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Las pequeñas cosas cuentan

Las pequeñas cosas cuentan

Inmediatamente despues de que Ed se graduara en la universidad, solicito una plaza de contable en un gran hospital Adventista. Cuando le llamaron para entrevistarlo quiso dar una primera impresión tan buena que el hospital quisiera contratarlo al momento.
Ese día Ed llego con dos horas de adelanto. Después de echar un vistazo al hospital, fue a almorzar a la cafetería.
Mientras avanzaba junto al mostrador, tomo lasaña, alubias tiernas, una ensalada y un poco de pan. Al levantar la rebanada de pan deslizo debajo de una pastilla de mantequilla. Cuando acabo de comer, miro el reloj. Todavía le quedaban diez minutos para la entrevista.
Ed tomo el ascensor y se dirigió al departamento contable. El Sr. Hilbert, el jefe de contabilidad, lo saludo de manera afable.
-Ed, he echado un vistazo a tu currículo y parece que estas muy bien cualificado para el puesto que tenemos vacante. De echo, tenia planeado darte el trabajo hoy mismo. Pero me temo que no podré.
Ed estaba desconectado.
¿Por qué?- preguntó.
-Veras, tú no te diste cuenta, pero yo estaba justo detrás de ti en el mostrador de la cafetería. Vi como escondías la pastilla de mantequilla debajo de el pan. Ed, si no eres honrado en algo tan pequeño como una pastilla de mantequilla, me temo que jamás podremos confiar en ti para manejar los miles de dólares que cada día pasan por nuestra oficina. Lo siento de veras, pero no podemos contratarte.
Como cristianos y personas, es importante que representemos a Jesús en todo cuanto hagamos.
Todo tiene su importancia; incluso las cosas pequeñas.

 

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