La CIA prepara "Guerra Civil" en IrŠn

Jun 19 2009 @ 10:01pm
Por: Felipe IV
Publicado en: PolŪtica
Una invasi√≥n militar de Ir√°n por v√≠a terrestre para derrocar al r√©gimen de los ayatolas (el verdadero objetivo de Washington), le costar√≠a a EEUU e Israel bajas humanas y p√©rdidas militares imposibles de mensurar. Esta realidad es la que gu√≠a (y gui√≥) el dise√Īo de planes estrat√©gicos orientados a desestabilizar Ir√°n por medio de una guerra civil, y a generar consenso a eventuales operaciones militares a√©reas contra instalaciones nucleares y militares de Teher√°n. Esa es la l√≥gica que conduce a la actual operaci√≥n "caballo de Troya" con los reformistas.



Por Manuel Freytas

Si el eje Washington-Tel Aviv decidiera invadir militarmente por tierra a Irán posiblemente el infierno de Irak o de Afganistán, o la ratonera del Líbano en 2006, lucirían como paseos turísticos comparados con lo que les depararía a sus tropas el gigante islámico de Medio Oriente.

Irán cuenta con un territorio cuatro veces mayor, y tiene un equivalente a casi tres veces la población de Irak.

Al mismo tiempo, el terreno de Ir√°n es mucho m√°s monta√Īoso que el de Irak, y conforma el teatro ideal para la guerra de guerrillas, en la cual est√°n entrenados alrededor de 500.000 mujaidines voluntarios preparados para ser movilizados en cualquier momento.

Para comparar, basta citar el ejemplo de Líbano en 2006, donde 30.000 soldados israelíes, con tanques, baterías de artillería, helicópteros artillados, cobertura aérea con misiles, bombas "inteligentes" y fuego naval, no pudieron doblegar a los 5.000 combatientes de Hezbolá entrenados por Irán y Siria.

En términos convencionales, las Fuerzas Armadas iraníes son las más numerosas y poderosas del Medio Oriente: cuentan con 1.000.000 de efectivos distribuidos entre el Ejército de Tierra, la Fuerza Aérea, la Marina y el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI).

La doctrina y la estrategia de Defensa militar iraní, prevé la movilización, en caso de necesidad, de un "Ejército islámico" de 20 millones de personas sobre un total de más de 70 millones de habitantes.

Tanto hombres como mujeres, de 12 a 60 a√Īos, reciben preparaci√≥n militar en las filas de las milicias populares, y en caso de guerra podr√≠an ser incorporados a las fuerzas armadas regulares.

El Cuerpo de los Guardianes de la Revolución, considerado como el "ejército ideológico" del régimen, representa ?un ejército dentro del ejército? ya que cuenta, además de sus fuerzas terrestres, con Fuerza Aérea y Marina propias, además de la policía y del resto de las fuerzas de seguridad bajo su control.

Además, los Guardianes de la Revolución cuentan con el "Kode", un cuerpo de elite de 15.000 hombres cuya misión es organizar operaciones especiales en la retaguardia enemiga.

La Guardia Revolucionaria tiene bajo su mando a las milicias voluntarias (mujaidines), que cuentan con unidades de combate y un sistema de movilización permanente en todas las localidades.

Además de su excelente preparación militar, los soldados y mujaidines iraníes están mentalizados en una sólida formación "religiosa-doctrinaria" imbuida en los valores y preceptos del Islam, que los torna inmunes a operaciones de guerra psicológica convencionales (como ya se demostró con Hezbolá en Líbano).

Este escenario preliminar, referenciado por el poder militar y la capacidad de defensa de Irán, fue lo que determinó que el Pentágono, en la época de la dupla Cheney-Rumsfeld (después de evaluar costos y beneficios) descartara una invasión terrestre al país de los ayatolas.

Caballos de Troya

La realidad de un Ir√°n inexpugnable por tierra, a su vez, determin√≥ la necesidad de dise√Īar una estrategia de operaci√≥n encubierta de infiltraci√≥n en Ir√°n con la finalidad de crear una divisi√≥n interna entre el poder teocr√°tico y conservador de los ayatolas (que detenta el poder real y concentra todas las decisiones) y los sectores "reformistas" que se nuclear principalmente en la universidad, el Parlamento y medios de comunicaci√≥n.

Después de la invasión de Irak, en el 2003, y luego de consolidar el control sobre los militares y las corporaciones de inteligencia tras el 11-S, el lobby sionista de la Casa Blanca y el Pentágono, cuyos jefes eran el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfel, se dedicó a la preparación de acciones encubiertas para apuntalar eventuales planes de acción militar contra Irán.

Seg√ļn se√Īalaba por entonces el influyente columnista de New Yorker, Seymour M. Hersh, los estrategas del lobby neocon planeaban complementar los "ataques militares preventivos" contra Ir√°n y Siria, con operaciones encubiertas de la CIA orientadas a fortificar a los grupos opositores internos enfrentados al r√©gimen autocr√°tico de Ir√°n, al que la inteligencia norteamericana contin√ļa se√Īalando como protector principal de los grupos "terroristas" que desarrollan su accionar en Irak y Medio Oriente.

Mediante amenazas constantes y veladas de represalia militar, y acusando a los clérigos de cobijar al "terrorismo de Al Qaeda" en territorio iraní, la Casa Blanca y el Pentágono de Bush intentaron precipitar reacciones sociales masivas de los reformistas del presidente Jatamí contra el régimen teocrático del ayatolah Jameini.

Intentaban poner una cu√Īa de enfrentamiento armado entre "reformistas" y "fundamentalistas", con la finalidad de debilitar al r√©gimen iran√≠ y conseguir consenso social y pol√≠tico para un ataque militar de las instalaciones militares y nucleares estrat√©gicas de Ir√°n.

Su objetivo principal estaba dirigido a conseguir que fueran los propios sectores "reformistas" iraníes los que se enfrentaran a los ayatolas "protectores de terroristas", para promover un "golpe democrático" interno, o una "revolución reformista", que sirviera de columna vertebral para derrocar al régimen teocrático instalado con la revolución islámica de Komeini en 1979.

La operaci√≥n respond√≠a a un dise√Īo general estrat√©gico orientado a armar "caballos de Troya" en el mundo √°rabe y musulm√°n, usando como pretexto el combate "democr√°tico" contra el "terrorismo" y las "dictaduras".

No se trataba de otra cosa (y como fue plasmado en el discurso de la segunda asunción de Bush) que de la complementación de la "guerra contra el terrorismo" con el combate contra las "tiranías" mediante "procesos democráticos" instaurados en todo el tablero del mundo árabe y musulmán.

La primera experiencia en 2003

La primera fase del plan para dividir Irán, tuvo una operación inicial de alto impacto en junio de 2003 , cuando durante seis noches consecutivas, miles de estudiantes y militantes del reformismo se lanzaron a las calles a protestar y a pedir "la horca" para el jefe espiritual de Irán, el ayatolah Jameini, y fueron duramente reprimidos por las milicias y las fuerzas de elite del régimen teocrático que mantiene un férreo control sobre la policía y las fuerzas armadas.

El gobierno y los servicios de inteligencia iran√≠es se√Īalaban por entonces que la CIA infiltr√≥ estos movimientos con la intenci√≥n de crear un "clima preparatorio" de agitaci√≥n social, y desde ah√≠ avanzar con cuadros entrenados a un enfrentamiento armado abierto en las calles en un estado de virtual guerra civil.

Desarrollando la misma l√≥gica y metodolog√≠a que utilizaron contra Saddam Hussein antes de la invasi√≥n a Irak, se intentaba crear un clima de revuelta contra el poder teocr√°tico de los cl√©rigos con la finalidad de debilitarlo, y consolidar una alianza con los reformistas que les otorgase consenso social y pol√≠tico para un ataque militar ya planificado por el Pent√°gono, se√Īalaban por entonces analistas del mundo √°rabe.

Los halcones neocon del Pentágono creían que una fuerte presión social sobre el régimen iraní podría desatar una revuelta interna contra el gobierno islámico de Teherán, de la misma manera que predecían que Saddam iba a ser eliminado por una sublevación interna antes de la guerra.

Mientras se desarrollaba el plan desestabilizador en Teher√°n, en junio de 2003, George W. Bush dec√≠a sugestivamente por cadena nacional que las manifestaciones en Ir√°n "son una se√Īal "positiva" y "el comienzo de la expresi√≥n popular por un Ir√°n m√°s libre".

Durante la primera experiencia subversiva de laboratorio para desestabilizar Irán, y mientras crecía la violencia en las calles de Teherán, el ayatola Alí Jameini advirtió a los manifestantes que si no desistían tendrían que enfrentar las consecuencias represivas más duras, recibiendo como respuesta un incremento de los disturbios.

Finalmente, el r√©gimen iran√≠ lanz√≥ sobre los bastiones golpistas una feroz operaci√≥n represiva combinada de milicias, polic√≠as y fuerzas especiales que culmin√≥ con un ba√Īo de sangre y la muerte de centenares de estudiantes y militantes que -seg√ļn los "reformistas"- las estad√≠sticas oficiales ocultaron celosamente.

La experiencia bis

Tras los comicios del viernes 12 de junio que consagraron la reelecci√≥n de Ahmadineyad por el 63% de los votos (y a 6 a√Īos de la primera experiencia desestabilizadora con Bush), nuevamente la chispa de la subversi√≥n interna fue lanzada a trav√©s del candidato reformista derrotado, Musavi, bajo consignas de acusaciones de fraude.

Ya no se pide la "horca" para el ayatola Jameini como en 2003, sino que se pide la anulación de las elecciones y la renuncia del "dictador" Ahmadineyad.

¬ŅLa historia se repite? Washington ha renunciado a atacar militarmente a Ir√°n y ha disuadido a Israel de tomar esa iniciativa. Para conseguir "cambiar el r√©gimen", la administraci√≥n Obama prefiere jugar la carta ?menos peligrosa aunque m√°s incierta- de la acci√≥n secreta", se√Īala desde Red Voltaire, Thierry Meyssan.

Para el analista francés, "Dichas manifestaciones reflejan una profunda división en la sociedad iraní entre un proletariado nacionalista y una burguesía que lamenta su marginación de la globalización económica. Actuando bajo cuerda, Washington intenta influir en los acontecimientos para derrocar al presidente reelegido".

A diferencia de Bush y los halcones, la estrategia de la administración de Obama parece centrarse en una línea más sutil de "guerra por otras vías", explotando el flanco de debilidad interna (la división entre "fundamentalistas" y "reformistas") y disimulando el objetivo con una aparente "neutralidad" en el conflicto.

Ya no se trata de una revuelta abierta contra el poder de los ayatolas, como en junio de 2003, sino de una pulida operación de guerra psicológica en el frente social que utiliza a la oposición "reformista" iraní como un caballo de troya para desgastar el poder de los ayatolas y deslegitimar el triunfo de Ahmadineyad en las urnas.

Para tener en claro como se desarrollan (y hacia qué blanco apuntan) los hechos del laboratorio desestabilizador en Irán, hay que partir de un principio: No hay un solo Irán sino que existen "dos Irán".

El primer Irán, islámico confesional, marcadamente antisionista, anti-Israel y anti-EEUU, se representa en el Estado y en el gobierno de los ayatolas que controlan con mano de hierro los dos enclaves estratégicos del poder iraní: la economía y las fuerzas armadas y de seguridad.

El segundo Irán se representa en el sector de los "reformistas" (un segmento de la sociedad formado en la ideología "liberal" y en las pautas de la sociedad de consumo capitalista occidental) cuyo emergente social y su ideología "occidentalizada" son incompatibles con el fundamentalismo religioso del régimen teocrático de los ayatolas.

El primer Irán está en guerra contra Israel y EEUU, y el segundo quiere fusionarse con la "civilización occidental" y negociar pautas de convivencia con Israel y EEUU.

Como concepto central hay que precisar que el "Ir√°n reformista" es tan o m√°s enemigo del "Ir√°n fundamentalista" como lo son Israel y EEUU.

Durante siete días el círculo de la operación golpista se cerró con sus cuatro actores principales: El "fraude", la "protesta popular", los muertos y la presión internacional para obligar al gobierno de Irán a suspender las elecciones.

En este contexto, el plato está servido para que los servicios de inteligencia estadounidenses y europeos (principalmente británicos), infiltrados en las usinas "reformistas" de la universidad y de los medios de comunicación iraníes, completen el escenario para hacerle perder el control de la situación al régimen de los ayatolas.

Esta es la razón central que explica porqué las clases medias y altas "reformistas" iraníes son el natural elemento de infiltración de las potencias sionistas para derrocar a los ayatolas y a su gobierno hoy conducido por Ahmadineyad.

En ese escenario, y como complemento del plan militar, el proyecto estratégico de EEUU, Israel y las potencias sionistas aliadas, no gira alrededor de la destrucción de Irán, sino alrededor del fin de régimen de los ayatolas.

El desenlace

Como ya sucedió durante las revueltas desestabilizadoras de junio de 2003, el máximo jefe y líder espiritual de Irán, bajo cuyo mando directo están las fuerzas armadas, la policía y las fuerzas especiales (en suma, todo el poder militar de Irán), el ayatolá Jameini, advirtió, junto al presidente Ahmadineyad, a las potencias occidentales que se abstengan de intervenir en los "asuntos internos de Irán".

En un mensaje hacia adentro, el jefe espiritual aconsej√≥ al l√≠der Mir Musavi y a los dirigentes opositores "agotar la v√≠a pacifica" y evitar la violencia en los reclamos callejeros que -seg√ļn el oficialismo"- han dejado 8 muertos, y seg√ļn los sublevados, las victimas de la represi√≥n ya superan el centenar.

El Ministerio de Inteligencia de Irán, por su parte, informó el jueves que había descubierto una trama terrorista con vínculos en el extranjero para poner bombas en mezquitas y otros lugares muy frecuentados en Teherán el 12 de junio, cuando se celebraron las elecciones presidenciales.

La cadena estatal de televisi√≥n IRIB cit√≥ un comunicado del ministerio en el que se se√Īalaba que se hab√≠an descubierto varios grupos terroristas, y a√Īad√≠a que estaban vinculados con los enemigos exteriores del pa√≠s, entre ellos, Israel.

"Miembros de una de las redes descubiertas estaban planeando poner bombas el día de las elecciones en varios lugares frecuentados de Teherán, incluyendo las mezquitas de Ershad y Al Nabi", dijo el comunicado, en referencia a dos importantes mezquitas de la capital.

En las antípodas, la información de las usinas "reformistas" hablan de detenciones masivas y de decenas de muertos que ya habrían superado a los de las sublevaciones estudiantiles de 1999 y 2003, donde muchos de los cabecillas fueron fusilados y exterminados durante los procedimientos.

Como clara se√Īal de que registraron las advertencias de los ayatolas, los presidentes y funcionarios de las potencias europeas aliadas de EEUU (que habitualmente encienden el firmamento de las protestas golpistas con sus declaraciones), esta vez, desde Obama para abajo, han resuelto mantener "perfil bajo".

No obstante, y con las protestas que ahora (en un cambio de estrategia) han tomado una cariz "pacifista" y se siguen extendiendo, los expertos esperan un desenlace que las desactive militarmente y las descabece como en junio de 2003.

Hay un punto de coincidencia entre los especialistas: El régimen iraní, ante la persistencia consecutiva de las protestas, se va a ver obligado a cortarlas de raíz para evitar que sigan generando y contagiando un clima de "guerra civil" en ebullición (tal como esperan EEUU y las potencias occidentales).

Esta semana, el gobierno iran√≠ cerr√≥ las fronteras informativas, bloque√≥ espacios de la sedici√≥n "reformista" en Internet, y realiz√≥ claras advertencias a la prensa internacional que siempre act√ļa como "herramienta complementaria" de los planes de desestabilizaci√≥n con los "caballos de troya" reformistas.

Una segunda fase (de advertencia antes del desenlace), se concretó con el mensaje que este viernes pronunció el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, en la mezquita de la Universidad de Teherán.

Jamenei, que excepcionalmente pronuncia los sermones del viernes, ocup√≥ la principal tribuna del r√©gimen para hablar en p√ļblico desde que comenzaron los enfrentamientos una semana despu√©s de las elecciones presidenciales denunciadas como "fraudulentas" por la oposici√≥n reformista.

El jefe espiritual de Irán afirmó que Mahmoud Ahmadinejad había ganado por 11 millones de votos, un total que era impensable manipular.

"La Rep√ļblica Isl√°mica no hace trampas", asegur√≥, al tiempo que elogi√≥ el nivel de participaci√≥n en las elecciones del 12 de junio, diciendo que era algo que no ocurr√≠a desde 1979.

El líder supremo, criticó las protestas callejeras y pidió que se suspendieran. Reconoció que los debates y las polémicas estaban bien, pero que "las diferencias se deben resolver en las urnas y no en las calles".

A√Īadi√≥ que cualquier duda deb√≠a ser expresada por canales legales, y advirti√≥: "No aceptar√© ninguna iniciativa ilegal".

Luego advirtió que si la oposición no suspendía las manifestaciones, "ellos serán responsables de las repercusiones negativas, la tensión y el caos".

De este mensaje -se estima- van a salir las líneas cifradas del próximo paso que va a dar el poder iraní para terminar de descabezar la "operación caballo de Troya" que -en una segunda versión mejorada- han lanzado las usinas de inteligencia estadounidenses, europeas e israelíes contra Irán.

Y así como hubo un experimento bis, también - si las protestas no se desactivan- va a haber un desenlace bis.



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