se recibi√≥ del avi√≥n del rescate. Poco despu√©s, todas las unidades de rastreo recibieron un despacho urgente que se√Īalaba que ahora hab√≠a en lugar de cinco, seis aviones perdidos. El aparato de rescate y su tripulaci√≥n de trece hombres tambi√©n hab√≠an desaparecido.

No volvi√≥ a recibirse ning√ļn mensaje del Vuelo 19, en misi√≥n de entrenamiento, ni del Martin Mariner enviado a rescatarlo. No obstante, poco despu√©s de las 7 de la tarde la base aeronaval Opa-Locka, en Miami, recibi√≥ un d√©bil mensaje, que consisti√≥ en lo siguiente: "FT... FT...".

Las siglas eran parte de la se√Īal de los aviones del Vuelo 19. El avi√≥n del instructor era el FT-28. Pero, si el mensaje provino realmente de la "patrulla perdida", el per√≠odo de tiempo en que se recibi√≥ indicar√≠a que fue enviado dos horas despu√©s del momento en que era de presumirse que los aviones hab√≠an agotado su combustible.

La b√ļsqueda a√©rea original, iniciada el d√≠a de la desaparici√≥n, fue suspendida a causa de la oscuridad, pero los barcos de la Guardia Costera siguieron buscando sobrevivientes durante la noche. Al d√≠a siguiente, jueves, con las primeras luces del alba, se inici√≥ un enorme esfuerzo de rastreo. Sin embargo, a pesar de que fue uno de los m√°s concienzudos de la historia, y de que emplearon 240 aviones de tierra, 67 del portaaviones Solomons, 4 destructores, varios submarinos, 18 nav√≠os de la Guardia Costera, lanchones de b√ļsqueda y rescate, cientos de aviones, yates y botes privados, m√°s aparatos PBM de la base aeronaval del r√≠o Banana, y pese a la ayuda de la Real Fuerza A√©rea y de la Marina brit√°nicas con base en las Bahamas, no se encontr√≥ nada.

Ni el promedio de 167 vuelos diarios que recorr√≠an las aguas a s√≥lo 100 metros de altura, desde el alba hasta el anochecer, ni la minuciosa inspecci√≥n de casi un mill√≥n de kil√≥metros cuadrados de mar y tierra, que inclu√≠an el Atl√°ntico, el Caribe, partes del Golfo de M√©xico, el interior de la Florida y las islas vecinas, todo lo cual signific√≥ una b√ļsqueda a√©rea de 4.100 horas, pudieron descubrir rastros de naufragio, o botes salvavidas, o manchas de aceite.

Las playas de la Florida fueron inspeccionadas diariamente, durante un período de varias semanas, para ver si aparecían restos flotantes de los aviones desaparecidos, pero la operación no tuvo éxito alguno.

Todo posible indicio fue investigado. Primero se pensó que el informe acerca de una llamarada roja en tierra, enviado por un avión comercial el mismo día de las desapariciones, podía corresponder a una explosión del Martin Mariner, pero esto fue posteriormente desmentido. Luego, un barco mercante dio cuenta de una explosión en el cielo, ocurrida a las 7.30 de la tarde, pero, si hubiese estado relacionada con los cinco Avengers, querría decir que los aparatos estaban todavía volando horas después de haber agotado su combustible.

Esta explicación significaría, además, que los cinco chocaron y estallaron al mismo tiempo, tras mantener en silencio sus radios desde la interrupción del contacto destinado a informar sobre el tiempo de vuelo. Por otra parte, resulta curioso que no se hayan recibido mensajes de socorro, ni del Vuelo 19 ni de la misión de rescate. En cuanto a posibles amarajes forzosos, los Avengers estaban en condiciones de posarse suavemente sobre las aguas, y en todo caso, podían mantenerse noventa segundos a flote.

Las tripulaciones estaban entrenadas para abandonar la nave en sesenta segundos, y disponían de botes salvavidas colocados en la parte exterior de los aviones. Por consiguiente, casi en cualquier caso de amaraje forzoso, los botes salvavidas debieron quedar flotando y habrían sido encontrados. Durante la primera parte de la operación rescate, algunos rastreadores notaron un fuerte oleaje, pero las olas estaban tan separadas unas de otras, que los aviones habrían podido amarar, en caso necesario, en los espacios intermedios.

La curiosa referencia al "agua blanca", en el √ļltimo mensaje del Vuelo 19, podr√≠a tener alguna relaci√≥n con la espesa bruma blanca caracter√≠stica de vez en cuando en esta zona, que suele mover a confusi√≥n. Esto podr√≠a explicar tambi√©n la falta de visibilidad y el informe de que el sol "no parece normal", pero en cambio, no ten√≠a porqu√© afectar a los compases y giroscopios. Por otra parte, existe un punto muerto en las comunicaciones radiales entre Florida y las Bahamas, pero las dificultades de los aviones comenzaron antes de que se perdiera el contacto radial.

Una junta naval de investigaci√≥n que examin√≥ todas las evidencias disponibles, termin√≥ igualmente a oscuras respecto de lo que hab√≠a ocurrido. Adem√°s, tuvo que discutir el sometimiento a corte marcial de un oficial experto en instrumentos, que luego result√≥ exonerado, al comprobarse que todos los que ten√≠a a su cargo hab√≠an sido revisados antes del despegue. En una parte de su informe se√Īala:

"Fue interceptado un mensaje radial que indicaba que los aviones estaban perdidos y que sus compases estaban funcionando mal".

Posteriormente, en una entrevista de prensa, el, capit√°n W. C. Wingard fue algo m√°s directo, cuando dijo:

"Los miembros de la junta investigadora no pudieron hacer ni siquiera una buena suposición acerca de lo ocurrido".

Otro miembro de la junta comentó, en forma un tanto dramática:

"Se desvanecieron completamente, como si hubiesen volado a Marte...".

Con ello introdujo algunos inquietantes elementos relativos a viajes espaciales y posibles OVNIS, los que desde entonces pasaron a formar parte, en buena medida, de la leyenda del Triángulo de las Bermudas. Algunos investigadores y oceanógrafos muy serios han ofrecido una variedad de explicaciones acerca de cómo éstos y tantos otros barcos y aviones pudieron desaparecer sin dejar rastro, lo mismo que sus pilotos y pasajeros.

El teniente R. H. Wirshing, oficial de entrenamiento de la base aeronaval de Fort Lauderdale en la √©poca del incidente, que ha examinado el caso durante a√Īos, piensa que el verbo "desaparecer" es un factor muy importante en todo lo relativo a la suerte corrida por la tripulaci√≥n del Vuelo 19, ya que jam√°s se ha presentado prueba alguna de que realmente haya perecido. (La madre de uno de los pilotos perdidos, que asisti√≥ al proceso de la Marina, declar√≥ que ten√≠a la impresi√≥n de que su hijo "se hallaba a√ļn con vida, en alg√ļn lugar del espacio".)

Y el diario News de Miami reprodujo las siguientes declaraciones del doctor Manson Valentine, un cient√≠fico que ha estado observando la zona durante a√Īos desde Miami:

"Todavía se encuentran allí, pero están en una dimensión diferente, en un fenómeno magnético que podría haber sido provocado por un OVNI",

Un oficial de la Guardia Costera y miembro de la Junta investigadora, se expresó con una franqueza llena de frescura. Sencillamente, dijo: "¡No sabemos qué demonios ocurre allí!".

Otro oficial de la junta, en una declaración tajante, y más formal, expresó el consenso de los investigadores:

"Esta p√©rdida ocurrida en tiempo de paz parece ser un misterio completo; el m√°s extra√Īo jam√°s investigado en los anales de la aviaci√≥n naval...".

Algunos desastres suelen presentar elementos de una coincidencia incre√≠ble, sobre todo cuando ocurren en el mar. Por ejemplo, cuando el carguero Stockholm choc√≥ con el barco de pasajeros Andrea Doria, una muchacha que hablaba espa√Īol se vio arrebatada desde su cabina del transatl√°ntico y lanzada con una parte del camarote hacia el interior del carguero, junto a la cabina de un marinero que era la √ļnica persona de aquel barco que hablaba espa√Īol. La p√©rdida del Vuelo 19 no constituy√≥ una excepci√≥n a esta constante de elementos coincidentes.

Buena parte del material citado hasta ahora proviene de notas de primera mano tomadas por el Comandante R. H. Wirshing, que era entonces teniente y se hallaba de servicio como oficial de adiestramiento en la base de Fort Lauderdale. Wirshing recuerda que aquel mismo d√≠a hubo tambi√©n un vuelo de entrenamiento matinal que result√≥ un tanto extra√Īo.

Este vuelo, al que los comentarios de prensa relativos al desastre dieron poca importancia debido a que era bastante menos sensacional, también experimentó dificultades con el compás, y en lugar de volver a su base, aterrizó 80 kilómetros al Norte.

Por lo menos dos miembros del Vuelo 19 parecen haber tenido un presentimiento acerca de la catástrofe. Uno de ellos fue el propio instructor de vuelo, que se presentó con retraso a recibir las instrucciones para la misión. Llegó a la 1.15 de la tarde y solicitó que le relevaran de aquella tarea específica.

Sin embargo, no acompa√Ī√≥ su petici√≥n de ning√ļn tipo de explicaci√≥n. Simplemente dijo que no deseaba tomar parte en la misi√≥n. Puesto que no se dispon√≠a de ning√ļn relevo, su solicitud fue denegada.

El segundo caso, al que el teniente Wirshing asisti√≥ personalmente y que ha sido muy comentado, fue el incidente del cabo del cuerpo de Marines, Allan Kosnar, quien, pese a estar designado para tomar parte en el Vuelo 19, no se present√≥. Seg√ļn la prensa, hizo las siguientes declaraciones:

"No puedo explicar por qu√©, pero, por alguna extra√Īa raz√≥n, decid√≠ no salir en el vuelo de aquel d√≠a".

Sin embargo, seg√ļn el teniente Wirshing, el cabo era un veterano de Guadalcanal, le quedaban s√≥lo cuatro meses de servicio y hab√≠a solicitado hac√≠a algunos meses que le relevasen de los vuelos. El d√≠a de la misi√≥n el asunto volvi√≥ a plantearse y el teniente Wirshing le dijo que se presentara ante el m√©dico de la base para solicitar su retiro. As√≠ lo hizo, y por ello el Vuelo 19 parti√≥ con un tripulante menos. Cuando se presentaron los primeros indicios de la p√©rdida de la misi√≥n, el teniente Wirshing se dirigi√≥ al cuartel de los reclutas, en busca de voluntarios.

La primera persona que encontró fue el cabo, quien le dijo:

"¬ŅSe acuerda de que usted me orden√≥ que fuera al m√©dico? As√≠ lo hice, y me relev√≥ de participar en vuelos. El que se ha perdido era el m√≠o".

Sin embargo, el informe de pista daba a entender que los aviones hab√≠an salido con sus tripulaciones completas, como si alg√ļn otro marino hubiese subido a bordo a √ļltima hora. Esto oblig√≥ a realizar verificaciones de las listas del personal de la base, para comprobar si faltaba alguien. Cuando se averigu√≥ que todo el personal estaba presente, el misterio adicional del "informe de tripulaci√≥n completa" se convirti√≥ en otro de los elementos indescifrables de la m√ļltiple desaparici√≥n.

Veintinueve a√Īos despu√©s del incidente se hizo p√ļblico otro aspecto desusado. Arti Ford, periodista, escritor y conferencista que ha seguido el caso desde 1945, hizo una asombrosa declaraci√≥n durante un programa nacional de televisi√≥n en 1974. Indic√≥ que el teniente Taylor hab√≠a dicho por radio lo siguiente:

"No vengan por mí... parece que son del espacio exterior...".

Ford sostiene que esta información le fue proporcionada en la época del suceso por un radioaficionado, pero que no le atribuía demasiada seriedad, dadas las dificultades que enfrenta un operador amateur al recibir comunicados de un avión en vuelo y dados también la excitación y los rumores que circularon entonces.

Sin embargo, durante sus investigaciones posteriores, Ford halló una prueba desusada de lo transmitido, en una trascripción de los mensajes enviados por el avión a la torre y que fue incluida en un informe elaborado más tarde debido a la presión de los padres de los aviadores perdidos.

El documento, de car√°cter oficial y secreto -el cual, seg√ļn Ford, s√≥lo pudo examinar en parte-, conten√≠a al menos una frase "No vengan por m√≠..." en com√ļn con el texto que le hab√≠a proporcionado el radioaficionado civil y que, de manera muy significativa, no hab√≠a sido revelado con anterioridad. Este misterio adicional, que sugiere posibles interferencias de otros mundos, encuentra eco en m√°s que unas pocas de las otras desapariciones.

As√≠ como ha habido numerosos barcos y embarcaciones de placer desaparecidos en la zona del Tri√°ngulo de las Bermudas antes y despu√©s de este incidente, cabe hacer notar que los desastres ocurridos simult√°neamente a los Avengers y al Martin Mariner constituyeron la primera ocasi√≥n en que se vieron afectados aviones y en que hubo tantas y tan eficientes unidades de aire, mar y tierra realizando una b√ļsqueda tan extensa y acuciosa, aunque infructuosa.

Este incidente hizo que se intensificasen los esfuerzos de rescate en el caso de las desapariciones de aviones que habrían de producirse con posterioridad, no sólo con el propósito de salvar a los sobrevivientes, sino también de averiguar, una vez transcurrido el tiempo probable de supervivencia, qué les había ocurrido.

Despu√©s de lo sucedido al Vuelo 19, parece que las desapariciones de aviones comerciales, privados y militares se siguen produciendo con inquietante regularidad, agreg√°ndose al desvanecimiento "normal" de barcos grandes y peque√Īos, que se ha estado produciendo durante a√Īos. Ahora, sin embargo, gracias a los equipos de rescate aeromar√≠timo, a las comunicaciones radiales con la base, a los instrumentos m√°s sofisticados y a los m√©todos de rastreo m√°s desarrollados, cada desaparici√≥n es investigada con mucha mayor minuciosidad.

El 3 de julio de 1947, un C-54 del Ej√©rcito de los Estados Unidos con una tripulaci√≥n de seis hombres, que volaba en una misi√≥n de rutina, desde las Bermudas a la base a√©rea Morrison del Ej√©rcito, desapareci√≥ en alg√ļn lugar entre las Bermudas y Palm Beach. Su √ļltima posici√≥n conocida fue a unos 160 kil√≥metros de las Bermudas.

Se inici√≥ de inmediato una b√ļsqueda aeromar√≠tima intensiva, con participaci√≥n del Ej√©rcito, la Marina y la Guardia Costera y con unidades que cubrieron 260.000 kil√≥metros cuadrados de mar. Sin embargo, salvo algunos cojines y una botella de ox√≠geno que no fueron identificados como parte del equipo del avi√≥n perdido, no se hallaron restos de naufragio ni manchas de aceite.

Al producirse nuevas desapariciones, pareci√≥ notarse una caracter√≠stica coincidente y alarmante en la mayor√≠a de los casos ocurridos dentro de la zona del Tri√°ngulo: sol√≠an ocurrir dentro del per√≠odo tur√≠stico y de mayor afluencia a los hoteles, desde noviembre hasta febrero. Y lo que result√≥ a√ļn m√°s asombroso fue la comprobaci√≥n de que muchas de las p√©rdidas se produjeron algunas semanas antes o despu√©s de Navidad.

Un cuadrimotor de pasajeros del tipo Tudor IV, perteneciente a la British South American y que era un bombardero Lancaster, transformado, llamado Star Tiger, desapareció en vuelo entre las Azores y las Bermudas el 29 de enero de 1948. Llevaba seis tripulantes y veintiséis pasajeros, entre ellos Sir Arthur Gunningham, un Mariscal del Aire de la Segunda Guerra Mundial y excomandante de la Segunda Fuerza Aérea Táctica de la Real Fuerza Aérea.

El Star Tiger deb√≠a aterrizar en Kingley Field, islas Bermudas; a las 10.30 de la noche, poco antes de su ETA (Estimated Time of Arrival, hora estimada de arribo), el piloto se comunic√≥ por radio con la torre de control y su mensaje incluy√≥ las siguientes palabras: "Tiempo y rendimiento excelentes" y "Arribo supuesto dentro de itinerario". Seg√ļn su informe, la posici√≥n del avi√≥n era de 600 kil√≥metros al nordeste de las Bermudas.

No hubo nuevos mensajes, pero el Star Tiger no lleg√≥. No se recibi√≥ ning√ļn mensaje de emergencia, ni tampoco alguna se√Īal de que el avi√≥n no estuviese funcionando perfectamente y en condiciones √≥ptimas. Alrededor de la medianoche, el Star Tiger fue puesto en lista de atraso y, al d√≠a siguiente, 13 de enero, se inici√≥ una operaci√≥n masiva de rescate y rastreo. Treinta aviones y diez barcos registraron minuciosamente la zona durante varios d√≠as, sin √©xito.

El 31 de enero fueron avistadas algunas cajas y tambores de aceite vac√≠os, al noroeste de las Bermudas. No obstante, si hubiesen pertenecido al Star Tiger, querr√≠a decir que estaba volando cientos de kil√≥metros fuera de su rumbo en el momento en que fue atacado por algo y, adem√°s, debe recordarse que en su √ļltimo contacto con la torre, el piloto hab√≠a anunciado que no ocurr√≠a nada irregular con respecto a su rumbo o al comportamiento del avi√≥n.

Mientras se desarrollaba la infructuosa b√ļsqueda, hubo gran n√ļmero de radioaficionados a lo largo de la costa Atl√°ntica y del interior, que recogieron un mensaje mutilado, cuyas palabras eran deletreadas como puntos numerados, como si alguien estuviese operando el transmisor pero sin saber Morse. Los puntos quer√≠an decir "Tiger". Hubo un informe de una base de la Guardia Costera de Newfoundland que result√≥ a√ļn m√°s misterioso. Cuando los breves toques del morse se interrumpieron, alguien pareci√≥ enviar un mensaje verbal, pronunciando solamente las siguientes letras: G-A-H-N-P. Estas eran las siglas del Star Tiger.

Se presumió que estos mensajes eran falsos, especialmente porque había que tomar en cuenta la conocida conducta desvariada y lunática de ciertos individuos que siguen con deleite los desastres. Sin embargo, cuando uno recuerda el débil mensaje recibido en Miami, horas después del desaparecimiento del Vuelo 19, surge una inquietante similitud. Aquel mensaje contenía las letras de la sigla del vuelo, casi como si se hubiese enviado o retransmitido un mensaje final desde una distancia mucho mayor, en el espacio o el tiempo, que la que podía indicar la ubicación en que los aviones habían desaparecido.

Fue designado un Tribunal Investigador, bajo la dirección de Lord Macmillan, para que pesquisara la pérdida del Star Tiger. El nombramiento lo hizo el ministro británico de Aviación Civil y su informe fue publicado ocho meses después de la desaparición del avión. Sus conclusiones fueron que no parecía haber fundamentos para suponer que el Star Tiger hubiese caído al mar, a causa de un fallo mecánico o de la radio, falta de combustible, perturbaciones meteorológicas, errores de altimetría o incapacidad para seguir su curso, por nombrar sólo algunas posibilidades.

En cuanto al dise√Īo y fabricaci√≥n del Tudor IV, no hab√≠a tampoco base, seg√ļn el informe,

"para suponer que al dise√Īar el avi√≥n Tudor IV, o al fabricar aquel Tudor IV en particular, el Star Tiger, se hubiesen cometido errores u omisiones t√©cnicas o que pudieran considerarse contrarias a la buena pr√°ctica convenida...".

El dictamen final del tribunal puede considerarse igualmente aplicable a otras desapariciones de aviones ocurridas en el Triángulo, antes y después de la del Star Tiger:

Realmente, podría decirse que hasta ahora no se había presentado para su investigación un caso tan desconcertante. Ante la completa ausencia de pruebas dignas de fe en relación con la naturaleza o la causa del desastre del Star Tiger, el tribunal no ha podido hacer más que sugerir posibilidades, ninguna de las cuales llega siquiera al nivel de probabilidad.

En todas las actividades que suponen la cooperación de hombre y máquina, hay dos elementos que influyen y que tienen muy distinto carácter. Uno es el factor, imposible de calcular, relativo a la actuación humana y que depende de circunstancias cuyo conocimiento es imperfecto. El otro es el elemento mecánico, sujeto a leyes muy diferentes. Podría ocurrir un accidente en cualquier de los dos, o en ambos a la vez. O bien, alguna causa externa podría hacer perder el control, tanto al hombre como a la máquina. Nunca se sabrá lo que sucedió en este caso.

Por una coincidencia extraordinaria, y bastante inquietante, que se produjo doce días antes del primer aniversario de la desaparición del Star Tiger, el avión gemelo, el Star Ariel, desapareció en un vuelo entre las Bermudas y Jamaica, el 17 de enero de 1949, con siete tripulantes y trece pasajeros a bordo.

Su itinerario completo era desde Londres a Santiago de Chile, y la escala en las Bermudas respond√≠a a la necesidad de cargar combustible suficiente para otras diez horas de vuelo. Cuando el Star Ariel sali√≥ de las Bermudas a las 7.45 de la ma√Īana, el mar estaba en calma y las condiciones meteorol√≥gicas eran buenas. El capit√°n envi√≥ el siguiente informe rutinario de vuelo a las Bermudas alrededor de 55 minutos despu√©s del despegue:

Este es el capit√°n McPhee, a bordo del "Ariel", rumbo a Kingston, Jamaica, desde las Bermudas. Hemos alcanzado altura de crucero. Buen tiempo. Hora estimada de arribo a Kingston dentro de itinerario... Voy a cambiar de frecuencia radial para ponerme en contacto con Kingston...

Pero no hubo nuevos mensajes del Star Ariel, ni entonces ni nunca.

Cuando se inici√≥ la b√ļsqueda de este avi√≥n, hab√≠a una flota de la Marina de los Estados Unidos operando en la misma zona. Dos portaviones enviaron sus aparatos para unirse a los de la Fuerza A√©rea y la Guardia Costera que hab√≠an salido desde numerosos puntos a lo largo de la costa Atl√°ntica y a los aviones brit√°nicos enviados desde las Bermudas y Jamaica.

Cruceros, destructores y el acorazado norteamericano Missouri se unieron tambi√©n a la b√ļsqueda en la superficie, lo mismo que los barcos brit√°nicos y los mercantes que se hallaban en aquel momento en la regi√≥n. Se envi√≥ un radiograma a todos los buques que navegasen por la zona:

EL AVI√ďN CUADRIMOTOR STAR ARIEL/GAGRE, DE LA BRITISH SOUTH AMERICAN AIRWAYS, QUE PARTI√ď DE LAS BERMUDAS 1242 GMT 17 ENERO RUMBO JAMAICA RUTA GRADOS DOS UNO SEIS FUE SITUADO POR √öLTIMA VEZ CUANDO ESTABA APROXIMADAMENTE A 15 MILLAS AL SUR DE BERMUDAS Y A LAS 1337 GMT 17 ENERO.

SOLICITASE TODOS LOS NAV√ćOS INFORMAR ESTA BASE HALLAZGO CUALQUIER RESTO FLOTANTE TIPO TAPICER√ćA CABINA Y COJINES COLOR AZUL, BOTES SALVAMENTO AVI√ďN COLOR AMARILLO, CHALECOS SALVAVIDAS COLOR MARR√ďN OSCURO, TODO MARCADO BSAA, O CUALQUIER VESTIMENTA FLOTANTE.

72 aviones de reconocimiento, en estrecha formaci√≥n y algunas veces tocando "ala con ala" cubrieron 390.000 km2 de oc√©ano, en un √°rea que comenzaba en las proximidades del √ļltimo informe radial y segu√≠a por el Sudoeste, rumbo a Jamaica.

No pudieron descubrir ni una sola evidencia que pudiera ser identificada con el avi√≥n perdido. Un avi√≥n brit√°nico y otro norteamericano informaron acerca de "una extra√Īa luz" en el mar, el 18 de enero, pero las unidades de b√ļsqueda y rescate enviadas a los alrededores no hallaron nada y la Fuerza A√©rea suspendi√≥ sus operaciones de rastreo el 22 de enero.

El hecho de que estos dos aviones brit√°nicos de pasajeros (ambos pertenecientes a la misma compa√Ī√≠a, la British South American Airways) se perdieran, con una diferencia de casi un a√Īo, en la misma √°rea, dio lugar a sospechas de sabotaje. M√°s tarde se habr√≠a pensado inmediatamente en un caso de pirater√≠a a√©rea.

Esta posibilidad, al igual que el entrenamiento del piloto y la tripulación, el funcionamiento de los instrumentos y las condiciones meteorológicas, fueron pesquisadas por una Junta Investigadora, o Comité Brabazon, que no encontró nada desfavorable ni tampoco , halló indicio alguno:

"...Falta absoluta de pruebas. No se encontró rastro alguno del desastre. Se ignora la causa del accidente del Star Ariel".

Una de las teorías que se discutieron entonces consistía en que el bromuro metílico de los extinguidores había penetrado accidentalmente en el sistema de presión y, tras circular por él, causó una explosión. Esta podría haber sido la causa de un accidente muy raro en un avión, tal vez, pero no en los muchos otros que han desaparecido en la misma zona.

El hecho de que la b√ļsqueda del Star Ariel haya sido tan masiva se explica, entre otras razones, porque en la ma√Īana del 28 de diciembre de 1948 hab√≠a desaparecido otro avi√≥n de pasajeros, un DC3 alquilado que cubr√≠a la ruta San Juan-Miami y llevaba 36 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes. La infructuosa b√ļsqueda de este avi√≥n fue realizada por m√°s de cuarenta aviones militares y numerosos barcos, que recorrieron m√°s de 480 mil kil√≥metros de costa y oc√©ano, y hab√≠a sido suspendida s√≥lo una semana antes del desaparecimiento del Star Ariel.

Las circunstancias que rodearon el incidente del DC3 resultaron a√ļn m√°s sorprendentes que las de los otros aviones perdidos. Como en los dem√°s casos, el tiempo era excelente y la noche estaba clara. El avi√≥n despeg√≥ a las 10.30 de la noche del 27 de diciembre. En un momento del vuelo nocturno, el capit√°n del avi√≥n, Robert Linquist, transmiti√≥ el siguiente comentario por radio:

"¬ŅQu√© les parece? ¬°Todos estamos cantando villancicos navide√Īos!" (recu√©rdese la coincidencia de la √©poca de desaparici√≥n de la mayor√≠a de los aviones).

La torre de Miami recibió otro mensaje del DC3, a las 4.13 de la madrugada del 28. Decía:

"...Nos acercamos a la pista... Sólo 50 millas (80 km) hacia el Sur... Ahora podemos ver las luces de Miami. Todo anda bien. Esperaremos instrucciones para aterrizar...".

No volvi√≥ a o√≠rse nada del avi√≥n, y una investigaci√≥n que se llev√≥ a cabo por tierra y mar, no consigui√≥ encontrar ni un rastro de accidente. Por cierto, no hubo sobrevivientes ni indicios de lo que pudo ocurrir a la tripulaci√≥n y los pasajeros. Puesto que el capit√°n comunic√≥ que el avi√≥n se hallaba a s√≥lo 80 kil√≥metros al sur de Miami, resulta todav√≠a m√°s notable que no se produjese una explosi√≥n, ni una llamarada, ni se escucharan las se√Īales de SOS o MAYDAY.

Por otra parte, el lugar en que el avión desapareció está situado sobre los Cayos de Florida, donde las aguas cristalinas y de una profundidad de sólo siete metros habrían contribuido a la localización e identificación del avión. Este habría de ser uno de los diversos casos en que avión y pasajeros se "desmaterializarían", estando casi al alcance de un aeropuerto, o en que un barco, como veremos en el próximo capítulo, se desvanecería estando a la vista de su puerto de arribo.

Los grandes aviones que han desaparecido desde el caso del Star Ariel, han seguido en general un acontecer similar: primero un comportamiento de vuelo normal, y después... nada. Ni rastros de naufragio, ni manchas de aceite o restos flotantes, o sobrevivientes; ni siquiera una concentración sospechosa de tiburones.

Los aviones peque√Īos tambi√©n han seguido desapareciendo. No menos de nueve se perdieron frente a la costa de Florida, en diciembre de 1949, sin dejar rastro. Era un n√ļmero suficiente como para hacer pensar que hab√≠a algo peligroso en la zona, aun cuando las caracter√≠sticas de las desapariciones no hayan sido justamente obvias.

Las desapariciones de naves a√©reas continuaron durante la d√©cada de 1950. En marzo de 1950, un Globemaster de los Estados Unidos se perdi√≥ en el extremo norte del Tri√°ngulo, durante un vuelo hacia Irlanda. El 2 de febrero de 1952, un transporte British York con 33 pasajeros y tripulantes, desapareci√≥ tambi√©n en el borde norte del Tri√°ngulo, mientras se dirig√≠a a Jamaica. Se recibieron algunas d√©biles se√Īales de SOS, que resultaron casi de inmediato inaudibles.

El 30 de octubre de 1954 ocurri√≥ lo mismo con un Constellation de la Marina de los Estados Unidos que llevaba 42 pasajeros y tripulantes y que volaba con muy buen tiempo entre la base aeronaval de Patuxent River, en Maryland, y las Azores, La b√ļsqueda a lo largo de varios centenares de kil√≥metros cuadrados de oc√©ano fue realizada por m√°s de 200 aviones y muchas naves de superficie, pero no se encontr√≥ nada. Como en el caso de los otros aviones, poco antes de la desaparici√≥n se escuch√≥ un SOS apenas perceptible.

El 5 de abril de 1956, un B-25 convertido en carguero civil con tres personas a bordo se perdi√≥ en los alrededores de la Lengua del Oc√©ano, un ca√Ī√≥n submarino de 1.800 metros de profundidad, al este de la isla Andros, en las Bahamas.

Lo mismo sucedió con un patrullero Martin Marlin P5M, tipo anfibio, que se hallaba en misión en las Bermudas el 9 de noviembre de 1956. Llevaba una tripulación de diez hombres.

El 8 de enero de 1962, un avión-tanque tipo KB-50, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que salía de la base Langley, en Virginia, rumbo a los Azores, corrió la misma suerte del Super Constellation perdido en 1954. Como ocurrió en aquel caso, hubo un débil mensaje radial que indicaba que se había producido una dificultad no especificada y luego, silencio. Como de costumbre, no se encontraron restos ni indicios de lo que había ocurrido.

Debe recordarse que en cada uno de estos casos las tripulaciones disponían de gran cantidad de equipo de salvamento, por si el aparato se hundía, de manera que lo que pueda haber ocurrido a los aviones se produjo inesperadamente y de manera muy rápida.

El SOS enviado por un avi√≥n privado que se dirig√≠a a Nassau, en las Bahamas, pero volando en los alrededores de la isla Gran Abaco, hizo recordar la confusi√≥n que se produjo entre los pilotos del Vuelo 19. Aunque el tiempo era excelente aquella ma√Īana, el piloto parec√≠a estar volando en medio de la niebla, y fue incapaz de dar su posici√≥n. Ni siquiera pod√≠a ver las islas que ten√≠a debajo, pese a la excelente visibilidad que hab√≠a en la zona, seg√ļn el testimonio de otros observadores.

En este caso, el avión no desapareció del todo, ya que posteriormente se encontró una parte de un ala flotando en el mar.

El 28 de agosto de 1963 se produjo la p√©rdida de dos aviones. Al principio se crey√≥ que se trataba de otra desaparici√≥n, pero luego, al encontrarse algunos restos, el misterio result√≥ a√ļn m√°s profundo. Se trataba de dos cuadrimotores a reacci√≥n tipo Stratotanker KC-135, en misi√≥n de reabastecimiento fuera de la base Homestead de la Fuerza A√©rea, en Florida.

Fueron los primeros aviones a chorro que desaparecieron en el Tri√°ngulo, poco despu√©s de haber dado su posici√≥n, a 480 kil√≥metros al sudoeste de las Bermudas. Los investigadores llegaron a la conclusi√≥n de que hab√≠an chocado en el aire, despu√©s de que una b√ļsqueda intensiva hall√≥ los restos, probablemente pertenecientes a los aviones, a 420 kil√≥metros al sudoeste de las Bermudas.

Sin embargo, algunos d√≠as m√°s tarde se encontraron m√°s restos que, seg√ļn se pens√≥, pertenec√≠an al otro avi√≥n, pero que estaban a 260 kil√≥metros de distancia de los otros. Si chocaron en el aire, pese a que una declaraci√≥n de la Fuerza A√©rea precis√≥ que no volaban cerca uno del otro, algo debi√≥ separar los restos, y con una velocidad mucho mayor que la de las corrientes marinas. Y si se estrellaron simult√°neamente, tal vez como ocurri√≥ en el caso de los cinco Avenger, ¬Ņqu√© pudo haber descompuesto sus instrumentos o sus motores al mismo tiempo?

Un mes m√°s tarde, el 22 de diciembre, desapareci√≥ un Cargomaster C-132, entre Delaware y su punto de destino en las Azores. El √ļltimo mensaje del piloto indicaba que todo estaba bien y que su posici√≥n era alrededor de 130 kil√≥metros frente a la costa sur de Jersey. Se organiz√≥ una intensa b√ļsqueda con aviones y barcos de la Guardia Costera y la Marina que dur√≥ hasta el 25 de septiembre, pero no pudo hallarse nada que perteneciese al avi√≥n perdido.

El 5 de junio de 1965, un "Flying Boxcar" C-119, que realizaba una misi√≥n de rutina y llevaba una tripulaci√≥n de diez hombres, se desvaneci√≥ mientras volaba desde la base de la Fuerza A√©rea en Homestead hasta la isla Gran Turco, cerca de las Bahamas. El √ļltimo mensaje que se recibi√≥ del C-119 se√Īalaba su posici√≥n a unos 160 kil√≥metros de su destino con una ETA de una hora, aproximadamente. Tras un rastreo que se prolong√≥ durante cinco d√≠as con sus noches, la Guardia Costera inform√≥ acerca de "resultados negativos", y agreg√≥ un comentario que resultaba familiar: "No caben conjeturas".

Al igual que en el caso de los Avengers, el Vuelo 19, y en el de otros aviones desaparecidos, se recibieron mensajes débiles e ininteligibles que pronto se desvanecieron, como si algo estuviese bloqueando la transmisión radial o el avión estuviera retrocediendo más y más allá, en el espacio y el tiempo. Cabe hacer notar que otro avión que volaba en la misma ruta, pero en dirección opuesta a la del C-119, informó que el tiempo era claro y la visibilidad buena.

Quince aviones comerciales de l√≠nea desaparecieron en esta zona, en el per√≠odo comprendido entre 1954 y 1965, al igual que gran cantidad de aparatos militares y civiles, y no hay se√Īales de que el fen√≥meno lleve camino de extinguirse.

La desaparición de Carolyn Cascio, una mujer piloto autorizada que iba volando en un avión ligero, se vio rodeada de una serie de circunstancias desusadas.

Llevaba un pasajero desde Nassau hasta la isla Gran Turco, en las Bahamas, el 7 de junio de 1964, y cuando llegó al punto en que calculaba debía estar Gran Turco, comunicó por radio que no podía encontrar la ruta y que estaba dando vueltas sobre dos islas no identificadas.

Agregó: "Allí abajo no hay nada".

Y luego: "¬ŅHay alguna manera de salir de aqu√≠?"

Lo extra√Īo es que algunos observadores de Gran Turco notaron que, a la misma hora, un avi√≥n dio vueltas a la isla durante unos treinta minutos, antes de desaparecer. ¬ŅC√≥mo fue posible que aquellos observadores pudiesen ver el avi√≥n, mientras la piloto no pod√≠a ver los edificios de Gran Turco?

El 11 de junio de 1967, un Chase YC-122 con cuatro pasajeros y en ruta desde Palm Beach, Florida, hacia la Gran Bahama, se perdi√≥ en alg√ļn punto al noroeste de las Bimini.

Recientemente se produjo otra desaparici√≥n en la ruta comparativamente corta desde Fort Lauderdale a Freeport. El 1 de junio de 1973, Reno Rigoni y su copiloto, Bob Corner, se perdieron en su Cessna 180. No pudo hallarse resto alguno dentro del √°rea de su plan de vuelo, pese a que en la b√ļsqueda se incluyeron las Everglades, y su radio no transmiti√≥ ninguna se√Īal de emergencia.

Al entrar en prensa este libro (octubre de 1974) se produjo otra extra√Īa desaparici√≥n a 1.440 kil√≥metros al sudoeste de las Azores. Este fue el lugar en que se avist√≥ por √ļltima vez, el 17 de febrero de 1974, al aspirante a argonauta (quer√≠a atravesar en globo el Atl√°ntico) Thomas Gatch. Los aviones de la Marina de los Estados Unidos rastrearon una zona de 580.000 km2 de extensi√≥n, sin ning√ļn resultado. Aunque la vastedad del oc√©ano y la irregularidad de los vientos ser√≠an suficientes para explicar que las aguas se hubiesen tragado el globo, la zona en que se produjo la desaparici√≥n es de por s√≠ misteriosa.

En cada uno de esos casos de desapariciones sin explicaci√≥n se han planteado razones y sugerencias particulares, pero hay algunas frases que suelen repetirse en los informes oficiales, lo mismo que en los libros y art√≠culos que describen las p√©rdidas. Entre estas frases figuran las turbulencias de aire transparente, las "tijeras de viento", las "aberraciones atmosf√©ricas", las "anomal√≠as magn√©ticas" y las "perturbaciones electromagn√©ticas". Todas ellas podr√≠an explicar algunas de las p√©rdidas de aviones, pero en ning√ļn caso sirven para justificar las desapariciones de aviones o de los muchos barcos que se han desvanecido en la misma zona.

Aunque la Marina y la Guardia Costera admiten la existencia de una variaci√≥n en el comp√°s y de un punto muerto en las transmisiones radiales dentro de un sector de esta zona, la pol√≠tica oficial aparece a√ļn claramente expresada en las palabras del capit√°n S. W. Humphrey:

No se cree que exista una aberración atmosférica en esta zona, ni que haya existido en el pasado. Los vuelos de escuadrillas de aviones y los patrullajes aéreos se realizan con regularidad en esta región sin que se hayan producido incidentes.

Sin embargo, la cantidad de desapariciones en la parte inferior del Tri√°ngulo de las Bermudas, especialmente en las Bahamas, en la costa oriental de Florida y en los Cayos de Florida, ha sido bien descrita por el fallecido Ivan Sanderson, que investig√≥ esta y otras numerosas zonas donde se han producido desapariciones de aviones durante un per√≠odo de muchos a√Īos:

El n√ļmero de desapariciones no guarda ninguna proporci√≥n con las p√©rdidas registradas en cualquier otro lugar.

Dale Titler hace una observaci√≥n muy atinada en su libro Wings of Mistery (Alas de misterio), cuando estima que, hasta ahora, ya ha desaparecido "una considerable flota de aviones" en esta peque√Īa zona sin dejar huellas:

Todos estos aviones eran pilotados por aviadores de gran experiencia, y dirigidos por navegantes bien entrenados. Todos llevaban radio y equipo de supervivencia, y todos desaparecieron en medio de buen tiempo.

Y agrega la inquietante observación de que "casi todos desaparecieron durante el día".

Robert Burgess, otro investigador y escritor especializado en fenómenos marítimos, concluye así su libro Sinkings, Salvages and Shipwrecks (Hundimientos, salvamentos y naufragios):

Existen razones para pensar que en estos misteriosos accidentes podría estar envuelto un factor mucho más importante que la suerte.

Agrega que, cualquiera sea el nombre que se le dé,

"aberraci√≥n atmosf√©rica o alg√ļn otro, lo cierto es que ataca sin advertencia previa y con una frecuencia suficiente como para resultar alarmante".

Como ya hemos dicho, existen muchas dudas acerca de los límites del Triángulo de las Bermudas lo mismo que respecto a su existencia misma. Hemos oído describirlo como un verdadero triángulo, cuyo extremo norte serían las Bermudas; como un área de forma oblonga en la parte occidental del Atlántico Norte; como una zona que sigue la plataforma continental del sur de los Estados Unidos, el Golfo de México y las Antillas, o como una región peligrosa y elástica que se extiende desde las Bahamas hasta Florida, y a través de Florida hacia el Golfo de México.

Cualquiera que sea su forma exacta, lo cierto es que ha dado origen a todo un folklore de desapariciones de objetos diversos: aviones, barcos, yates, botes a vela, submarinos o personal de barcos abandonados que se han desvanecido.

Se ha hecho tan corriente atribuir poderes misteriosos al Triángulo de las Bermudas, que cualquier desaparición o accidente misterioso suscita comentarios y revisiones acerca de muchos de los demás enigmas no resueltos.

En la radio y la televisión suelen escucharse con frecuencia preguntas de radioescuchas o televidentes comprensiblemente preocupados acerca de una zona a la que pensaban viajar en avión. Habitualmente, estas nerviosas interrogantes se responden dando seguridades en el sentido de que el viaje no es peligroso, puesto que suelen hacerse innumerables travesías a lo largo del Triángulo sin que se hayan producido incidentes.

En algunas ocasiones, los pasajeros suelen preguntar dudosos a sus agentes de viaje acerca de la ruta hacia algunos puntos situados m√°s all√° del Tri√°ngulo:

-¬ŅEl vuelo es a trav√©s del Tri√°ngulo de las Bermudas?

Resulta fácil contestar de manera negativa, ya que los límites del Triángulo son bastante fluidos. En una ocasión se dio la siguiente excusa a un pasajero que pedía explicaciones acerca del atraso de un vuelo:

-Tenemos que volar en torno del Tri√°ngulo de las Bermudas.

Otro elemento tranquilizador es que los aviones de hoy cuentan con muchos más instrumentos de seguridad que algunos de los que desaparecieron en el pasado. Algunos de esos instrumentos no estaban en uso en la época en que ocurrieron los incidentes más llamativos.

Por ejemplo, los transistores, los sistemas electr√≥nicos de navegaci√≥n decca hi-fix (que, sin embargo, era utilizado por el Star Ariel) y el "omni", un sistema de orientaci√≥n autom√°tica, operado por radio, que permite a los aviadores encontrar la ruta de regreso a la base en medio de las nubes m√°s espesas y que es utilizado ahora incluso por los aviones peque√Īos.

Sin embargo, pese a todas las innovaciones modernas, siguen produci√©ndose p√©rdidas y extra√Īos incidentes dentro del Tri√°ngulo y en las zonas costeras adyacentes. El a√Īo pasado, varios aviones se desintegraron misteriosamente sobre tierra, a corta distancia del aeropuerto de Miami, entre ellos un Lockheed L-1011 (vuelo 401 de la Eastern Airlines), en el que perecieron 100 personas, entre pasajeros y tripulantes, el 29 de diciembre de 1972.

Si se examinan las circunstancias en que se produjo este accidente se pueden obtener algunas luces acerca de los muchos aparatos que han desaparecido repentinamente cuando volaban sobre las aguas. El doctor Manson Valentine observa:

Analizando toda la informaci√≥n disponible, pareciera que en los √ļltimos siete u ocho segundos de vuelo el avi√≥n descendi√≥ a tan gran velocidad que ni la torre de control de Miami ni los pilotos tuvieron tiempo para verificarla. Todos los alt√≠metros estaban funcionando, de manera que, en circunstancias normales, los pilotos habr√≠an dispuesto de mucho tiempo para corregir la velocidad.

El descenso fue tan rápido (no se alude a esto como algo desusado en ninguno de los informes) que la torre de control de Miami sólo registró una aparición en la pantalla de radar -40 segundos en total- para advertirlo. En la segunda aparición, el aparato había descendido de 300 metros (momento en que se advirtió que se hallaba fuera de la altura de 650 metros prescrita) a menos de 100. Para entonces probablemente ya se había estrellado.

Ese ritmo de caída no puede ser atribuido a pérdida del piloto automático, síntomas de paro de los motores, inexperiencia del piloto o a la posición de los aceleradores en el punto de media potencia. Tiene que haber existido alguna razón atmosférica, y lo más probable es que se haya tratado de alguna anomalía de tipo magnético.

Cuando los aviones o las embarcaciones desaparecen o se desintegran (como ocurri√≥ en el caso de un avi√≥n) en esta zona, existe ya un n√ļmero creciente de personas que se sienten invadidas por una duda persistente respecto de si las p√©rdidas han sido "normales"; si se han producido a causa de condiciones atmosf√©ricas anormales, fatiga o error del piloto, falla de los mandos, defectos estructurales o del motor, o si la fuerza que a menudo parece arrebatar del cielo a los aviones y de la superficie del mar a los barcos sigue operando.

John Woodwin en This Baffling World (Este mundo asombroso), al comentar la p√ļblica aceptaci√≥n de una posibilidad semejante, hace notar que las autoridades norteamericanas y brit√°nicas nunca han proclamado oficialmente el √°rea del Tri√°ngulo como una "zona peligrosa", y agrega:

"Sin embargo, privadamente, tanto los expertos de la Marina como de la Aviación han confesado que podrían estar frente a un fenómeno ambiental, y no ante una cadena de accidentes técnicos".

Goodwin observa también que, sea lo que fuere, lo que está ocurriendo podría resultar tan desconocido para las gentes de hoy como "el poder del radio para los alquimistas del siglo XV".

Agrega que,

"aunque no puede uno estar seguro de que exista una relación entre los aviones y barcos desaparecidos... todas estas naves se hallaban dentro de los mismos estrechos confines geográficos".

Mucho antes de producirse los incidentes aéreos de la década del 40 y los que le siguieron, la región marítima que abarca el Triángulo de las Bermudas con inclusión del cabo Hatteras, las costas de Carolina del Norte y del Sur y el Estrecho de Florida, era ya conocida como el "Cementerio de los Barcos".

Los naufragios se debían habitualmente a grandes marejadas y tormentas repentinas. También suele llamarse "Cementerio de los Barcos" y "Mar de los Barcos Perdidos" al Mar de los Sargazos, pero por la razón contraria: allí, las naves no se han perdido a causa de las tormentas, sino debido a las calmas.

A lo largo de los a√Īos se hab√≠a advertido ya en esta amplia regi√≥n la p√©rdida de grandes barcos sin que se produjesen llamados de SOS y sin que tampoco se hallasen con posterioridad restos o cad√°veres flotantes. Sin embargo, fue s√≥lo a partir de las desapariciones masivas de aviones de los a√Īos 1945 y siguientes, y como consecuencia de las p√©rdidas repentinas de embarcaciones grandes y peque√Īas, que los investigadores comenzaron a estudiar las caracter√≠sticas similares de las desapariciones.

El titular del Guardian de Manchester, publicado en la época de la pérdida del Vuelo 19, es típico de esta clase de reacciones.

Se lee:

CEMENTERIO DE LOS SARGAZOS YA NO SOLO ATRAPA BARCOS: TAMBI√ČN AVIONES

Los aviones desaparecidos atrajeron la atenci√≥n mundial hacia el Tri√°ngulo de las Bermudas. Pero, durante m√°s de 170 a√Īos, y tal vez antes de que se dispusiera de archivos, se han estado perdiendo barcos grandes y peque√Īos, con sus tripulaciones (y √©stas han desaparecido tambi√©n de sus naves), dentro del Tri√°ngulo de las Bermudas.

Algunos de los incidentes relacionados con estos desastres presentan características que recuerdan poderosamente las misteriosas pérdidas ocurridas en el aire. Otros muestran sorprendentes y desusadas particularidades.

Principales desapariciones de aviones en el √°rea del Tri√°ngulo de las Bermudas

(Los n√ļmeros corresponden a los que aparecen dentro de un c√≠rculo en el mapa)

1. 5 de diciembre de 1945: cinco bombarderos Avenger TBM en vuelo de entrenamiento desde Fort Lauderdale, Florida; total de la tripulación, catorce; duración normal del vuelo: dos horas; perdido aproximadamente a 360 km al nordeste de la base.

2. 5 de diciembre de 1945: bombardero Martin PBM; despachado con una tripulación de trece hombres para auxiliar a la patrulla TBM; veinte minutos más tarde se perdió el contacto radial y el avión desapareció.

3. 1947: Un C-54 del Ejército de los Estados Unidos desapareció a 180 km de las Bermudas.

4. 29 de enero de 1948: Tudor IV, Star Tiger, cuatrimotor. Se perdi√≥ comunicaci√≥n radial, despu√©s del √ļltimo contacto, a 600 kil√≥metros al nordeste de las Bermudas; el avi√≥n se perdi√≥ con 31 pasajeros y tripulantes.

5. 28 de diciembre de 1948: DC-3 de alquiler, privado. Iba de San Juan de Puerto Rico a Miami; llevaba 32 pasajeros más la tripulación.

6. 17 de enero de 1949: Star Ariel, aparato gemelo del Star Tiger; iba de Londres a Santiago de Chile, vía las Bermudas y Jamaica; la comunicación radial se perdió a 600 km al sudoeste de las Bermudas, en la ruta hacia Kingston.

7. Marzo de 1950: Globemaster (norteamericano); desapareció en el borde norte del Triángulo, en ruta hacia Irlanda.

8. 2 de febrero de 1952: Transporte York (británico); desapareció al norte del Triángulo, en ruta hacia Jamaica, con 33 pasajeros a bordo.

9. 30 de octubre de 1954: Super Constellation (Marina); se desvaneció al norte del Triángulo, con 42 personas a bordo.

10. 9 de noviembre de 1956: avión anfibio patrullero tipo Martin P5M, de la Marina; desapareció con sus diez tripulantes, cerca de las Bermudas.

11. 8 de enero de 1962: avión-tanque KB-50, de la Fuerza Aérea; iba de Langley Field, en Virginia, hacia las Azores.

12. 28 de agosto de 1963: dos cuatrimotores Stratotankers KC-135 de la Fuerza Aérea, nuevos; iban de la base Homestead, de la Fuerza Aérea, en Florida, a un radio de reabastecimiento secreto en el Atlántico; desaparecieron a 480 km al sudoeste de las Bermudas.

13. 5 de junio de 1965: Flying Boxear C-119; con diez pasajeros a bordo; se perdió al sudoeste de las Bahamas.

14. 5 de abril de 1956: B-25 transformado en carguero civil, con cuatro pasajeros; se perdió en la Corriente del Golfo, entre Palm Beach y la Gran Bahama.

15. 11 de enero de 1957: Chase YC-122, transformado en carguero, con cuatro personas a bordo; perdido en la Corriente del Golfo, entre Palm Beach y la Gran Bahama.

16. 22 de septiembre de 1963: Cargomaster C-132, desaparecido en ruta hacia las Azores.

Principales barcos desaparecidos o encontrados a la deriva en el √°rea del Tri√°ngulo

(Los n√ļmeros corresponden a los que aparecen dentro de un tri√°ngulo en el mapa)

1. 1840: Rosalie, un gran navío francés, fue hallado en su ruta desde La Habana a Europa, dentro de la zona del Triángulo, con las velas desplegadas, la carga intacta y todo el personal desaparecido.

2. Enero de 1880: Atalanta, una fragata británica; salió de las Bermudas hacia Inglaterra con 290 personas a bordo; se desvaneció en una región presumiblemente no lejana de las Bermudas.

3. Octubre de 1902: Freya, un buque alem√°n de tres palos; fue hallado poco despu√©s de salir de Manzanillo, en Cuba, mostrando una fuerte inclinaci√≥n hacia un costado, s√≥lo con una parte de sus m√°stiles y con el ancla colgando; el calendario de la cabina del capit√°n se√Īalaba el 4 de octubre, el d√≠a siguiente al de su salida.

4. 4 de marzo de 1918: Cyclops, un barco de aprovisionamiento de la Marina de los Estados Unidos, de 150 metros de largo y 19.000 toneladas de desplazamiento; navegaba desde Barbados a Norfolk con 309 pasajeros; el tiempo era bueno; no hubo mensajes radiales ni se encontraron jam√°s restos de naufragio.

5. 1925: vapor Cotopaxi; se desvaneció en su ruta desde Charleston hacia La Habana.

6. Abril de 1932: John and Mary, un buque de dos palos con registro de Nueva York; fue hallado flotando pero abandonado, a 80 km al sur de las Bermudas, con las velas plegadas y el casco recién pintado.

7. Febrero de 1940: el yate Gloria Colite, de Saint Vincent, Antillas británicas; se le encontró abandonado, con todos sus elementos en orden, a 320 km al sur de Mobile, Atlanta.

8. 22 de octubre de 1944: Rubic√°n, un carguero cubano; fue encontrado por la Guardia Costera en la Corriente del Golfo, frente a la costa de Florida; estaba desierto, salvo la presencia de un perro.

9. Junio de 1950: Sandra, un vapor carguero de 106 metros que se dirigía desde Savannah, Georgia, a Puerto Cabello,, en Venezuela; llevaba una carga de 300 toneladas de insecticida; pasó St. Augustine, en Florida, y luego desapareció sin dejar rastro.

10. Septiembre de 1955: Cannemara IV, un yate; apareció misteriosamente abandonado, a 640 km al sudoeste de las Bermudas.

11. 2 de febrero de 1963: Marine Sulphur Queen, un carguero de 130 metros; desapareci√≥ sin enviar mensaje alguno y sin que pudiera darse con alguna clave acerca de lo ocurrido; no se encontraron restos de naufragio; iba en ruta hacia Norfolk, Virginia, desde Beaumont, Texas, con tripulaci√≥n completa; la √ļltima ocasi√≥n en que se oy√≥ de √©l fue cerca de Tortugas Secas.

12. 1 de julio de 1963: Sno' Boy, un bote pesquero de 20 metros con 40 personas a bordo; navegaba desde Kingston, Jamaica, a Cayo Nordeste, 128 km al sur; desapareció con todos sus hombres.

13. 1924: Raifuku Maru, un carguero japonés; envió un mensaje radial pidiendo ayuda entre las Bahamas y Cuba, y luego desapareció.

14. 1931: Stavenger, un carguero con una tripulaci√≥n de 43 hombres; la √ļltima ocasi√≥n en que se supo de √©l fue cerca de la isla Cat, en las Bahamas.

15. Marzo de 1938: Anglo-Australian, un carguero con una tripulaci√≥n de 39 hombres; su √ļltimo mensaje, recibido desde las Azores, dec√≠a: "Todo bien".

16. Diciembre de 1967: Revonoc, un yate de carreras de 15 metros. Desapareció mientras se hallaba a la vista de tierra.

17. 24 de diciembre de 1967: Witchcraft, embarcaci√≥n de crucero; el due√Īo y un pasajero desaparecieron mientras la nave se hallaba atada a una boya del puerto, a 1.600 metros de Miami.

18. Abril de 1970: Mílton latrides, un carguero que se dirigía desde Nueva Orleáns a Capetown.

19. Marzo de 1973: Anita, un carguero de 20.000 toneladas, con 32 tripulantes, que navegaba desde Newport News a Alemania.

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