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El Orden Económico Natural: Lo que no puede la libre tierra

El Orden Económico Natural: Lo que no puede la libre tierra

Aun cuando las consecuencias que la nacionalización del suelo acarreará son graves, no se deben exagerar sus efectos.

Libre tierra no es por cierto un sanalotodo, como algunos creen. Henry George era de opinión de que con libre tierra desaparecerían también el interés, los estancamientos económicos (crisis), la desocupación. Bien es cierto que no defendió esta opinión con la decisión y la riqueza de pensamientos con los que apoyó su exigencia principal, y en esta tibieza hemos de ver la prueba de que él mismo tenía aún graves dudas y que carecía de una visión clara en estas cuestiones. Pero sus discípulos ya no tienen estas dudas.

En Henry George no eran mucho más que opiniones o dogmas; en cambio en sus discípulos, los llamados reformistas agrarios (georgistas) han llegado a ser principios indiscutibles. Únicamente Michael Flürscheim constituye la excepción, por lo que fué distanciado a su vez por todos los demás reformistas, a pesar de haber sido él quien supo dar nueva vida a la idea de la reforma agraria en Alemania. Seguramente la mejor prueba de que las opiniones de George sobre interés y crisis son conceptuadas por sus discípulos como verdades incuestionables, con las cuales se piensa, pero siendo considerada una deserción de la teoría, pensar sobre ellas.

La libre tierra influye sobre la distribución de los productos; pero en la desocupación y en los estancamientos económicos (crisis) no se trata de cuestiones de distribución, sino de cuestiones del trueque (o del comercio), y asimismo el interés, si bien influye mucho más poderosamente aun que la renta territorial en la distribución de los productos, no es sino una cuestión de trueque; pues la actividad que determina el monto del interés, vale decir la oferta de mercancías en existencia, disponibles, a cambio de otras de producción futura, es un trueque, nada más que un intercambio.

En la renta del suelo, por el contrario, no se realiza ningún trueque; el rentista territorial embolsa simplemente la renta, sin dar nada en cambio. La renta del suelo es una parte de la cosecha, no es ningún cambio; por tal razón la investigación del origen de la renta territorial no puede darnos ningún punto de referencia para resolver el interrogante del interés.

Las cuestiones de la desocupación, de los estancamientos económicos (crisis) y del interés, sólo admiten respuesta si se investigan las condiciones bajo las cuales es en general posible efectuar el intercambio. Esta investigación no la ha hecho George, ni los reformistas agrarios alemanes. Por eso les es absolutamente imposible dar, para el interés, los estancamientos económicos (crisis) y la desocupación, explicaciones plausibles. La teoría del interés de George, que aún hoy embrolla las cabezas de los reformistas agrarios, es una teoría llamada de fructificación, increíblemente tosca y, lo mismo que su teoría de las crisis (desproporción entre consumo e ingresos de los pudientes), tan superficial como aquélla, es incapaz de explicar una sola de las manifestaciones que acompañan al interés, a la desocupación y a las crisis.

Y éste ha sido hasta ahora el punto débil del georgismo. Por un lado la afirmación de que la reforma agraria soluciona por si sola toda la “cuestión social”, y por otra parte la incapacidad de dar a los perjuicios más graves de nuestra economía social una explicación satisfactoria, que resista a la crítica severa. Y no sólo una explicación habrían tenido que dar los georgistas, sino también el medio para eliminar los citados perjuicios de nuestra economía social. A los obreros empero, a los que los reformistas agrarios quieren ofrecer la salvación de su terrible situación no se les ayuda con la sola nacionalización de la renta territorial. Ellos quieren el rendimiento íntegro del trabajo, es decir la 106 eliminación de la renta territorial y de los intereses del capital, y además una economía social que haga imposible los estancamientos económicos (crisis) y la desocupación.

Esta exageración de la eficacia de la nacionalización del suelo le ha infligido un daño incalculable a todo el movimiento.

Investigaremos ahora las cirunstancias por las cuales se producen el interés, los estancamientos (crisis) y la desocupación, y analizaremos los medios que han de aplicarse para eliminar estos inconvenientes. Se trata de cuestiones que tienen pésima fama, que figuran entre los más intrincados de todos los problemas de economía social. Empero este asunto no es tan grave. Las cuestiones sólo han sido científicamente enredadas; en realidad están prolijamente colocadas una al lado de la otra, sólo es menester comenzar por el extremo que corresponde, para ir alineándolas.

[goodbye]apocalipsis[/goodbye]

 

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