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El Orden Económico Natural: ¿Qué precio ha de alcanzar el dinero?

El Orden Económico Natural: ¿Qué precio ha de alcanzar el dinero?

Con todo el lujo de detalles requerido por lo trascendental de la cuestión, hemos demostrado que con el papel de dinero puede hacerse dinero de papel, es decir un papel-moneda por el cual se obtiene un precio mayor que por una tira de papel de igual tamaño.

Cabe preguntar ahora: ¿En cuánto ha de superar el precio del dinero de papel al del papel de dinero? ¿Cuál ha de ser la relación de cambio entre dinero y mercancías? Es cuestión importantísima y seguramente la única que afecta a los productores de mercancías.

Podrán ellos permanecer indiferentes ante el material de la moneda, que de todos modos les será tan sólo una carga, pero ante la pregunta “¿cuánto pides por tu vaca, o qué ofreces por mis herramientas?” prestarán, por cierto, la mayor atención. La verdad es que de la respuesta a esta pregunta depende el éxito de todo el largo proceso de producción.

Si varía la relación de cambio entre mercancías y moneda, cada cual al vender sus productos obtendrá más o menos dinero y al vender el dinero obtendrá, correspondientemente, más o menos mercancías. Considerado desde este punto de vista, una variación del precio de dinero podría pasarse por alto.

Pero no todos invierten el dinero recibido en una inmediata adquisición. Y para éstos no es tan indiferente una variación de precios en el intervalo entre la venta y la compra. Y aun menos indiferentes son los precios para todos los deudores y acreedores, pues les es una cuestión vital saber qué cantidad de sus productos tendrán que vender para poder cancelar los servicios de intereses y amortización de sus deudas, respectivamente, cuántas mercancías obtendrán en cambio de los intereses y amortización de sus créditos. Veremos también más adelante, cómo la cuestión de los precios contemplada bajo la faz netamente comercial, contiene la decisión sobre vida o muerte del intercambio de mercancías y, por ende, también sobre la división del trabajo, ese fundamento de nuestra economía.

Pero aquí no vamos a considerar más que las relaciones entre el acreedor y el deudor, con el propósito de esclarecer la importancia de los precios.

El “Haber” del deudor (deudor hipotecario, deudor de obligaciones, de letras, arrendatario, inquilino, poseedor de pólizas de seguro, contribuyente, etc.) comprende generalmente las mercancías, máquinas, bienes raíces, ganado, mientras que el “Debe” consiste exclusivamente en una determinada suma de dinero. Y el dinero para este “Debe” sólo puede obtenerlo el deudor realizando una parte de su “Haber”, de preferencia sus productos.

Las oscilaciones en la relación de cambio entre mercancías y dinero repercute sobre la relación entre “Debe” y “Haber”. Necesitando un agricultor enajenar, por ejemplo, al precio de 250 marcos por cada 1000 kgs. de trigo (precio posterior a la imposición de los aranceles aduaneros) una cuarta parte de su cosecha para cancelar los servicios de su deuda hipotecaria (o arrendamiento, en su caso), sus impuestos, seguros, etc., se vería obligado, en el caso de la derogación de los derechos de Aduana, a sacrificar para tales fines un tercío de su cosecha, y este incremento podría eventualmente absorber la totalidad del rendimiento, llevando al deudor a la quiebra.

52 Sucede lo contrario, es natural, en caso de alza de los precios. También a la inversa ocurren las cosas para el acreedor. Este gana directamente todo lo que pierde el deudor; y pierde lo que aquél gana por las fluctuaciones de los precios.

Dado el enorme desarrollo del sistema actual de créditos (se trata en Alemania de 300-400 mil millones de marcos; aproximadamente) cuyos servicios de intereses y amortización se realizan mediante la venta de productos del trabajo, no se requiere más que una leve variación de precios para favorecer a una clase del pueblo en detrimento de la otra por millares de millones.

Una baja de 1%, término medio, en las mercancías, cosa insignificante para nuestro ponderado sistema patrón oro, significa para los deudores alemanes mucho más de lo que representaba para los ciudadanos franceses la indemnización de guerra de cinco mil millones, en el año 1871.

Si el contribuyente debe reunir 100 marcos anuales para pago de los servicios de amortización e intereses por las deudas nacionales, provinciales y municipales, en forma de impuestos directos e indirectos, dependerá totalmente de la relación de cambio entre dinero y mercancías, que esa contribución le represente un sacrificio de 10, 20 o 50 días de trabajo.

¿Hemos de tratar, entonces, de elevar los precios, favoreciendo con ello a los deudores a expensas de los acreedores, o procuraremos bajarlos para enriquecer a los rentistas? ¿Hemos de plantear, acaso, la cuestión ante los acreedores o deudores para que ellos mismos decidan si debe el dinero ser administrado por personas sin escrúpulos? Respuesta: No queremos defraudar a nadie, y lo que sólo es beneficioso para unos pocos no debe tomarse en consideración por la Administración Monetaria. El dinero ha de administrarse con criterio de economía pública y no privada.

La moneda, por sobre todo tiempo y lugar, debe mantener invariable el precio que tiene hoy.

Es necesario que cada cual tenga derecho a exigir mañana, el año que viene o dentro de 10 años, lo que ha pagado en mercancías por el dinero. Así reembolsará el deudor lo que ha percibido, y el acreedor obtendrá lo que ha entregado: ni un centavo más, ni un centavo menos.

También esto es perfectamente comprensible y no requiere explicaciones.

[goodbye]apocalipsis[/goodbye]

 

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