Los Escuadrones de la Muerte: La iniciación de un policía: "Les metimos dos balas en la cabeza"

El joven policía relató cómo observaba a un grupo de hombres autocalificados como importantes, que entraban y salían del cuartel de la Policía Nacional. Dijo que sabía lo que hacían, aún antes de que tuviera la oportunidad de conocerlos.

Los hombres, llamados “especiales”, eran miembros de CAIN, (Centro de Análisis e Investigación Nacional). Es una unidad especial de inteligencia política, ubicada en la sede de la Policía Nacional.

“Un grupo pequeño al mando del capitán, es el único que sabe como funciona”, explicó el joven policía. Y añadió: “uno puede saber quienes son, porque siempre se mueven en automóviles ..”.

Un día, “ví como operaban. Me llevaron con ellos para que pudiera aprender”, comentó.

Su especialidad eran las ejecuciones sumarias. Señaló que tanto los especiales como él, “tenían que matar un empresario en una residencia” de San Salvador. Dicho empresario había sido arrestado por la Policía Nacional una semana antes, pero fue puesto en libertad después que rehusó firmar una confesión.

“Pero una semana después lo fuimos a traer”, indicó[email protected] El joven aprendiz dijo que le correspondió esperar en un pick up pequeño mientras los otros sacaban al hombre de su casa. Luego salió la madre de la víctima, quien venía gritando “no se lo lleven, no se lleven a mi muchacho!”.

“Ella seguía gritando y gritando”, dijo. “Pero lo vendamos. Era fuerte el muchacho”. Lo pusieron en el pick-up boca abajo, recordó, y lo llevaron a otro lugar. Ahí le dimos dos tiros en la cabeza.

Luego regresamos y lanzamos el cuerpo. Fue otra víctima de un anónimo escuadrón de la muerte.

El Director de la Policía Nacional afirma que “cuando detenemos a una persona, llamamos posteriormente para saber como ha sido tratada”.* Hasta hace unos meses, funcionarios norteamericanos dijeron públicamente que la Policía Nacional era el cuerpo de seguridad más moderado. Su director, Coronel Carlos Reynaldo López Nuila, es miembro de la Comisión Gubernamental de Derechos Humanos, y frecuentemente ha sido elogiado por los norteamericanos debido a sus esfuerzos por profesionalizar a sus subordinados.

López afirma que semanalmente sus efectivos reciben charlas donde se les presenta una lista de regulaciones para prevenir abusos. “Antes, la gente nos miraba con cierta desconfianza”, indicó, “pero ahora parece que la gente está contenta de vernos … cuando detenemos a alguien en la calle, tomamos su número de teléfono y luego le llamamos para ver como fue tratado”.

A pesar de estas afirmaciones, grupos de Derechos Humanos recibieron el año pasado un gran número de testimonios, acusando a la Policía Nacional de secuestrar, torturar, detener y asesinar a personas vinculadas a las actividades de salud, promovidas por la iglesia.

El ALBUQUERQUE JOURNAL conoció que durante este período, oficiales simpatizantes de Roberto D’Aubuisson lograron aumentar su poder dentro del ejército.

Se cree que los recientes comentarios públicos de D’Aubuisson, afirmando que el representante del sindicato campesino más grande de El Salvador es “comunista”, están

basados en una investigación de inteligencia realizada por la Policía Nacional y que la información le fue filtrada al dirigente derechista.

Funcionarios norteamericanos que trabajaban con el dirigente sindical campesino, dijeron que los comentarios de D’Aubuisson eran “una luz verde para los escuadrones de la muerte”.

Después de las más recientes denuncias de D’Aubuisson, que se transformaron en mayor violencia derechista, las presiones norteamericanas dieron como resultado el traslado de tres altos oficiales de la Policía.

Uno de los trasladados, el Director de Investigaciones Criminales, Teniente Coronel Arístides Alonso Márquez, fue identificado hace poco como uno de los oficiales más involucrados en los escuadrones de la muerte.

Otro oficial implicado en las actividades de los escuadrones es el Teniente Coronel Rafael Antonio López Dávila, jefe de CAIN.

La situación genera algunas interrogantes, como por ejemplo, qué tan institucionalizada está la violencia.

El Director de la Policía Nacional, López Nuila, dice que en toda guerra civil son inevitables algunos abusos. Durante una entrevista el año pasado, contestó algunas preguntas relativas a las violaciones cometidas durante las funciones internas de seguridad, diciendo que estaba sorprendido que los norteamericanos lo desaprobaran.

“El juego justo (‘fair play’) en una guerra civil”, dijo en inglés, “no se puede dar, uno no lo puede dar, ni tampoco se lo dan. Por definición, la guerra es inhumana”.

Admitió que algunos de sus oficiales tenían comunicación con los escuadrones de la muerte.

“Cuando alguien tiene cierta información importante, no quieren consignarlo a los tribunales, quieren eliminarlo”, dijo el coronel. Especulando un poco, dijo que oficiales de la Policía Nacional, probablemente pasaban información a grupos privados y a ex agentes que matan por dinero.

López Nuila también defendió el hecho que sus agentes actuaran vestidos de civil cuando realizaban arrestos, diciendo que eso les permitía no ser reconocidos por los sospechosos.

Pero un agente en la Policía Nacional, nos relató una historia diferente.

“Solamente en casos especiales se utiliza uniforme, uno nunca sabe si esa es la persona que busca”, explicó el joven detective, quien afirmó haber pertencido a un escuadrón de la muerte.

“Algunas veces te involucras de tal forma que terminas asesinando”.

En algunas ocasiones, nos dijo, los nombres de las víctimas provenían del jefe del CAIN, López Dávila.

“El da la orden a su pequeño grupo y ellos a nosotros. Luego formamos una comisión. Es una orden … Nosotros no sabemos si es algo personal, o si en verdad es un subversivo”, dijo el detective. “Cuando pronuncia la palabra ‘disparar’, disparamos”.

El joven oficial, quien pidió no ser identificado por miedo a represalias contra sus familiares, ya no está en la Policía Nacional.

Afirma que desde su primera acción hasta que salió de El Salvador, participó en el asesinato de 16 personas.

También comentó que en 1980 le dieron por primera vez una pistola y credenciales. “Con eso”, dijo, “uno se siente poderoso, grande, superior a un civil … uno puede hacer lo que quiera”.

Si un recluta nuevo se negaba a torturar, método rutinario en todos los interrogatorios, decían: “no sirve”, y lo echaban. De aquellos que hablaban de injusticia social, se decía que eran infiltrados.

Relata que cometió su primer asesinato para demostrarle a sus amigos que podía hacerlo.

Añade que no había nada malo en matar subversivos.

Su primera víctima fue una mujer. Era una subversiva, explicó, que estaba acostada en una hamaca con una pistola y algunas granadas. Afirma que hizo que se acostara en el suelo y que girara la cabeza hacia un lado sobre la tierra, luego fijó la cabeza de la mujer con su pie y haló el gatillo. Su sangre y fragmentos de huesos salpicaron la camisa del policía.

Indicó que “la siguiente vez que maté a alguien, puse la pistola más cerca de la cabeza para que no me salpicara”.

Matar no era algo que le gustara, dice, pero tampoco era algo que le molestara.

[goodbye]apocalipsis[/goodbye]

 

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Author: admin

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