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El Orden Económico Natural: Los componentes del interés bruto

El Orden Económico Natural: Los componentes del interés bruto

(Interés básico, prima por el riesgo y prima al alza (1)) Quien quisiera probar la exactitud de la teoría del interés aquí tratada, con los datos que le proporciona la estadística, daría a menudo en contradicciones. Ello se debe a que el tipo del interés contiene generalmente, además del interés básico, otros elementos carentes de toda relación con el interés mismo.

Además de la prima por el riesgo, la tasa del interés comprende muchas veces un elemento peculiar, determinado por las fluctuaciones que se producen en el nivel general de los precios. A dicho elemento lo denominó “prima al alza” y representa la parte de ganancia del poseedor del dinero en el alza esperada de los precios.

Para comprender mejor la naturaleza de este elemento del interés, obsérvese la actitud de los prestatarios y de los prestamistas ante una previsible alza general de precios. El alza tiene la particularidad de poderse devolver el dinero tomado en préstamo, vendiendo sólo una parte de las mercaderías adquiridas anteriormente con aquél. Quiere decir, que, además de la ganancia normal, resta aún un beneficio especial, un surplus que ha de despertar, naturalmente, el ansia general de comprar, y de comprar tanto más, cuanto mayor sea la ganancia esperada, y especialmente cuanto más fundada se presente la posibilidad de continuar el alza.

El que opera con fondos ajenos aumenta entonces sus pedidos de dinero a los Bancos hasta el límite extremo de su crédito (que generalmente crece a la par del alza de los precios, dado que ella favorece a los deudores), y quien hasta entonces prestaba su dinero a otros, trata de realizar negocios por su cuenta, salvo que el prestatario le dé participación en la ganancia esperada, aumentando la tasa del interés.

El alza general de los precios (alta coyuntura, o sea prosperidad en los negocios) amenaza al poseedor de dinero efectivo y de créditos en dinero efectivo (bonos públicos, hipotecas, etc.) con la pérdida que significa el poder adquirir cada día menos mercaderías con su dinero. De esta pérdida se salvaría sólo vendiendo los valores amenazados, e invirtiendo el producto en la adquisición de acciones, mercaderías, propiedades sujetas a la alza general en perspectiva. Realizada esta doble operación, la alta coyuntura ya no podrá afectarle, recayendo la pérdida sobre el adquisidor de los valores amenazados. Pero como también éste ha de conocer la situación, querrá pagar por los bonos públicos lo menos posible, (cotización), adquiriendo las letras sólo si le concede un fuerte descuento. De este modo se produce una especie de compensación.

Pero supongamos que algún “pícaro” se diga: “verdad es que carezco de dinero, pero tengo crédito. Me procuraré el dinero necesario contra documentos y así podré comprar mercancías, acciones, etc., y llegado el día del vencimiento de los documentos, venderé lo comprado a precios más elevados, pagaré mi deuda y me quedaré con la diferencia”. Personas de esta clase abundan, y todas ellas se reúnen en el mismo lugar y al mismo tiempo, o sea: en la antesala del banquero. Allí se encuentran los hombres más ricos del país con los pequeños fabricantes y comerciantes. Todos ellos denotan un hambre insaciable por dinero. El banquero contempla esa multitud, y comprende que su dinero es poco para satisfacer a tantos, y si los satisfaciera, volverían en seguida en demanda de doble cantidad. Entonces, para defenderse contra esta invasión, eleva la tasa del descuento al punto que los solicitantes ya dudan de si la ganancia que les prometían los negocios proyectados, les dejaría un margen para cubrir los gastos causados por el interés más elevado. Con esto se ha producido el equilibrio; el ansia de dinero desaparece, y la antesala del banquero se vacía. Entonces, la pérdida

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que ha sufrido el poseedor del dinero por el alza de los precios de las mercancías, es recuperada por la tasa del interés.

De modo que la tasa del interés tendrá que restituír lo que va a perder el capital monetario, por el alza general de precios. Si el alza esperada importa el 5 % anual, la tasa de descuento, siendo el interés básico de 3 a 4 %, deberá llegar a 8 ó 9 %, para dejar el capital monetario inalterado. Si el capitalista deduce del producto de este 9 % el 5 % que corresponde al alza, agregándolo al capital, su ganancia será la misma que antes del alza de los precios. 105 equivalen a 100, quiere decir por 105 pesos obtendrá ahora igual cantidad de mercancías que antes por 100 pesos.

Por eso no nos sorprendería, si de un examen detenido resultara, que los capitalistas alemanes (con excepción de los terratenientes) hayan obtenido en los últimos 10 a 15 años un interés excepcionalmente bajo, a pesar de los dividendos e intereses bastantes altos. No han subido, acaso, los precios considerablemente en este período? Hace 15 años, importaban 1.000 pesos tanto como hoy 1.500 ó 2.000. Y si el capitalista calcula de esta manera ¿dónde queda la ganancia de los altos dividendos y de las diferencias de la cotización? Dónde está el llamado incremento del valor? Y ha de calcular así, porque si sólo le importara el monto numérico podría ir al Brasil, donde un millonario se convierte en el acto en un multimillonario. Sin embargo, se hallan en peores condiciones los tenedores de valores con réditos fijos, si los venden, sufrirán una pérdida en la cotización; y si los retienen, percibirán por el interés menos mercaderías. Si se hubiera sabido, hace 15 años, que los precios de los productos experimentarían un alza tan apreciable, el curso de los títulos de la deuda pública habría sido distinto, quizás inferior en un 50 %. (2) Es por lo tanto evidente, que la expectativa de un alza general de precios debe aumentar la demanda a los prestamistas, y que ellos en consecuencia están en condición de exigir una tasa de interés más elevado.

La causa del alza del interés se debe, pues, al hecho de que, de acuerdo con la opinión general o predominante, está por esperarse un alza de precios. Se basa, en último término, en la esperanza de los deudores de poder deshacerse de sus obligaciones con una parte de las mercaderías adquiridas con el dinero prestado. Con el alza de los precios, la tasa del interés recibe un elemento extraño, que no tiene nada que ver con el interés del capital; es esto a lo que llamamos “prima al alza” es decir, la participación del prestamista en los beneficios del alza esperada.

Naturalmente desaparecerá este elemento de la tasa del interés tan pronto que el alza general esperada se haya realizado. No es la elevación efectuada de los precios, sino la expectativa de tal, la esperanza de un futuro margen, no materializado aún, lo que estimula a la compra, a la inversión de dinero y lo que conduce a que los Bancos aumenten sus exigencias. Tan pronto como desaparece la perspectiva de un alza ulterior, acaba también el estímulo para comprar, y los fondos retornan al Banco. Entonces baja la tasa del interés, y la prima al alza es eliminada de los componentes del interés. Se comprende que hasta el último rastro de esa prima desaparecerá, cuando hay la perspectiva de una baja general de precios.

El nivel de la prima al alza se determinará, naturalmente, por la magnitud del alza esperada. Si se aguarda una suba brusca, rápida y apreciable, los pedidos de créditos, dirigidos a las instituciones bancarias, tendrán el mismo ritmo, y la tasa subirá en forma brusca, rápida y apreciable.

Cuando, hace algunos años, se esperaba en Alemania un alza general de precios, subió la tasa al 7%, poco después se aguardaba una baja, y la tasa descendió al 3%. La diferencia podemos atribuirla con

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seguridad a la “prima al alza”. En la República Argentina la tasa del interés llegaba temporalmente al 15 %, y eso en momentos en que el aumento incesante de las existencias de papel-moneda hacía subir bruscamente todos los precios. Después, cuando empezaron a retirar ese papel-moneda, bajó la tasa debajo del 5 %. Podemos registrar, pues, en este caso, una prima al alza del 10 %. En California hubo un tiempo en que el 2 % mensual no era considerada tasa excesiva. Así nos lo refiere Henry George, y esto ha ocurrido, cuando allí encontraron grandes cantidades de oro.

Como no hay límite para un alza general de precios (por medio kilo de velas se obtenían en Paris 100 libras en asignados), tampoco lo habrá para la prima al alza. Se conciben perfectamente situaciones, en que esta prima sube al 20, al 50 y hasta el 100 %. Todo depende del grado de aumento de precios que se espera hasta el día del vencimiento de la deuda. Si, por ejemplo, se difunde el rumor, de que en Siberia ha sido descubierto un nuevo campo aurífero de riqueza sin precedentes, y si, en confirmación de la noticia, se anuncian grandes embarques de oro, entonces todo el mundo querrá comprar y las exigencias de los prestamistas crecerán al infinito. La tasa del interés alcanzará, en virtud de esos hallazgos, un nivel nunca visto. Por cierto que la “prima al alza” no subirá a la misma altura del aumento de precios esperado; sino la ganancia prevista sería absorbida anticipadamente por el descuento. Empero, la prima se aproximará tanto más al incremento esperado, cuanto más fundada o segura aparezca el alza general de los precios.

A instancias de los acreedores se han dictado en varios países leyes tendientes a rebajar los precios de las mercaderías a su nivel anterior (mediante el retiro del exceso de papel-moneda en circulación, o por medio de la desmonetización de la plata, etc.). Hace pocos años, (1897) en la República Argentina, hallábase aún en vigencia una ley semejante, según la cual el nivel general de precios debía bajar de 3 a 1. (3) Si hoy en algún país, cediendo a los deseos de los deudores, se procediera a la inversa, es decir, a elevar gradualmente los precios, mediante el aumento de la circulación monetaria, haciéndolo de tal modo que se pudiera contar con la certeza que al cabo de un año, los precios habrían subido en un 10%, la seguridad del aumento esperado elevaría la “prima al alza” hasta muy cerca del 10%.

Es absolutamente indispensable reconocer que “la prima al alza” es un componente peculiar de la tasa del interés, para la explicación de la mayoría de los fenómenos de la esfera del interés.

¿Cómo podría alguien, para citar un solo ejemplo, explicar el hecho del aumento simultáneo de la tasa del interés y de los depósitos bancarios, si, por otra parte, no renuncia a su tesis de que el interés es descontado del producto del trabajo? La descomposición de la tasa del interés en interés básico, prima por riesgo y prima al alza resuelve la aparentemente insoluble contradicción de manera completamente satisfactoria. De toda la tasa sólo el interés puro (básico) del capital proviene del producto del trabajo; la prima al alza es ocasionada por el alza general de precios de las mercancías. En consecuencia el obrero (cuyo salario sigue también la tendencia hacia arriba) no está afectado por la elevación de la tasa del interés. El paga precios más elevados, y recibe un salario correspondiente más alto, y esto se compensa. El firmante del pagaré paga una tasa más alta, y obtiene un precio más alto. Esto también se compensa. El capitalista recibe de vuelto su dinero gastado y mal tratado; en cambio le dan un interés más alto. Aquí la compensación no escapa tampoco. Sólo falta explicar el incremento de los depósitos bancarios. Y la explicación de ello hay que buscarla en el hecho, de que durante el alza general de los precios, o sea durante la prosperidad de los negocios (alta coyuntura) a nadie le falta el trabajo.

De modo que no es el interés, sino solamente la tasa del interés la que sube conjuntamente con los depósitos bancarios.

(1) En lugar de la expresión “ristorno” que había empleado anteriormente, pongo la palabra “prima al alza”, porque el sentido (ganancia del prestamista a raíz del esperado aumento de precios), está así mejor expresado.

(2) Todo esto ha sido escrito antes de la guerra.

(3) Vea “La cuestión monetaria Argentina”, del mismo autor, Buenos Aires 1898. Apareció después bajo el título: “La razón económica del desacuerdo chileno-argentino”, Buenos Aires 1898.

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