Wall Street, en baja, sólo espera al sucesor de Bush

Cerró el viernes con una pérdida de 3,5%. Y los ojos están puestos en las presidenciales.

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Por Gustavo Sierra – Clarín

Debilidad del gobierno. Efecto psicológico negativo. Caída real de la actividad industrial. Capricho. Desempleo. Recesión de uno a dos años. Paquetes de ayuda sin sustancia. Volatilidad. Empresas parcialmente estatizadas que siguen en rojo. Todos estos elementos, y varios otros más que cada uno puede sumar de acuerdo a su visión de la crisis, provocaron ayer un tsunami negativo que comenzó por destrozar las bolsas en Asia, siguió por Europa y terminó inundando Wall Street.

En el aniversario del Jueves Negro de 1929 en el que comenzó la Gran Depresión, este viernes aparecía en las primeras horas de la mañana, negrísimo. El mercado a futuro de los papeles industriales estaba 500 puntos abajo. El Dow Jones abrió y a los 20 minutos había perdido 400 puntos. Una catástrofe. Por cada 100 puntos que baja la Bolsa neoyorquina se pierden más de 1.000 millones de dólares. Para el mediodía los inversionistas habían regresado a cierta cordura y la pérdida se fue achicando. Pero terminó cerrando más de 300 puntos en negativo, una pérdida del 3,5%.

La noticia que había hecho explotar el tsunami fue que la OPEP, la organización de países exportadores de petróleo, recortó la producción en al menos 1,5 millones de barriles por día con la intención de mantener el precio que ya está apenas por encima de los 60 dólares el barril, menos de la mitad de lo que había alcanzado hace unas pocas semanas atrás. El dato que golpeó fuerte aquí es que la automotriz Chrysler va a recortar un cuarto de su fuerza laboral de sus oficinas. Es decir que a partir del lunes reciben el anuncio de despido más de 5.000 empleados.

La Casa Blanca ya no sabe que decir. El portavoz Tony Fratto aseguraba que “es simplemente una cuestión de tiempo, al mercado le cuesta digerir los nuevos paquetes de incentivo económico”. Lo cierto es que lo que está en el fondo de todo esto ahora es que ya nadie espera nada de la Administración Bush. Los ojos están puestos en quién será el nuevo presidente. Todas las encuestas marcan que el elegido será Barak Obama. Se calcula que más del 50% emitirá el voto antes del 4 de noviembre. Por lo que los analistas creen que esta volatilidad de los mercados, y de la economía en general, no se podrá detener antes del 5 de ese mes.

En tanto, en el Congreso trabajan en un nuevo paquete de estímulo que ahora se inclina más por la creación de empleo y la transferencia de dinero a los estados para obras de infraestructura. Y la secretaría del Tesoro va a salir durante el fin de semana con otras dos iniciativas. En principio va a rescatar a varias otras compañías de seguros como ya hizo con AIG a la que le inyectó 123.000 millones. Y también va a anunciar que otros 22 bancos regionales ya aceptaron formar parte del plan de canje de bonos y deudas incobrables que se puso en marcha en los nueve bancos más grandes del país. Con estos anuncios, el gobierno quiere contener los mercados para que no vuelvan a abrir el lunes en baja. Pero nadie apuesta acá a que todo ese dinero que se sigue imprimiendo en la Reserva Federal vaya a tener algún efecto hasta que no se realice una reforma profunda del sistema financiero. Y, por sobre todo, hasta que no se reestablezca la confianza.

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